OBJETOS, DOCUMENTOS Y CREACIONES DE UN HOMBRE INOLVIDABLE
Las huellas de Istilart
Mariano Pérez se encuentra en la creación del primer museo histórico dedicado a la vida y obra de Juan Bautista Istilart. Con profunda admiración sobre esta figura que fue protagonista en el crecimiento de Tres Arroyos, detalla a “El Periodista” el proyecto que lo tiene atareado
Hay historias que han marcado a las comunidades, pero que aún no han sido contadas con detalles. En el caso de Juan Bautista Istilart, una de las figuras más trascendentes de Tres Arroyos, ese momento está llegando de la mano de Mariano Pérez.
Vecino de la ciudad, coleccionista por curiosidad y apasionado por la memoria local, decidió impulsar la creación del Museo Histórico Istilart, un espacio pensado no sólo para exhibir los productos de la legendaria fábrica metalúrgica, sino también para rescatar al hombre detrás del nombre: al visionario, al lector incansable, al dirigente solidario, al ciudadano que soñó una comunidad mejor y trabajó para construirla.
Lo curioso de esta historia, es que Pérez no llegó a Istilart por un único hecho puntual, sino por una serie de casualidades que, vistas en retrospectiva, parecen formar parte de un mismo camino.
Causalidades
Al repasar su propia historia, Mariano descubre que Istilart siempre estuvo allí, presente en muchos aspectos de su vida. Su padre fue dirigente de Huracán toda la vida, club del cual Istilart fue un colaborador fundamental desde su fundación, viviendo además en el icónico chalet de enfrente. "De chico iba al club caminando y pasaba todos los días por la fábrica. Veía los portones abiertos, la gente trabajando. No tomaba dimensión de lo que era, pero me llamaba la atención", rememora.
Aquellos recuerdos de la infancia hoy cobran un nuevo significado en su vida. Recuerda en sus inicios como abogado, tras realizar un trámite previsional a una conocida que no podía abonar sus honorarios, recibió a cambio una antigua estufa. Era una Istilart.
También vivió años en un edificio en Moreno y Sebastián Costa, cuyas ventanas daban a la fábrica. De aquellos años, el recuerdo que le llega a su memoria es de cuando la manzana fue demolida para su remate y veía el proceso cada mañana. Movido por su afición a las antigüedades, en aquel se acercó a los escombros y rescató papeles y planillas que volaban con el viento, que al día de hoy conserva.
Otro de los tantos momentos en que Istilart se hizo presente en su vida, fue cuando un amigo le ofreció fabricar una mesa utilizando las cumbreras de madera recuperadas del techo de la empresa demolida. Hoy, esa mesa está en su casa.
Quizás uno de los recuerdos que más lo marcaron fue cuando, tras el cierre de la escribanía de un primo fallecido, Pérez fue a retirar unos papeles y descubrió que estaban por tirar libros de actas del Escribano Número 1 de Tres Arroyos de la década de 1920. Al salvarlos y ojearlos, encontró las escrituras originales de cuando Istilart compró los terrenos de lo que hoy es la Sociedad Francesa.
Y así, una coincidencia tras otra, el nombre empezó a repetirse en su vida con una insistencia imposible de ignorar.
Primeros escritos
El punto de partida de este proyecto llegó con la pandemia, cuando entre recortes, álbumes históricos y documentos familiares, Mariano se propuso a investigar seriamente sobre este hombre que constantemente se aparecía en su vida. Y así, tuvo la intención de llevar ese material al diario local, para publicar un artículo por el aniversario del fallecimiento de Istilart.
“No había llegado a relatar sus primeros diez años de vida cuando ya tenía un volumen enorme de información. Ahí abrí los ojos", explica el coleccionista. Lo que iba a ser una única publicación, se convirtió en un hábito semanal que sostuvo durante muchos meses.
De aquella nota también nació la convicción de que Tres Arroyos debía recuperar la dimensión real de uno de sus mayores protagonistas. Porque Istilart no fue solamente un industrial exitoso. Fue un hombre adelantado a su tiempo. Mientras muchos lo recuerdan por cocinas, estufas o planchas, Pérez insiste en mirar más allá del catálogo. “Lo que más quiero rescatar es la persona”, repite.
“Cerebro privilegiado”
Para Pérez, el verdadero desafío del futuro museo, es que la comunidad comprenda quién fue Istilart, más allá de sus creaciones. "Tenía un cerebro privilegiado. Una capacidad intelectual anticipada a su tiempo por 50 o 70 años. Pero lo más importante es que siempre buscó el bienestar de la mayoría; nunca se quedó encerrado en su fábrica", explica, con admiración.
A través de la investigación, Mariano fue reconstruyendo el perfil de un hombre multifacético, profundamente culto, curioso e investigador por excelencia. "A diferencia de lo que ocurre hoy, donde estamos acostumbrados a instalarnos en la queja, Istilart veía un problema en la sociedad y le buscaba una solución concreta e innovadora", señala Pérez.
Quizás resulte imposible marcar y contar todos los hechos en los que Istilart fue protagonista por el bien común de Tres Arroyos. Sin embargo, Pérez se detuvo en algunos como su participación en la Biblioteca Sarmiento, en donde fue uno de los máximos impulsores, pero al notar que asistía poca gente, investigó los motivos. Descubrió que los empleados de comercio trabajaban en el mismo horario en que el espacio estaba abierto. Entonces, propuso abrirla de 19:00 a 24:00 horas y él mismo iba a atenderla por las noches de forma desinteresada, buscando elevar el nivel cultural del pueblo.
Cuenta también que en épocas donde se vinculó con el hospital, ante la falta de fondos para construir el nuevo nosocomio, Istilart ideó una estrategia de financiamiento: le puso precio a las instalaciones. El vecino de alto poder adquisitivo que quisiera que una sala de operaciones o una habitación llevara su nombre, debía aportar una suma fija estipulada. En una semana recolectaron todo el dinero necesario.
Otra de las grandes ocurrencias de Istilart fue cuando se fundó la cooperativa eléctrica local para competir con una empresa británica, a la que la gente se resistía a asociarse. Para incentivar la red, a Istilart se le ocurrió que la cooperativa regalara una plancha eléctrica a todo aquel que entregara su vieja plancha de hierro a carbón. Lo brillante y desprendido del gesto es que la propia fábrica de Istilart producía y vendía esas planchas a carbón; boicoteó su propio mercado en pos del progreso eléctrico general.
Su visión también alcanzó al sector productivo. Detectó necesidades en el agro y fabricó herramientas para mejorar el trabajo rural. Promovió la creación de la chacra experimental que hoy es Barrow. Participó en la fundación de instituciones económicas, educativas, deportivas y sociales.
Esa es, para Pérez, la verdadera esencia de Istilart. En tiempos donde predomina la queja y el individualismo, la figura de Istilart aparece como un contraste de alguien que entendía el progreso como tarea colectiva.
El museo
Actualmente, Pérez cuenta con más de 100 productos recuperados a lo largo y ancho del país, desde Salta hasta Tierra del Fuego: anafes, calentadores, planchas de todos los colores y rarezas industriales como exprimidores de jugo de hígado o los antiguos "escupidores" de hierro con arena para las estaciones de tren.
En este camino de recolección, sumó otra coincidencia a su listado de veces que Istilart apareció en su vida. Hace tres años compró una propiedad como inversión y, al firmar los papeles, descubrió que la vivienda estaba ubicada sobre la calle Istilart.
Si bien el espacio físico aún no está definido, y la colección de productos es cada día más grande, el proyecto se encuentra en una etapa de planificación técnica. Mariano mantendrá reuniones con museólogos para estructurar la exhibición mediante líneas de tiempo y paneles pedagógicos que expliquen cómo Istilart se involucró en las distintas instituciones (la Sociedad Rural, la Cámara Económica, la Chacra de Barrow o la compañía de seguros La Previsión).
"Prácticamente todo Tres Arroyos, en algún momento, tuvo un beneficio gracias a Istilart. El que no fue al Hospital Pirovano, tuvo seguros en La Previsión, operó con el Banco Comercial o fue a ver un partido a Huracán. Todo está conectado con él", reflexiona Pérez sobre el cierre de la charla.
Para el impulsor del museo, el legado de este pionero es un recuerdo necesario para los tiempos que corren: "Hoy el mundo nos lleva hacia el individualismo, a querer salvarnos solos sin mirar al de al lado. Istilart buscaba todo lo contrario: el beneficio colectivo, incluso cuando iba en contra de sus intereses particulares. Por eso es un ejemplo a seguir y por eso duele que no se lo enseñe formalmente en las escuelas. Su historia merece ser contada".
Tal vez por eso la historia entre Mariano Pérez e Istilart parece más que una suma de casualidades. Quizás algunas figuras no desaparecen del todo. Permanecen esperando que alguien vuelva a escucharlas, les dé forma y las comparta con los demás. En Tres Arroyos, esa tarea ya empezó.
Redes sociales
Para el conocimiento de la comunidad, Mariano Pérez creó una cuenta de Instagram @museo_istilart, donde da a conocer todas las novedades del museo y comparte interesantes curiosidades sobre la vida y obra de Juan Bautista Istilart.




