Municipalidad Tres Arroyos

notas edicion de papel

MARTIN BERTOLAMI, TRESARROYENSE POR OPCION, Y SU TRABAJO EN GREENPEACE

Operación: Salven al Planeta

Vivió parte de su infancia y adolescencia en Tres Arroyos. Desde hace dos años trabaja en la logística, diseño y armado de muchas de las acciones más resonantes de la organización ambientalista Greenpeace. Allí comparte su tarea con Camila Speziale, la activista que estuvo presa en Rusia. Es Martín Bertolami, quien en exclusiva para “El Periodista” compartió además una interesante experiencia laboral en Panamá

Por Pablo Tano

Julio 2014
“A Tres Arroyos lo siento como el lugar que más forma le dio a lo que soy. Por un lado, mi familia es de allá y siempre vuelvo; por otro, fue el lugar donde me hice de esos amigos del alma”, confió Martín

“A Tres Arroyos lo siento como el lugar que más forma le dio a lo que soy. Por un lado, mi familia es de allá y siempre vuelvo; por otro, fue el lugar donde me hice de esos amigos del alma”, confió Martín

De aquí y de allá. De más acá, quizás un poco más lejos, pero no tan cerca. De todos lados y de ninguna parte. Inquieto, emprendedor, audaz, aventurero, creativo, soñador, comprometido. Con alma y espíritu bohemio. Un romántico e incansable buscador de nuevos desafíos. Así es Martín Bertolami, nacido en Bahía Blanca, pero tresarroyense y salteño por adopción. Aunque hoy, la mayor parte de su existencia haya transcurrido en la Ciudad de Buenos Aires.
Casi graduado en la Universidad de Buenos Aires (UBA) de Diseñador Industrial -le falta rendir ¡una materia!-, amante de la fotografía e integrante de la comparsa de candombe “La Cumparsa”, Martín, de 37 años, trabaja en Greenpeace -es compañero de Camila Speziale, la activista detenida en Rusia el año pasado-, como encargado del área de Logística desde hace dos años, pero antes también pasó por Sodapasta, una empresa que se dedica a diseñar maquetas, robots, objetos y disfraces para cine y publicidad, donde tuvo la oportunidad de viajar a Panamá, entre otros países.
En diálogo con “El Periodista”, Bertolami, participante ocasional en “Los tambores no callan”, una movida abierta que toma forma cuando hay motivos valederos para hacerla, rememora sus orígenes, narra su historia y describe etapas como diseñando un mapa de su vida.

¿Cuándo tomaste la decisión de irte a estudiar a Buenos Aires y por qué?
Primero me había ido a estudiar a Mar del Plata. Estuve dos años allá. Me fui, entre otras cosas, porque mi novia de ese entonces había ido para allá. Luego la relación terminó y con un amigo y compañero de facultad, también tresarroyense, empezamos a planear irnos a Buenos Aires y así lo hicimos. Siempre me había intrigado Buenos Aires, lo veía como un lugar lleno de posibilidades y me parecía también que mi carrera iba a ser más rica allá.
¿Qué carrera continuaste?
Tanto en Mar del Plata como en Buenos Aires, seguí la carrera de Diseño Industrial. Nunca me recibí. Me falta una materia (risas).
¿Al mismo tiempo ibas trabajando para poder costear de alguna manera tus estudios?
Siempre traté de rebuscármelas, tuve períodos sin trabajar, tuve una beca, pero hice de todo en el camino: pinté casas, vendía autos en una concesionaria, fui telemarketer, hice alguna que otra encuesta...Durante cuatro años alquilé una casa grande y subalquilaba habitaciones. Pasaron muchos personajes por ahí.
¿Recordás cuál fue tu primer trabajo en la Ciudad de Buenos Aires?
Sí, estaba recién llegado a Buenos Aires, vivía en una pensión por Palermo y conseguí por el diario un trabajo de cartero entregando boletas de telefónica en La Matanza. Toda una aventura.
¿Cómo te llega la oportunidad de entrar a Greenpeace?
Yo venía trabajando hace mucho tiempo en Sodapasta, una empresa que se dedica a realizar todo tipo de cosas, mayormente para cine y publicidad; maquetas, efectos especiales, muñecos, robots, objetos gigantes, escenografías. Un día recibo un mail de Greenpeace que necesitaban a alguien para encargarse del taller de producción. Lo dejé pasar, y el último día del plazo para contestarlo se me prendió la lamparita, y me dije: “¿Por qué no?”. Así que improvisé un e-mail donde puse una serie de trabajos míos y lo mandé. Lo vi como una oportunidad de enfocar mi trabajo hacia algo más noble. Después me llamaron, tuve un par de entrevistas y quedé. Mi ingreso se produce en diciembre de 2012.
¿Qué rol desempeñás en la ONG? ¿Cuál fue tu participación en las últimas campañas?
Trabajo dentro del área de Logística, que es el área que se encarga de la coordinación y concreción de las acciones. Yo estoy a cargo del taller de producción. Con mis compañeros y con los voluntarios hacemos todo lo necesario para que todo se pueda llevar a cabo en tiempo y forma. De una u otra forma participo en todas las campañas, ya sea diseñando y produciendo en el taller lo que haga falta; desde hacer disfraces hasta organizar un festival de música y también en el desarrollo propio de las acciones.
El año pasado, el conductor Mario Pergolini participó como activista invitado en una acción. Se disfrazó de oso polar en las estaciones de servicio Shell en defensa del Ártico. ¿Vos tuviste que ver con el diseño que usó el empresario y los demás voluntarios?
En el caso particular del oso, yo no participé en el diseño, ya que cuando se confeccionaron los disfraces estuve trabajando en un proyecto fuera de Greenpeace, un trabajo para Tecnópolis. Con un amigo diseñamos y armamos unos trailers interactivos para la empresa de agua AySA. Armamos un lindo equipo de trabajo, casi todos amigos. Participé en la acción de Pergolini, pero más desde la preparación.
¿Cómo viste desde adentro casi una cuestión de Estado que se generó con los activistas detenidos por el Gobierno de Rusia?
Fueron tres meses muy atípicos, ya que fue un hecho histórico y de muchísima relevancia dentro de la organización. Fueron meses de preocupación e incertidumbre. Todas las campañas se vieron afectadas por esto. En lo personal me afectó, ya que Camila, que estuvo detenida, es una de las voluntarias que trabajan conmigo en el taller. Una gran persona, muy querida en el taller, todos estaban muy preocupados por ella.
¿Cómo la viste a ella cuándo regresó al país después de estar presa durante dos meses junto a otros diez compañeros de distintos países?
Por suerte ya terminó esa historia y viéndolo a la distancia, creo que fue una gran experiencia de vida para ella. Pese a su inocencia y juventud lo sobrellevó muy bien. Recuerdo una anécdota muy buena que contó: “Habían inventado un código para comunicarse entre las celdas, dándole golpecitos a los radiadores de calefacción con una moneda”. De esta manera charlaban y se contenían.
¿Cuánta gente trabaja en Greenpeace?
Alrededor de 50 personas sólo en Argentina, más los voluntarios de Buenos Aires y de los distintos grupos locales como Córdoba, Rosario, Mar del Plata, Paraná, Salta, Bahía Blanca.
¿Tuviste la oportunidad de viajar por el mundo por trabajo?
Siempre me gustó viajar. Por trabajo he estado en Panamá, Uruguay y Chile. Lo de Panamá fue de los mejores trabajos que hice. Diseñamos y realizamos para una empresa panameña una especie de acoplado de camión donde funcionaba una supuesta fábrica de juguetes manejada por la familia de renos de Papá Noel. Era una locura, mucho movimiento, luces. Había un tren manejado por un renito que recorría todo el camión. Una gran máquina de engranajes a pedal manejada por el papá reno, un reno bebé que volaba en un cohete; un delirio total. Lo bueno y particular de este trabajo es que lo empezamos desde cero. Nosotros le propusimos la idea a la empresa, hicimos una pequeña maqueta del camión y la mandamos a Panamá. Se volvieron locos cuando la vieron y nos encargaron el camión en grande. Después de seis meses de arduo trabajo en equipo terminamos y lo mandamos en barco. Luego viajamos tres personas a instalarlo allá. Pasamos más de veinte días trabajando en el playón de un estacionamiento de la empresa. Recuerdo que llovía y paraba todo el tiempo, y cuando no llovía nos cocinábamos de calor. Trabajamos un montón. En el medio del trabajo nos escapamos una semana a un archipiélago de 300 pequeñas islas, la región de Kuna Yala. Un paraíso total, muy agreste, manejada totalmente por aborígenes, los Kunas. En las islas sólo había chozas, hamacas paraguayas y un océano transparente lleno de peces. Nunca me voy a olvidar del avión que nos llevó hasta ahí. No entiendo aún cómo hacía para volar, parecía que funcionaba a pedal. Cuando volvimos nos quedaba una semana de trabajo y nos dimos cuenta que por la lluvia se habían roto algunas cosas eléctricas del camión. Ahí empezó el sufrimiento, por suerte pudimos arreglarlo, trabajamos hasta que quedaba una hora para volvernos a Buenos Aires…. Creemos que no explotó…

Postales de infancia

¿Dónde cursaste tus estudios en la ciudad?
En dos escuelas que quedaron en mi corazón: la Primaria en la Nº16 y la Secundaria en el querido Industrial.
¿Solés vacacionar en Claromecó aunque ya no vivas cerca?
No tanto a vacacionar, voy siempre que puedo pero por períodos cortos. Siento que es uno de mis lugares en el mundo, me llena de paz, viví cosas muy lindas en Claromecó. Me gusta adentrarme en las playas y poder estar aislado de todo y de todos. Ese viento que te limpia de todo, ese mar bravo…
¿Si tuvieras que elegir una foto para resumir tu infancia o adolescencia en Tres Arroyos qué momento destacarías?
Yo no nací en Tres Arroyos. Nací en Bahía Blanca, viví en Salta también, y si bien no es el lugar donde más viví, ya que llevo viviendo 15 años en Buenos Aires, y viví sólo 9 allá, lo siento como el lugar que más forma le dio a lo que soy. Por un lado, mi familia es de Tres Arroyos y siempre vuelvo; por otro, fue el lugar donde me hice de esos amigos del alma, esos hermanos eternos. Creo que la foto que elijo es a los 17 años, pedaleando con mis amigos por los caminos vecinales, buscando aventuras y un arroyo donde chapotear; o escapándonos de la escuela por la ventana para irnos a tomar mate por ahí; los primeros viajes a dedo; irnos a la noche por los campos en el viejo Fiat color antióxido de la madre de un amigo con una damajuana y una guitarra.
¿Qué es lo qué más se extraña del pago?
La Pampa, la llanura. Los ojos perdiéndose en el horizonte, el mar, las vías desiertas; los domingos en familia, la plena juventud entre amigos la extraño también (risas).

“Trabajo dentro del área de Logística de Greenpeace, que es el área que se encarga de la coordinación y concreción de las acciones. Yo estoy a cargo del taller de producción”, dijo Bertolami

Martín es compañero de Camila Speziale, la activista de Greenpeace detenida en Rusia el año pasado

Casi graduado en la Universidad de Buenos Aires (UBA) de Diseñador Industrial -le falta rendir ¡una materia!-, Martín es amante de la fotografía

El tresarroyense es parte, además de sus actividades en Greenpeace y su pasión por la fotografía, de la comparsa de candombe “La Cumparsa”

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