DIA DEL AMIGO / EL REENCUENTRO DE LAURA CARUSO Y CELESTE SALDIAS, 20 AÑOS DESPUES
Con mucho para contar
Laura Caruso y Celeste Saldías se conocieron en La Plata, cuando ambas estudiaban la carrera de Bibliotecología. Además de encontrarse allí cuando iban a cursar, se visitaban en sus respectivas ciudades, ya que Laura vivía en Tres Arroyos y Celeste en Coronel Suárez. Noviazgos, matrimonios, hijos, cuestiones de la vida hicieron que dejaran de verse. Pero el sentimiento permaneció intacto. Tanto que se reencontraron 20 años después, de la manera menos pensada. En el Día del Amigo, “El Periodista” trae su historia
Laura Caruso y Celeste Saldías se conocieron en La Plata, cuando ambas estudiaban la carrera de Bibliotecología
¿Dónde y cuándo conociste a Celeste, Laura?
A Celeste la conocí en la ciudad de La Plata en el año 1983. Yo, recién recibida de maestra, había comenzado la carrera de Bibliotecología en esa ciudad. Y por aquellos años, La Plata no estaba provista de buenas pensiones para chicas estudiantes, por lo menos los mismos platenses no las recomendaban en aquellos tiempos. Entonces los que íbamos del interior, sobre todo los estudiantes de Bibliotecología de la modalidad no residentes, nos alojábamos en un hotel muy familiar atendido por sus dueños (una familia italiana), que quedaba cerca del Instituto Superior de Bibliotecología. Eramos muchos estudiantes de varias localidades del interior. Celeste de Coronel Suárez, yo de Tres Arroyos y tantos chicos y chicas de otras localidades.
¿De qué manera surgió la amistad?
Después de los horarios de cursada, los estudiantes que nos alojábamos en el hotel, nos encontrábamos en el hall, o en el desayunador y allí conversábamos, intercambiábamos información referida a la carrera, y también hacíamos vida social. Fue allí que comenzamos a charlar. Como yo no conocía La Plata hasta entonces, y era muy jovencita, mi padre no quería que viajara sola, él se quedaba más tranquilo si me acompañaba mi madre, entonces así hicimos; durante el primer y segundo encuentro me acompañó mi madre. Pero para los siguientes encuentros nos hablamos por teléfono con Celeste y decidimos compartir la habitación, para abaratar costos porque la habitación compartida salía menos. A partir de allí, ya íbamos juntas al Instituto, repasábamos juntas algunas cosas o almorzábamos juntas si se daban los horarios de ambas, porque por ahí teníamos grupos de trabajo distintos.
¿Cuántas veces se podían ver durante el mes?
Los encuentros de la carrera de Bibliotecología en ese momento eran cada mes y medio. Por lo tanto allí nos encontrábamos, en La Plata, cada mes y medio.
¿Se visitaban, además, en sus respectivas ciudades?
Dada la cercanía de las localidades, unos 200 kilómetros entre Coronel Suárez y Tres Arroyos, por ahí algún fin de semana nos hacíamos alguna escapada en micro, ella para acá o yo para allá. Nos encontrábamos para estudiar o hacer algún trabajo de la carrera pero también aprovechábamos a divertirnos un rato. Cuando yo viajaba para allá, ella me incluía en su grupo de amigas y salíamos a bailar, y yo hacía lo mismo cuando ella venía acá. Pero como ambas trabajábamos durante la semana en bibliotecas públicas, muy seguido no podíamos. También en algunas oportunidades yo fui con mi familia, con mis padres, a Coronel Suárez en un motorhome que teníamos, obra de mi padre y que estaba equipado con baño, cama y todas las comodidades. Entonces estacionábamos el motorhome en la puerta de la casa de los padres de Celeste. Salíamos a bailar el sábado a la noche con su grupo de amigas y compartíamos el fin de semana ambas familias. Mis padres con los de ella, que enseguida “pegaron onda”. Así que el domingo nos llevaban al campo que tienen a pocos kilómetros de Suárez y así pasábamos el fin de semana. Esto no ocurría muy seguido, por razones de distancia, de trabajo, etcétera, pero hubo siempre un gran cariño de parte de mis padres hacia esa gente linda que nos ofreció su amistad, como también nosotros lo hicimos con ellos. Y entre nosotras también se fue dando una linda amistad. Ambas éramos solteras y muy jovencitas. Pero las dos trabajábamos y estudiábamos. Después nos comunicábamos mucho por carta, porque recordemos que por esos años, 1983, 1984, no había ni celulares, ni Internet. Hasta que un día me avisa Celeste que no viajaba a La Plata porque había decidido dejar la carrera de Bibliotecología. Me comenta que se le había presentado un trabajo en la administración de una importante empresa de Coronel Suárez, y que a ella, más que la Bibliotecología, lo que más le gustaba eran los números y justamente la parte contable y administrativa.
¿De qué manera te afectó su decisión de abandonar la carrera de Bibliotecología?
Bueno, la noticia me cayó como agua fría, por un lado, pero me alegré mucho por ella, porque yo ya sabía que la carrera no era lo que más le gustaba. En eso no coincidíamos porque a mí me fascinó desde el primer momento cada materia de Bibliotecología.
¿Continuó igual la amistad después de esa decisión de Celeste?
Bueno, ahí dejamos de vernos en La Plata, pero continuamos teniendo amistad por carta, o visitándonos. En la última visita que me hizo, acá en Tres Arroyos, me contó que había conocido a un muchacho en su nuevo lugar de trabajo. Y más tarde, por carta, me comenta que comenzaron a estar de novios. Para esto yo también comienzo mi noviazgo acá en Tres Arroyos, con quien hoy es mi marido. Y es ahí donde se interrumpen los viajes de ambas, porque ya los fines de semana después de trabajar toda la semana y en mi caso además seguir estudiando, ya comenzamos a dedicárselos a nuestros respectivos novios. Así es que nos dejamos de ver y de escribir, no enseguida pero sí al tiempo, también.
¿Cómo se perdió el contacto entre ustedes?
Sé que debo haber sido yo la que corté la comunicación, porque siempre fui muy vaga para escribir cartas. En ese tiempo (20 años) cada una continuó su vida sin saber noticias de la otra.
¿De qué manera se recuperó ese contacto?
Lo más lindo viene ahora, porque recuerdo que habíamos ido con mi madre a visitar la Feria Nacional de Artesanos que organiza la Dirección Municipal de Cultura de Tres Arroyos, junto con Amigos del Museo Municipal, como vamos todos los años y ahí me llamaron la atención unos cuadros de madera, hechos con flores también de madera. Por lo tanto le pregunto a la señora que los hacía de qué ciudad era, a lo que me dice que era de Coronel Suárez. Le pregunté a la señora si conocía a la familia Saldías y ahí mismo me alcanzó un papel para que yo anote mis datos, con el fin de hacérselos llegar a Celeste. Resultó ser que eran vecinos. No pasó ni una semana que en mi casa suena el teléfono y cuando voy a atender me encuentro con la voz de Celeste del otro lado diciéndome que le había llegado mi mensaje a través de esta señora, la artesana de Suárez. ¡No te podes imaginar la alegría que tuve y que tuvimos todos de recibir ese llamado!
¿Cómo se produjo el reencuentro?
A partir de ese momento nos hablábamos por teléfono. Eso fue en el mes de agosto del 2004, o sea 20 años después de todo lo que conté. A los pocos meses en marzo estaba la Fiesta del Trigo, acá en Tres Arroyos, los invitamos y vinieron a casa Celeste con su marido y uno de sus hijos. Se conocieron mi marido y el de ella y nosotras nos volvimos a encontrar 20 años más tarde, ya casadas con 2 hijos cada una. Y a partir de ese momento recomenzó una relación de amistad ya en forma familiar, donde además de nosotras, son amigos nuestros maridos y los dos hijos más chicos de ambas también, porque los dos son varones y de la misma edad, y además sus padres con los míos. Bueno, hace unos años perdí a mi papá (uno de los momentos donde tuve muy cerca a estos amigos) pero la amistad sigue también con mi mamá.
Tienen puntos en común las historias de vida de ustedes...
¡Si tendrán puntos en común que ambas nos casamos más o menos para el mismo tiempo! Nuestros maridos son los dos del mismo signo zodiacal (risas), nacidos el mismo mes aunque de distinto año, y también la casualidad de que ambas tuvimos nuestros segundos hijos con una marcada diferencia temporal entre uno y otro, y además los hijos más chicos de las dos tienen la misma edad. La gran diferencia es que ella ya tuvo la dicha de ser abuela de una hermosa nietita, hija de su hijo mayor Nicolás, quien ya está casado, y mis hijos todavía viven conmigo. Mi hija Constanza tiene 20 años, estudia y trabaja, y mi hijo más chico tiene 14 (igual que Francisco, el hijo de Celeste) está en 3º de secundaria. Además y lo más importante, es que ambas, Celeste y yo y también nuestras familias, tenemos similitud en los códigos familiares y valores. Es decir que en estos 20 años más o menos vivimos cosas paralelas, sin comunicarnos ni saber nada la una de la otra.
¿Siempre la recordaste?
¿Recordarla? Sí, en esos 20 años de desencuentro, siempre estaba Celeste y su familia en nuestras conversaciones sobre todo en casa, con mis padres, o en mis conversaciones con amigas, con mi marido. Siempre me acordaba, por eso mismo cuando esta señora, la artesana, me dice que es de Coronel Suárez lo primero que hice es contarle que tenía una amiga allá a la que hacía muchísimo que no veía y a la que quería ver. Y por eso, doy gracias a esta amable señora (de la que no sé el nombre pero a la que Celeste y su familia conocen) porque es la que nos hizo el contacto 20 años después.
¿Qué sentiste cuando se volvieron a ver?
Fue como si nos hubiéramos dejado de ver el día anterior. Como si no hubiera pasado el tiempo. Cuando llegaron durante esa Fiesta del Trigo, no te imaginas la alegría que fue recibirlos en casa. Ahora tenemos 3 dormitorios pero en ese momento no había tantos, así que nos acomodamos improvisadamente para que estuvieran cómodos. ¡Fue tan grande la alegría! Además nuestros maridos enseguida simpatizaron y se aprecian de verdad.
Hoy es más sencillo mantenerse conectadas...
La comunicación se da ahora de otra manera porque existe Internet, celulares, mensajes de texto, en fin, ya no es la época de las cartas.
¿Se visitan frecuentemente?
En cuanto a visitarnos, por ahí aprovechamos algún fin de semana largo para ir o ellos también, en el verano nos visitan en Claromecó o acá. Todo depende de las obligaciones de cada familia, de los compromisos. Pero ellos saben que acá estamos para lo que necesiten y nosotros sabemos que están. Han estado en momentos buenos, para compartir festejos como los 15 de mi hija, o algunas otras cosas lindas, y también gracias a Dios los he tenido en momentos difíciles que más vale no recordar ahora, pero que gracias a Dios y a la vida los he sentido cerca y los siento como los hermanos que la vida no me dio. Tanto a Celeste como a su esposo.
¿Les demostrás este sentimiento tan especial que te despiertan?
Te cuento que yo por ahí no lo demuestro o tal vez sí a veces. Pero le doy mucho valor a esta verdadera amistad con Celeste y Ruso, como los llamamos, y con su familia. Y también a la amistad que siento hacia mi amiga Claudia con la que llevo 34 años de relación, porque con Claudia nos conocimos y nos hicimos amigas mientras estudiábamos el magisterio ambas. O aprecio mucho también a mi querida amiga Susana, una gran persona y amiga desde hace más de veinte años. También a mi amiga Haydée.
¿Qué significa la amistad en tu vida?
Valoro mucho la amistad de los amigos más nuevos, de menos tiempo, o la amistad de aquellos matrimonios con los que frecuentamos que vienen por el lado de mi esposo. Pero estas amigas que vienen de la adolescencia, que es cuando creo forjamos los lazos fuertes de amistad, ellas son para mí el tesoro más preciado que nos da la vida junto con una buena familia. De ellas guardo los mejores recuerdos, para ellas van los mejores deseos, los sentimientos más puros y desinteresados. Y también mi agradecimiento por estar siempre en mi vida, tanto en las buenas como en las malas. Fijate que fuerte será el lazo de la amistad que te estoy hablando de muchos años y vida atravesada. Por eso creo mucho en esta frase: un hilo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse sin importar el tiempo, el lugar, ni la circunstancia. El hilo se puede estirar o enredar, pero nunca se romperá.


