EL TRESARROYENSE MARTIN SEQUEIRA, SU LOCAL DE ARTESANIAS EN TANDIL Y SU COMPROMISO SOCIAL
Barro de nuestra tierra
Se fue de su Tres Arroyos natal con un bolso y una bicicleta. En Tandil se convirtió en artesano. En la actualidad, además de producir piezas de cerámica, es el dueño de “Barros Argentinos”, el pintoresco punto de venta de artesanías a los pies del Calvario. Y además ayuda a pibes del interior. Martín Sequeira, ante “El Periodista”, en primera persona
Por Pablo Tano
A los pies del Calvario se erige un enorme local de venta de objetos regionales de cerámica artesanal que se llama “Barros Argentinos”. El dueño es el tresarroyense Martín Sequeira
Las sierras de Tandilia clavan la mirada como dos aguiluchos que custodian ese imponente paisaje que parece obra de un pintor. El Calvario, escenario del tradicional Vía Crucis de Semana Santa, señala el camino de un largo peregrinar donde desfilan cientos de miles de fieles que profesan la fe. Cuando uno desciende del paseo religioso, casi a modo de despedida, al pie de la interminable escalinata se erige un enorme local de venta de originales, variados y sorprendentes objetos regionales de cerámica artesanal, hechos con arcilla industrial, entre otros recuerdos, que se llama “Barros Argentinos” y el dueño es el tresarroyense Martín Sequeira, de 42 años.
La historia comienza en 2004. Martín llegó como un aventurero a Tandil tan sólo con un bolso, una bicicleta y un horno. Quizás impulsado por el ansia de cambiar de aire y buscar un espacio descontaminado para estar en contacto con la naturaleza, tomó decisiones que modificaron su estilo de vida. Su espíritu bohemio, emprendedor y creativo floreció más todavía en un ambiente propicio para desarrollar su proyecto.
Pero quién mejor que el propio padre de cuatro hijos y artesano para compartir un modo de vivir donde, como él mismo resalta, “yo vendo buena onda y mi fuerte es la voluntad de hacer lo que puedo lo mejor que puedo”.
¿Cuánto hace que estás radicado en Tandil?
Llegué a Tandil el 10 de marzo de 2004. Tenía un bolso y una bicicleta.
¿Pedaleaste hasta allá? ¡Son 150 km!
No, porque también me traje un horno de La Plata y preferí venir con el fletero y cargar la bici arriba (risas).
¿Qué tipo de horno?
Tipo casero, de 1m3 y unos 100 kilos. Luego vino el industrial. Lo que pasa es que recién arrancaba. Ya quemé más de 10 hornos. Calculá 2 horneadas por día. En 10 años, casi 7000 horneadas.
Vos siempre fuiste un buscavidas, un bohemio… Repasemos un poco juntos tu historia. Vendiste ropa, incursionaste en el rubro gastronómico…
Yo puse mi primer negocio en mi casa, en 1988. Era de venta de ropa con mi mamá, ya que mi viejo había padecido un traspié económico y una gran caída anímica. Mi vieja se apoyó mucho en mí para salir a la calle a traer para morfar.
¿Después abriste el local de ropa en el centro?
Sí, en el ’90 abrí, en Maipú 158, “Brother” Ropa. Luego, en el ’93, “Brother 2”, en Colón 375.
Tiempo más tarde cambiaste de rubro...
Sí, en el ’98 abrí la pizza-parrilla “El Abuelo”, en Sebastián Costa y Brandsen. En el 2000, el restaurante “La Argentina”.
¿Por qué elegiste Tandil para cambiar de aire? ¿Tenías algún contacto? Creció mucho en los últimos años, se hizo más turístico...
Un poco de todo, pero quizás el punto geográfico; amo la sierra, me atrae y porque ya se escuchaban los rumores del Tandil turístico.
¿La idea era ponerse a laburar de qué?
Debo confesarte que yo pasaba volando por Tandil y, la que hoy es mi mujer, me bajó de un hondazo. Así es que llegué y me fui a vivir a una pensión. En esa misma semana fiscalicé en una Feria del Lago y me dieron un lugar para poner mi puesto de artesano.
¿Qué vendías?
Magia que me ha regalado la vida. Yo vendo buena onda.
¿Además de eso?
Objetos en cerámica, artesanías del lugar…
¿Tu fuerte es la cerámica?
No, mi fuerte es la voluntad de hacer lo que puedo lo mejor que puedo. Trabajar con cerámica, por ejemplo.
¿Cómo es el proceso en los hornos? Algo adelantabas en el comienzo de la charla.
Trabajo con arcilla industrial. Barbotina se llama. Es arcilla líquida para moldeado. Se moldea, se deja secar, se pinta, se hornea y se vende. Es cerámica utilitaria y decorativa. Pero luego de tener tres locales, vendo todo y me quedo solamente con uno.
¿A qué grados trabajan los hornos y cuánto tiempo lleva el proceso?
A 1050 grados y durante ocho horas.
¿Por qué vendiste los negocios?
Porque me di cuenta que la riqueza está debajo de un sauce con tus hijos disfrutando de su compañía.
¿Y ahora qué vendés?
Vendo desde un llavero hasta fundición.
¿Cómo se llama el local?
“Barros Argentinos”, y está al pie del calvario.
¿Tenés una idea aproximada de cuántos turistas lo llegan a conocer cada año durante Semana Santa?
Sí, más o menos 10.000 personas.
¿Podrías asegurar que Tandil es tu lugar en el mundo?
Mi lugar en el mundo es ahora, y ahora es Tandil. Mañana no sé, pero sí cerca de mis hijos.
¿Cómo se compone tu familia?
Mi señora Isabel y mis cuatro hijos: Facundo (8), Santino (6), Aurora (4) y Azucena (2). Y soy papá sustituto de otro que se llama Luca.
¿Cómo es eso?
Tengo un chico que me dice papá y no lleva mi sangre. Me quiere como a un padre y yo como a un hijo. Pero tampoco es de mi mujer.
¿Vive con ustedes?
Mitad y mitad. El tiene su mamá. Es larga la historia…
Vos tenés un compromiso social muy grande. ¿Algo que quieras contar al respecto?
Sí, hacemos lo que podemos en ese caso ayudando a quien más lo necesite. Fui a pagar a un lugar de Entre Ríos, a una casa humilde. Uno de los niños de la familia, al ver la plata, le pregunta a la mamá: “¿Mamá, ése era Dios?”. Y la madre cuenta que el nene quiere un autito y que para poder tenerlo hay que pedirle a Dios y él va a traer trabajo y dinero. Entonces, a raíz de esto, organizamos para llevar autitos al barrio.
¿Qué le comprás a esa gente?
Le compro maderas que ellos mismos cortan del monte.
¿Qué extrañás de Tres Arroyos o Claromecó?
Como dice “El corralero”, “cómo no lo voy a extrañar si me crió de potrillo”. Del pago se extraña todo. Hasta las borracheras que nos agarrábamos juntos.
¿Dónde estudiaste?
Estudié, pero no leí. Los libros son atajos y yo fui por el camino más largo. Fui a cinco colegios en ‘Tresa’, me echaron de tres y me dediqué a laburar. Yo pondría “estudio de la yeca”. Fui al Agropecuario, pero me rajó Ferrario; fui al Industrial; fui a la Media, me echaron; fui al Nacional nocturno, y en la Primaria al Manuel Belgrano. Tengo primer año hecho con Lengua y Literatura previa.
¿Algún otro hobbie?
El rugby como siempre. Pero ahora me estoy rehabilitando de una lesión en la columna. Ahora estoy más para los asados y la pesca. Pero mis hijos juegan en UNCAS.
¿Recordás algunas travesuras de juventud?
¡Sí! Me acuerdo cuando le pusimos el cartel de Castelli y Pardo a la Municipalidad.
¿Tenés ganas de agradecerle a alguien o algo? Este es el momento...
Sí, dejame agradecerle a mi señora, a mis padres, a mi hermana Julia, y a mis hijos. Por ellos soy quien soy.
La amena y descontracturada charla por chat concluye. Martín pide disculpas porque usó el celular para la nota y sus dedos grandes complicaron el tipeo. Hubo que repreguntar varias veces para no malinterpretar la respuesta. No pasa nada. La distancia separa, pero la comunicación digital une. De una manera distinta, por supuesto, aunque válida también. La idea era escuchar su historia. Creo que valió la pena.




