Municipalidad Tres Arroyos

notas edicion de papel

LA EXPERIENCIA DE TRES TRESARROYENSES SIGUIENDO EL RALLY DAKAR 2015

La aventura sin fin

El Rally Dakar es la competencia automovilística más extrema del mundo. Y tres tresarroyenses vivieron la experiencia, en la edición 2015, de seguirla de cerca por caminos de Argentina y Chile. Ante “El Periodista”, Walter Gejo, Fernando Burón y Martín De Francesco, contaron con lujo de detalles la increíble aventura  

Febrero 2015
Walter Gejo, Fernando Burón y Martín De Francesco, tresarroyenses que acompañaron la competencia en el tramo entre Chilecito (La Rioja) e Iquique (Chile), lo que les demandó un trayecto de nada menos que 8 mil kilómetros

Walter Gejo, Fernando Burón y Martín De Francesco, tresarroyenses que acompañaron la competencia en el tramo entre Chilecito (La Rioja) e Iquique (Chile), lo que les demandó un trayecto de nada menos que 8 mil kilómetros

Miles de anécdotas, calor, pocas horas de sueño, descanso y comida cómo y en donde se pudiera. Chequeo de información para conseguir buen lugar, muchos kilómetros de manejo en caminos insospechados e incluso una fiesta en pleno desierto. Así fue el Dakar para Walter Gejo, Fernando Burón y Martín De Francesco, tresarroyenses que acompañaron la competencia en el tramo entre Chilecito (La Rioja) e Iquique (Chile), lo que demandó un trayecto de nada menos que 8 mil kilómetros. Los detalles más destacados de la singular experiencia, relatados por los tres en primera persona a “El Periodista”.

¿En qué punto iniciaron la experiencia Dakar 2015?
El inicio de nuestro seguimiento del Dakar arrancó en Chilecito, provincia de La Rioja. Salimos a las tres de la madrugada del 6 de enero, y recorrimos un largo trecho, que incluyó el cruce de varios pueblos de la provincia de Buenos Aires, La Pampa y un pequeño pedazo de Córdoba, hasta que llegamos a San Luis. Allí hicimos una parada para almorzar, con más de 40 grados a la sombra, disfrutando de un chivito típico de la zona. De allí, luego de haber cumplimentado esa “parada técnica” (risas) desandamos el último trecho de viaje, unos 250 kilómetros, hasta nuestro primer destino.
La decisión de elegir Chilecito para arrancar tuvo que ver con que allí comenzaba la etapa de arena del Dakar, y era la que más nos interesaba apreciar. El primer tramo de esa parte de la competencia nos iba a depositar en Copiapó, Chile, luego de sortear el puesto fronterizo de San Francisco.

¿Lograban conseguir buenas ubicaciones para observar el paso de los competidores?
Los datos importantes para quienes queríamos conseguir un buen lugar de ubicación para observar el paso de los participantes solíamos obtenerlos en las estaciones de servicio. Allí parábamos para dormir un rato, reaprovisionarnos de alimentos, ducharnos, etcétera. En ese trabajo de recopilación de la información nos ayudaba mucho Martín De Francesco, que se encargaba de obtener los contactos necesarios con algunos fotógrafos que contaban con mapas de ruta y demás datos precisos de dónde iban a transitar los pilotos la próxima etapa, ya que ni ellos mismos lo sabían hasta el momento de largar.
Con la información de cuál iba a ser el punto de inicio y el de la llegada, nos manejábamos en busca de buenas ubicaciones. Si bien es cierto que la organización difundía por radio cuáles podían ser los sitios de emplazamiento de los espectadores en los que se juntaba mucha gente, nosotros tratábamos de conseguir algo mejor. Es por eso que nos preocupábamos por recabar datos extra en los lugares de descanso, charlando con uno u otro.

¿Recibieron buen trato de parte de los chilenos?
En ese sentido, vale mencionar que los chilenos nos trataron a las mil maravillas, con mucha educación, lástima que la comida es bastante mala. Lo único que había para comer eran salchichas, salsa de palta y galletitas de coco (risas).

¿Cómo se las ingeniaban para encontrar los caminos hacia el lugar elegido para el paso de los competidores?
Nos pasó en dos oportunidades que transitábamos caminos de ripio, en medio de la nada, y de repente aparecía asfalto, o bien estábamos circulando por una determinada ruta nacional y desembocábamos en otra distinta, que sin previo aviso volvía a hacerse de tierra.
En una de las incursiones transitamos el “camino de la sal” y senderos mineros para llegar a una zona diagramada por el Dakar para el reabastecimiento de combustible de los pilotos. En ese recorrido, insospechadamente terminamos como invitados en una fiesta, en medio del desierto, cerca de Iquique.

¿Cómo sucedió eso?
Eran las 7 y media de la mañana y nos encontrábamos desayunando, a tres mil metros de altura sobre el nivel del mar, con 25 grados de calor. Teníamos que estar temprano para tratar de divisar, desde una montaña de arena, por dónde iba a pasar la moto de la organización que marcaría el camino de los competidores. En el Dakar, para seguirlo como corresponde, siempre hay que adelantarse a los pilotos en los enlaces, que a veces son tramos muy largos, para poder contemplar el recorrido de cada uno de ellos en los especiales.
Cuando estábamos en esa situación de espera, en medio de un paraje desolado del desierto chileno, aparecieron dos camionetas Toyota color verde con techo blanco. En un primer momento pensamos que se trataba de carabineros, pero luego notamos que eran espectadores del rally. Se quedaron “colgados” de una piedra, Martín los ayudó a zafar de esa situación y siguieron camino.
Quedaron muy agradecidos con nosotros, y sucedió que 20 kilómetros más adelante encontramos ya no dos, sino tres camionetas, que venían perdiendo carga. Frenamos y nos dimos cuenta que se trataba de almohadones tipo “Puff” para sentarse, por lo que una vez que los contactamos, se los restituimos. Se trataba de las mismas personas a las que habíamos ayudado anteriormente, y allí comenzamos a tener con ellos un diálogo más fluido.
Luego nos enteramos de que esa gente acompañaba al dueño de ITI, una compañía de contenedores y barcos chilena, que había decidido festejar su cumpleaños en el Dakar, armando una celebración a todo lujo en medio del desierto. Desplegaron una carpa de grandes dimensiones, pusieron césped sintetico en el piso, DJ, parrilla y tragos; en suma, organizaron una fiesta allí nomás, y nosotros fuimos invitados. Lo más curioso de todo es que finalmente los corredores no pasaron por allí, sino que eligieron otra ruta. Tuvimos que bajar un tramo del camino, para llegar a verlos. Terminó la pasada de los vehículos por esa zona, y debimos retornar al campamento orquestado por los amigos chilenos, a comer. Se puede decir que ese fue el único día del todo el viaje en que nos alimentamos como corresponde (carré de cerdo, bife, chorizos), a excepción del chivito de San Luis.

La comida aparece de nuevo…
Y hay más. Otra de las anécdotas nos sucedió en la Aduana de Chile, en el paso de San Francisco, ya que a sabiendas de lo complicado que se presentaba lo de la comida, nos habíamos aprovisionado con sándwiches de milanesa para asegurarnos un almuerzo decente. Llegados al puesto, nos querían retener los alimentos, por lo que tuvimos que discutir un poco para que eso no pasara. Ocurre que no se puede cruzar la frontera con carne, pero al estar cocida nos lo permitieron.

Tampoco resultaba sencillo dormir…
Se tornó complicado; llevamos carpa, bolsa de dormir, incluso un grupo electrógeno, pero no utilizamos nada de eso, porque no nos daba el tiempo para armar. En el primer tramo, por poner un ejemplo, hicimos 1800 kilómetros hasta Chilecito y luego 600 de enlace allí nomás, porque teníamos que adelantarnos a los pilotos antes de que llegaran a Copiapó. A eso debemos sumarle casi 200 hasta el tramo de carrera, por lo que no había lugar para relajarse demasiado. De Copiapó llegamos hasta Antofagasta, casi 600 kilómetros más, y todo eso lo desandamos en el mismo día. Uno de los tres dormía en la caja de la camioneta, mayormente Martín, y de noche él hacía guardia para que no nos faltaran cosas, porque hay que resguardarse mucho de los robos. En una de las oportunidades, la hora del descanso nos encontró en pleno ingreso de una estación de servicio, reposeras mediante, a pocos kilómetros de pasar a Chile.

La cuestión de la seguridad aparecía como condicionante…
Al margen de la humorada, en algunos puntos de Chile no era recomendable detenerse a descansar, por lo inseguro que resultaba, caso concreto en Iquique. Allí se da una situación curiosa, porque esa ciudad se encuentra a cero metros sobre el nivel del mar, y a tan solo 30 kilómetros hay 2500, lo que nos significó un desplazamiento muy cuidadoso para tratar de evitar descompensaciones y apunamiento.

¿Cuántos kilómetros realizaron en total en el periplo?
De los 8000 kilómetros transitados, 7500 los manejó Walter, y recién entregó el volante 500 antes de llegar a Tres Arroyos. El resto del trayecto lo realizó solo él, y no se durmió nunca (risas).
Como experiencia, no creemos que se repita una igual; no habrá otro Dakar en el que podamos disfrutar de una fiesta en medio del desierto. Aunque nunca está todo dicho, porque quedamos en muy buena relación con esa gente chilena, y ya nos invitaron para la próxima.

¿Pensaron en algún momento en seguir el rally hasta Bolivia?
En un momento pensamos en esa posibilidad, pero de los cuatro días en los que desarrollaba el Dakar allí, una buena parte del tiempo la íbamos a desaprovechar, por la disparidad de descansos que se iba a dar entre las distintas categorías, cosa que no sucedió en el tramo que desandamos, donde los vimos a todos juntos. Aparte de eso, el clima no se ofrecía propicio como para hacerlo.
Como frutilla del postre, retornamos a nuestra ciudad vía Jujuy, y de regreso paramos en Tucumán, donde nos encontramos con Lucas Mohamed, piloto de Turismo Nacional de la Clase 2 y amigo, que nos invitó a compartir un asado. Desde allí, hicimos una breve pasada por el circuito de Termas de Río Hondo.

¿Qué cosas quedaron en la retina de lo estrictamente competitivo, de la carrera?
Lo que más nos llamó la atención fue la potencia de los camiones K MAZ en plena subida, en el tramo de Copiapó. Es increíble ver que pese a la altura van “tirando” cambios ascendentes, y a gran velocidad. Y en cuanto a los corredores, la calidad en el manejo de Roby Gordon, un fuera de serie, un espectáculo aparte.
También nos sorprendió el excelente estado físico de los motociclistas, dado que en lugares de altura en los que puede faltar el oxígeno mantienen el ritmo, sin ningún otro tipo de asistencia respiratoria. En ese sentido, vale destacar que el verdadero Dakar lo hacen aquellos que figuran del medio del pelotón hacia atrás, y que no cuentan con un gran equipo de colaboradores. Muchas veces deben valerse por sus propios medios para continuar en carrera. Los de punta van a ganar, pero el esfuerzo real lo hacen los que no son tan famosos.

“Lo que más nos llamó la atención fue la potencia de los camiones K MAZ en plena subida, en el tramo de Copiapó. Es increíble ver que pese a la altura van 'tirando' cambios ascendentes, y a gran velocidad”

“En cuanto a los corredores, la calidad en el manejo de Roby Gordon fue un espectáculo aparte, un fuera de serie”

“Nos sorprendió el excelente estado físico de los motociclistas, dado que en lugares de altura en los que puede faltar el oxígeno mantienen el ritmo, sin ningún otro tipo de asistencia respiratoria”

“El verdadero Dakar lo hacen aquellos que figuran del medio del pelotón hacia atrás, y que no cuentan con un gran equipo de colaboradores. Muchas veces deben valerse por sus propios medios para continuar en carrera”

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