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LA ESCRITORA SILVIA PAILHE Y SU INEDITA EXPERIENCIA CON EL LIBRO “MADRES SIN NOMBRE”

Madre con nombre propio

Perdió a su hija, y desde entonces no dejó de apelar a la lengua para encontrar una palabra que nombrara esa ausencia. Volvió a escribir, un hábito de la adolescencia que entonces se convirtió en el camino para encontrar ese nombre. Silvia Pailhé es ahora mucho más que una madre que volvió a definirse. Y compartió ese camino sentido y profundo con “El Periodista”

Julio 2014
Silvia Pailhé es la autora de “Madres sin nombre”, volumen que editó la SADE y que ya va por su segunda tirada

Silvia Pailhé es la autora de “Madres sin nombre”, volumen que editó la SADE y que ya va por su segunda tirada

“El nombre es un derecho, es parte de nuestra identidad, es lo primero. Tener un nombre permite escribirlo, ubicarlo, enmarcarlo, visualizarlo, leerlo. ¿Cómo intentar inscribir una pérdida sin palabra que la recorte, sin letra que la escriba, sin fonema que la nombre?...Siempre decimos que el sentimiento de estas pérdidas sólo lo conocen los que lo han vivido. Es decir, que encontramos una identificación que hace de esa tristeza algo totalmente singular, específico, intransferible, único. Si bien no hay palabra instituida desde lo social, parece que florece un nombre allí donde alguien comparte lo más íntimo, y permite que otros lo puedan tomar”, dice el psicoanalista Fernando Olesen en el prólogo de “Madres sin nombre”, el libro de la escritora tresarroyense Silvia Pailhé, una verdadera apelación a la lengua para encontrar aquella palabra que nombre a las madres que perdieron un hijo.
Bioquímica y docente, la relación de Silvia con la escritura trasciende, no obstante, aquel hecho que la movilizó a producir los textos que forman parte de “Madres sin nombre”: la muerte de su hija Florencia. Según contó a “El Periodista”, escribe desde siempre, especialmente desde la adolescencia. “Escribía sobre todo poesía, siempre de manera autodidacta, y leía, sobre todo literatura americana. Me gustaba Eduardo Gudiño Kieffer, que vino a Tres Arroyos y con el que pude contactarme, leyó mis poemas y me dio algunas indicaciones, incluso me recomendó que arrancara con algún taller cuando estuviera en Buenos Aires. Pero empecé la carrera de Bioquímica, que me demandaba mucho tiempo, y dejé de escribir. Después, trabajé siempre en la docencia, en la UBA, en la Fundación Barceló. Tuve a mis hijos… Volví a Tres Arroyos, después del accidente de Florencia, que fue en el 2000, y decidí quedarme. Y con esto que me pasó, sentí la necesidad de volcarlo de alguna manera”, contó.

Una flor para nombrar la ausencia
La ausencia de una palabra que definiera aquella situación en la que se encontró, ante la pérdida de su hija, fue el motor de varias preguntas y planteos que dieron sustrato a “Madres sin nombre”, pero también al recomienzo de su vínculo con la escritura, que más tarde daría otros frutos. “La idea de que faltaba esa palabra surgió en el primer momento en que me sentí en esa situación, junto con el dolor, con todo lo que aparece, y en ese trayecto de definirme, de ver cómo iba a seguir, y de no querer renunciar a ser madre. Porque de eso se trata buscar un nombre, porque al no tenerlo, es como estar obligada a silenciar. Me pasaba en la parte laboral, me había vuelto a Tres Arroyos, buscaba trabajo y cuando llenaba los formularios, cuando pedían número de hijos, había pasado de tener tres a tener dos, y no encontraba una palabra, una forma instituida desde lo social para dejar registro de que hubo alguien muy importante en mi vida que ya no estaba. Quizá yo lo sentí más porque venía de otro lugar, y mucha gente me conoció aquí con dos hijos, incluso hasta que apareció el libro muchos no sabían de la existencia de Florencia. Y si bien es cierto que en el primer momento todo el mundo sabe lo que pasó y te acompaña, a vos esto te acompaña toda la vida, y al no tener cómo expresarlo, es como una maternidad silenciada”, señaló Silvia.
“Madres sin nombre” surgió entonces después de un tiempo de madurar palabras que pudieran, según el sentir de Pailhé, compartirse, universalizarse de manera tal de trascender su propia pérdida y poder resignificar, de alguna manera, la ausencia de ese nombre para todos los que la experimentaron a partir de la pérdida de un hijo. “Justamente uno de mis poemas lo dice, es un pedido a la lengua a desoír las demandas tecnicistas por un día, y dedicarse aunque sea por ese día a dar ese nombre…Es un reclamo y un derecho que tenemos. Y cuando decidí que iba a escribir el libro, habían pasado varios años de queja, por buscar y no encontrar esa palabra. Hasta que un día, el psicoanalista Fernando Olesen me preguntó qué proponía yo misma. Había pensado entonces en el nombre de Madre Belén, porque mi hija se llamaba Florencia Belén, y de alguna manera tenía presente esa idea de la estrella de Belén que guía, que marca un camino. Pero también pensaba que, dependiendo de la religión, de las creencias, podía ser algo significativo para algunas mujeres y no para otras. Entonces, sobre el pensamiento que aparecía en los textos de que ese hijo que no está es como una flor cristalizada, llegué a darme el nombre Madre Florencia. Justamente coincide con el nombre de mi hija, pero en realidad llegué a él por otros caminos, por esa idea de que así quedó ella en mí, como una flor que queda ahí para siempre”, confió Silvia.
A partir de ese nombre, y de la apertura de una página en Facebook que se llama “Madres sin nombre”, muchas mamás se sumaron y fueron buscando su propia forma de denominarse. “Es cierto que la búsqueda de una palabra que nombre una situación determinada parte del uso, y me sorprendió que precisamente en esa página muchas mamás empezaron a llamarse y a firmar con el nombre de ese hijo perdido, entonces pensé que quizá es más sencillo que esperar a que los eruditos encuentren esa palabra. Muchos me han preguntado qué cambia tener un nombre, pero nadie puede enfrentar una lucha como esta sin saber cómo llamarse y cómo definirse”, admitió la autora.

El libro
“Madres sin nombre” es, además, un libro objeto, una edición de autor de cuidado diseño, ilustrado por la artista plástica tresarroyense Carolina Pérez, corregido por María del Carmen Martínez y publicado por Prosa Amerian, la editorial que trabaja con la Sociedad Argentina de Escritores. “Ese árbol-mujer que está en la tapa me gustó mucho, y esa mujer que aparece en el interior que está como buceando. Hay una frase de García Márquez, que es muy dura pero me gustó mucho, la encontré en ‘El otoño del patriarca’, que dice ‘yo me asusté con el primer silencio de tu muerte, que fue como amanecer en el fondo del mar’. Y esa mujer que aparece como buceando es, para mí, eso, salir de lo más profundo y redefinirse, ver cómo seguir”, explicó la escritora.
“A las ilustraciones de Carolina les sacamos fotos, y con mi otra hija le dimos forma al diseño. Y el calado que contiene está vinculado a esas dos partes en las que se divide el libro. La primera precisamente es la búsqueda de ese nombre, y el calado es una forma de expresar ese vacío de la palabra. En la segunda parte aparece justamente esa forma de nombrarme, llego a ese nombre, y a partir de eso puedo hablar de mi dolor y de qué hacer con ese dolor. Pero no es para nada una receta, sino más bien una forma de compartir la ausencia”, aseguró.
Tras su publicación, el libro transitó un camino inesperado para su propia autora, ya que además de presentarse en Tres Arroyos, tuvo un espacio en la Feria del Libro de Buenos Aires, donde Silvia pudo mostrarlo en una experiencia a la que creyó que nunca llegaría. Ya agotó una primera edición, y con la segunda en plena distribución, se concretó además una presentación en el cierre de la Feria del Libro de Coronel Dorrego, con un encuentro similar al que se realizó en el Museo Mulazzi, con la participación de la cantante María Isabel Tolosa y el guitarrista Bernardo Huala. Pailhé también está invitada a dar a conocer su obra en Bahía Blanca y en otras localidades de la zona.

Balances
“El balance principal, en lo personal, es que pude encontrar ese nombre que fue como descargar un montón de cosas, poder hablar…Pasaron 14 años, presenté primero uno de los poemas en el Museo, una vez, para ver qué me pasaba, y tuve mis precauciones, quería saber cómo me iba a sentir hablando con otras mamás que habían pasado por lo mismo”, aseguró Silvia.
Como autora, sin embargo, el camino la llevó aún más lejos, ya que otros relatos suyos fueron publicados en distintas antologías, incluso fuera del país. “A veces las cosas pasan tan juntas y tan raras…En esta segunda etapa mía, después de 20 años de no escribir, volví a hacerlo a través de relatos. Y participé de una convocatoria de la Universidad del Comahue, porque su radio cumplía 25 años, en la que quedó seleccionado un relato mío que se llama ‘Los días en que tuve que callar al peruano parlanchín’ para formar parte de la antología ‘Prendí la radio y se encendió el aire’. Ese relato habla de la función de la radio en los pueblos, o donde no hay otro acceso a la comunicación, y por otro lado del recuerdo que tengo del Negro Guerrero Martinheitz, al que escuchaba cuando era chica y que llegó a leer completo ‘Cien años de soledad’ de García Márquez al aire. Me quedaba escuchándolo, en el campo, y siempre me interesó la función que cumplía la radio allí”, evocó.
Otro de sus textos forma parte de una selección de cuentos de Editorial Dunken. Se llama “Fiesta Retro: relato de un bruxista”, que según Silvia “habla un poco de los recuerdos, pero también tiene un poco de psicología, un poco de histología, que tiene que ver con mi formación. También había sido seleccionado en la Biblioteca Sarmiento, y fue el primer cuento que escribí después de 20 años, entonces me dio ganas de seguir”. Y un tercero, titulado “La suerte de las Botero”, fue escogido en el marco de un concurso de literatura femenina en Miami. “Es uno de los cuentos que más me representa, porque tiene un poco de ecología, un poco de crítica a la ciencia, a la medicina moderna…Ahora forma parte de la antología ‘Soñando en Vrindavan y otras historias de ellas’”, publicada en Miami y que puede adquirirse en todo el mundo a través de la librería virtual Amazon.
“Ahora estoy disfrutando de esto, pero pienso seguir. Buscaba algo que me diera una vía de satisfacción, y mientras esto sea así, seguiré escribiendo”, sostuvo Silvia. Si en la adolescencia pensaba ‘mis palabras no son, las tuyas sí’, ahora da muestras de habérselas apropiado para darles un nuevo sentido. Un nombre propio.

Pailhé en la presentación de “Madres sin nombre” en el Museo Mulazzi

Pailhé presentó su libro en la Feria organizada por la Municipalidad de Coronel Dorrego

Silvia Pailhé y la reconocida escritora Poldy Bird, en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires

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