LA VIDA EN CLAROMECO DE LA PAISAJISTA ARGENTINA PAULA FERRARI Y SU NOVIO Y CUÑADO ESTONIOS
Viaje intercontinental
Paula Ferrari conoció Claromecó con apenas 8 años, y cuando decidió frenar su incansable periplo que incluyó Europa y Australia, eligió la villa para comprar su primera casa. No llegó sola. La acompañan su novio René y su cuñado André, ambos nacidos en la lejana Estonia y artesanos de la madera. Con el plan de vivir de verano en verano, del mar al bosque, los jóvenes emprendedores construyen un departamento al estilo de su país y exóticos muebles artesanales de madera encastrada que ya se pueden apreciar en la villa. Entrevista a solas con “El Periodista”
Fue marinera en Europa, paisajista en Australia y, a pesar de su juventud, cuando sintió la necesidad de encontrar un lugar donde detener su largo viaje lo hizo en Claromecó, donde llegó para instalarse junto a su novio de origen estonio y su cuñado, ambos artesanos de la madera. Cálida y emprendedora, Paula Ferrari (31) recibió a “El Periodista” en su casa de la villa balnearia, donde René (32) y André Reiu (25) llevan adelante una construcción en madera a la usanza de su país y diseñan muebles muy atractivos que planean comercializar en Claromecó.
Paula proviene de General Rodríguez, y conoció Claromecó por sus padres, que tienen desde hace años una casa de veraneo en la localidad. La familia Ferrari, no obstante, es oriunda de Lago Epecuén. “Yo vengo a veranear desde los 8 años. Y llegamos acá porque la gente de La Borriquita, la fábrica de alfajores, también es de Epecuén, y cuando se inundó se instalaron aquí. Nosotros vinimos a visitarlos, y desde ese momento empezamos a pasar los veranos y la Pascua aquí. Nunca los inviernos, porque sabíamos que son muy duros”, comentó.
Cuando tomó la decisión de adquirir una propiedad en la villa, Paula venía de residir en Australia, y previo paso por Estonia para visitar a la familia de su pareja, emprendieron viaje hasta Claromecó, periplo en el que incluyeron a André, su cuñado. “Yo hago parques, jardines, y ellos trabajan con madera, hacen cabañas como las que se ven en Villa General Belgrano, Villa La Angostura. Su padre es el carpintero profesional, y ellos desde muy chicos cortaban con motosierras esos troncos enormes. Y ahora están construyendo mi departamento, que por fuera es de cemento –un material que ellos no usan-, pero por dentro las paredes se recubren con telgopor para aislar y dar calor, y luego llevan un panel de madera que nosotros conocemos como OSB. Es un panel de maderas encastradas que se adhieren con un pegamento de origen europeo. Lo de afuera es el material convencional, y el interior es una casa al estilo escandinavo”, describió.
El itinerario
Cuando en Europa comenzó a vislumbrarse la crisis, hace unos siete años, Paula Ferrari -que trabajaba como marinera en Mallorca, y se embarcaba en yates privados que tenía que limpiar y amarrar como cualquier operario, además de recorrer Francia, Mónaco, Italia-, decidió probar suerte en Australia, donde incursionó en el paisajismo, prestando servicios para viveros y jardines. Allí conoció a René, que tras vivir en la capital estonia un tiempo, proveniente de un pequeño pueblo del interior, también se fue a Australia. Pintaba coches en una agencia, y se encontraron en una fiesta celebrada por una amiga en común. Viajaron y trabajaron en varios lugares, hasta que Paula materializó su idea de invertir en la Argentina. “Quería sentar cabeza, llevaba 8 años con la mochila para todos lados. Tuve la idea de comprar un terrenito, hasta que apareció esta casa, con la posibilidad del departamento, entonces decidimos ir primero a Estonia para ver cómo me llevaba yo con su familia, y vinimos a la Argentina para que él comprobara lo mismo con la mía, y finalmente, evaluando las posibilidades de trabajo que René podía tener en esta zona, nos trasladamos a Claromecó. Su hermano vino un mes después, para ayudarnos a terminar el departamento, porque hemos alquilado la casa. Y estaremos seis meses acá y seis meses en Estonia, porque todavía la gente de acá no nos conoce, no sabe de nuestro trabajo, y porque además es lindo vivir de verano en verano”, aseguró Paula.
René y André son los autores de la mesa que, por estos días, se exhibe para la venta en la esquina de avenida 26 y calle 9, donde funcionara una estación de servicio. “Trabajan generalmente en maderas duras como el pino, muy típica de su país, y tienen la idea de construir y comercializar ese estilo de mobiliario, que está totalmente encastrado y no lleva tornillos ni nada por el estilo. Su país es muy lindo y muy organizado, que es lo que quizá les cuesta un poco a ellos a la hora de adaptarse acá. Las personas tan sistematizadas, al estilo alemán, como ellos, no pueden entender que se pida una madera o cualquier producto, te digan que lo envían enseguida y demoren varios días. Yo me adapté fácilmente a ese orden y estructura de ellos. Si se come a las 8, es a las 8. Y para ellos, al principio, fue muy chocante ver que aquí decimos a las 8 y aparecemos a las 9. Igual, el pedido de materiales, los horarios de los comercios, los mata. Allá todo está abierto en horario corrido, todo el día. Acá no entendían que no se pudiera comprar un tornillo a las 2 de la tarde, y al principio se enojaban un poquito. Sí puedo decir que aman la comida de acá, la gente, el lugar. Y ahora estamos planeando un viaje de vacaciones a la Patagonia, para que conozcan algo más. Lo que disfrutan es lo amigables que somos, y el contacto con la naturaleza”, consideró Paula.
Tímidos y tranquilos, los hermanos Reiu vienen de un pueblo de apenas unas cinco casas, Lutike, emplazado en un valle rodeado de serranías, con una laguna cercana, en un paisaje similar al del relato infantil de Heidi. Y además de su trabajo de carpintería, tienen el proyecto de instalar en Claromecó uno de sus saunas típicos estonios, íntegramente construidos en madera, equipados con una salamandra sobre la que colocan piedras a las que luego se les arroja agua. “Es un modelo que se usa desde tiempos remotos, totalmente natural, sin nada eléctrico, absolutamente purificador. Queremos construir uno pequeño aquí, con la idea de que se convierta también en un atractivo turístico, porque no creo que exista un sauna estoniano en la Argentina”, advirtió Paula.
Buena madera
“Nuestro invierno es muy frío y la playa más cercana está a 200 kilómetros, lo que para nuestro país, que es muy pequeño, es una gran distancia, no como aquí que es tan grande que parece una distancia pequeña. Vine a la Argentina porque mi novia, Paula, es de aquí, y nos conocimos en Australia, donde estábamos trabajando los dos. Llegamos aquí en septiembre del 2013”, explicó, en inglés, René, sentado con placidez bajo el corredor de la casa de Claromecó de su pareja. “Nosotros trabajamos en madera, nos gusta mucho. Hemos crecido trabajando. Nuestro país, Estonia, se independizó de Rusia hace no más de 20 años, y desde ese momento fue necesario trabajar para que creciera, porque la vida allí cambió mucho. Me gusta la Argentina, pero no es todo blanco o negro. Hay cosas que prefiero de Estonia, y otras de Argentina. Es difícil encontrar un término medio”, confió.
Como para él en la villa todo es nuevo, para Paula también será una prueba ir a residir a Estonia y tratar de insertarse laboralmente en aquel país. “No sé si podré trabajar como paisajista, lo que sí pienso hacer acá, pero allá pienso volver al turismo. Uno se cansa de viajar, es cierto, pero sé que nunca lo voy a poder dejar, porque es algo muy lindo. Por lo pronto, este verano nos quedamos acá, y los ayudaré a ellos con los muebles, con la posibilidad de construir alguna cabaña, sobre todo por el idioma, porque sólo se comunican en inglés. Y todo hasta abril, porque ellos están comprometidos en la construcción de una cabaña en Estonia, para un familiar. Mientras tanto estaremos primavera y verano argentinos aquí, y primavera y verano de Estonia allí. Cuando vengan los hijos veremos. Me interesa mucho lo que conocí de la educación de allá, que se ve más organizada y sistematizada, aprenden otro idioma desde el vamos, y entiendo que todo el sistema educativo es mejor allá”, advirtió.
Un día en la villa
En Claromecó, la pareja decidió adoptar la costumbre australiana de acostarse a las 10 de la noche y levantarse muy temprano para trabajar, a diario, en la construcción del departamento. “Yo estoy a full los siete días de la semana, y lo hago con gusto porque se trata de algo mío. Ellos (por André y René) se toman dos días, el fin de semana, para descansar, tomar sol, hacer el asado. A la casa le hemos cambiado el aspecto, le hemos dado alegría, pensando un poco en esos lugares del Mediterráneo donde yo estuve. Y las cosas se han ido dando positivamente, con pros y contras como las demoras, los materiales que no se consiguen, pero lo positivo es que la casa ya se ha podido alquilar durante enero y febrero”, aseguró Paula.
Mientras los tres disfrutan de una plácida y cálida tarde en Claromecó, es tiempo de acercarse a conocer la magnífica obra de carpintería que René y André exponen para su venta en la antigua YPF. Imponente, la mesa con sus bancos en troncos perfectamente encastrados es apenas una muestra de lo que el futuro puede ponerles por delante a estos hermanos, que de la mano de la incansable Paula, están listos para encarar otro capítulo de su interesante vida lejos de casa, pero con buena madera entre las manos.
Contacto
Los interesados en conocer las artesanías, muebles y métodos de construcción que utilizan los estonios René y André Reiu pueden comunicarse con Paula Ferrari al 2983 15602902





