EL INCREIBLE VIAJE A LO DESCONOCIDO DE UNA JOVEN TRESARROYENSE
Aventura en la Lupineta
Guadalupe Chico, una joven tresarroyense, se lanzó a vivir el sueño de su vida en una Kangoo camperizada. Junto a su gata Aventura, recorren el país por cada destino que las lleve el corazón. En esta entrevista, cuenta cómo fue el proceso pre-viaje y qué desafíos ha enfrentado en estos meses
Dentro de la “Lupineta”, la joven Guadalupe Chico emprendió el viaje de su vida, con una mochila llena de anhelos y miedos
El 6 de septiembre una Kangoo blanca se puso en marcha desde Tres Arroyos hacia lo desconocido. Dentro de la “Lupineta”, la joven Guadalupe Chico emprendía el viaje de su vida, con una mochila llena de anhelos y miedos, pero también mucha ilusión por descubrir un mundo nuevo junto a su compañera incondicional, su gata Aventura.
Su historia no empieza con una ruta, sino con un sueño previo que se fue gestando a lo largo de m uchos años. Así, un día convirtió su vehículo en un hogar y el mundo en su patio trasero. Hoy esta joven tresarroyense abre las puertas de su Kangoo camperizada y cuenta cómo cambiar una vida entera puede empezar con una simple decisión: animarse.
Guadalupe dio sus primeros pasos en el mundo de las rodanteras en el 2020, cuando se compró una Kia Besta modelo 99 para camperizar y salir de viaje. “Desgraciadamente se me fundió. La arreglé, pero después ya me tenía cansada y decidí venderla. Igual creo que desde ese año en mí se me metió la idea de vivir viajando. Quizás ver videos de gente que lo hacía me incentivó y me inspiró a mí para poder hacerlo”, relata al comienzo de una entrevista junto a “El Periodista”.
Entre las sierras cordobesas y desde la Lupineta, Guadalupe cuenta las fuentes de inspiración que tuvo para tomar la decisión de dejar su profesión de enfermera y emprender el viaje de su vida. “Yo siempre fui de mirar muchos videos de viajes y documentales de historias de lugares, por ejemplo, del Machu Picchu, de paisajes, de naturaleza… Siempre me habían gustado más que películas”. Así, decidió convertir su vida en su propio documental y sus ojos en los espectadores de esta realidad.
La familia también tuvo un rol fundamental en el acompañamiento de esta decisión. “Mi papá siempre hace un par de años se compra una MB 180, que la camperiza porque dice que es su hobby y él ama hacerlo. Se va de vacaciones, después la vende, se vuelve a comprar otra MB 180, la vuelve a camperizar y la vuelve a usar”. De hecho, fue su padre quien la ayudó a preparar a la Lupineta para esta aventura, compartiendo el proyecto de sus vidas.
Por otro lado, el cansancio de la rutina, la monotonía de los días y las exigencias de su profesión, fueron otros detonantes. “Algo que hizo el click en mi cabeza fue decir, estoy trabajando un montón de horas en mi trabajo y después no puedo siquiera compartir año nuevo con mi familia porque soy enfermera y trabajamos sábado, domingo, feriados, las fiestas… Cualquier día que los demás quizás se tomaban un día libre, yo tenía que trabajar. Iba al revés del mundo. Eso me hizo el click en la cabeza para pensar que la vida es una, soy joven, no tengo hijos, estoy soltera y que me estaba perdiendo de vivir un montón de cosas”.
Sin destino
El inicio del proyecto comenzó por el año 2022. “Con mi pareja de ese momento visitamos parte del norte de Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia porque nos fuimos de mochileros. Conocí un montón de lugares que no pensaba tampoco conocer, desde otros países y haciendo voluntariados a través de la aplicación de Worldpackers, que trabajas a cambio de alojamiento y comida”. Bajo esta modalidad, trabajó de bartender, de moza, de ayudante de cocina haciendo platos que ni siquiera sabía que existían, viviendo experiencias más que enriquecedoras. “Ese viaje me dejó un montón de enseñanzas, así que el inicio de este proyecto de la Lupineta empezó comprándome la Kangoo con la ayuda de mi viejo, que me dijo que me comprara un vehículo chico porque un motorhome iba a ser muy grande; y es cierto, hoy en día me doy cuenta de que quizás en algunos lugares no te dejan estacionar y la Kangoo es como si fuese un auto”, destaca.
El primer desafío fue conseguir la camioneta indicada, que esté bien de estética y de mecánica, que finalmente apareció. A partir de allí, con su trabajo como enfermera en un hogar de personas mayores, además de solventar sus gastos de vida, cada peso que quedaba iba para la Lupineta, para de a poco ir poniéndola en forma para el viaje. “Fue trabajo, dinero y tiempo invertido en lo que hoy es mi casa”.
Luego fueron apareciendo nuevos desafíos, aunque el principal fue uno: la ansiedad., que para Guadalupe, “es muy difícil de trabajar”. Un proyecto así requiere “de mucha paciencia y la ansiedad te puede jugar en contra. La camperización es algo que lleva mucho tiempo porque en un futuro va a ser tu casa y tiene que tener comodidad”. En ese sentido, recuerda que cuando ella comenzó “empezaba por ejemplo a hacer la aislación y ya la quería ver terminada. Pero después sigue el techo, el piso, los muebles, la cortina, el porta-equipaje, el panel solar, las conexiones… y eso te va llevando a tratar de regular la paciencia, hasta que un día llega y es el momento. En el momento que se tiene que dar, se da”, enfatiza.
Una ruta sin fin
Entre lágrimas de nostalgia, emoción y esperanza, la Lupineta el 8 de septiembre pasado subió a la ruta y salió a vivir la vida viajera. “Me fui a Claromecó, muy cerquita, porque quería ver cómo me sentía y cómo estaba la Lupineta. Después de esos dos días dije, ‘no, ya fue, me vuelvo a mi casa’. Fui a Tres Arroyos otra vez, hicimos las modificaciones que había que hacerle, por ejemplo, los agujeros al colchón para que respirara y un par de cosas más, y sin pensarlo agarré lo que me faltaba y salí a Tandil directo. Desde ahí no he parado hasta hoy”, relata Guadalupe sobre el inicio del viaje.
Dejar todo atrás y seguir adelante, a pesar de los miedos y las inseguridades, demuestra la fortaleza de la joven. “Lo que sentí cuando salí fue muchísima emoción de haber logrado el principio de una etapa. Haber finalizado la camperización y haber logrado salir de viaje para mí fue un montón”, asegura.
Este viaje implicó salir de una zona de confort, dejar una rutina que funcionaba para lanzarse a lo desconocido. “Para mi fue renunciar a un trabajo estable, no tener más un sueldo fijo, no salir con mucho ahorro… Pero sentí mucha emoción y orgullo propio, que creo que no muchas veces nos sentimos orgullosos de nosotros mismos”.
Estos primeros kilómetros de ruta, para Guadalupe, “fueron de mucho autoconocimiento. Yo soy una persona muy equilibrada, pero a la vez muy indecisa. Entonces, por ejemplo, si estoy cómoda en un lugar, me cuesta mucho irme. He estado una semana en un lugar que quizás no tenía nada, pero yo estaba cómoda, entonces me quedé y creo que eso es vivir viajando. Cuando estás cómoda en un lugar, quedarte porque no tenés apuro y eso estoy aprendiendo día a día”. En ese sentido, opina que “vivimos en una sociedad que está apurada constantemente y vivir viajando te enseña que tenés que vivir lento para poder disfrutar. Yo hoy estoy tratando de poder disfrutar lo que alguna vez soñé. Estoy comiéndome el fruto de esa semilla plantada”.
El viaje no tiene destino final, la Lupineta seguirá los latidos que el corazón dicte. “Creo que no tengo ningún objetivo final, es simplemente conocer. En su momento fue Alaska, pero porque recorre toda América. Entonces el objetivo final sería conocer lo más que pueda, poder vivir haciendo lo que me gusta y disfrutando con mi gata Aventura, que es lo más y se acostumbró al 100%”.
Una realidad
La vida del rodantero suele estar romantizada, pero también tiene sus contras. Por ejemplo, el desarraigo constante de los lugares por los que uno pasa, el extrañar la familia y el hogar, el habitar en lugares reducidos. Aunque los aspectos positivos para Guadalupe superan día a día las adversidades que se van presentando en el camino. “Hoy en día lo que me motiva a seguir es levantarme y ver un paisaje hermoso, más allá de que no todo es color de rosas en la vida viajera. No siempre te levantás en un lugar increíble, la mayoría de las veces me levanto en estaciones de servicio, pero levantarme y poder decir que es lo que siempre quise hacer creo que es lo que me motiva todos los días”. Cuenta además que hay días buenos y otros no tanto. “Hay días que no estoy al 100%, me quiero volver a mi casa, es la realidad. Extraño a mis familiares y amigos, pero después pienso que yo estoy eligiendo esto y por algo en su momento lo elegí, y me parece que me esperan muchísimas cosas. Es trabajar el día a día”.
Para Guadalupe, Instagram y TikTok son su cuaderno de viaje. En estas redes sociales muestra cada paso que da por los lugares maravillosos de nuestro país, pero también las complicaciones que surgen y que debe resolver. “Estoy aprendiendo porque no es para nada fácil, pero siempre mostrándome dentro de ese equilibrio de que si hay algo que sale mal, poder resolverlo, y siempre buscar la solución”.
“Nadie te quita lo bailado”
El papá de Guadalupe fue una pieza fundamental en el proyecto de la Lupineta. Cada detalle de la camperización fue pensado junto a él. “La verdad que hacer esto con mi papá fue increíble porque sé que para él es un hobby y tiene dos perspectivas: la perspectiva de que él quiere que yo salga a vivir lo que quizás él a sus 28 años no pudo hacer, pero también el otro lado de que soy su hija y le da miedo que viaje sola”, reflexiona la joven. Por eso, su apoyo fue clave para este proceso y para salir a vivir este sueño. “Siempre lo malo, por así decirlo, pesa más, y él sin embargo me ayudó y para mí la verdad que es un orgullo enorme porque él me empujó a poder hacer algo que yo siempre quise y que él también hubiese hecho”.
Todo lo aprendido junto a su papá, Guadalupe lo transformó en una asesoría de camperización de vehículos, un material bibliográfico de 40 páginas con videos explicativos y atención personalizada, que hoy ofrece a través de sus redes sociales. “Es para cualquier vehículo, desde una Kangoo hasta una MB 180 o una Sprinter, lo que sea. La asesoría se basa en los procedimientos de las cosas. No me centro en las medidas, sino más bien en cómo se hace algo, con video explicativo, fotos y texto. Lo que muestro es la planificación y algunas preguntas frecuentes como con cuánto dinero salí de viaje, a ver a qué me dedico, dónde me ducho, todas esas preguntas que la gente por ahí tiene miedo y son las dudas que te dan antes de salir de viaje”.
Esta herramienta es una ayuda y una guía para aquellos que estén viviendo el mismo proceso que Guadalupe. “La recomendación que doy hoy para esas personas que están empezando, siempre digo lo mismo, y es paciencia. La paciencia creo que abarca un rol fundamental en esto porque lleva mucho tiempo. Por eso, paso a paso, tiempo al tiempo. Todo se va a ir dando”.
Como reflexión final, Guadalupe asegura que “todo tiene sus pros y sus contras. Vivir esta vida obviamente tiene sus contras, pero nadie te quita lo bailado y de todo vas aprendiendo. Considero que cuando sea más grande, voy a acordarme de esto y voy a decir, ‘qué bueno que lo hice’, en vez de decir, ‘si yo hubiese hecho eso’… Hay que meterle a eso que siempre nos gustó, pensando en que se va a lograr, nunca tirándonos para abajo; siempre ser seguros y tener la cabeza que a todo se llega. Si nosotros nos mentalizamos en que vamos a lograrlo, lo vamos a lograr”.
Guadalupe llama a Aventura, pone en marcha la Lupineta y juntas se dirigen a un nuevo destino incierto. La única seguridad por delante es saber que está cumpliendo un sueño y que cada paso dado tiene su recompensa.
Redes sociales
Guadalupe registra cada paso y lo comparte en sus redes sociales (@la_lupineta en Instragram y TikTok), dando recomendaciones de lugares, mostrando las situaciones que atraviesa diariamente y contando cómo es vivir viajando. También comparte su link a la app Cafecito para que quienes deseen puedan aportar al viaje con dinero para el combustible, para poder continuar viviendo este sueño.



