EN ¿TE ACORDAS, HERMANO?, NESTOR “PELA” DI LUCA, EX DESTACADO FUTBOLISTA TRESARROYENSE
Goleador récord
Debutó en Boca, pero llegó con su fútbol hasta la “U” de Chile. Vistió las casacas de Colegiales, Huracán, El Nacional, Quilmes y San Lorenzo de Mar del Plata. Y además el fútbol de Primera de AFA lo contó entre sus filas. Verdadero goleador récord, el “Pela” Di Luca, protagonista de la sección ¿Te acordás, hermano? de “El Periodista”, llegó a marcar 7 tantos en un partido
Néstor “Pela” Di Luca forma parte de una estirpe de futbolistas cuyas virtudes se encuentran ya, desde hace un buen tiempo, en vías de extinción: la de los goleadores natos
Con apenas 14 años debutó para Boca en la primera división del fútbol tresarroyense, en la vieja cancha de Quilmes. A los 16 se retiró transitoriamente de la actividad, pero a los 18 volvió. Militó en el club de sus amores, Colegiales (con el cual ascendió) y se calzó ese mismo año la camiseta de la Selección de Tres Arroyos. Vistió con gran suceso los colores de Huracán de nuestra ciudad, también pasó por El Nacional, Quilmes y San Lorenzo de Mar del Plata. Tras ese derrotero, el fútbol de primera división del país lo contó entre sus filas. Fue mimado y respetado en Chile, defendiendo la divisa de la “U”. Jugó hasta los 40 años y se cansó de batir arqueros.
Néstor “Pela” Di Luca forma parte de una estirpe de futbolistas cuyas virtudes se encuentran ya, desde hace un buen tiempo, en vías de extinción: la de los artilleros, ‘romperredes’ o goleadores. De aquellos que han perdido la cuenta de la cantidad de conquistas que marcaron, o que ni siquiera recuerdan cuántas veces anotaron tres o cuatro goles en un mismo partido. Toda una rareza en los tiempos que corren.
Ante la invitación de “El Periodista” a la charla, el micrófono se enciende y Di Luca comienza el profundo viaje a las historias (las conocidas y otras no tan difundidas) de su extensa trayectoria. Sus anécdotas en el fútbol grande, que lo vio vestir las camisetas de Huracán de Parque Patricios, Independiente y trascender fronteras afuera con la Universidad de Chile, son inagotables. Como sus goles, surgen a borbotones.
En medio de la entrevista se relaja y el diálogo deriva hacia los tiempos que corren. “Hoy ha cambiado mucho la manera de jugar, todo es más físico o táctico, y no tanto técnico. Hay modelos de jugadores que van desapareciendo, como los clásicos ‘número 10’ o los delanteros de área netamente goleadores, aquellos que convertían 25 o 30 por campeonato. En mi caso personal, hubo temporadas en las que promedié dos tantos por partido, con un recuento final de 38 en un solo torneo. Recuerdo que manteníamos una linda puja con Alejandro Barberón, cuando él jugaba en Huracán y yo en Boca, peleando por decidir quién se quedaba con el primer puesto en la tabla de goleadores del certamen local. Terminaban los partidos y poníamos el oído en la radio para saber si el otro había convertido o no. Si se daba algún cotejo en que había actuado bien pero sin marcar goles, sentía que me faltaba algo, me volvía insatisfecho a mi casa. Cuando no convertía no era lo mismo, y me ponía a pensar en qué había fallado. Siempre fui muy autocrítico”.
“Pela” reconoce “haber tenido que lidiar con muy buenos marcadores, con tipos realmente de fuste. A nivel local recuerdo particularmente a ‘Baby’ Coronel, que nunca me pegó una patada. A nivel nacional, me pude medir con defensores de la talla de Passarella o Ruggeri, Mario Killer, con los que me tocó ganar y perder dentro del área. El mismo Juan Simón, jugando para Newells, reconoció al término de un partido (yo actuaba para Huracán y en ese cotejo metí un gol de cabeza desde fuera del área) lo difícil que le resultó defenderme”.
Todavía recuerda aquel viaje que realizó parado desde Tres Arroyos a Mar del Plata en colectivo, a disputar un amistoso para la selección de la Feliz contra su par de Argentina. La buena actuación que le cupo (señaló dos goles) le dio la chance de que Huracán de Parque Patricios lo contratara, y de que en ese club se codeara con glorias ‘quemeras’ de la envergadura de Carlos Babington, por citar un nombre propio.
Para ese entonces, Di Luca ya había conocido las mieles del fútbol de primera de AFA, tras un paso corto por Independiente, en el que compartió plantel con fenómenos como Bochini o Alzamendi. Sobre esa experiencia, señala que “formar parte de un equipo de los denominados grandes es lo que todos los futbolistas siempre soñamos. Cuando era chico no existía otra cosa que jugar a la pelota, o a lo sumo al metegol, por eso todos atesorábamos el sueño de llegar... Nunca me olvido que mi abuelo siempre mencionaba ‘éste va a salir bueno’. Yo le contestaba que si eso ocurría, llegaría al nivel profesional. Y tuve la suerte de concretarlo, en base a mucho sacrificio y dedicación, cuidándome al máximo. Cumplí con la promesa”.
Néstor Di Luca ostenta el llamativo récord de haber anotado siete goles en un mismo cotejo: “Fue cuando jugué en un torneo nocturno que organizó El Nacional; ganamos 7 a 1 y todas las conquistas de mi equipo las hice yo. En una gran cantidad de partidos de mi trayectoria marqué tres o cuatro goles, pero son tantos que ya ni me acuerdo”.
A la hora de evocar grandes asistentes que le hicieron dar “el grito sagrado”, Di Luca rescata los nombres de Sasso, Perrone o Acosta, en el ámbito local, o la generosidad de “Patota” Potente en San Lorenzo de Mar del Plata. Y a nivel nacional, rememora la calidad del “Inglés” Babington, en el Globo de Parque Patricios. “Todos ellos trabajaban para que los goleadores convirtiéramos”, menciona con gratitud.
Reflexivo y con nostalgia por épocas pasadas, lamenta que “se haya perdido un poco el fútbol de los potreros, ese amor que sentíamos por estar todo el tiempo jugando a la pelota. Los chicos de hoy se distraen con otras cosas, como la Play Station, el celular, la computadora, y quizás no cuentan con el mismo ánimo a la hora de entrenar”.
“Pela” traza de un plumazo las grandes diferencias entre el fútbol de su época y el actual, donde todo se puede mostrar, y en el que cualquier club del país más remoto accede a conocer las aptitudes de un determinado futbolista. “A mí me vendieron en 100 mil dólares a la Universidad de Chile, en el año 1982, y en ese entonces parecía una fortuna. Hoy se manejan transacciones de 10 millones o más como si fuera moneda corriente, de un jugador que apenas vieron tres o cuatro partidos por televisión”.
También recuerda aquella oportunidad que tuvo de entrenar durante un tiempo con algunas figuras consulares del River Plate que dirigía Angel Labruna (el equipo millonario había manifestado su interés por contarlo en el plantel, pero la transferencia desde Huracán finalmente no se concretó) y relata una jugosa anécdota: “el técnico me pidió en la práctica que me moviera como un número 9 clásico, pero en un determinado momento se acercó un morochito, bajito (que jugaba en el equipo de los suplentes, al igual que yo) y me dijo que pasara a la posición de wing derecho. Al rato, Labruna paró la práctica para retarme, y me señaló que volviera al puesto original que había indicado. El morochito y bajito era Ramón Díaz, a quien el DT mandó inmediatamente a las duchas por desautorizarlo”. Pese a no haber podido disputar encuentros oficiales con la casaca de la Banda, rescata esa experiencia por el hecho de ser un reconocido hincha del club de Núñez.
Néstor Di Luca, respetado y querido por los goles que regaló, recoge para sí la satisfacción de haberse brindado con cada camiseta que vistió. “Siempre di lo mejor, nunca me guardé nada, y me dediqué con pasión a lo que tanto amé, que es el fútbol”.




