EL ACTOR TRESARROYENSE LALO ROTAVERIA Y SU EXPERIENCIA EN LA TELEVISION Y EL TEATRO UNDER
Entre tomas y escenas
Se formó como gestor cultural, pero su acercamiento al teatro independiente lo volvió a reunir con su verdadera pasión: la actuación. Hoy se destaca en una publicidad para Claro, y protagoniza otros comerciales de inminente lanzamiento. Además trabaja en prensa para la ‘meca’ de la calidad teatral: el San Martín. Y su trayectoria es verdaderamente rica para sus 37 años. A solas con “El Periodista”, Leandro Rotavería mostró qué hay detrás de la máscara de un actor con verdadera vocación
Por Pablo Tano
“Un grupo de amigos quiere ir a Brasil y tienen el contacto de una persona que tiene un container que manda animales a Brasil. Termino viajando yo y el mono está mirando una revista porno, me mira a mí durmiendo, se me acerca, me hace cucharita, me da un beso. En la tele está la versión hasta ahí, pero en Internet está completa, sin censura”, contó Lalo sobre el spot de “Claro”
El tablado es, podría asegurarse, su lugar en el mundo. El escenario es donde mejor se mueve, como pez en el agua. Pero la televisión y el cine también es un ámbito para expresar y transmitir tantos años de esfuerzo, dedicación y estudio. Para el actor Leandro Rotavería, de 37 años, la carrera de actuación, primero en la Escuela Municipal de Arte Dramático y luego tomando clases con dos maestros del teatro independiente argentino como Pompeyo Audivert y Rafael Spregelburd, es una forma de vida.
En una charla distendida con “El Periodista”, en el living de su casa, en el barrio porteño de San Cristóbal de la Ciudad de Buenos Aires, Lalo, como se lo conoce en el ambiente artístico, abre su intimidad para compartir el exitoso presente profesional por el que atraviesa sin dejar de recordar sus orígenes en Tres Arroyos cuando cursaba literatura en el Colegio Jesús Adolescente, su fanatismo por “la Fiesta del Trigo que me encantaba” al igual que “las Olimpíadas de Colegio Privados y la Fiesta del Color”, entre otras añoranzas.
Recibido también de Técnico Superior en Administración y Gestión de Políticas Culturales, Leandro trabaja en el Departamento de Prensa y Difusión del Complejo Teatral de Buenos Aires -más conocido como Teatro San Martín-, y en su currículum se destaca su labor como productor ejecutivo y asistente de dirección del Campeonato Mundial de Tango (2004-2007) y
productor del Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires (1997-2003). Además, su actuación en la película “Mundo Alas” (2009) que dirige León Gieco y en más de 20 obras de teatro, describen una prolífera trayectoria.
Por estos días, Rotavería está participando de un spot de la empresa de telefonía móvil Claro que se llama “Hay que ir”, dirigido por Sebastián Borensztein –hijo del popular Tato Bores-, y que hace referencia a un grupo de amigos que intenta lo imposible para poder viajar al Mundial de Fútbol. En la publicidad, que consta de seis partes, el tresarroyense comparte escena con un chimpancé de 37 años, experiencia que él mismo definió como “bastante intensa” y reconoce que “estaba asustado”.
¿Cuándo y cómo nace tu pasión por la actuación y el teatro, Lalo?
Yo estudiaba en el Colegio Jesús Adolescente y la profesora de literatura era Carmen Méndez Pérez. La materia me gustaba mucho, me llevaba muy bien con ella, la profesora, y me pasaba muchos textos de teatro que a mí me interesaban. Y creo que actué en todas las obras del “Colegio de Curas”. Creo que llegué a hacer tres obras en un solo acto. Era su actor fetiche (risas). Y también, algo loco de mi vida, es que el día que yo me venía a estudiar acá porque tenía que rendir el ingreso para el Conservatorio y tenía que decir un texto teatral que era como la prueba máxima, le dije a ella: “Recomendame un texto que sea lindo, que veas que yo pueda hacer”. Y vino al otro día y me trajo “Postales Argentinas” de Ricardo Bartís, actuada por Pompeyo Audivert. Hice ese texto, entré a la Escuela de Arte Dramático y después terminé estudiando con él al poco tiempo sin saberlo. Carmen Pérez algo vio…
Entonces, ¿qué carrera te fuiste a estudiar a Buenos Aires?
En su momento me vine a estudiar teatro y Sociología. Mis padres me dijeron: “teatro solo no, arrancá con otra carrera también”. Y me anoté en el ingreso de la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD) y en el CBC de Sociología, lo terminé y después entré en la carrera de actuación. Es un camino muy intenso, tenés que ir todos los días y son muchas horas, tenés muchas materias: historia del teatro, corporal, actuación, foniatría… Y bueno, ahí empecé con todo pero se empezaron a complicar un poco los tiempos y logré quedarme con lo que yo quería hacer, que era teatro y estudiar actuación y profesionalizarme en eso. En su momento, como mi hermano estudiaba en Tandil, mis viejos, como no eran épocas de plata dulce, me pedían en lo posible si podía elegir estudiar ahí porque estaba la Universidad del Teatro. Entonces yo me dediqué a luchar por la no carrera universitaria pero estudiar actuación acá en Buenos Aires.
¿Cuántos años son?
Ahora son cuatro, pero en ese momento eran tres.
¿Vos tenías la idea fija de ir a Buenos Aires sí o sí?
Yo quería venir acá y lo logré.
¿Recordás cuál fue tu primer trabajo como estudiante de actuación por el que recibiste una remuneración?
En la Escuela Municipal de Arte Dramático, cuando iba a segundo año, una docente de corporal, estaba armando una obra con egresados y gente que trabajaba de actor y todo, y necesitaba formar un coro. El coro, generalmente en las obras de teatro, está formado por un grupo de personas que van marcando el paso de la tragedia, las sensaciones, los sentimientos, como una voz que canta lo que le pasa al protagonista, con el cuerpo y con la voz van llevando el ritmo de la obra, contándole al público que va pasando… Y bueno, ahí hice un casting, me presenté y quedamos algunos alumnos. Y ahí estrené mi primera obra en el circuito, no comercial, pero profesional que se llamaba “País de Ciegos”.
¿Hubo un instante mientras ibas avanzando en la carrera donde hiciste un “clic” luego de ir a ver alguna obra y te impresionó un actor o director por su manera de enseñar?
Sí, claro. Yo marco mucho cuando fui a ver una obra de teatro al Centro Cultural Rojas que se llamaba “Raspando la cruz”, de una persona que en ese momento para mí era absolutamente desconocida, que era Rafael Spregelburd y enloquecí; me encantó. No podía creer cómo actuaban los actores, era como que tenía una técnica diferente a lo que yo estaba estudiando y me volví loco y empecé a averiguar dónde habían estudiado. Y me respondieron que esa gente había estudiado o en lo de Ricardo Bartís o en lo de Pompeyo Audivert. Entonces empecé a averiguar cuánto salían esos docentes particulares, porque son maestros de actuación, pero que no están en las instituciones, sino que uno tiene que ir a sus estudios y formarse con ellos. Y yo en ese momento no tenía plata para pagarme estos cursos. Pero luego averigüé cuánto salía estudiar con Pompeyo Audivert y me anoté con él. Dejé la Escuela de Arte Dramático, más tarde él me llamó para trabajar en su estudio y luego comencé a trabajar en muchas de las obras que él dirigía. Ahí estuve seis años. Después di clases de entrenamiento para alumnos principiantes todos los sábados, donde explicaba cómo era su método. Al poco tiempo, Spregelburd necesitaba una persona que haga un personaje en una de sus obras que se llamaba “Bizarra”. Era una saga argentina que era una novela hecha en teatro. Fueron diez capítulos, un capítulo por semana, de lunes a viernes. Fue como una obra de culto. La gente llenaba la sala, hacía cola, había figuritas con los personajes… Dentro de la misma obra él empezó a meter finales de otras obras conocidas del ambiente teatral de Buenos Aires, él llevó los personajes de esas piezas a esta obra para que cuenten parte de la obra que uno no había visto, cuando iba a ver esa obra. Veías “Estás ahí” de (Javier) Daulte y él en “Bizarra” metía cómo se conocieron los personajes de la obra de los personajes de Daulte. Entonces vos veías a actores como Mirta Busnelli, María Oneto… Un montón de gente increíble del teatro independiente. Y con Spregelburd trabajé en varias obras y así fui arrancando.
¿Cómo te llega la oportunidad de trabajar en el Teatro San Martín?
Yo estudiaba en la Escuela Municipal de Arte Dramático y para el Primer Festival Internacional de Teatro (1997) decidieron que todos los puestos menores, de informes, no los más interesantes de gestión, sean alumnos de la escuela. Y como el evento era organizado por Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, decidieron que esos cargos sean ocupados por chicos que estudiaban ahí. Me presenté a una entrevista y quedé. Ahí estuve desde el año ‘97 hasta el 2007, año en que asumió Mauricio Macri. Trabajé en la Dirección de Festivales de la Ciudad de Buenos Aires; primero como productor, después como agente de prensa y con muchas tareas hasta que me llamaron para el Festival de Tango como productor ejecutivo y asistente de dirección. Y ahí estuve muchos años, aprendí un montón de producción, de gestión política cultural, de prensa, de comunicación, de producción de eventos, de megaeventos… En el último tiempo, creo que en los últimos cinco años, fui el productor ejecutivo y asistente de dirección del Mundial de Tango, del Festival de Tango y del Campeonato Metropolitano de Tango, que es donde más aprendí porque tenía un puesto muy alto, de mucha responsabilidad y participación. Después de que asumió Macri, el área de festivales sufrió un cambio y me fui dos años al Teatro 25 de Mayo, y en el 2008 me fui a prensa del Teatro San Martín o del Complejo Teatral de Buenos Aires, que está compuesto por el Teatro Regio, la Ribera, el Alvear y el Sarmiento. Y desde ese año trabajo en el Departamento de Prensa del Complejo Teatral de Buenos Aires.
¿Qué tarea desempeñás?
Hago prensa de los espectáculos, arreglo notas con los artistas y los medios y hago que los espectáculos del San Martín tengan visibilidad en los medios. El teatro no paga publicidad entonces es todo prensa.
También incursionaste en el cine. ¿Cuál fue tu primera interpretación en la pantalla grande?
Mirá, en cine fui haciendo cortos para los estudiantes de la carrera, como siempre pasa. Y después me fui vinculando con gente que fue haciendo largometrajes. Primero me llamaron para personajes chiquititos, después filmé una película con León Gieco, “Mundo Alas” (2009), en la que hacía de un cura. El año pasado filmé con Mariano Llinás, que es como un referente importante del cine actual. También va a ser una película como de siete capítulos, no sé cuántas horas va a durar… La peli anterior se llamó “Historias Extraordinarias” y la de ahora “La Flor”.
Por suerte venís con un ritmo intenso de trabajo, tenés continuidad...
Tranquilo, pero intenso también. La idea es ir creciendo. El cine es algo que yo no tenía muy claro. Es una forma de actuar totalmente diferente; tenés que aprender a actuar, tenés que aprender a olvidarte de la cámara y a no hacer tanto. El actor de teatro tiende a ser para afuera y a expresar; en el cine hay que saber expresar con menos, sin hacer tanto. Es muy difícil lo que voy a decir, pero con sentir lo que tenés que hacer ya alcanza y no tenés que ponerle mucho más. Hay que aprender a trabajar sutilmente y reconozco que eso me cuesta mucho. Yo tiendo a ser más grotesco o parodiador o enérgico, y en el cine se necesita otro estilo y otro matiz de actuación.
Ya hablamos de teatro, de cine y ahora tenemos que hacer referencia a tu experiencia en televisión. ¿Cómo te sentís haciendo publicidades? ¿Cómo se abre este abanico? ¿Lo económico es un aspecto a tener en cuenta a la hora de escuchar una propuesta?
En televisión tuve dos participaciones menores en un ciclo que se llamó “Televisión por la Justicia”, que iba por Telefé y dirigían Claudio Villarruel y Bernarda Llorente. Y después también, con un papel menor, en otra serie que se llamó “23 pares”, de Albertina Carri, que es otra directora de cine. Y la publicidad es algo que te da mucho dinero. El otro día escuchaba a una amiga que es actriz y leía una nota que le hicieron en Clarín. Ella decía que habría que rever cómo un actor de publicidad gana lo que gana y un médico... Como que hay un gran desfasaje. Es raro que un maestro gane 4000 pesos y un actor en un día gane mucho más, y no necesariamente tiene que ser famoso. Todo tiene que ver con el mercado, con las marcas... A mí siempre me interesó, pero había dejado de ir a casting y hace dos años empecé de nuevo y dije: “a no sentirse mal porque te va mal, porque fracasás...”. Dejar de lado como el orgullo, el malestar... Porque los castings son una instancia media tensa, patética. Tenés que hablar en un auto que no está, manejar un volante que no tenés, decir el texto mirando para adelante, hablarle a tu hijo que está atrás pero que tampoco está, hablarle a un loro que está al lado tuyo y esperar a que te responda, pero el loro no está, retar a tu mujer que está atrás, pero que tampoco está, y a su vez mirar para adelante para no chocar; y es todo como un hecho traumático en general para los actores. Pero entendí hace dos años que hay que superarlo y que no se pone nada en juego ahí; entonces hay que ir a los castings y si tenés tiempo, hacerlo. Y así empezaron a salir cosas. Y ahí salió esta publicidad de Claro que se divide en seis partes. El spot está dirigido por Sebastián Borensztein, que es el director de la ‘peli’ “Un cuento chino”.
¿Cuándo fue el casting?
Fue en agosto del año pasado y filmé en octubre durante cinco días. Yo tengo una escena con un mono que es un chimpancé de 37 años, 1,70 metros y 82 kilos. Tuve que ir un día a conocerlo para que me huela... Como un ensayo.
¿De dónde sacaron el mono?
Es un mono que ya viene trabajando en esto. La pasa mejor que muchas personas. Trabajaba en un circo y como ahora no pueden hacerlo más, está prohibido, cosa que festejo, trabajaba en publicidades, también estuvo en una serie de Canal 13. Entonces tuve que ir todo un día a entrenar con el mono.
¿Cómo resultó esa experiencia?
Fue bastante intensa. Estaba muy asustado. Yo en el contrato había firmado que filmaba con un chimpancé, pero dije: “Será como Chita, me va a costar, pero lo voy a superar. A lo sumo andará colgada del cuello, ¿qué me va a dar impresión?”. Esperalo, me dicen, mientras el entrenador me charla mucho tiempo. El lugar era como un descampado donde había estado un circo. Y cuando veo, era un ser humano caminando. Reflexioné un montón sobre eso. Tomé mate con él solo, caminamos juntos, me miraba, me prendía los cigarrillos; fue una experiencia media surrealista en un punto.
Por lo que contás está súper domesticado, acostumbrado a estar en contacto con seres humanos...
Sí, sí. Vive en una jaula y mira las novelas en un plasma todas las mañanas. Mira una de Telefé y si le cambiás de canal, él agarra el control y vuelve a poner el mismo canal porque reconoce lo que ve. Cuando tomamos mate, yo pensé: “Bueno, va a darle un sorbo medio grotesco, lo va a tirar, y no”. Tomó un sorbo, miró el horizonte, tomó un segundo sorbo y me lo pasó. Y Yo dije: “Comparto bombilla, si pierdo los dientes mala suerte” (risas). Y después empezamos a ensayar.
¿Podés recordar de qué trata el spot “Hay que ir” para algún distraído?
En este caso, un grupo de amigos quiere ir a Brasil y tienen el contacto de una persona que tiene un container que manda animales a Brasil. Termino viajando yo y el mono está mirando una revista porno, me mira a mí durmiendo, se me acerca, me hace cucharita, me da un beso. En la tele está la versión hasta ahí, pero en Internet está completa, sin censura. Y después de ese casting fue algo muy loco porque quedé, lo hice, salió y empecé a ir a castings. Se ve que algo cambió en mí, relajé algo o esto me dio una seguridad que no tenía... Ahora va a salir una de OLX, otra de Easy...
Así que te reenganchaste con esto, más allá de lo económico...
Básicamente es por eso, pero en la publicidad aprendés cosas igual; bah…, yo aprendo de todo. Acá aprendés a manejarte en un set de filmación con 70 personas. Aprendés del oficio en ese sentido.
¿Cómo acomodás tus tiempos? Porque en la semana vos trabajás en el Teatro San Martín...
Tengo una jefa que es muy buena onda, voy a castings a la mañana y hasta el mediodía, después me voy al trabajo y ensayo hasta las 2 de la mañana para la obra de teatro. Ahora estrené una obra que se llama “Enefecto”, que la hacemos con Clemente Cancela (exnotero y co-conductor de CQC) y la dirige Alberto Rojas Apel. Estuvimos ensayando un año y a lo último eran tres días por semana, y los sábados desde el mediodía hasta las 5 de la tarde. Estoy un poco a full, pero está bueno, me gusta.
Leyendo tu currículum puedo contar no menos de 20 obras de teatro en las que participaste en distintos roles, no sólo como actor...
Hice varias. Trabajé con Spregelburd, Matías Umpiérrez, Mariana Chabud, Lola Arias... Todos son directores muy representativos de la escena independiente.
Es muy interesante lo que sucede con el teatro independiente en Buenos Aires. Hay una interesante y variada propuesta fuera del circuito comercial, ¿no?
Sí, increíble. Y todavía no está muy valorado y no se le está dando desde las instituciones gubernamentales los subsidios y las políticas que el teatro independiente argentino necesita, porque genera mucho turismo cultural, y muchos directores de cine y televisión van a buscar gente al teatro independiente. La mayoría de los actores que uno ve en televisión como secundarios, que a uno le encantan y los empieza a amar, y todos dicen: “¿De dónde salió?”, vienen del teatro independiente.
Sos productor, director, asistente, actor. ¿Qué es lo que más te gusta de todos estos roles?
A mí lo que más me gusta es actuar. Pero en la obra que estrené no puedo evitar entrar a organizar cosas de logística; como hago prensa en el Teatro San Martín, tengo contactos con los medios, entonces hago que se difunda la obra por más que ahora va a tener una persona que se encargue de la prensa que no soy yo. No puedo evitar estar produciendo, gestionando… En mi vida privada soy igual. Al trabajar mucho tiempo en los festivales me dieron alma de productor. Son cosas que me gustan, me dan placer.
¿Con qué actores famosos o de trayectoria tuviste la oportunidad de laburar?
Haciendo prensa en el San Martín, con mucha gente ‘grosa’. Bueno, de hecho con la muerte de Alfredo Alcón, que es una gran pérdida, no paré de laburar con los medios. Trabajé y tuve contacto con todos. Y después en el teatro independiente no trabajé con gente famosa mediáticamente, pero en el ambiente son talentosos, que trabaja mucho y son gente muy admirada por mí en muchos casos.
Recuerdos del pago
¿Te costó el desarraigo?
Cuando me vine a Buenos Aires tenía 17 años y, obviamente, todo el apoyo de mis padres. Mis padres, Rosa y Raúl, son como lo más, los amo. Me brindaron apoyo económico y emocional. No era fácil en ese momento que un hijo quisiera estudiar teatro y dedicarse a la actuación, y siempre para adelante ellos; al igual que mi hermano. Por suerte muchos de mis amigos íntimos se vinieron a vivir acá o La Plata y mantengo relación hasta el día de hoy; sigo en contacto, los veo, también veo a sus hijos, sus casamientos, sé lo que hacen profesionalmente. Yo amo ir a Claromecó todos los veranos o en el año también voy. A Tres Arroyos no voy tanto. Estoy todo el año con la locura de la ciudad y cuando viajo prefiero ir a la Costa porque tengo casa ahí.
¿Has intentado llevar alguna obra a Tres Arroyos?
Siempre he querido. En su momento lo he conversado, pero nunca se ha dado. También en esta carrera que te comentaba que hice de Políticas Culturales el último trabajo era armar un proyecto con todos los objetivos generales, específicos, los pros y los contras… Era un trabajo en el que te evaluaban todos los docentes y vos tenías que fundamentar porqué ese proyecto. Y el mío era un festival de teatro independiente en Tres Arroyos. Era como plantear que vayan obras de acá y también de allá para Buenos Aires. Porque creo que Tres Arroyos ha cambiado mucho en cuanto a su mirada sobre el teatro y al espectáculo. Hay una interesante oferta cultural. Más allá de que a la gente le encante que viajen para allá grandes actores como Rodolfo Bebán, Claudia Lapacó, Betiana Blum, Carmen Barbieri… Digamos las obras más televisivas, pero creo también que hay un público y hay gente que está deseosa de ver otras cosas. Estas obras de las que hablamos del teatro independiente, estaría bueno que tengan un lugar ahí porque transformarían y harían de Tres Arroyos un lugar mucho más rico culturalmente.
¿Qué recuerdo tenés del colegio secundario?
Del Jesús Adolescente me echaron y terminé en el Nacional. La mejor etapa, para mí, fue mi infancia, porque lo veo en hijos de amigos o de mi hermano, la comodidad y la libertad de criar a una persona en Tres Arroyos por más que las cosas han cambiado y no es lo que era; nada es lo que era en ningún lugar del mundo. Una etapa de felicidad y libertad total, de amistad, de códigos, de caminar por la calle, trasnochar… Aparte mis padres nunca me presionaron en nada. Para la edad que teníamos, mirándolo ahora, que hacen tanta historia por algunas cosas, yo me iba a Claromecó desde nene solo, mi hermano estaba allá y me quedaba solo toda la semana hasta que mis viejos venían recién el fin de semana. Me cuidaba una prima. Mis viejos me dejaban comida y listo. Eso era increíble, no lo puedo creer todavía. Y era un nene, ¿eh? No sé, mi hermano tendría 15 y yo… 11.
¿Practicaste algún deporte en la ciudad?
Sí, gimnasia deportiva en el CEF Nº4, en la Escuela Nº 1, con Silvia Thostrup y ‘Corcho’ Santamaría.
Vos sos de una generación que vivió el esplendor de la Fiesta del Color. ¿Qué recuerdos tenés de ese evento?
Sí, me encantaba. Y también me gustaban mucho las Olimpíadas de Colegios Privados. A mí, todo evento que convoque gente, me encantaba. ¡De la Fiesta del Trigo te puedo hablar tres horas! Me volvía loco, me emocionaba. Desde que empezaba hasta que terminaba, salía de mi casa y estaba todos los días recorriéndola. Vivía cerca de la Plaza San Martín, que en ese momento se hacía el desfile por ahí y en la Avenida Moreno estaban todos los artesanos y en el Club Costa Sud estaba la Feria. Y la elección de la Reina. Ya desde chico, todo lo que sea evento cultural y de tradición y de festejo popular como unión del pueblo y del pueblo en la calle, me apasionaba un montón. Y me acuerdo que los domingos terminaba la Fiesta del Trigo y el lunes a las 7 de la mañana empezaba el colegio. Y yo creo que ya era grande y lloraba los domingos porque al otro día tenía que empezar el colegio. Ya habían desfilado las reinas, ya habían tocado las bandas y artistas invitados, ya estaban desarmando las vallas y el escenario, y yo seguía en la Plaza San Martín o en la Avenida Moreno dando vueltas deseando que no termine. Además, hice en la Facultad un trabajo sobre eventos en Tres Arroyos. Cómo evaluar la sociedad tresarroyense, qué le puede interesar, qué no…
Retomemos el tema inconcluso con respecto a las Olimpíadas de Colegio Privados...
Me apasionaba la competencia entre el Colegio Manuel Belgrano y el de ‘Curas’. Y contra el Holandés. Creo que ahora reflexiono y todo lo que sea fiesta popular me apasionaba y al día de hoy me sigue apasionando. La calle y la gente.




