MIRADAS SOBRE EL FENOMENO DE LA EROSION COSTERA EN CLAROMECO
Piedra a la vista
La erosión costera es un problema de toda la provincia de Buenos Aires. La intervención conjunta de fenómenos naturales y la mano del hombre están entre sus causas. Pero en Claromecó, el avance de la piedra, cada vez más cercana a la zona de baño, causa preocupación entre los turistas y los locales. “El Periodista” observó la cuestión in situ, y además consultó a vecinos y recopiló opiniones académicas sobre el tema
Desde el sector de los saltos tan apreciados por los fanáticos de la pesca, las pedreras parecen avanzar cada vez más hacia los balnearios del centro de Claromecó
Están allí, mudas pero bien visibles. Su presencia es indisimulable. Son molestas a la hora de caminar, suelen causar más de un tropiezo a quien no las advierte pero sobre todo preocupan porque, de seguir avanzando, modificarán para siempre el paisaje de la playa. Son las piedras que, desde el sector de los saltos tan apreciados por los fanáticos de la pesca, parecen avanzar cada vez más hacia los balnearios del centro de Claromecó. Una causa natural de este fenómeno es, sin duda, la erosión costera, que descubre mantos rocosos bajo la arena y que provoca que el sector pegado a la lengua de agua sea cada vez más angosto. Tanto en la mirada de los especialistas como en la experiencia de quienes viven o trabajan desde hace años en Claromecó, las causas naturales y la mano del hombre empatan a la hora de buscar las razones de ese efecto erosivo que preocupa. “El Periodista” recopiló algunos testimonios y observaciones científicas sobre el tema.
Cabe destacar, antes de adentrarse en cualquier tipo de análisis, que el fenómeno de la erosión genera preocupación en el ámbito de la ciencia, en la gestión pública que ha propiciado algunas normas de control al respecto, en el negocio del turismo y entre quienes disfrutan de la playa, porque por razones similares abarca a prácticamente toda la franja costera de la provincia de Buenos Aires, con algunas problemáticas serias especialmente en los balnearios ubicados hacia el norte.
Y es que parece tan difícil controlar las fuerzas de la naturaleza –sudestadas, acción de los vientos, impacto de la vegetación-, como la acción antrópica, que no contempla los severos daños que, al decir de los especialistas, causan cierto tipo de construcciones, pluviales y hasta el “robo” sistemático de arena de las playas para usar en proyectos inmobiliarios.
Ocupación de sectores de la playa que deberían mantenerse protegidos, diseños urbanísticos inadecuados y hasta la consagrada costumbre de bajar y transitar por la playa con vehículos de gran porte y cuatriciclos también forman parte de las causas de este problema. Y a simple vista, nada hace pensar que puedan resolverse lo suficientemente rápido como para contrarrestar el efecto impiadoso de la erosión.
Investigaciones
“La erosión costera de la provincia de Buenos Aires es originada por lo general en causas naturales, aunque algunas veces obedece a causas antrópicas. En los partidos de San Cayetano y Tres Arroyos los problemas costeros se limitan a las villas balnearias -y sus playas-, en áreas turísticas con desarrollo incipiente. La fijación de médanos (Balneario San Cayetano) o la excesiva forestación (Claromecó, Reta y Orense) han provocado grandes acumulaciones de arena sobre viejos acantilados, el bloqueo de algunas desembocaduras de arroyos y la desactivación de rampas de dunas (desde las playas a los topes de los acantilados)”, dicen, en su trabajo “Dinámica litoral de la costa de Tres Arroyos y San Cayetano, Buenos Aires”, los geólogos Germán Bértola, Luis Cortizo y Federico Isla, este último muy reconocido por ambientalistas de Claromecó y la zona que lo han invitado incluso a disertar en la villa, y uno de los especialistas que ha planteado también la necesidad de frenar el tránsito vehicular por la playa.
Los geólogos mencionan que “debido a la fijación por pastos naturales, los médanos transversales han tomado diseños parabólicos. Esto no ha impedido que algunos sectores como en el Balneario San Cayetano o Dunamar en Claromecó, los problemas de fijación de dunas persistan. Las playas de Tres Arroyos son las más extensas de la región y particularmente las de Claromecó, son las que experimentaron mayor variabilidad. Los mayores cambios de la línea de ribera se ubicaron en las desembocaduras de los arroyos, como en Quequén Salado y Claromecó, y en el tramo entre el arroyo Cristiano Muerto y el Balneario San Cayetano, con variaciones de +6 a -6 m/año”.
Y aclaran que “la erosión registrada está relacionada principalmente con la fijación de médanos. Tal es el caso del médano ‘El Rebelde’ en San Cayetano, que ha crecido significativamente en altura pero no ha logrado dominar el excesivo transporte de arena hacia el Balneario; o la fijación de Dunamar en Tres Arroyos, que ha disminuido los aportes de arena a las playas de Claromecó. La arena en tránsito que no es regresada al mar, los pluviales con evacuación directa a la playa, la forestación indiscriminada, la construcción de obras de ingeniería y la nombrada fijación de médanos, podrían ser causante de futuros impactos en el ambiente de playa-médano”.
Cambios en el clima también tienen su impacto. Daniel Arias, periodista científico, ex colaborador de Clarín y premio Konex, asegura en uno de sus blogs palabras del climatólogo Vicente Barros, docente de la carrera de Ciencias de la Atmósfera de la Universidad de Buenos Aires: “Antes de los ’70, había una media de 2,5 sudestadas severas por año. Ahora son 7, porque debido al cambio climático, de aquí a fin de siglo no sólo tendremos el mar entre 60 centímetros y un metro más alto en todo el mundo, sino que se desplazó unos 200 kilómetros hacia el norte el “ciclón” o centro emisor de este tipo de vientos”. Dicho de otro modo, sostiene Arias, ahora “el anticiclón pega de frente”. Y abunda en más consideraciones al respecto que son bien de “entrecasa” y comprensibles: “El vientito sudoeste de todos los días es “pro-playa”, provoca olas que traen arena desde el fondo marino hacia la costa, y trabajan a favor de la sedimentación. Pero una sudestada machaza viene con olas de dos metros, montadas además sobre una ‘marea de tormenta’ que levanta el mar otro par de metros más, como tirándolo de los pelos. Y este oleaje es totalmente “anti-playa”, erosivo: las olas penetran la costa en profundidad, y en su turbulento retroceso se llevan millones de toneladas de playa mar adentro. El asunto es qué hacen entonces los representantes del pueblo y administradores de este recurso: ¿son sedimentarios o erosivos?”, se pregunta el periodista.
También reflexiona acerca de cuestiones que son bien conocidas en la costa tresarroyense, en cuanto a la fijación de dunas, y en otras playas cercanas, con las construcciones costaneras. Dice Arias que “un bosque implantado para fijar médanos interrumpe un poco el componente eólico de la cadena de deriva que sigue la arena en la franja costera, algo que muestra que es imposible mejorar un paisaje sin empeorarlo también un poco. En fin, habría que ser idiota para quejarse de los bosques que han vuelto habitable y visitable la antaño árida costa marítima porteña, pero otro asunto son los edificios de departamentos. Un frente de consorcios altos “con vista al mar”, construidos cuadradamente sobre la playa, eso es desastre en fija. Al norte de esa barrera, la playa se queda inmediatamente sin arena de la de reposición eólica. Allí se corta un eslabón de la corriente de deriva”, opina el periodista.
Y esto es apenas el resultado de acciones humanas sobre un solo componente de la corriente de deriva, que es el sedimentario. Hay que tener en cuenta que el componente erosivo sigue actuando, y cada vez más, porque por el cambio climático el mar sube.
Habrá que tener en cuenta todos estos factores también a la hora de desarrollar proyectos que son indispensables para la vida de Claromecó, hoy mismo. Los geólogos Rubén López y Silvia Marcomini, que han investigado acerca de la problemática de erosión costera bonaerense, advierten los efectos negativos de desagües pluviales que terminan su recorrido en la playa y el diseño de calles perpendiculares a la costa. El agua de lluvia corre por las calles y desemboca rápidamente en la playa generando importantes formas de erosión.
Estos profesionales también pudieron comprobar que las construcciones y la forestación inadecuada actúan como una barrera para los vientos. Así, dicen, se impide que la playa recupere arena.
Qué dicen los vecinos
El arquitecto Agustín Gómez Ferrari lleva varios veranos ya como concesionario del ex balneario Cazadores, al que llamó “Posta del Faro”. Mientras prepara las carpas para recibir a los turistas, mira el avance de las piedras sobre la playa que, hace algunos años, parecían estar bastante más lejos de donde hoy clava perfiles en la arena. “No llevo tanto tiempo acá como para dar un veredicto. Pero los que saben dicen que esta piedra siempre estuvo, es natural, el tema es que la arena la descubre cada vez más cerca nuestro. Y eso es, según dicen, por el mantenimiento histórico de la arena que volaba hacia la Costanera, que iba a parar a otro lado y nunca volvía a la playa. Creo que es una realidad. Hay que devolverla a culata de camión, aunque técnicamente sea más fácil sacarla y llevarla a otro lado”, advierte.
Para Agustín, que también ha sufrido las inclemencias del tiempo en la costa tresarroyense, que alguna vez comprometieron su emprendimiento, este factor es gravitante. “Sudestadas, inundaciones que bajan al arroyo muchísimo caudal de agua que genera corrientes y canales frente a la zona de baño, y el mar que acomoda, se lleva arena atrás y adelante, y descubre las piedras. En invierno hay un salto de arena que hoy no está, por eso la devolución de arena a la playa que se está haciendo bajando la altura del murallón es importante. El mar avanza cada vez más, pero si se encuentra con una playa con el nivel de arena que tiene que tener, esa ruptura que descubre la piedra se produce más atrás y nosotros no la vemos. Hoy están las máquinas trabajando y sería interesante que ese mantenimiento se haga todo el año, con planificación, para que en el verano no convivan las maquinarias con los visitantes. A los fenómenos naturales, si uno no los puede evitar, hay que responderles en el momento justo”, considera.
“Esto no es una cuestión política ni técnica. Hay consecuencias naturales, la inundación generó una gran acumulación de arena en algunos lugares, y un dragado natural del arroyo que vino de las lluvias de este invierno y del anterior, y a eso la naturaleza no lo acomoda tan fácil, porque es mutante. Quizá uno no está acostumbrado a ver estos pedreros que descubre el mar, pero sucede, y están. Yo clavé 3000 sombrillas en los últimos cinco años y nunca choqué con una piedra, pero sé que el parador está fundado sobre una base de tosca, y que aquí abajo hay una playa de tosca. Por eso, lo más directo en cuanto a recuperación de la costa es que la arena vuelva a la playa. Vivimos en una franja en la que los tres vientos nos tocan: el norte hace retroceder al mar, que cuando viene toma más envión; las sudestadas son impactantes porque no tenemos escollera, en fin. Esto es Claromecó”, sostiene.
Dándole sustento científico a las opiniones de Agustín, un trabajo de Walter Dragani y Guadalupe Alonso del Servicio de Hidrografía Naval para el CONICET sostiene que “desde el punto de vista práctico, es conveniente discriminar al movimiento del sedimento costero en dos componentes: el transporte paralelo y el perpendicular a la costa. En general, el perfil de playa está en equilibrio con el lento y continuo transporte de arena paralelo a la costa. Luego de tormentas severas, con presencia de onda de tormenta y alturas de ola considerables, el perfil de playa presenta modificaciones significativas y, en estos casos, el transporte de arena transversal o perpendicular a la línea de costa juega un papel relevante no solo en la erosión sino también en la recomposición de la playa. En situaciones donde está involucrada la pérdida de sedimento, tales como en la boca de un río o en cercanías de estructuras costeras como escolleras y muelles, el transporte de sedimento paralelo a la costa es el proceso que gobierna los cambios en la topografía y de ninguna manera puede ser despreciado”.
Mientras tanto, el ahora delegado municipal Carlos Avila, residente desde la infancia en Claromecó, advierte desde un punto de vista que considera “personal y nada profesional”, que “los movimientos de vientos y mareas hacen que nos nutramos de arena del oeste hacia el este; los médanos de Dunamar, Reta y sus proximidades son los que nos mandan su arena con la dinámica de los vientos. Pero en la medida en que avanza la forestación en esos lugares, hay menos movimiento de arena y eso hace que veamos, en algunas épocas del año, mayor cantidad de piedras. Hasta que por allá viene un mar de fondo que arrastra sedimentos a la costa y se cubre todo. En algún momento fuimos con Mary (María Angélica Souto, su esposa y ex delegada) a algunos talleres sobre ese tema en Bahía Blanca, y allí decían que tenía que haber unos 250 metros desde la línea del agua sin forestar, para que esos médanos se movieran libremente”.
En este sentido, Souto pone como ejemplo el camino costero que va al Segundo Salto, que “está siempre limpio porque no tiene forestación de ningún lado”. “Fue diagramado por dos torpes, que fuimos nosotros mismos, pero miramos que había un faldón de piedra que siempre se mantenía limpio, con unos pastos a cada lado. Entonces lo trazamos sobre ese faldón. Y no sólo se ensucia muy poco, sino que casi se limpia solo”, completa Avila.
“Si bien la arena sigue subiendo y por eso estamos bajando lo acumulado en el murallón para tener un verano tranquilo, me parece que hay mucho menos volumen de arena ahora que hace 30 años atrás. Y quizá por eso se descubre la piedra. Para ver realmente cómo evoluciona este tema, habría que hacer estudios anuales. Pero lo importante es bajar arena a la playa, devolverla, como hicimos hace poco en Dunamar. Pero sin duda eso es paliativo, sería necesario que se estudie de manera profesional. Porque si uno va desde el Faro al Pozo de Alonso, hay cada vez más épocas en que ya la piedra ha tornado intransitable la zona”, apunta el delegado.
Avances que se pueden frenar
Como reflexión final, vale citar a Cecilia Mantecón, autora de “Consideraciones sobre el desarrollo urbanístico y la problemática ambiental en la costa de la Provincia de Buenos Aires”. La investigadora advierte que “las diferentes mutaciones antrópicas del escenario natural, provocadas por la fijación o desaparición de médanos y la extracción de arena, producen un desbalance en la dinámica sedimentaria, incrementando la erosión marina. El avance del mar hacia el continente es resultado de la fijación de médanos por vegetación, la construcción de edificios y el trazado de las avenidas costaneras. Tengamos en cuenta que este fenómeno, conlleva un problema ambiental grave, ya que trae consecuencias socio económicas importantísimas para la provincia de Buenos Aires”. A cuidar, entonces, este Claromecó del que tanto disfrutamos.




