“EL PERIODISTA” INTEGRO EL GRUPO DE TRABAJO EN LA ÚLTIMA INVESTIGACION EN EL SITIO “ARROYO SECO”
Arqueólogo por un día
Con enorme importancia a la hora de reconstruir la historia indígena pampeana, el sitio arqueológico “Arroyo Seco” está ubicado a cinco kilómetros del centro de Tres Arroyos. En la última campaña de investigación, concluida hace pocos días, se le permitió a “El Periodista” ser parte del grupo de trabajo. Así, este periódico se convirtió en arqueólogo por un día. La crónica exclusiva de una experiencia impactante
Con la enorme generosidad de Gustavo Politis y la buena predisposición de su equipo de investigación, “El Periodista” participó de una jornada de trabajo para experimentar de cerca la notable labor de los arqueólogos
Con la enorme generosidad de Gustavo Politis y la buena predisposición de su equipo de investigación, “El Periodista” participó de una jornada de trabajo para experimentar de cerca la notable labor de los arqueólogos. Convivimos durante un día con el grupo de investigadores donde, además de observar e interactuar con ellos, aprendimos sobre el quehacer, las técnicas y la conservación de los materiales encontrados. Nos permitieron estar dentro de la investigación, compartir su ambiente de trabajo y sentirnos como uno de ellos.
El Sitio Arqueológico Arroyo Seco está ubicado a cinco kilómetros de la ciudad de Tres Arroyos y fue descubierto en 1972. Desde esa época y hasta hoy se vienen realizando numerosas exploraciones que han permitido encontrar restos humanos, mamíferos pleistocénicos y abundante material lítico. A cargo del arqueólogo Gustavo Politis, desde la década del ochenta, las investigaciones están abocadas a reconstruir la historia indígena pampeana. La excavación del sitio arqueológico no es azarosa sino que responde a una investigación previa. A medida que se encuentran nuevos materiales, surgen nuevas preguntas y, por ende, la necesidad de realizar una nueva exploración, con nuevas técnicas y metodologías de trabajo. La nueva campaña en el Sitio Arqueológico Arroyo Seco se inició el lunes 26 de octubre y duró tres semanas. Contó con la presencia del doctor Gustavo Politis, docentes y tres grupos diferentes de alumnos. La primera y la tercera semana participaron alumnos de la Facultad de Ciencias Sociales de Olavarría mientras que en la segunda semana vinieron alumnos de la Facultad de Ciencias Naturales de La Plata. El objetivo de la campaña consistió en abrir nuevas cuadrículas para observar el comportamiento de los estratos y recuperar más muestras de material para continuar la datación y precisar, aún más, la cronología del sitio. Las jornadas de trabajo iniciaban a las ocho de la mañana y finalizaban a las siete de la tarde. El doctor Politis asignó a cada alumno una tarea y los dividió en diferentes grupos de trabajo, para repartirse en tres cuadrículas y una zaranda. Mientras que un alumno ayudaba a Charly, el técnico de conservación, en el laboratorio montado en un trailer.
Llegados al terreno, lo primero que hicieron fue delimitar el área a excavar mediante el trazado de cuadrículas y resolvieron que fueran tres: la N° 73, donde en anteriores exploraciones se habían descubierto cuerpos de adultos, los estudiantes debieron hacer niveles artificiales de cinco centímetros y establecer el cambio de estrato. En el lugar donde se encontraron cuerpos de infantes abrieron la cuadrícula N° 76. Y en el medio de ambas, la N° 77. La decisión sobre la apertura de las nuevas cuadrículas responde a una cuestión científica basada en descubrimientos anteriores, cuyo objetivo es poder reconstruir mejor la historia del lugar. Para realizar la excavación, los arqueólogos utilizaron diversas herramientas como, por ejemplo, cucharines y espátulas (de albañil), pinceles, estecas, cepillos o escobas, palitos broches, baldes, carretillas, palas y media sombra para tapar los restos óseos encontrados y que el sol no los dañara. Cuando el terreno estaba muy duro utilizaban la espátula o el cucharín, siempre de costado para que la punta no destruyera o rompiera el material que pudiera haber debajo. Una vez que encontraban algún elemento utilizaban el pincel, las estecas o los palitos de madera para no provocar detrimento alguno.
El trazado de las cuadrículas se realizó plantando estacas en el terreno a distancias regulares, por ejemplo dos metros, y se las unió mediante cuerdas, las cuales proyectadas en el terreno indicaron los límites de la excavación. Estos límites permitieron registrar tridimensionalmente los hallazgos, brindando los elementos necesarios para que la excavación pueda reconstruirse en el laboratorio. Las medidas tridimensionales se realizaron con un aparato denominado Estación Total, que permite establecer las coordenadas y la profundidad de los hallazgos. Para evitar errores en las mediciones solo dos alumnos se encargaban de realizarlas. La ubicación de la Estación Total se determinaba mediante una triangulación, utilizando tres puntos fijos antes de iniciar la jornada de trabajo y permanecía fija en ese sitio durante todo el día. El punto uno indicaba dónde estaba parada la Estación y su relación con todos los demás. Los números tridis indicaban objetos mayores a dos centímetros como, por ejemplo, una punta de flecha y la descripción exacta de su ubicación. La medición se realizaba desde la Estación apuntando al prisma (un jalón o barra con una especie de espejo) apoyado sobre el cucharín que estaba encima del objeto hallado. Una cruz muy fina, que se podía observar por la mirilla de la Estación, hacía foco con el macro y se encuadraba en el centro del prisma. Al cabo de unos segundos, hacía la triangulación y establecía las coordenadas exactas. Las ventajas de este tipo de tecnología son la precisión, la facilidad de uso y la posibilidad de almacenar la información.
Cuadrícula N° 73
La cuadrícula tenía un perímetro de dos metros por dos metros, dividida internamente en cuatro sectores: noreste, sudeste, noroeste y sudoeste. Los sectores noreste y noroeste habían sido excavados hasta una profundidad de dos metros en la exploración anterior. En esta campaña, los alumnos emparejaron la parte sur realizando dos niveles artificiales de cinco centímetros para delimitar el “estrato S” (término utilizado en geología para indicar un tipo de suelo. Cada letra pertenece a un evento histórico determinado y en la observación cada estrato posee colores diferentes). Para excavar los cinco centímetros, en una superficie de 1x1m, tardaron aproximadamente tres horas dada la dureza del sedimento. Todo el material encontrado era asociado a un determinado estrato y después, mediante un análisis de laboratorio, brindaba mucha información sobre la antigüedad de los mismos. Cada vez que los estudiantes localizaron algún elemento utilizaron palitos de madera (broches) y los colocaron en el lugar para no pisarlo ni dañarlo. Todo el sedimento recolectado era enviado a la zaranda para detectar elementos pequeños que pasaban inadvertidos, para después clasificarlos y analizarlos en el laboratorio. En esta cuadrícula encontraron carbón, huesos quemados, pequeñas lascas o material lítico, que indicaron que alguien había afilado un instrumento. En el terreno se observó carbonato de calcio, lo que evidenció que hubo economía hídrica negativa (más desecación que humedad). En el momento de excavar los estudiantes debieron concentrarse en realizar buenos perfiles, teniendo cuidado de no rayar las paredes ni introducirse dentro de ellas.
Cuadrícula N° 76
Cuadrícula de dos metros por dos metros, dividida en cuatro sectores: norte, sur, este y oeste. A cada sector le colocaron una etiqueta para su posterior identificación. Al lado de la cuadrícula había un pozo profundo donde, en excavaciones anteriores, se encontraron cuerpos de niños que tenían rocas arriba como si hubiesen sido tapados para formar una especie de lápida. Los arqueólogos realizaron a pala la remoción de la tierra por actividad agrícola (superficie) y después empezaron a bajar el terreno de a cinco centímetros por vez. Todo el sedimento recolectado fue cargado en los baldes y enviado a la zaranda. El material cuyo tamaño superó los dos centímetros fue marcado con palitos de madera hasta establecer sus coordenadas con la Estación Total y luego removido y enviado al laboratorio. Durante la excavación, los estudiantes encontraron diversas rocas de gran tamaño, las que tardaron en descubrir en su totalidad varias horas. Este tipo de rocas podrían estar indicando la posibilidad de que existan cuerpos debajo. Politis se encargó del mapeo de las mismas ya que, por su tamaño y la superficie que ocupaban, requerían una representación gráfica más compleja.
Cuadrícula N° 77
Ubicada en el medio de las otras dos cuadrículas (73 y 76) sus medidas eran de dos metros por dos metros y estaba divida en cuatro sectores: Norte, Sur, Este y Oeste. Los estudiantes realizaron la remoción de la superficie y pasaron por la zaranda la tierra para poder rescatar el material. Después trabajaron con cucharín y encontraron muchos huesos de animal, que podrían ser de oveja o de venado. Además, hallaron mucho material lítico, cerámica tallada originaria de Sierras Bayas y una punta de flecha. Dado que en las otras cuadrículas encontraron restos óseos humanos en excavaciones anteriores, la apertura de la cuadrícula N° 77 tenía como objetivo determinar si los entierros estaban ubicados en esos lugares por casualidad o por determinación.
La zaranda
La zaranda estaba ubicada a un costado del arroyo. El artefacto era una especie de colador donde se colocaba el sedimento de los baldes traídos de las cuadrículas y con agua (extraída del arroyo mediante una bomba) se realizaba el lavado para que la tierra se diluyera y quedaran solo los materiales. Éstos eran colocados en bolsitas rotuladas con el número de cuadrícula y el sector del que habían sido removidos. Después las bolsitas eran colocadas en unos palos de madera, ubicados al lado de la zaranda, que también tenían indicado el sector y la cuadrícula. Detrás de esos palos también se ubicaban los baldes que iban llegando desde las cuadrículas para evitar que se mezclaran. Por último, las bolsitas con los materiales eran llevadas al laboratorio.
Laboratorio
Cuando se inicia el proceso de entierro de un hueso y es depositado en la superficie, ya sea porque se lo comieron los animales, lo tiraron o lo enterraron hace dos mil años, el hueso se va cubriendo hasta su totalidad logrando un equilibrio virtual con la matriz sedimentaria que lo contiene. Ese equilibrio se mantiene por miles de años porque no tiene entrada de oxígeno, la humedad relativa del subsuelo es constante y no existe movimiento (salvo que haya un terremoto). Pero “cuando llegamos los arqueólogos, excavamos y encontramos el hueso, lo debemos proteger inmediatamente. Si el sol lo castiga, lo seca abruptamente y lo fractura. Por tal motivo, tomamos la precaución de hacerle un techito con media sombra para que se seque y no pierda la dureza que tiene originalmente. En el caso de que necesite un tratamiento químico se lo hago ahí mismo, en la cuadrícula donde se lo halló. Después espero que lo mapeen y lo traigo al laboratorio para seguir trabajando normalmente y para ello es primordial mantener el orden”, explica Peretti.
Roberto Peretti (Charly), el encargado del laboratorio, lava las piezas encontradas para remover el barro que les queda, las deja secar y luego procede a la clasificación de las mismas por rubros. Para los primeros cincuenta centímetros de profundidad, los rubros son hueso, metal, vidrio, ladrillo, alambre y plástico, los que pertenecen a la historia más reciente. Después emergen huesos y material lítico, que corresponden a las ocupaciones humanas del sitio. A los huesos, que son más débiles, les hace una conservación inmediata y apropiada. “Lo primero que hago es un primer avistamiento y evalúo cuál es el estado del hueso (poco, medio o muy deteriorado) y determino su conservación. Lo que está muy deteriorado lo trato clínicamente con una resina que se llama resina de acetato de polivinilo, que lo endurece y lo fortalece para poder manipularlo, estudiarlo y trasladarlo de una lupa a un escritorio sin que se rompa en mil pedacitos. Después determino si necesita una técnica seca, mixta o húmeda para su limpieza. Es importante saber que nunca debe sumergirse el hueso en agua porque, como tiene un tejido esponjoso en el interior, absorbe mucho la humedad y perjudica su preservación”, dice Peretti.
El fin de la campaña
La última semana terminaron de excavar y cerraron el sitio: tomaron fotografías, midieron las paredes de los perfiles, colocaron clavitos con hilos para seguir los desniveles, midieron con una cinta métrica y trasladaron la información recabada a una hoja milimetrada a escala. Construyeron los mapas de todo el sitio con la distribución de los elementos y embalaron todo. Al montar un laboratorio en el mismo sitio arqueológico, “ganamos en la calidad del dato, lo llevamos listo para estudiar. Antes demorábamos tres meses en procesar el material, ahora es mucho más rápido y logramos un 99% en la calidad del dato. Es una gran ventaja, cuando llegas a la facultad, el material está listo para investigarlo en profundidad. Y, además, podemos enviarlo rápidamente a datar a La Plata, a Buenos Aires o al Museo donde están los distintos animales de comparación. Siempre enviamos pequeñas cantidades (veinte o treinta gramos) y, al poco tiempo, recibimos los resultados que nos ayudan a interpretar un poco más el lugar excavado”, expresa Peretti.
EL DOCTOR GUSTAVO POLITIS CON "EL PERIODISTA"
“Estoy involucrado afectivamente
con Arroyo Seco”
Reconocido investigador, el doctor Gustavo Politis concedió una imperdible entrevista a “El Periodista” en la que habló de todo. “Arroyo Seco permite reconstruir uno de los principales eventos de la historia indígena pampeana”, definió la importancia del sitio arqueológico de Tres Arroyos
Gustavo Politis es Licenciado en Antropología, Licenciado en Ciencias Naturales, Arqueólogo, Investigador Superior del CONICET, profesor en la Facultad de Ciencias Naturales de La Plata y en la Facultad de Ciencias Sociales de Olavarría, y Director del Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Paleontológicas del Cuaternario Pampeano (INCUAPA). Ha realizado importantes contribuciones en los estudios arqueológicos de la región pampeana y es el referente indiscutible de “Arroyo Seco”. Reconoce estar involucrado afectivamente con el sitio arqueológico y entiende a la arqueología como la forma de acercarse a las sociedades humanas del pasado para comprender mejor a la sociedad actual. Dialogó a solas con “El Periodista”
¿Cómo surgió su interés por la arqueología, Gustavo?
Mi interés por la arqueología surgió desde muy chico, en segundo o tercer año del secundario. Yo soy de Necochea y en el colegio tenía una profesora que llevó a un joven de aquel momento, Jorge Nista. Él tenía una Asociación de Amigos de las Ciencias Naturales y nos dio una clase sobre arqueología y paleontología y nos comentó sobre las cosas que había a los alrededores de Necochea. Finalizada la charla le conté de mi interés y me invitó a participar en la asociación. Las reuniones eran los sábados a la mañana en el Parque Miguel Lillo y yo vivía muy cerca de allí, a tres cuadras. La cercanía me venía bárbaro así que empecé a ir los sábados y después a participar de las expediciones para buscar y recoger materiales. Íbamos al río, a la costa, a los médanos, a las lagunas. Nista tenía bastante idea y ahí empecé a darme cuenta de que me gustaba mucho la arqueología. Después participé en una feria de ciencias donde conocí a un arqueólogo que se llamaba Guillermo Madrazo (él murió hace poco), que tenía un instituto en Olavarría y hacía la revista Etnia. Madrazo era muy honesto y una muy buena persona. Él me consiguió una bequita para el Instituto de Investigaciones Antropológicas de Olavarría y me aconsejó que estudiara en La Plata.
¿Dónde estudió arqueología?
Cuando me recibí en el secundario, me fui a estudiar a La Plata. En ese momento la arqueología tenía una característica más naturalista y no tan humanista. Y como era eso lo que me interesaba más, decidí estudiar en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de La Plata. Físicamente estudiábamos en el Museo, cursábamos y almorzábamos ahí. En mi especialidad, arqueología, éramos quince alumnos. Hoy la Facultad está en otro predio y yo doy una materia de quinto año.
¿La arqueología pertenece a las ciencias sociales o naturales?
Es una ciencia social, tiene que ver con las humanidades, con las ciencias sociales, con los seres humanos, con la cultura. Lo que pasa es que tiene un componente natural importante porque requerimos mucho de la investigación natural, de la geología, de la paleontología, de la zoología y de la taxonomía. Todas ellas son disciplinas de gran auxilio para la arqueología pero creo que conceptualmente, por definición, la arqueología es una ciencia social que estudia el pasado.
¿Qué importancia tiene el arqueólogo para la sociedad?
Su importancia radica en varias cosas. Por un lado, en términos del patrimonio, el arqueólogo debe darle contenido y explicación a las cosas que existen y que son testimonio del pasado. Los arqueólogos explican el pasado a través de los restos que están. Si no existieran la gente encontraría las piedras y las tiraría. Se perderían todas las cosas que aparecen, los entierros humanos, los restos de formas pleistocénicas como la punta de proyectil o de flecha. Por otro lado, tiene mucho que ver con la idea de cómo uno está parado en el presente porque a nosotros, seguro que a vos también, nos enseñaron la historia desde el siglo XVI en adelante y lo anterior es uno o dos temas en un año de estudio y nada más. Cuatrocientos o quinientos años de historia se ven en cuatro o cinco años y catorce mil o trece mil quinientos se ven en un mes. Entonces, ese lapso gigantesco de historia indígena americana es la que reconstruimos los arqueólogos, para saber de dónde vienen los seres humanos en América, cómo fue la expansión del Homo Sapiens en el mundo, y de donde vienen las poblaciones indígenas que habitaron este país y que todavía hoy existen.
¿Cree que socialmente el arqueólogo tiene el reconocimiento que se merece?
Creo que en términos generales sí. A veces creo que deberíamos ser más consultados por algunos museos. En el caso del Mulazzi no porque acá siempre somos consultados y de hecho estamos trabajando en conjunto desde hace mucho tiempo. Pero hay algunos museos o algunos organismos que no consultan a los arqueólogos como deberían. Creo que la sociedad le da un lugar importante a la arqueología, siempre aparecen videos en Natgeo (National Geographic Channel) y en todos los canales de cable la figura del arqueólogo siempre está bien presentada. El arqueólogo aparece como un aventurero, un tipo serio que investiga, aplicado, honesto y apasionado por lo que hace. Hay una visión positiva de los arqueólogos en los medios de comunicación.
Usted es profesor en la Universidad de Ciencias Sociales de Olavarría y en la Universidad de Ciencias Naturales de La Plata. Además de los conocimientos esenciales que deben adquirir los alumnos, ¿qué trata de enseñarles, que es lo que prioriza como docente?
Quiero que tengan práctica en el campo, una práctica profesional para saber cómo excavar, cómo registrar y demás. Pero también que tenga una práctica relacionada con la dimensión social de la arqueología. Que articulen con la comunidad, que vean que van a venir los colegios, los medios, el intendente y la gente. Tienen que aprender que las investigaciones arqueológicas están articuladas con la comunidad porque no pueden quedar para un reducido número de arqueólogos. Por eso, vengo con ellos a Arroyo Seco, para que hagan excavaciones donde viene mucha gente a visitarnos, para que entiendan, perciban y lo vivencien. Y después también trato de enseñarles cómo se organiza una campaña, porque una cosa es cómo excavás físicamente y otra cosa es cómo usás los recursos, el tiempo, la gente, el equipo y el combustible. Deben aprender cómo se realiza la logística de la campaña para optimizar recursos y tiempo.
¿La logística de Arroyo Seco es fácil de realizar?
Sí, acá me la hacen muy fácil, en una semana se organiza. Aquí siempre están ayudándome Marisa, la directora del Museo, y Julio Marquínez. Hemos recibido el apoyo del Intendente Sánchez en los últimos doce años, junto a Sonia Finocchio, siempre tan decididos. Toda inquietud que he tenido la hemos podido llevar a cabo, como por ejemplo el centro de interpretación. Aquí es diferente. Nos hospedamos en el Hogar San José, aprovechó para agradecerles porque ahí estamos muy bien, muy cómodos, tenemos una cocina, agua caliente, y demás. En otras excavaciones tenes que estar meses organizando la logística: donde te vas a quedar, si vas en carpa, cómo llevás la comida, es todo un tema, acá todo eso está muy fácil y además estoy cerca de Olavarría.
Llegó a Arroyo Seco como estudiante en 1977 y ahora como director de campaña. En todos estos años, ¿qué le brindó Arroyo Seco?
Arroyo Seco fue el sitio más importante que empecé a excavar cuando me recibí. Incluso cuando era estudiante me trajo el profesor Ruiz González y después con Luis Guzmán fuimos excavando y hasta que quedé a cargo yo solo. No solo he excavado este sitio en mi vida, pero éste ha sido siempre el hilo rector. He hecho excavaciones en el Amazonas y ahora estoy en el Delta, pero siempre he mantenido el interés por Arroyo Seco porque es un sitio muy complejo, muy interesante, con muchos datos, con mucha información. Contiene momentos del descubrimiento de América, también un momento de ocupación del sitio de hace ocho mil-seis mil años que es muy intenso y del que hay evidencia. Y tiene otro momento posterior de ocupación del sitio. Arroyo Seco nos permite reconstruir uno de los principales eventos de la historia indígena pampeana. Y también tengo que decirlo, además, estoy involucrado afectivamente con el sitio.
¿Cree que los tresarroyenses se interesan por el lugar?
A mí me parece que sí. No puedo hablar en nombre de los tresarroyenses pero en general la gente sabe, viene al lugar con frecuencia y cuando doy una charla viene. Además, las actividades que realizamos salen en los diarios, en los medios de comunicación. Siempre que hablo con alguien de Tres Arroyo te hablan del sitio, ves que tienen interés. Todo el mundo sabe de qué se trata Arroyo Seco.
¿Cuál es la importancia del Centro de Interpretación Arqueológica inaugurado hace unos meses?
El centro de Interpretación no es un museo. Te da la posibilidad de vivenciar, de darte cuenta, de probar esta profundidad histórica tan grande de catorce mil años, de entender que debajo de estos sedimentos está el material, que en la profundidad hay fauna pleistocénica, que no tienen que encontrar ninguna cueva, ningún pozo profundo, ningún agujero en el medio de la tierra para llegar a entender la historia profunda. Venís y vivencias el lugar, lo experimentas, sabes dónde estaban los asentamientos. Te subís a la torre, ves el paisaje, ves las excavaciones, cosas que solo se perciben estando en el lugar. Y si bien hay otros centros, este es uno de los pocos de la región pampeana y uno de los más importantes.
¿Cómo realizan la reconstrucción del pasado de Arroyo Seco?
La arqueología es la forma de acercarse a las sociedades humanas del pasado para comprender mejor a la sociedad actual. Y la recreación de ese pasado siempre está hecha desde el presente, por eso está el dicho que dice: “no es el pasado lo que está en juego sino el presente”. Uno trata de hacer un discurso del pasado que sea lo más leal posible y que ponga a los indígenas como sujetos de la historia. El punto central es que los indígenas sean comprendidos como sujetos de su propia historia y no solo en función del otro, que somos nosotros. Acá no hay un español del otro lado, un conquistador del otro lado, acá es el indígena sujeto, articulando con su pasado, con su presente de aquel momento, con el ambiente, con otros grupos indígenas, con los recursos que tenían, con la tecnología que tenían y con sus creencias.
¿Cuáles son las medidas de conservación que tienen del lugar?
Ahora se estabilizó bastante. El pasto está cortito y la idea es que siempre esté así. El mantenimiento se hace con los animales. Se han matado todas las vizcachas de los alrededores y eso hace que no haya animales que hagan cuevas, uno de los principales problemas y tampoco hay árboles ni nada que se entierre profundo. El único problema que tenemos son los perfiles de las excavaciones que a veces se erosionan, entonces estamos poniendo unas bolsas con sedimentos que protegen un poco pero no del todo. Ahora estamos por cambiarlas. También se mejoró mucho el acceso, se hicieron los alambrados, la protección, hay mantenimiento, el vecino de acá enfrente, Colantonio, con los animales ayuda mucho en el mantenimiento también.
¿Existen políticas públicas a nivel nacional para la conservación de los sitios arqueológicos?
Para la investigación hay bastante dinero pero para la conservación es diferente. La conservación viene después y es más costosa que la propia investigación y es más difícil. En el caso de Arroyo Seco, como está en un terreno de la Municipalidad, tenemos garantizado que no se hagan cosas que perjudiquen el sitio: no se ara, no se hacen construcciones, ni se hacen caminos, ni nada. Está muy preservada esta reserva arqueológica. El manejo que estamos teniendo me parece que está muy bien, año tras año lo venimos monitoreando para que no haya problemas de nada.
Usted publicó el libro “Estado Actual de las investigaciones en el sitio arqueológico Arroyo Seco 2”, ¿con quien lo realizó y cuál es su contenido?
Trabajé con veinte personas, con distintos investigadores, con un gran equipo multidisciplinario de investigación. El libro contiene la primera parte de las investigaciones hasta el 2010. Los últimos cinco años de investigación no están porque estamos todavía procesando el material, haciendo dataciones, analizando huesos, y demás. Está a la venta en el Museo pero es un libro especifico, es un poco técnico, no es muy divertido (se ríe) pero algunos capítulos se pueden entender.
Usted, además, es investigador del CONICET, ¿dónde trabaja y qué líneas de investigación sigue?
Estoy en el CONICET y doy clases en dos Universidades. Pero mi cargo principal es investigador del CONICET y tengo el lugar de trabajo en Olavarría y en La Plata. En Olavarría dirijo el INCUAPA (Investigaciones arqueológicas y paleontológicas del cuaternario pampeano), instituto que formé hace muchos años (1993) y que ahora también es un instituto del CONICET, tiene doble dependencia y tiene cuarenta investigadores trabajando en la región pampeana, en el norte de la Patagonia y en San Luis y La Pampa. Es un Instituto grande con varias líneas de investigación.
Recibió el premio “Distinción Investigador de la Nación”, el máximo galardón que otorga el Poder Ejecutivo a los científicos de nuestro país, y el “Premio Houssay Trayectoria” en el área de las Ciencias Humanas, ¿qué significaron los premios para usted?
El Houssay es un premio a la trayectoria de uno, está bien, me halaga un poco. El otro premio que es más importante, el de investigador de la Nación, lo tomo como un mensaje a las ciencias sociales y a la antropología y no como algo tan personal. Pienso que he sido un vehículo para que la sociedad y el Ministerio nos diga, a los científicos sociales en general y a los arqueólogos en particular, que la sociedad y el Estado confía en nosotros, que nos apoya y nos promueve, y que nos pone al status de cualquier otra disciplina, de cualquier otra ciencia. Generalmente todos estos premios se dan históricamente a gente más vinculada a la genética, al estudio de la medicina (obviamente que son muy importantes) cuyos resultados son más tangibles, más palpables. El tema de las ciencias sociales y de la arqueología es que los resultados se diluyen un poco, son importantes pero no tienen esa cosa concreta como es descubrir una vacuna. Por eso lo tomo como un reconocimiento no tanto personal sino disciplinar.
Finalmente, ¿Cree que las ciencias sociales están ocupando el lugar que se merecen?
Sí, creo que están consolidándose. No sé si ocupan el lugar que se merecen o no pero se van consolidando en espacio, en investigación, en reflexión y en seriedad también. Las ciencias sociales a veces se prestan para gente poca seria. Esta bastante claro que los problemas que tenemos son más sociales que económicos. Por eso las ciencias sociales están consolidándose cada vez más










