CARLOS AVILA Y MARY SOUTO: UNA VIDA Y LA DELEGACION DE CLAROMECO EN COMUN
Entre pares
Ella fue la primera mujer delegada en la historia de Claromecó. Ahora su esposo fue designado para ocupar igual cargo. Es un caso de pareja gobernante sin precedentes en la localidad. En exclusiva, ante “El Periodista”, Carlos Avila y Mary Souto se confesaron en una entrevista íntima
María Angélica Souto cumplió esa función hace algunos años, y desde diciembre último, su esposo Carlos Avila asumió como delegado director en Claromecó
La Argentina tuvo matrimonios presidenciales, han existido municipios gobernados por marido y mujer en forma sucesiva, pero en el distrito de Tres Arroyos, la existencia de una pareja de delegados en Claromecó es un hecho inédito. Ahora, esas particularidades tan únicas de la villa balnearia son tema de discusión mate de por medio en un ambiente donde reina una nieta, suenan los teléfonos, aparecen pescadores en busca de equipamiento o carnada y se entremezclan las visiones, a veces diferentes y en ocasiones parecidas, sobre ese pueblo costero que motiva por igual pasiones y dolores de cabeza.
María Angélica Souto cumplió esa función hace algunos años, y desde diciembre último, su esposo Carlos Avila asumió como delegado director del Ente Descentralizado Claromecó. Con estilos parecidos, porque a ninguno de los dos lo tienta el escritorio como forma de gestión y están acostumbrados al trato directo con la gente, también tienen sus diferencias. Y habrá que descubrirlas en esta nota exclusiva de “El Periodista”.
Toda una vida
Mary y Carlos tienen en común casi toda una vida. Ninguno de los dos nació en Claromecó -ella vino de Adolfo Gonzales Chaves y él de Orense-, pero tenían pocos años cuando se conocieron. Jugaban juntos en el mismo grupo de chicos y eran vecinos. Hoy llevan 37 años de casados y tienen cuatro hijos. “En esa época todo era jugar, porque televisión casi no había. Teníamos la antena orientada a los dos canales de Mar del Plata, 8 y 10, y a los de Bahía Blanca, el 7 y el 9, pero por cuestiones climáticas o quién sabe qué, pasaban montones de días en los que no se veía nada. O estabas mirando algo fantástico y se cortaba. Era otra vida”, recordó Carlos, que llegó a la villa balnearia un mes de diciembre, cuando tenía 11 años. “Nos vinimos para acá porque en Orense había muy poco trabajo. Mi padre era esquilador, se dedicaba a las tareas del campo, y cuando era más joven incluso se trasladaba al norte a la cosecha de maíz, que se hacía a mano, o a esquilar a Tierra del Fuego, con una compañía que se llevaba a los esquiladores más rápidos, pero aunque él no estaba entre los más ligeros, lo ocupaban para cocinar”, evocó Avila.
El papá de Mary Souto llegó como albañil, para participar de la construcción de la casa donde ahora vive el ingeniero Carlos Carabio. “En aquel momento había mucho trabajo de construcción en Claromecó y poca mano de obra, así que papá llegó y no se fue más”, recordó ella.
Ya como pareja, confiesan, tuvieron que laburar en todo cuanto estuvo a su alcance. Carlos comenzó como albañil con su suegro, fue apicultor durante muchos años, hasta que un amigo les facilitó el corralón con el que hicieron ‘base’, valga la metáfora, y al que luego anexaron “La casa de la carnada”, para unir ambas pasiones de Avila: la construcción y la pesca. “En un momento dado los dos decidimos hacer algo por lo que siempre nos había gustado, entonces vendimos todo lo del corralón y nos dedicamos exclusivamente a la pesca. Pero como es un comercio marcado por lo estacional y quedan varios meses sin actividad, siempre seguí trabajando como albañil, acá, y en Reta”, completó el ahora delegado.
Participar
Mary la peleó al lado de su marido para acompañarlo en sus actividades y criar a la prole, hasta que en el año 2007 llegó a la función pública y buena parte de su tiempo y energía fueron a parar allí. “Yo había participado siempre en un montón de instituciones locales, y en ese momento era presidente de la Sociedad de Fomento de Claromecó. Siempre habíamos tenido charlas con el intendente, pero en realidad quien me llamó para proponerme que me hiciera cargo de la delegación fue Walter Rens (el entonces delegado) quien se iba a quedar conmigo como capataz, porque la verdad es que yo desconocía los alcances de esa función. Finalmente él decidió dar un paso al costado y yo quedé sola, pero había un grupo de trabajo muy importante que me ayudó en todo para que pudiera aprender. Fueron casi cinco años de una tarea durísima, porque encontré una sociedad completamente machista: hay cosas que una mujer decide y con las que nadie está de acuerdo, pero después el hombre hace lo mismo y está perfecto. Me lo dijo una vez el diputado Carlos ‘Cuto’ Moreno: el problema con Claromecó fue que yo soy mujer. El me decía que me veía trabajar, pero que no me perdonaban eso”, evaluó Souto.
No tuvo un camino fácil, como está a la vista, pero de todos modos lo disfrutó. “Me encantó hacerlo. Pero tengo que reconocer, por ejemplo, que hay aspectos de la gestión pública que afectan a la familia, porque uno quizá deja algunas cosas que los nietos reprochan. Una vez, llevaba poco tiempo en la Municipalidad, y mis hijos me mandaron un mail pidiéndome una audiencia, porque no me veían en casa”, reconoció.
Aún con estos antecedentes que no dejan de tener su costado cómico, para Mary fue algo natural que su esposo Carlos aceptara ser delegado de Claromecó. “Incluso me pareció que le iba a hacer bien. Porque la verdad es que siempre me ayudó mucho cuando yo estaba en funciones, e incluso también había tenido una participación activa como fomentista, porque de hecho fue el presidente de la primera Sociedad de Fomento que se formó, en 1992, y de la que participábamos muchos laburantes de acá de Claromecó. Hasta presentó varios proyectos, como el de la veda de pesca en El Rincón, que luego el senador Roberto Fernández presentó y se aprobó en la Legislatura provincial, y juntos, sin estar todavía en la delegación, acercamos al intendente un proyecto para crear una laguna en la Estación Forestal y darle así una opción más a los turistas cuando no se puede aprovechar la playa”, contó Mary.
Según advierte la propia Souto, ella y Avila han hecho siempre “todo de a dos, siempre juntos. Un verano trabajamos juntos en la cosecha, él en la cosechadora y yo con el tractor y los carros, y con eso compramos las colmenas para poder quedarnos en la localidad y mandar los chicos al colegio. El supo trabajar con mi papá hasta las 3 de la tarde en construcción, después almorzaba, dormía una hora y nos íbamos los dos a hacer pozos sumideros juntos”, aseguró.
La gestión nunca termina
Llevarse el trabajo a casa tiene sus bemoles, y Mary admite divertida que, pasados apenas unos días desde que Carlos asumió al frente del Ente Descentralizado Claromecó, el teléfono no para de sonar y no sólo la casa que comparten se ha convertido en una especie de sucursal de la delegación, sino que hay quienes consideran que si no está él, bien puede ella dar respuesta a sus inquietudes. “Me dicen ‘seguramente vos sabés como resolver tal o cual cosa’, y sí, tal vez lo sé, pero el delegado es él. Hay cosas que puedo responder, como las preguntas de un señor que vino a averiguar qué trámites tenía que hacer para construir, pero por lo demás, puedo dar un teléfono o pasar un mensaje, nada más”, sostuvo.
Vale preguntarles, a esta altura, qué es lo más difícil de lograr cuando se está al frente de Claromecó. ¿Conformar a la gente, quizá? “No, eso es imposible”, aseguró Mary entre risas. “Pero acá tenemos cosas que son de años, como el hecho de que se inunda el pueblo cuando llueve. Lo más difícil es luchar contra el clima. El vino re contento el otro día porque habían trabajado en la Costanera, la habían dejado divina, y vino un temporal de viento terrible que dejó un desastre. Por ahí se trabaja toda la semana y llega el fin de semana y no se ve”, admitió.
Es en la lucha diaria donde se advierten, entonces, las diferencias entre ambos, que Mary pone en palabras. “Carlos es muy tranquilo, pausado para hablar, se toma su tiempo para pensar en lo que va a hacer. Yo soy explosiva, más del ‘todo ya’. En casa nos complementamos, porque quizá él se enoja por algo con los chicos, y cuando se van yo le marco lo que me parece que no era tan así. En la gestión trato de respetar sus opiniones, y la verdad es que tampoco lo veo mucho como para decirle algo”, dijo Souto entre risas. Es que la jornada de Avila comienza alrededor de las 5 de la mañana, cuando se levanta y toma un cuaderno simple, con espiral, en el que va anotando lo que será el trabajo del día mientras recorre la localidad, para llegar a las 6 al corralón. “Vuelve, almuerza, y se va otra vez, para regresar alrededor de las 8 de la noche. Está todo el día en la calle, porque realmente no es una persona a la que le guste estar detrás de un escritorio. Lo que yo le digo es que ahora en el verano, los reclamos más puntuales suelen llegar a la delegación. Hubo gente, de hecho, que fue a buscarlo ahí, y con la mejor predisposición tuvo que trasladarse o hasta Dunamar o a cualquier lugar donde estuviera trabajando. Además me pasó a mí, y le va a pasar a él también, que si no lo encuentran en la delegación, vendrán acá a nuestra casa o al negocio”, consideró.
Objetivos y coincidencias
En términos de objetivos para la función surgen entonces las coincidencias. Para Mary, las prioridades pasaron, más allá de la atención al turista, por “tener bien al pueblo para quienes viven acá todo el año, porque somos nosotros los que vivimos y sufrimos a Claromecó de enero a enero. El verano son dos meses en los que la villa está llena de gente, y también es poco lo que se puede hacer en ese tiempo por esa razón. Hay cuestiones puntuales que demandaban muchísimo, como el Hospitalito, que ahora pasó a depender de Tres Arroyos, pero que en su momento formaba parte de la tarea diaria de la delegación y concentraba gran parte del tiempo y del trabajo con las problemáticas de la gente en invierno. Además, mientras estuve yo, pasaron una gran cantidad de médicos, algo que recién ahora se logró estabilizar. Y la verdad es que el manejo de la salud requería de conocimientos especializados, porque el pase de una salita al Centro de Salud que se construyó se volvió una estructura muy grande, que requería otro tipo de manejo. Llegamos a coordinar con la gente del Hospitalito el tema de los accidentes en la playa, y yo llevaba en la camioneta un cuello ortopédico, guantes, tubo de oxígeno…Eso fue muy desgastante”, estimó Souto.
Para Carlos, e incluso para muchos vecinos, la gestión de Mary es una vara alta para medir la propia. “Vino un señor el otro día y me dijo: ‘con que hagas un 70% de lo que hizo ella, vas a tener una buena gestión. Me mató (risas). El objetivo mío es apuntarle a la parte estética del turismo, pero también darle solución a problemas que se registran donde vive un alto porcentaje de la población. Y respecto a la gestión de ella, lo que haría igual o parecido es seguir insistiendo con el tema de Playas Limpias, que fue un proyecto de esta familia y ahora va a ser municipal, propendiendo al slogan de que estas son playas sin contaminación. Y lo distinto, creo, será poco escritorio y mucha calle (risas). De hecho, el día que más estuve en la delegación fue una hora. Hoy muchas veces se soluciona un tema con un teléfono. Mi idea es la gestión en la calle y el acompañamiento a los empleados municipales”, sostuvo Carlos.
La pregunta final es casi obligada: ¿Habrá algún momento, del tiempo que comparten, en que no hablen de un problema de Claromecó? Los dos se ríen a carcajadas, mientras Carlos exhibe el cuadernito donde anota pozos, ramas a recoger, y planifica la jornada laboral. “Esto es full time”, coincidieron.




