ALEJANDRO CAMPORINI EXPORTA PIÑAS DE CLAROMECO A ESPAÑA
Piñonero
Las recorridas por el monte de su infancia y la recolección de piñas marcaron a este ingeniero forestal que, desde hace un tiempo, exporta a España lo que allí es consumido como un ornamento o condimento con interesantes cualidades alimentarias. Entrevistado por “El Periodista”, Camporini se mostró expectante en relación con un amplio proyecto de forestación que hará crecer su emprendimiento
Cuando dejó su Claromecó natal para estudiar la carrera de Ingeniería Forestal, Camporini comenzó a imaginar que algo más podría hacerse con ese pino piñonero tan presente en su infancia
Siendo apenas un niño, Alejandro Camporini y su familia hacían de las recorridas al monte, a juntar piñas, un paseo habitual. Cuando dejó su Claromecó natal para estudiar la carrera de Ingeniería Forestal, comenzó a imaginar que algo más podría hacerse con ese pino piñonero tan presente en su infancia.
Lo que nunca imaginó es que ese producto podía formar parte de un proyecto que lo tuviera como protagonista y que implica ni más ni menos la exportación de piñas desde nuestra región hasta España.
Para profundizar en algunos detalles de esta iniciativa, “El Periodista” lo contactó y dialogó con él sobre esta singular iniciativa comercial, que no tiene demasiados antecedentes en Argentina.
Siempre en su mente
Camporini comenta que una vez finalizados sus estudios universitarios encaminó su derrotero profesional hacia el objetivo de generar diferentes proyectos de forestación vinculados con esta variedad en la villa balnearia, realizando algunos lotes. “Siempre tuve en mente la idea de que en algún momento, cuando den sus frutos, se pudieran obtener las semillas y luego los piñones”, explica.
Su aprendizaje sobre el tema fue ganando volumen. “Cuando arranqué con todo esto, allá por el año 1999 conocí a una persona, Agusti Nogueras. Un catalán que se dedica a la comercialización y producción de piñones. Con él intercambiamos información, nos hicimos amigos y me enseñó mucho sobre la forma de trabajo con esta especie de pinos”.
El tiempo fue pasando, hasta que en 2018 comenzó a desarrollar un proyecto de forestación en un campo costero. “Había hectáreas disponibles, entonces yo propuse plantar esta especie, el Pinus Pinea, con el anhelo de obtener en el futuro los piñones”.
Mientras esa iniciativa crecía, Alejandro Camporini y Ariel Saccone (el responsable de la inversión) pensaron que podía ser una buena alternativa obtener semillas de piñón de los distintos lugares de la zona en los que se había forestado en los últimos 25 años y comenzar a exportarlas.
“Así fue- explica Alejandro- que le enviamos en dos oportunidades a Agusti Nogueras (a Barcelona) unos kilos de piñones que él termino de procesar para obtener el piñón blanco listo para consumir”.
Recuerda que en el primer envío, lograron recolectar unos 6 mil kilos de semillas, cifra que se consiguió luego de una cosecha que demandó dos temporadas.
El producto que se obtiene para comercializar es el piñón blanco. Camporini menciona que. como regla general “de cada 5 kilos de piña, uno es de piñón con cáscara y de cada 5 kilos de piñón con cáscara queda en limpio un kilo de piñón blanco. La cuenta indica que se necesitan 100 kilos de piña para obtener 4 de piñón blanco, aproximadamente”.
Un fruto tradicional
La exportación de piñones a España no es antojadiza, ya que en la Madre Patria es un producto que cuenta con buena aceptación, quizás porque en sus tierras existe abundancia de la especie. Sucede que el Pinus Pinea o pino piñonero es un árbol de origen europeo. Sus bosques se concentran en un 70 por ciento en España (sobre la costa mediterránea y en la zona de Valladolid) aunque también se lo puede ver en Portugal, Italia o Turquía.
En América del Sur las plantaciones de esta especie lo ubican en Chile y Argentina. En nuestro país es habitual verlo en parques y plazas. Sin ir muy lejos, uno de los pinos más voluminosos y famosos de la plaza San Martín de Tres Arroyos corresponde a esta variedad: el singular “retoño de San Lorenzo” emplazado frente a la Municipalidad. Un hijo de aquel original en el que descansó el General San Martín en la histórica batalla.
Camporini señala que “esta variedad de pino se puede cosechar a fines de mayo aquí en Argentina y en noviembre en España. Para su recolección, las piñas se desprenden de los árboles con ganchos hasta que caen al suelo. Luego son recogidas y llevadas a un acopio, en donde se las guarda hasta la época en que comienza a hacer calor. Allí se ponen al sol y una vez que se abren se pasan por una máquina que las tritura. De esta manera se obtiene el piñón con cáscara; luego a éste se le extrae la cáscara con maquinaria y queda el piñón blanco. En Europa, más precisamente en zonas de alta producción en España, disponen de buena tecnología para hacerlo; en mi caso lo realizo de forma muy artesanal. Con un proceso industrializado, se utilizan máquinas vibradoras en los árboles que permiten bajar las piñas. Luego, con elementos de última generación se procesan y se obtienen los piñones listos para consumir”.
“La composición química del piñón-acota- lo hace un alimento de importantes cualidades para consumo humano. Entre sus características se destaca el alto contenido en proteínas, así como un elevado porcentaje en ácidos grasos insaturados. Es un fruto seco que se diferencia del resto porque no se lo utiliza como aperitivo, sino como condimento u ornamento, acompañando diversos platos. En España se recurre a él frecuentemente en la industria pastelera. Los consumos suelen concentrarse en periodos festivos como Navidad y otras fiestas religiosas o también durante el Ramadán en los países de religión islámica. En Italia, el pesto genovés es a base de piñones”.
Un desafío personal
Al tratarse de un pino que se adapta muy bien a esta región, Camporini sueña con replicar, aunque sea en parte, la forma de obtener el piñón blanco tal como se desarrolla en otros lugares.
“Aquí es poco lo que hay y no está arraigada la tradición de la cosecha, producción y elaboración del piñón como en España. No existe mano de obra para la cosecha especializada, tampoco maquinaria para obtener los piñones. En forma muy artesanal lo estamos realizando, ya que las cantidades que podemos obtener, por el momento, son pequeñas”. Su expectativa es la de poder producir piñones en la zona de Tres Arroyos y comercializarlos como un producto “premium” local.
“Por ahora contamos con una pequeña producción proveniente de las plantaciones que he realizado durante estos 25 años. Me ilusiono con que el proyecto de forestación en el que me ocupo actualmente (donde se han plantado más de 200 hectáreas y ya se trabaja técnicamente a través de manejo de la densidad y poda) pueda convertirse en un emprendimiento que permita exportar con continuidad o posicionar el producto aquí en Argentina”, se esperanza.


