Municipalidad Tres Arroyos

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“LA CASA DEL PANTALON” CUMPLE ESTE MES 70 AÑOS DE TRAYECTORIA COMERCIAL

La casa de todos

Fundada por su padre, comerciante español que llegó a la Argentina a los 15 años, Eugenio Galilea lleva adelante “La Casa del Pantalón” desde muy joven, cuando decidió dejar la carrera de abogacía –que hoy sigue su nieta-, para hacerse cargo del comercio familiar. Y ha combinado la herencia de aquel inmigrante con su visión emprendedora, por eso logró imponerse a las grandes tiendas y también a las nuevas tendencias en materia de venta de indumentaria. En un diálogo franco con “El Periodista”, “Coco” contó todos los secretos de 70 años de éxito

Junio 2015
Emblema del comercio tresarroyense, “La Casa del Pantalón” cumple este mes un nuevo aniversario, y “El Periodista” no podía faltar a esta cita

Emblema del comercio tresarroyense, “La Casa del Pantalón” cumple este mes un nuevo aniversario, y “El Periodista” no podía faltar a esta cita

Logró imponerse al paso del tiempo, al cambio de las tendencias de la moda e incluso a las modernas políticas de marketing de las grandes marcas y sus exigencias, y así llegó, de la mano del tesón de su dueño, a los 70 años. Emblema del comercio tresarroyense, “La Casa del Pantalón” cumple este mes un nuevo aniversario, y “El Periodista” no podía faltar a esta cita con el buen vestir a la que los vecinos de Tres Arroyos, del campo y de las localidades vecinas son permanentes invitados.
El anfitrión es nada menos que Eugenio “Coco” Galilea, que desde muy chico (tiene apenas 3 años más que el comercio familiar) estuvo vinculado a la actividad de la tienda. “Siempre andaba por acá, o haciendo mandados, que era la tarea destinada a los chicos. Mi papá, que fundó el negocio, había venido de España a los 15 años, en 1915. No sé cómo se arreglaría francamente a esa edad para sobrevivir tan lejos de su país, pero lo cierto es que mientras la mayoría de los inmigrantes llegados en esa época, como pude comprobar cuando obtuve el certificado de su llegada, del barco en que vino y demás, venían a trabajar en el campo, él llegó dispuesto a emplearse en el comercio. Seguramente pesaron sus antecedentes familiares, porque mi abuelo era comerciante también. Lo mandaron a Curuzú Cuatiá (Corrientes), porque en aquel momento lo que se intentaba era que no se quedaran todos en Buenos Aires. Allá entró a trabajar en una firma, y en esa época se encargaba también de cuidar el negocio, así que hasta tuvo que dormir arriba de algún mostrador”, evocó.
Desde Corrientes, el joven dependiente español llegó a La Dulce, donde con un socio abrió otro comercio en una experiencia que resultó fallida por una falta de aquél. Esa circunstancia lo hizo venir a probar suerte a Tres Arroyos, donde su hijo Eugenio hizo la escuela primaria y la secundaria, para luego partir a cumplir con una vocación que no logró cristalizar. “Me fui a estudiar a La Plata, abogacía, que era lo que me gustaba. Pero cuando tenía 20 años mi padre falleció, y acá en Tres Arroyos habían quedado mi mamá y mi hermana, que entonces tenía 14 años, y era necesario defender el negocio, las cosas de ellas. Así que volví, y me puse al frente del local. Interiormente, siempre quise que alguno de mis hijos estudiara abogacía –contó en confianza-, pero se recibieron de contadores públicos. El gusto me lo dio mi nieta, la mayor, que es una estudiante avanzada de derecho y con ella conversamos acerca de lo que recuerdo de las materias, como si yo supiera algo”.

Herencia familiar
A cargo del establecimiento comercial, que estaba ubicado al 447 de Colón, enfrente de su emplazamiento actual, “Coco” Galilea le puso su impronta personal a la actividad. “Allí estuvimos unos 20 años, alquilando, hasta que en 1969 pude comprar el terreno para hacer este edificio. Era el momento propicio porque había un poco más de estabilidad, y si bien no nos faltaba nada, tampoco nos sobraba así que había que trabajar mucho”, admitió.
Aquel era un tiempo de importante movimiento en el comercio tresarroyense, con el paso marcado, de alguna manera, por grandes tiendas como Aduriz, que tenía 100 empleados, y Gath & Chaves, entre otras. Sin embargo, con menos infraestructura y pretensiones, “La Casa del Pantalón” lograba competir contra esos ‘monstruos’ con la herencia que había dejado aquel comerciante español, y que se hizo marca registrada en el local de la calle Colón. “Mi papá me había enseñado a competir con servicio, con atención. Cosas que no eran frecuentes, que no se hacían, como tener un cadete para llevar los paquetes, mi padre las había ido imponiendo. Y él, además, era una persona que jamás discutía…Como yo, en realidad, que nunca me he podido pelear con nadie –confesó “Coco”-. Entonces así, con mucha atención y servicio, fuimos ganando un lugar en la ciudad”.
De hecho, mientras aquellos emporios de la indumentaria fueron, por distintas razones, cayendo y cerrando sus puertas, “La Casa del Pantalón” siguió creciendo. Y esta cuestión tiene sus secretos casi a la vista. “Siempre intentamos tener un muy buen surtido, y lo interesante es que logramos satisfacer las inquietudes y gustos de un margen muy amplio de público, desde el más humilde al que tenía más posibilidades. Cuando yo era chico, había divisiones en la sociedad mucho más marcadas, que afortunadamente hoy no se ven, pero en nuestro negocio había mercadería para todos. Y siempre buen precio, calidad, y sobre todo facilidades de pago”, describió Galilea.
En este sentido, aseguró Eugenio que la empresa siempre tuvo la visión de incorporar de inmediato cualquier instrumento de financiación que fuera apareciendo en el mercado. “Nosotros tuvimos las primeras tarjetas de crédito, lo que se llamaba en aquel momento crédito para el consumo, y eso no era muy común, porque por mi experiencia de entonces vinculada a la Cámara Económica veía que muchos comerciantes se resistían a esos cambios. Pero nosotros fuimos tomando todo. Incluso, cuando escuché por primera vez lo de la tarjeta Argenta, por ejemplo, me fui a hablar con el encargado de la Anses, Guillermo Brajovich, y La Casa del Pantalón fue uno de los primeros comercios en tenerla. Todas esas cosas facilitaban la venta, y eso, junto con el surtido, la facilidad de pago, nos ha permitido seguir trabajando. Hoy la situación no es fácil como en otras épocas, pero por suerte aunque no se pueden concretar las inversiones de otros tiempos, no tenemos deudas así que vamos para adelante”, aseguró.

Sana competencia
“La Casa del Pantalón” ha sabido mantener su impronta, asimismo, aún en medio de un profundo cambio que ha experimentado el comercio de indumentaria en las últimas décadas. La segmentación por edades, estilos, propuestas y marcas ha dejado su huella, tal como puede apreciarse en la gran diversidad de locales que rodean a esta firma emblemática y que pueblan el centro de la ciudad. Sin embargo, estos nuevos paradigmas no han afectado el desarrollo de su actividad. “Es cierto que todo ha cambiado mucho. Pero nunca me afectó la competencia, por el contrario, siempre me gustó que hubiera otros locales, que existieran casas como Mulazzi, por ejemplo, y me entristeció que algunas cerraran sus puertas. Porque yo creo que toda la rueda tiene que moverse, que el asalariado tiene que tener posibilidades de vivir bien, de consumir, de comprar, igual que cualquier otro sector, y que el comercio tiene que funcionar, porque eso es lo que garantiza la paz social”, consideró “Coco”.
También pudo enfrentar las políticas de muchas marcas de primera línea, sobre todo las de jeans, que buscan comercializar franquicias, establecer pautas de marketing, tener locales exclusivos e incluso hasta intervenir en el diseño de los puntos de venta. “Nosotros fuimos pioneros en la venta de los primeros jeans en Tres Arroyos, los Far West, que provocaron una locura increíble…Llegaban los camiones llenos de cajas al local. Incluso yo me animé, cuando recibimos el primer envío, a ponerme uno e ir caminando hasta la plaza San Martín, para que la gente los viera (risas). No se daba abasto. Han abierto locales de marcas de jean, de fábricas a las que nosotros les hemos comprado muchísimo, pero acá estamos, no nos afectó en nada. Incluso durante muchos años estuvo el local de Ismael Suria, a quien conocía de chico, fuimos muy amigos, así que la competencia fue siempre muy sana. Y si bien me hicieron ofrecimientos para abrir ese tipo de locales a los que hacía referencia, no quise porque nosotros tuvimos algún otro, como el de Chaves, pero la política económica había cambiado y ya no existía eso de que con la casa central se podían mantener otros cuatro o cinco puntos de venta. Por eso cerramos y nos dedicamos a cuidar la nave insignia, afianzándonos bien”, admitió Galilea.
“Hoy estamos con mucha fe pero rompiéndonos el alma, como toda la gente que trabaja. Y respecto de quienes me acompañan en el negocio, qué puedo decir…Son los mismos de siempre, algunos se han jubilado, pero a todos les he intentado dar la mayor cantidad de manos que he podido. Solamente me cuesta aceptar algunas cosas, como esta costumbre nueva de andar todo el día con el teléfono y que no siempre puedo corregir (risas). Pero el presente es bueno, y yo tengo que seguir adelante, por mí, por mi familia, por mi gente, por mi hermana que es mi socia”, finalizó “Coco”.
Mientras tanto, detrás del mostrador, como siempre, está dispuesto a recibir a los clientes con la frase adecuada, con el recuerdo, con la sugerencia, con la pila de prendas lista para que cada uno elija la que mejor le va, con la seguridad de que, como hace 70 años, nadie se irá de “La Casa del Pantalón” con las manos vacías.

“La Casa del Pantalón” ha sabido mantener su impronta, aún en medio de un profundo cambio que ha experimentado el comercio de indumentaria en las últimas décadas

Eugenio Galilea aseguró que la empresa siempre tuvo la visión de incorporar de inmediato cualquier instrumento de financiación que fuera apareciendo en el mercado

Desde muy chico, Eugenio “Coco” Galilea (que tiene apenas 3 años más que el comercio familiar) estuvo vinculado a la actividad de la tienda

“Siempre intentamos tener un muy buen surtido, y lo interesante es que logramos satisfacer las inquietudes y gustos de un margen muy amplio de público, desde el más humilde al que tenía más posibilidades”, aseguró “Coco”

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