MAS DE 20 TRESARROYENSES TIENEN DUDAS SOBRE SU ORIGEN Y ACUDIERON A RED POR LA IDENTIDAD
El llamado de la sangre
Más de 20 casos de tresarroyenses con dudas sobre su origen han acudido al Nodo local de la Red por la Identidad. La aparición del nieto de Estela de Carlotto, titular de Abuelas de Plaza de Mayo, multiplicó las consultas. Con “El Periodista”, los integrantes del Nodo compartieron su experiencia de trabajo, explicaron su modalidad de intervención y las motivaciones personales que los llevan a participar de una búsqueda que no cesa: la de la verdad. Además, la opinión del abogado especialista en DDHH, Guillermo Torremare, y del realizador Rodrigo Caprotti, autor de un documental sobre el centro clandestino de detención “La Escuelita”. Informe especial
“Yo podría haber sido uno de esos bebés”, dice Laura Di Paolo, trabajadora social tresarroyense, arrancada de los brazos de su madre asesinada en 1977 y dejada en Casa Cuna hasta que la recuperó su familia materna. Hoy integra, junto a Carlos Sánchez, Graciana Foulkes, Jorge Pousa, Alejandra Morcillo, Marcelo Delgiorgio y varios colaboradores, el Nodo local de la Red por la Identidad, que sirve de nexo entre quienes dudan acerca de su origen y quieren conocerlo, y Abuelas de Plaza de Mayo y la CONADI, donde se busca a aquellos niños nacidos durante el cautiverio de sus madres a manos de la dictadura, y apropiados ilegítimamente en algunos casos por los captores de quienes los dieron a luz, o adoptados en procesos irregulares, entre otras variables de lo que no es otra cosa que la supresión de la identidad.
Al Nodo, que se reúne en la Biblioteca José Ingenieros y al que se puede recurrir por teléfono, al 15501976 o por mail, a rxitresa@gmail.com, han acudido más de 20 tresarroyenses que quieren conocer su verdadero origen. Que dudan acerca de sus procesos de adopción, que no tienen información fehaciente acerca de sus padres biológicos y que en definitiva buscan su propia identidad. Por estos días, el hallazgo del nieto de Estela de Carlotto, titular de Abuelas de Plaza de Mayo, ha multiplicado las consultas. “No pasa un día sin recibir un llamado. Cada vez que aparece un nieto suele ocurrir, pero nunca como en este caso. Hemos recibido hasta contactos en nuestros domicilios. Esto ha sido maravilloso, y lo estamos tratando de aprovechar”, aseguran desde el grupo a “El Periodista”. Lo mismo sucedió a nivel de la Red en todo el país, y de hecho, a los pocos días se encontró a la nieta 115, a quien se buscaba desde hacía décadas.
“El 22 de noviembre de 2008 se presentó formalmente el Nodo en Tres Arroyos, con actividades en el Museo Mulazzi, pero veníamos trabajando desde hacía algunos meses, puntualmente desde julio de ese año”, recuerda Laura.
“En principio cabe contar qué es la Red por la Identidad. Hace unos años, Abuelas de Plaza de Mayo entiende que debe seguir expandiéndose al interior del país, pero no era posible agregar más filiales a las que existen en Córdoba, Mar del Plata, La Plata, entre otras. Y había un montón de gente para colaborar, por lo que era importante canalizar esa voluntad. Por eso Abuelas empezó a recorrer el país formando estos grupos, estos nodos de la Red por la Identidad, con la idea de apoyar tanto el trabajo de ellas como de CONADI (Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad), de la que dependen los nodos. El trabajo de estos grupos de apoyo es interesante pero tiene un cierto grado de limitación en cuanto a lo que hacemos, que pasa sobre todo por la difusión, concientización y educación. Cerca de cada 24 de marzo normalmente tenemos mucha actividad, nos piden que vayamos a escuelas, distribuimos el mensuario de Abuelas. Y algo importante, que sucede únicamente en Tres Arroyos y no se da en ningún otro lugar del país, es que logramos que en la factura de servicio eléctrico de CELTA figure el contacto con el nodo local de la Red por la Identidad”, puntualiza Carlos Sánchez.
“Además tenemos material bibliográfico y audiovisual, que está aquí en la Biblioteca a disposición de quien lo necesite, y si tenemos suficientes ejemplares llevamos también a otras bibliotecas”, explican, siempre en torno a una de las funciones del Nodo, la que tiene que ver con la difusión y concientización.
Un nexo para la búsqueda
Pero además, la Red es el lugar donde acudir cuando se tienen dudas acerca de la propia identidad. “Funcionamos como un nexo entre personas que dudan acerca de su origen, y CONADI o Abuelas, y esa es quizá nuestra tarea más interesante. Y nos circunscribimos únicamente a los nietos apropiados, que es la búsqueda de Abuelas, a diferencia de la APDH y el Equipo de Antropología Forense, que recientemente logró identificar los restos de otro desaparecido tresarroyense”, describe Jorge Pousa.
En este sentido, desde el año 2008, el Nodo local de la Red por la Identidad ha recibido más de 20 consultas concretas. “Nosotros trabajamos dos áreas. Una de ellas es la presentación espontánea, en la que jóvenes que tienen dudas acerca de su identidad se acercan a nosotros para que los conectemos a la CONADI o Abuelas, para canalizar esas dudas. Y la segunda modalidad tiene que ver con las denuncias, es decir, datos que recibimos de terceros que saben o tienen dudas de algún caso, o plantean información concreta sobre una adopción o una apropiación. Entre esos más de 20 casos que hemos recibido en los últimos años, existieron las dos modalidades: la presentación espontánea y la denuncia”, explica Carlos Sánchez.
En el caso de la presentación espontánea, se pone en contacto al interesado con la CONADI, una vez reunida la información de la que se dispone sobre el caso, y luego será él mismo quien siga su evolución a través de un número de legajo que le asigna el organismo. Las denuncias, en tanto, son elevadas a Abuelas de Plaza de Mayo, que llevan adelante la investigación que el caso requiera. “En algunos casos, cuando es necesaria la extracción de sangre para la prueba de ADN y la persona no puede viajar, hemos gestionado la presencia en Tres Arroyos del Banco de Datos Genéticos”, completa Laura Di Paolo. No se reciben casos únicamente de Tres Arroyos, sino que, teniendo en cuenta que los Nodos más cercanos están en Bahía Blanca y Mar del Plata, la zona de influencia del grupo local es bien amplia.
De estas más de dos decenas de presentaciones, el Nodo no ha recibido información acerca de que se haya logrado una identificación. “No que nosotros sepamos -admite Sánchez-, pero lo importante de destacar es que nuestro trabajo es ser nexo entre la persona que tiene dudas sobre su identidad y la CONADI. Nosotros colaboramos en la recolección de la información que haga falta, con la presentación ante la CONADI, pero a partir de ese momento salimos de la situación. No obstante, yo creo que si hubiera algún nieto viviendo en Tres Arroyos, lo sabríamos. De hecho, conocemos la identidad de los 115 nietos recuperados hasta ahora, ninguno de los cuales es de aquí. Y sabemos, por supuesto, que Abuelas busca desde hace muchísimos años al hijo de Domingo Menna; está el caso del bebe de Alicia Chuburu, donde se sabe por testimonios que dio a luz en cautiverio, y el de Rivada, que recientemente se conoció que Beatriz Loperena estaba embarazada cuando fue secuestrada”, enumera.
Labor educativa
No es menos importante el rol que desempeña el Nodo en torno a la educación y formación ciudadana. “Es verdad que es importante el impacto que tiene el trabajo de la Red en la búsqueda de la identidad, pero quiero destacar también su función educativa. Es habitual que nos convoquen desde las escuelas, donde a veces los docentes no saben cómo tratar el tema, porque es una cuestión que todavía, a pesar de todo, genera mucha resistencia. Y creo que además es necesario generar conciencia en los adultos también, entre los cuales todavía persisten dudas o confusiones, a veces alentadas desde los mismos medios de comunicación”, estima Graciana Foulkes.
“Y nos pasa a menudo que hay gente que, a pesar de que trabajamos desde el año 2008, se entera de que existe el Nodo por la factura de CELTA, o ahora cuando se da esto de la aparición del nieto de Estela de Carlotto. Por eso la difusión y la presencia nuestra en escuelas y en los medios es importante”, apunta Jorge Pousa.
En este sentido, y según opina Carlos Sánchez, es probable que juegue de alguna manera ‘en contra’ la confidencialidad que forma parte central del trabajo de la Red. “Quizá sería más interesante que nosotros contáramos acerca de qué jóvenes, de qué edades, cuántos hombres y cuántas mujeres se han acercado con dudas sobre sus orígenes. Pero esa información no sólo es confidencial sino que no nos pertenece. Es algo íntimo, es un paso muy intenso el que da un joven que quiere conocer su verdadera identidad. Y nosotros somos muy respetuosos de eso. Lo que nos interesa realmente es llegar a todas las personas que necesiten contactarse con nosotros, y que sepan que vamos a respetar la confidencialidad de cada situación”, advierte.
Buscar la verdad
“Realmente tuve mucha suerte y más de una vez, considero, porque siendo bebé, de apenas un mes, allá en La Plata, me fue a buscar un policía, me llevó a Casa Cuna, donde estuve otro mes hasta que me encontró mi familia materna. Por eso no puedo quedarme sin hacer nada”, asegura Laura Di Paolo, a la hora de definir por qué forma parte del Nodo.
Graciana Foulkes pertenece a la familia de Jorge Horacio Foulkes, tresarroyense desaparecido. Y en su caso, asegura, “no tenemos ningún dato de que hubiera podido tener un hijo nacido en cautiverio. Pero por amor a la verdad, por deseo de saber, estoy acá. Y también porque por mi profesión de psicóloga se de las implicancias que tiene la mentira en la construcción de la historia de una persona”.
“Me incorporo a la red porque la búsqueda de la verdad es esencial en la vida de cada uno, y poder aportar un mínimo granito de arena a esa búsqueda, que en realidad es la de todos, me parece muy importante”, apunta Alejandra Morcillo.
Para Jorge Pousa, su llegada a la Red tiene que ver con su interés en trabajar en cuestiones vinculadas a las violaciones a los derechos humanos. Miembro de la APDH casi desde su fundación a nivel local, considera que “todos fuimos afectados de alguna manera por la dictadura. Y cuando Carlos trajo la idea de armar el nodo, me pareció una idea fantástica poder colaborar con Abuelas”.
Carlos Sánchez, en tanto, recuerda que tuvo la oportunidad de trabajar para Abuelas de Plaza de Mayo en la campaña “Aplauso”, muy exitosa, que surgió de la inspiración de una creativa que vio cómo en Claromecó la gente aplaudía para poner conectar a un chico perdido con sus padres. “Revisando material con Estela Carlotto, ella hizo un comentario, algo así como ‘la gente nos palmea la espalda y nos dice sigan así, y nosotros no queremos que nos digan eso, queremos que se comprometan y se pongan a trabajar’. Y entonces sentí que yo hacía eso, que me limitaba a palmear la espalda. Y esa fue mi motivación, ponerme a hacer algo por lo que un periodista llamaba el otro día ‘la sanación social’, la forma de encontrar algo para salir del horror que me tocó, desde ese lugar me sumé”, recuerda.
EL COMPROMISO CON LA MEMORIA, LA VERDAD Y LA JUSTICIA
Se seguirá buscando
Por Guillermo F. Torremare (*)
Alrededor de quinientos niños, hijos de mujeres detenidas desaparecidas, nacidos en el mismo lugar en que ellas eran torturadas, fueron parte del botín robado por las fuerzas armadas y de seguridad que sirvieron de brazo ejecutor del Terrorismo de Estado desarrollado durante la dictadura cívico-militar, que asaltó el poder en 1976 y lo ejerció hasta fines de 1983.
Casi cuatrocientos aún no conocen su verdadera identidad. Son historias de bebes inscriptos falsamente como propios con la complicidad médica o adoptados fraudulentamente con la complicidad judicial; entre ellos muchos que crecieron teniendo por padres a los mismos que los arrancaron del pecho de sus madres condenadas a la desaparición.
El reciente encuentro del nieto de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo consagró definitivamente el reconocimiento unánime al trabajo que llevan adelante, sin odios ni claudicaciones, desde hace más de 37 años.
Aquel hecho fue un disparador que motivó a muchos jóvenes a consultar por sentir dudas acerca de la propia identidad, al punto que a los pocos días se halló a otra nieta buscada desde hacía más de tres décadas.
Dos -o quizá tres-, hijos o hijas de tresarroyenses desaparecidos engrosan la lista de quienes no se han reencontrado con su propia identidad.
El que esperaban Domingo Menna y Ana María Lanzillotto, cuyo nacimiento estaba previsto para septiembre de 1976, es el mayor de ellos. El matrimonio fue secuestrado en julio de ese año y varios testimonios han ubicado a ella, embarazada, en el centro clandestino de detención, tortura y exterminio “El Campito”, ubicado dentro de la guarnición militar de Campo de Mayo, lugar donde en ese tiempo -mientras usurpaba el cargo de Presidente de la Nación-, vivía el dictador Jorge Rafael Videla.
El de Alicia Silvia Chuburu y Horacio Paz es otro. En mayo de 1977, cuando faltaban menos de quince días para dar a luz, ella fue secuestrada en el trayecto entre su domicilio y su trabajo y nunca más se supo.
Hace poco tiempo se informó que María Beatriz Loperena, secuestrada en nuestra ciudad junto a su esposo Carlos Alberto Rivada, en febrero de 1977, también estaba embarazada, desconociéndose hasta hoy el destino de ellos.
Estas son persistentes heridas que produjo la dictadura. Sus jerarcas y colaboradores, muchos desde la cárcel, se han conjurado para no revelar un solo dato. De sus bocas no han salido informaciones sobre quiénes, cómo, dónde o cuándo desaparecieron ni qué suerte corrieron sus hijos nacidos en cautiverio. Sus actuales silencios complementan sus criminales conductas anteriores.
De poco les vale. Las Abuelas seguirán buscando, los jóvenes que dudan seguirán preguntando, la sociedad seguirá acompañando. El compromiso con la Memoria, la Verdad y la Justicia es una realidad.
(*) Abogado especialista en DDHH. Autor, junto al licenciado Andrés Vergnano, del libro “22, los tresarroyenses desaparecidos”
RODRIGO CAPROTTI, DIRECTOR DEL DOCUMENTAL “LA ESCUELITA”
La memoria y el pago chico
Rodrigo Caprotti es un joven realizador bahiense, autor de “La Escuelita”, serie documental ganadora del concurso federal de Televisión digital abierta del INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) y el Consejo Asesor de TDA del Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios de Argentina.
“La Escuelita” era el centro clandestino de detención del Comando V Cuerpo de Ejército en Bahía Blanca, en el que estuvieron retenidas ilegalmente –y muchas de ellas luego desaparecidas-, personas de todo el ámbito de control de esa repartición militar, que incluía Bahía Blanca, Viedma, Neuquén y hasta Tres Arroyos.
“La Escuelita documenta un momento crucial en la historia de los bahienses, pero al mismo tiempo supone, por fuera del `pago chico’, una oportunidad de tomar conciencia de las dificultades con las que debe lidiar “la memoria, la verdad y la justicia”, cuando se trata de plantear estos temas por fuera de los grandes centros urbanos”, dice la presentación de prensa de la serie, proyectada ya en varias oportunidades en Bahía Blanca, Buenos Aires y, por gestiones de CELTAtv, prontamente se verá en la televisión de Tres Arroyos.
En el marco del debate oral del juicio en Bahía Blanca, por crímenes de lesa humanidad cometidos en la última dictadura cívico militar, Caprotti eligió contar cuatro historias emblemáticas de violación a los derechos humanos bajo el control operativo del Comando V Cuerpo de Ejército, desde el Batallón de Comunicaciones 181, desde el Destacamento de Inteligencia 181 y las policías; la complicidad de parte de la sociedad, la iglesia, medios de comunicación y sectores empresariales aún vigentes en la actualidad.
Se trata de las historias de Oscar Meilán y Vilma "Chiqui" Rial de Meilán, secuestrados en Viedma de la puerta de su casa, dejando a sus dos hijos pequeños solos en el auto para ser llevados al centro de detención “La Escuelita” de Bahía Blanca; la llamada “Masacre de la calle Catriel”, que da muerte a cuatro militantes de la FURN (Federación Universitaria para la Revolución Nacional), Zulma Matzkin, Pablo Francisco Fornasari, Juan Carlos Castillo Y Manuel Mario Tarchitzky, en forma de falso enfrentamiento armado devenido en fusilamiento, en la casa de la calle Catriel 321, Bahía Blanca; el secuestro de Raúl Eugenio Metz y Graciela Alicia Romero de Metz, ocurrido en Cutral Có, Neuquén, dejando a su hija Adriana de 1 año, y luego llevados a “La Escuelita”, donde Graciela dio a luz a su primer hijo varón que continúa desaparecido, y el caso de Alicia Partnoy, exiliada de nuestro país a Estados Unidos con su marido e hija luego de pasar por “La Escuelita”, la cárcel de Villa Floresta y la cárcel de Villa Devoto.
“El Periodista” entrevistó a Caprotti en su reciente paso por Tres Arroyos, donde dio un seminario de postproducción de televisión, en los estudios de CELTAtv.
Uno imagina dificultades extra a la hora de abordar cuestiones como la memoria y los crímenes de Estado en la dictadura en el interior, sin duda mayores que las que se presentan en las grandes ciudades. ¿Cómo fue tu experiencia con el rodaje de "La Escuelita" en Bahía Blanca, que en este sentido tiene sus particularidades?
No tuvimos grandes dificultades ya que el rodaje se dio en paralelo a las audiencias al primer juicio al V Cuerpo del Ejército, y de alguna manera este marco nos acompañó a la hora de gestionar lo necesario para movernos con tranquilidad en lo que respecta al trabajo de un rodaje. Ahora sí tuvimos situaciones puntuales como el estar grabando frente al Comando V Cuerpo del Ejército y que pasara a gran velocidad un Falcon amarillo, con un señor gritando: ¡Aguante Videla hijos de puta! No solo nos dimos cuenta de que estábamos tocando una fibra sensible de muchos sectores de la sociedad bahiense, sino que además advertimos que ya sabían quiénes éramos y que estábamos haciendo en Bahía Blanca.
El rodaje atravesó e incluye tramos del juicio en el que se dispuso investigar la complicidad de la prensa con el accionar de los grupos de tareas, puntualmente de La Nueva Provincia. ¿Esperabas que algo así ocurriera? ¿Qué le aporta esto a tu trabajo?
Estábamos grabando la sentencia por fuera del cronograma de producción, ya que estaba fuera de las fechas que teníamos pautadas con el INCAA para el rodaje. Por lo que pedimos una prórroga para poder estar presentes, ya que creíamos que era lo que iba a darnos el cierre que necesitábamos para cada historia: el hoy y la sentencia a cada uno de los casos que tratamos en la serie. Pero el punto que manda a investigar a La Nueva Provincia fue algo que nos sorprendió a todos; en ese momento, como en todo el día de la sentencia, se sintió un clima muy diferente. No era la misma Bahía Blanca de siempre, por un día nos miramos de otra manera.
La noticia del hallazgo del nieto de Estela de Carlotto movilizó nuevamente la temática de la apropiación de bebés durante la dictadura, y tu serie aborda precisamente un caso. ¿Qué impresión te causó y cómo te movilizó el conocimiento sobre ese caso en particular, y cómo resignificó esa experiencia la noticia del nieto encontrado?
Las esperanzas se renovaron para muchos. La aparición del nieto de Estela de Carlotto no solo es un momento de gran importancia para los que buscan, sino para la sociedad toda, principalmente para los sectores que siguen diciendo “basta de hablar del pasado”. Estos sectores tienen que ver que la búsqueda de los nietos, de justicia, son temas más que actuales y no se puede desviar la atención hacia otro lado, hay que buscarlos y ya. Como dice Adriana Metz en la serie: “Es difícil porque son cada vez más grandes, mi hermano tiene 34 años...”. Más que nunca, con fuerzas renovadas, es ahora cuando hay que poner la mayor energía.
De "La Escuelita" hoy sólo hay escombros y testimonios que revela tu trabajo. ¿Cómo fue esa reconstrucción simbólica de un espacio que ya no existe pero que es tan significativo en el discurso de quienes sobrevivieron?
Justamente eso, el testimonio de los sobrevivientes es lo que reconstruye un espacio que no está más, solo sus escombros que poco tienen para contar. Transitar con los sobrevivientes el espacio donde alguna vez funcionó “La Escuelita” fue revelador, y como algunos de ellos nos decían, sanador, ya que ahí es donde estuvieron con sus compañeros y es como una manera de recordar y nuevamente renovar su lucha. La búsqueda de justicia por los que no están.
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