Municipalidad Tres Arroyos

notas edicion de papel

ENRIQUE ZUCCHINO ENSEÑA LA CALIGRAFÍA JAPONESA

Tinta y papel de arroz

Enrique Zucchino es un divulgador de la cultura japonesa. Tiene su centro de artes marciales y su espacio donde realiza terapias de la medicina oriental. Hace poco brindó una novedosa propuesta para Tres Arroyos: un taller de shodo, la caligrafía japonesa. Cuenta a “El Periodista” cómo nació su encuentro con este camino y qué planes tiene a futuro

Septiembre 2026
El divulgador de la cultura japonesa, Enrique Zucchino, en el Tokyo Budokan, en el año 2010

El divulgador de la cultura japonesa, Enrique Zucchino, en el Tokyo Budokan, en el año 2010

Hay disciplinas que se eligen para pasar el tiempo y hay otras que, sin planificarlo ni pensarlo, se convierten en un eje de vida. Para Enrique Zucchino, instructor de artes marciales y terapeuta oriental radicado en Tres Arroyos, el encuentro con la cultura japonesa comenzó hace más de tres décadas como una pasión adolescente y luego se convirtió en un camino —un do— de exploración constante.
Recientemente, ese trayecto sumó un nuevo hito: un exitoso taller de shodo (caligrafía japonesa) en Editorial Caravana que, impulsado por el cruce de voluntades y la gastronomía, conectó a la comunidad local con la “filosofía del presente” y “el arte de la imperfección”, destaca.
Como tantos jóvenes durante su niñez, el primer acercamiento de Enrique a este universo estuvo dado un poco por una fantasía. "Primero quería ser ninja. Era adolescente, tenía 16 años y quería ser ninja", recuerda con humor sobre sus inicios en Bahía Blanca, su ciudad natal. Sin embargo, al cruzar la puerta del dojo de Bujinkan (la escuela internacional bajo la cual se formó) Budo Taijutsu y Ninjutsu (las artes marciales tradicionales que entrena desde 1994), la mirada maduró y cambió rápidamente. "De a poquito fui escuchando y viendo que no era solamente tirar golpes o usar estrellitas ninjas... Hablábamos del ser, del alma, de cómo cuidar el cuerpo, de proteger a otros y a uno mismo. Me fui dando cuenta de que era mucho más que esa fantasía juvenil".
Esa búsqueda lo llevó a conectar con su actual maestro, Christian Petroccello, una figura que Enrique define como determinante y con quien aprendió no solo artes marciales, sino también masajes orientales y acupuntura. Siguiendo esa línea de aprendizaje, que incluso lo llevó a entrenar a Japón en el año 2010, entendió que la cultura japonesa es un camino de ida: "Al fin y al cabo, lo que hacemos de artes marciales termina siendo para desarrollo personal. No crecés solamente lanzando golpes o usando una espada; crecés en todos los aspectos: sabiendo más de cultura, de historia, entendiendo tu cuerpo y la psicología".

Shodo
El salto de las artes marciales a la tinta y el papel de arroz se dio de forma natural. Su maestro solía regalarles caligrafías donde plasmaba conceptos filosóficos estudiados en el dojo. Tras tomar algunos cursos, Enrique adoptó la práctica como un cable a tierra personal y un obsequio para sus allegados. “La verdad que es una base muy somera. Yo siempre que he hecho caligrafía y las he regalado, digo que es como cuando un nene te escribe, ‘mamá, te amo’, con trazos medios raros”, ríe Enrique. Sin embargo, fue una amiga, Amanda Sánchez, fascinada al ver sus trazos, quien lo impulsó a dictar un taller.
La propuesta inicial enfrentó el desafío de convocar a un público para una disciplina sumamente específica. "En principio la primera propuesta era solo yo y se anotó una sola persona. Pero después dije: 'La gente tiene hambre... ¡vamos a hacer sushi!' Y ahí se llenó", relata entre risas. Con la incorporación de Camila Wehrhahne de Kintsugi Sushi, el taller no solo completó sus cupos con perfiles muy diversos (artesanos, practicantes de Reiki y curiosos en general), sino que generó un universo profundo de concentración.
Más allá del atractivo gastronómico, el corazón del taller radicaba en el shodo como una herramienta de atención plena: "El shodo es un camino. Lo que vimos no llega ni a las bases, la idea era aprender del arte en sí y hacer una práctica donde se pueda entrenar la conciencia y la presencia. Yo les comentaba que es una práctica asociada al Zen, a la meditación, porque hay que estar presente en el trazo; se pinta desde la respiración. No es solamente hacer una caligrafía bonita, sino ir plasmando nuestro interior", remarca.
Durante el encuentro, Enrique destaca que los asistentes experimentaron la concentración absoluta que requiere la disciplina. Aunque por cuestiones de tiempo se utilizó tinta líquida comercial en lugar de la tradicional barra sólida frotada en piedra, el objetivo se cumplió al ver a los participantes totalmente inmersos en sus trazos. En ese ejercicio, el maestro introdujo el concepto de Wabi-Sabi: la belleza de lo imperfecto. “Es interesante porque los japoneses, una sociedad muy perfeccionista, todo este tipo de ceremonias o de atención lo buscan enfocado hacia la perfección, el trazo perfecto, el arreglo floral perfecto; pero también tienen este concepto que es la belleza de lo imperfecto. Es decir, uno puede estar toda la vida tratando de hacer un trazo perfecto, pero al fin y al cabo, hay que entender que en los errores que uno comete también está la perfección”.

Día japonés
El éxito y la energía del taller encendieron la mecha para un proyecto superador en Tres Arroyos, que Enrique tuvo en el tintero durante un tiempo. La excelente sintonía con Editorial Caravana y el interés de otros profesionales locales, como una profesora de japonés, han dado pie a la organización de un evento integral: “Un día en Japón”.
La propuesta apuntó a expandir la experiencia comunitaria a través de un abanico de actividades: talleres interactivos de sushi, aproximaciones al idioma y la literatura japonesa. proyecciones cinematográficas y charlas de divulgación, y demostraciones de disciplinas tradicionales.
Para él, la clave del éxito de estos espacios radica en tejer redes, una filosofía que ya aplicaba en sus años en Bahía Blanca. "Trabajando en conjunto siempre podés llegar más lejos. El beneficio de todos es mucho mejor que el beneficio para uno solo. A veces, la falta de conexión hace que perdamos oportunidades; al conectar actividades diferentes pero con algo afín, se abren más puertas y se facilita todo".
Mientras tanto, Enrique continúa dictando sus clases de artes marciales en el Kosuke Dojo (@kosuke_dojo en Instagram), dentro de las instalaciones de Gimnasio Prana en Rivadavia al 1200, y brindando terapias de medicina oriental en su espacio Kaizen (@kaizenterapias_tsas), manteniendo viva una tradición milenaria.

Otras notas del mes

En tinta y papel de arroz, el Shodo es la particular caligrafía japonesa que Zucchino enseñó por primera vez en esta ciudad

En tinta y papel de arroz, el Shodo es la particular caligrafía japonesa que Zucchino enseñó por primera vez en esta ciudad

El taller generó un especial atractivo entre los participantes, y promete más encuentros similares

mensajes

tresarroyenses por el mundo

"Felicitaciones por veinte años de constantes sorprenderes"

Hay disciplinas que se eligen para pasar el tiempo y hay otras que, sin planificarlo ni pensarlo, se convierten en […]

Deje su mensaje Ver Mensajes

tresarroyenses en tres arroyos

"Felicito al diario por el aniversario"

Hay disciplinas que se eligen para pasar el tiempo y hay otras que, sin planificarlo ni pensarlo, se convierten en […]

Deje su mensaje Ver Mensajes