Municipalidad Tres Arroyos

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LA TRESARROYENSE MARIA FLORENCIA CARRERA MANEJA UN BARCO DE 160 METROS DE ESLORA Y CARGAS PELIGROSAS

Un giro de timón

Cuando completó su formación como piloto de ultramar, pasó un año completo a bordo de un buque petrolero que viajaba entre monoboyas, sin tocar el puerto. Menuda y decidida, ahora es oficial de navegación de otro barco que traslada hidrocarburos, y pasa 45 días a bordo y 45 en tierra. La tresarroyense María Florencia Carrera tiene una vida increíble, pero que cuenta con una naturalidad envidiable. “El Periodista” la entrevistó en exclusiva  

Noviembre 2014
María Florencia Carrera es piloto de ultramar y licenciada en Transporte Marítimo, y ha llegado a pasar casi un año sin tocar tierra en un enorme buque

María Florencia Carrera es piloto de ultramar y licenciada en Transporte Marítimo, y ha llegado a pasar casi un año sin tocar tierra en un enorme buque

Pequeña, casi tímida, María Florencia Carrera tiene, sin embargo, el temple suficiente como para ocuparse de conducir un barco de 160 metros de eslora y cargado de combustibles. Eligió una profesión que, por cierto, aunque no está vedada a las mujeres, es elegida por muy pocas de ellas. Es piloto de ultramar y licenciada en Transporte Marítimo, y ha llegado a pasar casi un año sin tocar tierra en un enorme buque que descarga hidrocarburos en boyas ubicadas en altamar. Se formó en Buenos Aires, y desde entonces no ha parado de trabajar. En la actualidad pasa 45 días a bordo y 45 en tierra, de los cuales buena parte del tiempo aprovecha para disfrutar de su familia –que en un punto padeció su elección, como confesó a “El Periodista”-, en Tres Arroyos.

¿Qué significa exactamente ser piloto de ultramar?
Me dedico a navegar, estoy a cargo de la guardia de navegación y las operaciones de carga y descarga del barco, y además tengo tareas específicas relacionadas con la seguridad y la protección del medio ambiente, y la formación y entrenamiento de los tripulantes.
¿Dónde te formaste para hacerlo?
En la Escuela Nacional de Náutica Manuel Belgrano, que depende de la Armada Argentina y está en Buenos Aires. La escuela tiene una formación militar, pero una vez que nos recibimos, nuestro trabajo es civil, en la marina mercante. Son tres años de cursada en la escuela, y el último año lo hacemos embarcados.
¿Estás trabajando actualmente?
Sí. Vivo 45 días en el barco, y 45 días en Tres Arroyos. Trabajo para un buque ‘quimiquero’, para una naviera especializada en el transporte de hidrocarburos. Opera para Axion Energy, para YPF y Shell. Tiene cisternas y sistemas independientes, totalmente segregados, que permiten transportar todo tipo de naftas y productos químicos en simultáneo.
¿Y ese barco por dónde se mueve?
Navegamos desde Campana, donde está la refinería de Axion, hasta San Lorenzo, La Plata, Bahía Blanca.
¿Qué hacés vos dentro del barco?
Me ocupo de la navegación. Hay un marinero, que opera como timonel, al que nosotros le damos las órdenes, el rumbo. Somos tres oficiales, que hacemos cada uno 8 horas de turno de navegación. Y durante la estadía en puerto, también cumplimos 8 horas de turno operando con la carga y descarga de los productos.
Imaginamos que ya no hay un timón gigante y alguien haciendo fuerza para moverlo… ¿Cómo se maneja hoy un buque?
Es lo más parecido al joystick de un juego, chiquito. Sólo en el río se maneja con un timón, mientras que en altamar se usa el piloto automático, se elige digitalmente un número de rumbo, y el barco va solo.
¿Qué tamaño tiene el barco? ¿Cantidad de tripulantes?
Tiene 160 metros y 23 tripulantes. Es un buque de cargas peligrosas, así que sólo se puede estar a bordo para trabajar, no se permiten pasajeros. Y durante esos 45 días de labor, vamos y venimos a los distintos destinos, vivimos arriba del barco.
¿Este trabajo es común en una mujer? ¿Sos la única en el barco?
No, somos muy pocas. De hecho, en este barco somos dos chicas. Y en el anterior estaba yo sola. Trabajé el año pasado en un buque que opera para YPF y que navega entre monoboyas, instalaciones offshore que están en el medio del mar y sirven para la carga y descarga de productos. Como tiene 230 metros de eslora no puede ingresar a puerto, así que fue un año de navegación ininterrumpida.
¿Y cómo apareció tu vocación? ¿Cómo la tomó tu familia?
A mí me encanta. Siempre me gustaron los barcos, el mar, los astilleros. En principio estaba entre esto e ingeniería naval, que por supuesto era lo que prefería mi familia, pero probé y me encantó. Por ahí no estoy para los cumpleaños, para las Fiestas, pero se van adaptando.
Contame cómo es un día tuyo en el barco…
Me levanto a las 4 de la mañana, porque mi primer turno de navegación es hasta las 8. Después de 8 a 11 tengo otras tareas, administrativas, papeles, control de seguridad, formación de tripulantes; y después de 16 a 20 tengo otro turno de navegación. El resto del tiempo es libre, y lo usamos para recreación. Hay gimnasio, televisión, películas, lo que hay en una casa normal.
¿Y la convivencia cómo es? ¿Cuesta más por ser mujer?
La figura de la mujer es muy respetada. Pero la convivencia se hace complicada, sobre todo porque hay gente de todas las edades, de todas las regiones, en un sistema completamente vertical, y eso es lo que lo hace más difícil. Hay roces, se pasa mucho tiempo en el mar, la gente está alejada de la familia, muchas veces sin posibilidad de comunicarse porque no hay señal, y eso suele alterar un poco…
¿Cómo lo llevás vos?
Bien. A mí me gusta, lo llevo bien, más que nada porque estuve un año en el boyero, donde no había ningún tipo de señal ni comunicación, así que pasar a un barco como este, donde vamos a puerto y además generalmente podemos usar teléfono o Internet, me resultó más sencillo.
De todos modos, en altamar no hay comunicación de ningún tipo…
Nada. De todas maneras hay mucho trabajo, así que tampoco se nota tanto. Me levanto a las 4, me acuesto a las 21, así que no hay mucho tiempo para otras cosas.
¿Y cuando volvés a tierra? ¿Hacés una vida normal?
Normal entre comillas, porque si bien yo estoy libre, mis amigas trabajan, o estudian, así que hacemos lo que podemos. Me acostumbré a esta vida desde mi formación, ya que por ser militar fue muy exigente, demandaba mucho tiempo, así que pasaba desde las 7 de la mañana hasta las 19 en la escuela. Y además tengo muchos cursos para hacer durante mis días libres, así que suelo estar bastante en Buenos Aires.
¿Qué te gusta hacer cuando bajás del barco?
Aprovecho para estar con mi familia, viajo al sur, busco el agua (risas)…
¿Hay una demanda laboral importante para tu profesión?
Sí, muchísima. Yo empecé a trabajar enseguida. Hay mucha salida laboral tanto en barcos como en navieras y en terminales portuarias.
¿Con cuánta gente estudiabas?
El ingreso es muy limitado, hay un cupo de 25 personas aproximadamente, y una evaluación muy exigente, porque ingresan los mejores promedios. Justamente para garantizar una salida laboral.
¿Novio? ¿Amigos entre la tripulación?
No. Es difícil. Amigos sí, porque hay mucha gente joven hoy en día en los barcos. Todos estamos entre los 25 y los 35 años, y como no es fácil adaptarse a navegar, muchos buscan otras actividades en tierra pasados los 35 años. Ya no queda gente grande a bordo.
¿Y cómo te adaptaste vos? ¿Tenés pensado dejar los barcos después de los 35 también?
Sí, probablemente. La adaptación no es difícil, más que nada lo que cambia es la dinámica de vida, porque es una industria que exige estar alerta las 24 horas, se trabaja con otros tiempos. Hoy en día los barcos son lo más parecido a una casa que hay, no se mueven, y tenemos todo lo que necesitamos. Comemos como en un restaurant, en dos turnos, pero fuera de eso siempre hay alimentos disponibles, televisión, sala de juegos.
¿Vos podés trabajar sólo en la Argentina o tu formación te permite hacerlo en otros lugares?
Nuestros títulos tienen reconocimiento internacional. Incluso hay mucho trabajo afuera en cruceros, y en barcos de carga también. Yo estoy acá por una cuestión familiar, porque es cómodo además estar cerca de mi familia esos 45 días que no estoy a bordo. Pero por supuesto que es posible que en algún momento decida trabajar afuera.
¿La formación es básicamente técnica?
Tenemos materias como análisis matemático, física, cálculos náuticos, astronomía náutica, inglés y toda la parte de formación militar y náutica.
¿Qué fue lo más complicado que te pasó a bordo?
Las tormentas. El barco se mueve, la gente se pone mal, he visto personas grandes que lloran, que se quieren ir a sus casas, que quieren avisarle a las familias pero no se puede porque no hay ningún tipo de señal. Hemos pasado tormentas, sobre todo en el sur, navegando al garete, para donde sea, para capear el temporal.
¿Y la experiencia más linda?
Tal vez cuando tuve mi primer contacto con esto, en un astillero, en un buque de la Armada que estaba en reparación. Mi siguiente trabajo fue en el boyero, en el 2012, y quizá esta fue una de las mejores experiencias. Este barco navegaba entre Bahía Blanca y Comodoro Rivadavia, transportando grandes volúmenes de crudo, y tuve la posibilidad de hacer tareas que no son habituales.
¿En qué consiste la formación de los tripulantes?
A cada tripulante nuevo que llega al barco se le hace una familiarización y entrenamiento en sus tareas específicas, sobre todo relacionada con la seguridad, porque son buques que trasladan cargas peligrosas, inflamables, que hay vapores tóxicos…Se los familiariza en ese aspecto.
¿Esta profesión te aleja un poco de la posibilidad de formar una familia?
Sí, más que nada lo posterga. Tengo, no obstante, compañeras que han formado una familia, y se turnan con sus maridos, mientras uno navega, el otro cuida a los chicos. No es fácil, pero tampoco imposible.
¿Tenés algún sueño, alguna meta por cumplir en tu profesión?
Por el momento me interesa este sector, todo lo que sea hidrocarburos y productos químicos, pero tampoco descarto la posibilidad de ir a un barco de pasaje, porque hay mucha oferta laboral en ese sentido. Y supongo que espero llegar a ser capitán. Hoy estoy próxima a ser segundo oficial, después se asciende a primero, y luego a capitán. Hay que juntar singladuras, que son días navegados, rendir exámenes y hacer cursos. No es difícil, es cuestión de cinco o seis años. Hoy todos los capitanes son jóvenes, así que voy en esa dirección.

“Por el momento me interesa este sector, todo lo que sea hidrocarburos y productos químicos, pero tampoco descarto la posibilidad de ir a un barco de pasaje, porque hay mucha oferta laboral en ese sentido”, aseguró María Florencia

El Saturn, el buque que controla María Florencia, es un barco de bandera de las Islas Marshall, y transporta naftas y productos químicos

El control del Saturn. María Florencia es oficial de cubierta, y lleva adelante un turno de 8 horas de navegación diarias

La joven tresarroyense trabajó un año en un boyero de 230 metros de eslora, que no toca puertos por sus dimensiones

“Todos estamos entre los 25 y los 35 años, y como no es fácil adaptarse a navegar, muchos buscan otras actividades en tierra pasados los 35 años”, aseguró Florencia

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