Municipalidad Tres Arroyos

notas edicion de papel

PASAPORTE - LA BIOLOGA MELINA VALERIO Y SU VIDA EN UN PUEBLO ALEMAN

La experiencia Vreden

Melina Valerio vive junto a su esposo Iván en Vreden, una pequeña ciudad alemana cercana a los Países Bajos. Bióloga de profesión, encontró allí la posibilidad de trabajar en un laboratorio de dermopatología, adaptarse a otro idioma y otra cultura, y cumplir el deseo de conocer el mundo sin perder de vista el regreso a sus afectos

Septiembre 2026
El frío se siente más en la zona europea donde vive y además pasea Melina; en este caso, en un tren rumbo a los Países Bajos

El frío se siente más en la zona europea donde vive y además pasea Melina; en este caso, en un tren rumbo a los Países Bajos

Vreden es una pequeña ciudad alemana en el estado de Renania del Norte‑Westfalia y muy cerca de la frontera con los Países Bajos. Tiene unos 23.000 habitantes y es conocida por su entorno natural y su historia medieval.
El Río Berkel atraviesa la ciudad y llega a los Países Bajos. Su atractivo turístico es una reserva natural a 10 km del centro, famosa por albergar la colonia de flamencos más septentrional del mundo en torno a un paisaje con praderas y bosques. Hay 4 importantes museos y la arquitectura religiosa se luce con 2 iglesias y un convento.
Está rodeada por una red extensa de ciclovías transfronterizas que conectan con los Países Bajos, separada por 200 kilómetros de Ámsterdam, mientras que la ciudad alemana de Düsseldorf, se alcanza a 1 hora y media en automóvil.
Allí vive la joven tresarroyense Melina Valerio desarrollando una tarea específica por su condición de bióloga y cumpliendo su deseo de hacer una experiencia en el exterior. Con ella establecimos una charla, en su reciente visita a Tres Arroyos y nos contó la iniciativa que tomó para hacer realidad su objetivo. Todo comenzó cuando tenía 18 años y se radicó en Mar del Plata.
“Me fui a estudiar Bioquímica y tras un año advertí que no me gustaba tanto. Me cambié a Biología y en el transcurso de la carrera conocí mucha gente que se iba a otros países buscando mejores posibilidades de trabajo. A esos relatos se sumaban profesores que habían trabajado en España y contaban su experiencia”.
Como ella quería trabajar para conocer el mundo, pensó que esa era la oportunidad para concretarlo. Se dio la coincidencia que a mitad de carrera conoció a Iván, también biólogo y hoy su esposo. Cuando hablaron de formalizar la relación ella puso una condición.
“Le dije: mirá, yo tengo deseos de conocer el mundo, así que mi idea es que me recibo y me voy. A él también le copó la idea, así que fuimos organizando las cosas con tiempo y más allá que al principio mis padres no eran muy afectos a la decisión de irme, luego me ayudaron y cuando nos recibimos nos casamos. Los dos estábamos graduados en la profesión. Yo podía hacer la ciudadanía italiana y él en ese momento no. Nos fuimos a Italia en enero de 2024 para acelerar ese trámite porque el pasaporte europeo te abre la puerta a todos lados. Llegamos sin trabajo y con algunos ahorros. Lo bueno es que la ciudadanía me llegó a los 5 meses allá y me iba a facilitar mucho las cosas. Nos radicamos en Nicotera, un pueblito pequeño, pero también conocimos lugares hermosos e hicimos amistad con argentinos que estaban en la misma y nos apoyábamos entre todos. Inicialmente conseguimos lo que creo fue el peor trabajo de nuestras vidas, pero era una oportunidad para empezar a generar recursos que se sumaran a nuestros ahorros. Era una tarea de temporada y consistía en ir a una empresa que cosechaba cítricos, a pelar con las manos mandarinas, naranjas y cortar limones durante 8 horas de lunes a sábados, con el día domingo como único descanso. El ácido del limón me producía sarpullidos en las manos y dolor en las articulaciones. Hay gente italiana que no tiene otra ocupación posible en un pueblo tan pequeño, pero con los años de trabajo sufren en mucho en la cintura, la espalda por estar parados y algunos presentan deformaciones en los dedos. Yo estuve 2 meses y me parecieron eternos. Mi esposo trabajó 30 días más y eso nos permitió ahorrar e irnos a Alemania porque me habían hablado cuando estaba en Argentina de radicarme en ese país con empleo, pero yo todavía no tenía la ciudadanía europea y me quedé con esa idea. Cuando estaba con todos los papeles legales en Italia, me ubicaron y me ofrecieron una vacante para ejercer mi tarea como bióloga en un laboratorio de Dermopatología muy importante ubicado en Vreden, un pueblo pequeño teutón de 21 mil habitantes muy cerca de la frontera con Países Bajos”.

Segunda parada europea
No había mucho para dudar y con el acuerdo de Iván se mudaron a Alemania, para comenzar su segunda etapa europea, esta vez con un empleo estable en una empresa que hoy se mantiene activo y lo más importante es que ejerciendo la profesión universitaria para lo que se preparó. Y siguió el interesante relato.
“Viajé sola a Alemania, tomando algunos recaudos. Me hicieron una entrevista y quedé. Si bien no hablaba el idioma de ellos, aceptaron mi inglés, pero tuve suerte porque mi jefa sabía español al estar casada con un argentino y fue quien hizo esa especie de examen previo. Ella es alemana, vivió 6 años en Argentina, conoció un compatriota nuestro y formalizaron el matrimonio. Después ellos se volvieron a Europa. Mi marido se tuvo que quedar en Italia 2 meses más esperando la residencia. Conviví al principio con una ucraniana lo que fue divertido porque nos comunicábamos en inglés o usando un traductor. Era una compañera que tenía mi edad y sigue en la empresa con un año de antigüedad, como yo. Hasta que conseguí mi departamento y fue muy buena una charla con mi jefa, porque me preguntó si mi marido, también biólogo, vería bien sumarse a trabajar en ese laboratorio. Cuando llegó Iván le fue bien en la entrevista y estamos los 2 empleados en esa empresa con 8 horas de tarea y toda la legalidad correspondiente”.
Sabiendo el interesante comienzo de la “aventura” europea, nos interesó conocer ese avance en sus vidas y comenzamos a preguntarle con interés sobre la adaptación a ese medio desconocido a partir de su idioma y las costumbres distintas a las nuestras.
¿Ya están más familiarizados con el idioma?
Ya lo hablamos y podemos más o menos mantener una conversación tal vez “como Tarzán” para ellos, pero seguimos aprendiendo porque es muy distinto al nuestro. Hace solo un año que vivimos allí y en el caso que no podamos entendernos con alguien nos comunicamos en inglés, que ellos también dominan. El alemán es muy complicado y si no lo pronuncias bien ellos no te comprenden.
Están establecidos en la misma localidad.
Sí. Alquilamos un departamento y nos transportamos en bicicletas eléctricas que nos da el laboratorio, porque estamos a 15 minutos de la zona rural donde queda el edificio donde trabajamos. Se pone un poco difícil en invierno, pero en los otros meses del año el camino es muy lindo.

Particularidades

¿Cómo definís la manera de vida del alemán?
Allá funciona todo perfecto y la gente es muy respetuosa, si bien la experiencia para cada persona que emigra es distinta, según al país que vaya. Yo había escuchado que los alemanes eran muy duros o cerrados y la vida es difícil, pero con la ventaja de estar en un pueblo encontramos vecinos súper amables, que se ofrecen a ayudarte cuando necesitas algo. Tenemos amigas argentinas con novios alemanes y está todo bien. Según dicen, en otra parte del país la experiencia es diferente porque son menos inclusivos. La calidad de vida es muy buena porque los sueldos alcanzan para vivir bien, podemos ahorrar y hasta podríamos comprar un auto, pero el tema de las licencias de conducir es más complicado, porque el examen es largo y difícil, tanto el teórico como el práctico. Hay gente que lo ha rendido 4 o 5 veces y además terminarlo cuesta unos 2.500 euros.
¿Cómo es el tema de la salud?
Complejo. Tenés un seguro que te cubre todo, pero no es fácil conseguir turnos para que te atiendan. Para un odontólogo necesitás pedirlo por lo menos 4 semanas antes, por ejemplo. No sé si es igual para los médicos. Pero no hacen medicina preventiva y solamente te tratan si tenés una dolencia comprobada. Si quiero extraerme sangre por control para hacer comparativos con anteriores me dicen que no. Conozco una persona que es anémica y necesita controles una vez por año y eso lo aceptan. Pero si vos sos sano y no podés comprobar si podrías tener una dolencia que no sea evidente y no tengas síntomas, no te atienden. Los antibióticos no te los recetan preventivamente. Tengo una amiga que tuvieron que operarle una mano y se veía fácilmente su herida, pero le dijeron que solamente le autorizarían antibióticos si efectivamente si infectaba, pero preventivamente no. Creo que para los mayores es diferente y hay más facilidades, pero si sos joven y sano es más complicado. Si te pasa algo te van a atender, pero salvo urgencias no es fácil y rápido conseguir turnos.
Su gastronomía es muy distinta a la nuestra.
Veníamos de Italia donde se come muy bien y variado. Extrañamos el asado y no encontrar el dulce de leche en los supermercados y las facturas. Mi papá me preguntaba si por ejemplo había chorizos como los nuestros. En Alemania son parecidos pero en realidad son una importante variedad de salchichas de distintos tipos, tamaños y sabores. Ellos comen mucha salchichas, papas y panes, acompañados con cervezas. Pero nosotros somos de cocinar mucho en el departamento y en los supermercados encontramos casi todo. No hay zapallitos verdes que a mí me gustan mucho, pero de todos modos mi esposo se luce en la cocina y el amasado. Hacemos empanadas y otros platos caseros.
¿Practican deportes?
Vamos a gimnasios y jugamos paddle recreativo los fines de semana. A ellos les gusta mucho el fútbol pero no son tan apasionados como nosotros y sí muy respetuosos por los vecinos. No gritan los goles con mucha fuerza. Hay muchos eventos deportivos, conciertos, desfiles, ferias tipo garaje y son muy religiosos.

Ocio, trabajo y nostalgia

¿Cómo es el día de trabajo?
Yo estoy en un laboratorio de dermopatología. Hacemos básicamente los análisis de la piel y uñas, recibiendo biopsias de diversos tipos. Procesamos las muestras, las cortamos en micrótomos, la colocamos en un porta objetos, las teñimos con colorantes específicos según el diagnóstico de la persona y la enviamos por scanner directamente a la computadora del médico que lo solicitó. Analizan distintos tipos de cáncer de piel y si necesitan más certezas nos piden otro tipo de precisiones. El horario es rotativo y son 8 horas y media corridas.
¿Salen de recorrida con tu esposo en los tiempos libres?
Nos gusta visitar los pueblitos cercanos porque cada uno tiene sus características. Los hay con castillos, lagos y cursos de agua. Vamos a pasar el día o el fin de semana y nos movemos según las distancias en bicicleta, ómnibus o el tren. Hay localidades donde hacen ferias interesantes y estamos a una hora de una ciudad grande de Países Bajos que tiene de todo y que visitamos periódicamente. También estamos muy cerca de otros países como por ejemplo Suiza. Hace poco tiempo estuvimos en Bonn, una ciudad de 350.000 habitantes donde está el consulado argentino y renovamos el pasaporte de nuestro país. Nos encontramos con una metrópoli preciosa con un castillo impactante, una universidad muy importante y su famoso museo gigante de zoología.
Ya en el final de la charla Melina nos comentó que hasta ahora todo estuvo muy bien, salvo el frío que cuando llega se siente. Ellos tienen ropa preparada para el invierno y aprendieron a ponerse sus capas, las térmicas, la ropa, las camperas, los guantes y el gorro. Las mínimas en Vreden llegan a los 8 grados bajo cero y la sensación térmica hasta menos 15.
“Le decía a mi mamá que nunca había sentido que se me congelaran los dedos con los guantes puestos. Pero todo está preparado para combatir de la mejor manera posible el frio. Solamente lo sufrís en la calle, porque cuando llegás a un negocio, a tu lugar de trabajo o a tu casa, se pasa muy bien. Todo es eléctrico, incluida la calefacción”.
Melina e Iván están cómodos, en un lugar grato para vivir, con sueldos que les permiten ahorrar, venir a vacacionar a Argentina para disimular lo que se extraña. Aquí están las familias, las amistades de antes, las costumbres y otras reglamentaciones distintas a las de allá, que no siempre gustan pero hay que adaptarse para convivir armónicamente.
“De todos modos somos felices. Las condiciones de trabajo son muy buenas. Por ejemplo con un año trabajado por nosotros, ya tenemos 30 días de vacaciones, pero como son hábiles no nos cuentan los fines de semana y se transforman en un equivalente a unos 40. En el laboratorio somos 25, de los cuales 9 somos argentinos”.
El viaje para abrazarse con la familia de aquí es largo porque de su pueblo se trasladan a Amsterdam mediante una kombi y 2 trenes, vuelan 13 horas a Buenos Aires y hacen los famosos 500 kilómetros por ruta hasta Tres Arroyos. La idea es quedarse un par de años o algo más allá, pero volver a la Argentina para vivir cerca de la familia, mamá, papá, sus hermanos, abuelos, tíos y primos, como nos dice. Tal vez la vida siga hasta ese entonces en Alemania o en otro país europeo cercano. Y mientras tanto, Claudia y Alfredo, sus padres, la esperan siempre con los brazos abiertos, típico de esas familias bien constituidas.

Melina Valerio trabaja en un laboratorio de dermopatología en Vreden, pequeña ciudad alemana

Melina Valerio trabaja en un laboratorio de dermopatología en Vreden, pequeña ciudad alemana

Melina con sus padres, Alfredo y Claudia, en la Costa Amalfitana

Melina con sus padres, Alfredo y Claudia, en la Costa Amalfitana

Melina, en la imagen con su esposo Iván, obtuvo la ciudadanía italiana en mayo de 2025, y eso facilitó su permanencia en Europa. Luego vendría la oferta laboral en Alemania

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