EL EQUIPO TITULAR DE LOS VINOS ARGENTINOS, SEGUN EL SOMMELIER LEANDRO FERNANDEZ TESTA
Vinos de Selección
Me sumo a la locura Mundial y pienso…¿Cuál sería la formación Argentina de Varietales? Hay puestos claves a cubrir, hay estrellas y hay lugares que no se pueden descuidar. Tenemos figuras dando que hablar en el mundo, pero también están las históricas, que no pueden faltar, aunque no hayan salido nunca del país. ¿Las novedades juegan? Yo creo que sí, pero hay que buscar el equilibrio, entre la juventud y la experiencia
Por Leandro Fernández Testa (*)
Me pongo el traje de Sabella, e intentando ser más ofensivo, planteo mi equipo titular.
Para poder atacar con confianza voy a necesitar seguridad en el arco. Por eso pongo a Syrah a defender la valla. Tiene intensidad de color y aromática que le va a dar voz de mando, mucha vigorosidad para ganar en el área y sobre todo un pasar ágil en la boca, que lo va a ayudar si tiene que sacar una pelota del ángulo.
La defensa va a ser rústica en la zaga central y con mucha velocidad por las bandas. El “2”, y capitán, va a ser Cabernet Sauvignon. La cepa con más trayectoria, la que juega bien en cualquier cancha del mundo. Elegancia si debe salir jugando, como esos jugos mendocinos que entran dulces y dejan el recuerdo a especias por un largo rato, y rusticidad si hay que pegar una patada, como los Cabernet de Salta, bien terrosos y sabrosos.
Acompañando va a estar Cabernet Franc, rústico como su tocayo, pero más fresco por si hay que hacer algún cruce.
Por las bandas Merlot y Pinot Noir. Dos de los varietales más antiguos, acostumbrados a brillar en Francia. Acá se adaptaron muy bien a la Patagonia, y se les nota en el bajo perfil. Siempre acompañando en los “cortes” para darle protagonismo a sus compañeros. El Merlot tiene todo el sabor del cuero, y como si llevara la pelota en su génesis exige ser tratado con delicadeza. El Pinot tiene la eterna juventud, con mucha chispa para ir al ataque, pero sobre todo para lucirse en los mejores espumantes.
La línea de volantes va a ser, lógicamente, todos varietales de intensidad media. Nuestro “5” es indiscutiblemente el Bonarda. La cepa más implantada en nuestro país sabe de qué se trata tener volumen de juego. La gran promesa, con un presente correcto, con muchas similitudes a la cepa estrella. Por los costados van a ir la seguridad y delicadeza del Chardonnay y la claridad del Tempranillo. La primera es la reina de los varietales blancos. Va a conservar la frutosidad tanto atacando como defendiendo y se va a adaptar muy bien a comidas (rivales en este caso) suaves o fuertes. El Tempranillo es el crack español. Viene con todo su buen juego, entrada suave, pasos seguros en el medio de boca y final del partido sin mucho protagonismo, pero siempre cumpliendo.
La delantera es una mezcla del pasado y el presente. Dos cepas blancas amigables. El Semillon sigue en el equipo por su historia, por ser la dulce protagonista de grandes batallas en el pasado y por estar siempre aportando lo suyo a los demás varietales carentes de su dulzor. El goleador es el Torrontés. Le damos la “9” por ser la única cien por ciento Argentina. Estrella en las alturas va ganando terreno a nivel mundial llevando nuestra bandera. Muy frutada en su entrada, con un dejo amargo en el final, como las típicas historias nacionales.
La estrella, la número “10”, no quedan dudas: es el Malbec. Llevando nuestro juego a recorrer el mundo, siempre nos hace quedar bien. Con todas las condiciones, ya que tenemos opciones suaves, para partidos simples, o los hay también intensos, para los más difíciles. Siempre presente con sus aromas que le caen bien a todos. Con andar ganador y entrador es la clave para cualquier mesa. Perdón. Para cualquier cancha.
(*) Sommelier


