PASAPORTE – LA AVENTURA VITAL DE GUADALUPE DIAZ BARCALA
Vida y obra
Guadalupe Díaz Barcala dejó la ciudad siendo muy joven. Tras una experiencia transformadora en Nueva York y una década en Londres, se graduó como escritora, trabaja en la industria audiovisual y avanza en la publicación de una saga literaria inspirada en el folclore latinoamericano
En estas historias que viajan y que relatamos mensualmente a nuestros lectores, hoy nos encontramos con alguien que busca permanentemente alcanzar sus sueños con una energía especial que transforma obstáculos en aprendizajes, sostiene la esperanza, se reinventa e inspira a otros.
Con la decisión de transformar sus sueños en realidad, Guadalupe Diaz Barcala dejó Tres Arroyos a los 19 años para intentar abrirse camino en otros escenarios del mundo. Tras 2 años de experiencias iniciales en Nueva York, ya lleva 10 en Londres. Su tenacidad la impulsa a crecer en lo que más ama: la escritura. Esta entrevista revela el recorrido de quien, con pasión y constancia, busca realizar sus anhelos palabra por palabra.
Formada en el Colegio Holandés, donde quedaron muchos amigos, sigue conectada con Tres Arroyos por las redes o cuando cada 2 o 3 años vuelve a la ciudad para alimentar abrazos afectivos con ellos o sus tíos.
“Tuve un impulso adolescente y quise hacer realidad mi deseo por conocer otras tierras y culturas. Amo Argentina, pero a la vez veía en la tele y leía en los libros otras realidades que me despertaban curiosidad. Eso me llevó a irme al mundo, aunque no sabía si por un tiempo determinado o para siempre. Pero no quería ir desguarnecida por lo que antes me fui a La Plata a estudiar traductorado de inglés. Antes de eso mi idea de formarme en actuación, no les gustó mucho a mis padres. De todos modos, no completé ese proyecto idiomático y volví a casa con la certeza de irme y tomé la decisión, aunque no fui con las manos vacías. Yo me asesoré con gente que vivía en el exterior, hice algunos contactos y logré que mis padres firmaran los papeles de autorización y me dieran un dinero básico como para el viaje. Recuerdo que en ese tiempo eran 7 mil pesos. Me había contactado con una agencia de la cual tenía buenas referencias y me consiguieron trabajo en una casa de familia como niñera. En ese hogar me cubrían todos los gastos de estadía. Tuve la suerte de que uno de los destinos que había elegido se confirmó y me fui a vivir a 20 minutos de Nueva York en una localidad llamada Montclair (Nueva Jersey), curiosamente conocida por ser donde se filmó la serie ‘Los Sopranos’. Cada vez que tenía oportunidad, los fines de semana me iba a Manhattan. En teoría estaría 1 año, que se convirtieron en 2 y cuando se me venció la visa la familia estadounidense me ofreció quedarme en calidad de estudiante e incluso ayudando a pagar mis gastos universitarios. Pero yo me sentía como atrapada y si bien estaba bien, Estados Unidos no era lo que yo había soñado para vivir el día a día. Es hermoso ir como turista, pero para trabajar en esa megalópolis después de venir de una ciudad como Tres Arroyos no es lo mismo y sentís un choque cultural muy grande. Entonces empecé a mirar nuevos rumbos para ir a una sociedad menos individualista y además alimentar mi interés por conocer otros lugares del mundo”.
¿Hiciste otras cosas en Nueva York ?
Cumplí, creo que muy bien con la tarea por la que me habían llevado a ese hogar para cuidar los niños, al punto que ellos deseaban que me quedara. También estudié en un par de centros de actuación, además de algunos cursos externos de teatro. De esa manera estaba en mi salsa, pero no tenía habilitación para trabajar como actriz. Me encontré entonces que tenía que hacer años de trámites y papeleo para acceder a desempeñarme como los de allí. En un momento de evaluación sobre mi futuro, apareció Londres en mi cabeza. El idioma ya lo hablaba, aunque no conocía a nadie de esa ciudad, pero había algo en mi interior que me empujaba hacia ese lugar y cuando le dije a mi familia de irme me preguntaban “por qué Londres”.
Y se fue a Inglaterra con 800 dólares en el bolsillo. En Nueva York había enfrentado el vértigo de una ciudad que nunca se detiene, porque la Isla de Manhattan no deja de ser un laboratorio de experiencias por su diversidad cultural, la competencia y se convirtió probablemente en un período de aprendizaje y reflexión intensa para Guadalupe. Tal vez comprobar que los sueños no se concretan de golpe, sino que se construyen con disciplina y pasión.
“Yo tengo ciudadanía española y en ese momento Londres me permitía trabajar tranquila porque eso fue antes del Brexit, la salida de Inglaterra de la Comunidad Europea. Ya estoy establecida en Gran Bretaña desde hace 10 años y eso me dio residencia permanente. Llegué a Londres con muchas ganas de comerme el mundo, trabajar, viajar, pero la realidad es diferente y lo pude ir concretando paulatinamente porque conocí lugares hermosos. Muchas veces lo típico para conseguir trabajo rápido es en un restaurante. Así comencé y luego de 2 años me ofrecieron un cargo en hotelería, pero mis anhelos pasaban por otros rubros, hasta que logré emplearme como vendedora en una casa de moda femenina que estaba en Sloane Street, una de las calles ‘más caras’ del mundo y allí descubrí la carrera de marketing visual porque ellos tenían gente que se dedicaba a solo a hacer vidrieras, a cambiar las colecciones y a hacer el marketing, lo que me parecía muy creativo. Fui creciendo en esa actividad y a los 26 años sentí que ya había pasado por bastantes ocupaciones y más allá que había conocido mucho en el ámbito laboral y estaba contenta con lo alcanzado porque vivía bien, quise buscar algo que me hiciera sentir mejor que mis circunstancias.
¿Y entonces?
La escritura fue algo que siempre me encantó desde pequeña, pero fue un sueño que abandoné porque las artes, según el lugar donde estés, no siempre fueron fomentadas. En cambio, en Londres hay un Estado que ofrece muchas herramientas y una sociedad que fomenta todo eso. Hay mucho apoyo al teatro, becas para gente que actúa, que filma, que crea, que escribe. Era la oportunidad de intentar cumplirle el sueño a aquella niña de Tres Arroyos y me metí a estudiar, más por placer que por necesidad, en la Universidad Londinense de Birkbeck. La carrera se llamaba Escritura Creativa, y me formó en varias formas para contar historias como por ejemplo guionismo para películas y televisión, novelas o relatos cortos entre otros ejemplos. Después de 4 años de estudios me gradué el año pasado con el título de Escritora. No descarto hacer un máster o un doctorado en ese tema, pero por ahora siento que es hora de dejar de aprender y empezar a crear. De manera que este año renuncié a mi trabajo en la casa de modas y a partir de febrero ya comencé a trabajar en realizaciones audiovisuales como asistente de producción, diseñadora de sets y otras tareas. Es un poco cumplir uno de mis sueños porque esa tarea me encanta y al mismo tiempo me permite escribir historias que algún día querré publicar.
Ella partió de Argentina con un deseo en el corazón. Nueva York le enseñó que el talento necesita coraje desde que se llega y Londres que esos sueños se construyen con perseverancia, disciplina y paciencia. Guadalupe fue escribiendo esta historia que inspira, porque nunca renunció y nunca dejó de creer en que se puede convertir la incertidumbre en oportunidad y progreso. Fueron sacrificios silenciosos, avanzando con pasos firmes, escribiendo el día a día con tinta de optimismo.
“Por allí busqué demasiado en distintos caminos, pero no me arrepiento porque siempre hice lo que sentí en cada momento y disfruté muchísimo mi década de los 20 porque me animé a todo, sin miedo a nada y funcionó para una persona como yo. Probablemente para alguien que prefiera la estabilidad y mantener el control de sus acciones no se lo recomiendo. Tal vez a los 40 cambie mi vida radicalmente y me dedique a otras cosas”.
¿Y qué le pasa a la actriz?
Toda mi vida quise serlo, pero me encontré con una carrera inestable en la que podés tener suerte o penarla por muchos años. A mí me gusta tener cierto grado de estabilidad, porque uno tiene que pagar el alquiler, no tener apuros, salir adelante, motivarse y el teatro no te garantiza nada. Por ahora prefiero contar historias que luego lleguen a la gente. Estoy ahora enfocada a escribir y tal vez más adelante protagonizar. Privilegio darme el tiempo diario para avanzar en mi libro, haciendo trabajos audiovisuales y marketing digital, logrando la libertad que me gusta tener y la estabilidad que necesito tener para vivir de cierta manera.
Contanos de tu vida en Inglaterra.
Amo Londres, aunque es una ciudad de las más caras del mundo para mantener un standard de vida. Nunca te harás rico viviendo del arte. De todos modos, hice algunos viajes por el país. Hace unos días me vino a visitar mi madre, que reside en Barcelona y fuimos hasta Bath. Es la ciudad donde vivió 10 años Jane Austen, la escritora de Orgullo y Prejuicio, y en la que se realiza anualmente el festival en su honor que dura 10 días, donde la gente se viste de época y se hacen muchos eventos. También pude conocer Oxford, Cambridge, Brighton, Manchester y Bristol. Tengo amigas en otros lugares de Europa y las he visitado en España, Croacia, Austria, República Checa, Italia y Francia. En el próximo viaje cumpliré con otra amiga que me invita a Dinamarca y tal vez el año que viene vaya a Japón, porque me despierta mucha curiosidad por la cultura totalmente diferente, la gastronomía y la arquitectura. Hice un curso de idioma japonés durante un año y medio, como para ir mejor preparada.
¿Y tus sueños posibles?
Tengo tantos que no sé por dónde comenzar, pero la diferencia es que en lugar de sueños los tomo como oportunidades porque no los veo tan lejanos como antes. Estoy poniendo mis esfuerzos para publicar una trilogía que es una serie de fantasías basada en el folklore latinoamericano de espiritualidad, magia y viajes en el tiempo. Son historias de ficción en 3 libros que transcurren a lo largo de 3 años, con idea de hacer un cuarto volumen que sea como la precuela, o sea la obra narrativa que cuenta hechos ocurridos antes de los ya existentes. Me va a llevar un tiempo considerable. Y lo otro que pienso con interés es abrir mi propia librería en Londres, que no solo venda literatura en general, sino que le de oportunidades a las voces que hoy no se escuchan tanto. Hay muchas minorías, especialmente mujeres que escriben, donde las artes no son tan prevalentes y su expresión no llega porque no les ofrecen plataformas o marketing y sus ideas quedan en la nada misma. Será un trabajo duro, pero no un negocio más, sino intento colaborar hacer un cambio social y estimular la escritura de los pensadores noveles, incluso de Argentina. Tal vez yo podría colaborar también con la traducción al inglés para que logren otros mercados. La librería tendrá mayoría de textos en el idioma de este país porque el público vive aquí, pero nada impediría un sector internacional donde haya material en español y otras modalidades. También fomentar una comunidad donde la gente pueda hacer un club de lectura, talleres de caligrafía y escritura creativa. Además, un espacio para niños que escriban y no tengan caminos para canalizarlo. La imaginación de los pequeños es sorprendente y hay que darles oportunidades. Se que el camino es difícil, pero si hay algo que me enseñó la vida en el exterior es la resiliencia. Un “no”, con las experiencias que he tenido, no me desmotiva ni me desmoraliza. Por el contrario, me da más fuerzas pensando en que otra gente ha hecho cosas difíciles y yo por qué no. Hay veces que me encuentro con topes y obstáculos e incluso mi propia mente a veces me juega en contra, pero la realidad es que tengo muchísimo fuego adentro mío para meterle siempre a mis objetivos y hasta ahora no me quejo por los resultados. Y ya que estamos le agregaríamos una cafetería porque a mí y a mi novio nos gusta esa infusión, que también es un lugar para socializar.
¿Tu novio es europeo?
No. Mi novio es de Tres Arroyos. Él fue mi primer amor y estuvimos en esa condición durante toda mi adolescencia. Cuando yo me vine a vivir al exterior estuvimos 10 años casi sin contactos. La última vez que fui a nuestra ciudad, hace casi 3 años, nos encontramos en un punto de nuestras vidas en el que ambos estamos más asentados como personas y solteros. El me propuso volver a lo de antes, pero le expresé que estaba muy encaminada en Londres y entonces dejó un comercio que él tenía y decidió venirse a Europa. Estuvo primero en Austria trabajando en un hotel y pasó a un bar en España. No puede venir a Inglaterra a radicarse porque el Brexit no acepta residencia permanente a europeos y él tiene pasaporte italiano. Puede estar de visita en Londres y lo hizo varias veces, e incluso viajamos juntos por el continente.
El recorrido de Guadalupe Diaz Barcala muestra que los sueños no se cumplen de manera inmediata. Dejar el país de origen no significa renunciar a las raíces, sino expandirlas hacia nuevas tierras. Irse de Argentina para ella fue mucho más que un viaje. De una ciudad tranquila como la nuestra se trasplantó a la Nueva York del vértigo incesante, con oportunidades que se abren y se cierran. Dos años después, Londres se convirtió en su refugio y en su campo de batalla diaria durante una década, entre la tradición y la modernidad. Un espacio donde asomó su identidad artística en desarrollo. Tal vez su ejemplo sirva para quienes no salen de su zona de confort y conviven con la desazón constante. Esta es una historia que inspira, porque nunca renunció y nunca dejó de creer. Tenacidad y pasión son las 2 brújulas que la guían.




