Municipalidad Tres Arroyos

notas edicion de papel

LA TRESARROYENSE MARIELA DASSIS Y EL TORTUGO JORGE

Volver a casa

Gracias al trabajo de la tresarroyense Mariela Dassis y decenas de profesionales e investigadores destacados del CONICET y de la Universidad de Mar del Plata, Jorge el tortugo está en su hogar en las costas de Río de Janeiro. Junto a “El Periodista”, la doctora en biología detalló el paso a paso de la reinserción al mar de la tortuga cabezona, luego de 40 años en cautiverio

Noviembre 2025
La libertad: Jorge vuelve al mar, acompañado de los investigadores y monitoreado por un telémetro

La libertad: Jorge vuelve al mar, acompañado de los investigadores y monitoreado por un telémetro

La historia de Mariela Dassis y Jorge el tortugo marino conmueve desde cualquier punto de vista. Por un lado, un animal que pasó 40 años en cautiverio, superando todas las pruebas y exigencias posibles para reinsertarse en su medio natural, llegando a casa luego de 109 días y más de tres mil kilómetros recorridos por el mar. Y por otro, una investigadora del CONICET que no bajó los brazos, que luchó hasta el cansancio, con una dedicación admirable y una pasión inexplicable, para que Jorge vuelva a su hogar.
Mariela es tresarroyense, doctora en biología, y este hito marcó su historia profesional y personal, no sólo porque Jorge llegó hasta el National Geographic, sino porque sentó un precedente sobre la importancia de la conservación de especies, que lleva su sello.
Jorge es una tortuga cabezona que, con sólo 20 años de vida, fue capturado incidentalmente, como habitualmente sucede con esta especie. Durante 40 años vivió en la cordillera, en Mendoza, a miles de kilómetros del Atlántico y bajo condiciones que nada se parecían a su medio natural. Sin embargo, pudo recordar y volver a aprender sobre cómo vivir en el mar, lo que lo llevó desde las costas de Mar del Plata –donde fue liberado- hasta Río de Janeiro, el lugar que se estima que es originario.
Mariela con una alegría que transmite en cada palabra y se percibe a través de su mirada, contó a “El Periodista” cómo fue toda la travesía, destacando el trabajo impecable de todos los investigadores del CONICET, de los trabajadores de los centros de rehabilitación y la gran articulación público-privada que fue posible gracias a las voluntades de un grupo enorme de gente.
¿Cómo comienza tu historia con Jorge?
De casualidad. Totalmente de casualidad. Yo trabajo con mamíferos marinos, hago investigaciones. Estaba en Aquarium en Mar del Plata haciendo otro trabajo y me entero que venía este tortugo, me entero su historia, que hacía tres 38 años en ese momento que había estado en cautiverio y que por presión de la sociedad demandaban que lo liberen. Él estaba en Mendoza, desde allí conectaron con Aquarium, que lo acepta en el centro de rehabilitación. Cuando llegó fue una sensación.
¿Qué pensabas vos sobre la liberación de Jorge?
Primero pensé que estaban todos locos, pero no dije nada. Y ni bien lo fui a conocer casi me muero de la sorpresa positiva porque yo esperaba una tortuguita chiquitita encerrada hace 40 años, sumisa y nada que ver.
¿Él nació en cautiverio?
No y eso fue lo que creo que hizo que los especialistas apostaran a una posible reinserción, que no se sabía si se iba a poder hacer y que fue muy cuestionada. Él vino naturalmente a esta zona, llegó casi con 20 años, fue capturado durante una migración natural. Entonces se apostaba a que él recuerde, por eso siempre se dice que es una historia de resiliencia, todo su instinto y todo lo que ya sabía de haber estado 20 años en el mar.
¿20 años de edad para una tortuga es poco tiempo de vida?
Jorge todavía tiene cuerda. Tiene 60 aparentemente, se calculan esos 20 más los 40 de cautiverio, y podría vivir entre 80 a 100 años, o más. Entonces, estamos hablando de 20 o 40 años en vida libre, que es lo que hizo que valiera la pena el esfuerzo y el riesgo que se tomó. Hubo mucha gente desde la gestión pública, desde la Municipalidad de Mendoza, que se jugó a hacer esto, también el centro de rehabilitación que lo recibió y toda la gente que se involucró en el proceso de enriquecimiento ambiental para ver si estaba en condiciones de volver a su hábitat natural.

La vuelta al mar

¿Cuándo fue liberado?
El 11 de abril de este año. Él vino a Mar del Plata para este proceso en octubre del 2022 y tuvo dos años y pico de trabajo en toda esa reeducación ambiental.
¿Cómo fue ese proceso? ¿Van haciendo pequeñas reinserciones al mar o cómo es?
No, la reinserción al mar fue de una, el día de la liberación. Lo que sí se le hizo fue una readaptación a la salinidad. Yo no trabajé en ese proceso, pero de tanto hablar con los que lo hicieron, lo fui aprendiendo. Lo primero que hicieron fue probar si podía volver a estar en agua salada, porque estuvo en Mendoza en agua dulce, salinizada artificialmente, con el calor de la cordillera, comiendo huevo duro, corazón... Intentaban darle una dieta parecida a la dieta del mar, pero lo mejor que podían en Mendoza. Así que lo primero fue readaptarlo al agua salada y lo logró. Luego de eso viene a Mar de Plata directo a piletas de agua de mar. Pasó de un espacio de 20.000 litros de agua a 200.000 litros. Se empezó a mover, a ejercitar los músculos. Después se trabajó en la alimentación, dándole una comida muy parecida a la de su medio natural y alimento vivo para ver sus capacidades para cazar. Y, nuevamente, lo logró. También se le construyeron refugios, se lo puso con otras especies que competían por el recurso de la comida… Se hicieron un montón de etapas para verlo en un ambiente lo más parecido al mar posible, antes de liberarlo. Y todo lo logró, superando todas las expectativas.
¿Vos estuviste presente en ese proceso de reeducación?
Sí, lo hizo un agente de mi laboratorio, entonces lo vi. Y cada vez que veía que Jorge pasaba estas etapas, era como “¡Sí, vamos!”. De hecho, Sofía Terleski, que hizo su práctica profesional como encargada de este proceso, nunca dudó de Jorge. Él superó todas las expectativas, incluso ya dentro del mar. Yo tuve la idea de ponerle un telémetro para monitorearlo una vez liberado y fue difícil conseguir la financiación. En mi grupo de trabajo teníamos telémetros que los pensábamos usar para lobos marinos, eran para otro proyecto. Así que fui con la historia de Jorge y Diego Rodríguez, que es el director de mi laboratorio, confío en mí y me lo dio. Se lo pusimos un día antes de salir, con algunos accidentes porque costó programarlo. Finalmente, Jorge fue liberado en su ruta migratoria natural en una época en la que naturalmente podía estar ahí.

Reencuentros

Y luego estuviste a cargo del monitoreo, ¿no?
Sí, eso lo hice todo yo. A través del telémetro iba recibiendo toda la información, minuto a minuto, en mi computadora o celular. Fue muy desgastante porque la primera noche no dio ninguna posición. Por como trabaja, el telémetro tiene que salir del agua, porque tiene un sensor que detecta que está seco y ahí empieza a emitir señal. Pero Jorge en su pileta había perdido el comportamiento natural de sacar la cabeza y sacar todo el caparazón a la superficie, y volver a entrar al mar. Así que fue mucha incertidumbre en la primera noche. Pero a las 10 de la mañana del siguiente día tiró una posición, o sea, que ahí empezó a recuperar su comportamiento de flotar en superficie, que lo hacen naturalmente las tortugas marinas y que hace 40 años que no lo hacía. Ahí vimos que estuvo un día y medio frente a Mar de Plata y logró lo que para mí era más difícil, que se orientó. Encaró para el norte. Es decir, si él se iba para el sur, en un mes iba a estar muerto de hipotermia. Pero puso rumbo nor-noreste y nunca dudó, hasta Brasil. Si bien se sabe de los mecanismos por los que se orientan las tortugas, yo todavía no lo puedo creer. Él estuvo 40 años en una pileta y, de un día para el otro, en el medio del océano, y se fue a su casa.
¿Saben si se encontró con otras tortugas?
Sí, estuvo con sus amigos en Uruguay y en el sur de Brasil. Hubo una red de investigadores de esos países que tienen contacto con los pescadores locales y todos estuvieron avisados del paso de Jorge. Cuando pasó por Piriápolis tuvimos el estrés más grande porque pensamos que lo habían capturado incidentalmente unos barcos pesqueros. Pero después apareció cerca, en un lugar donde se pudieron avistar tortugas alimentándose, así que sabemos que estuvo ahí. Si bien no son animales gregarios, coinciden con otros de su especie para apareamiento o para alimentarse, y eso ya ocurrió a menos de 20 días de liberado.
¿Y ahora está en Brasil?
Sí. Hasta el 29 de julio de este año estaba en Brasil. Ahí perdí señal, que era lo lógico o esperable porque el telémetro tiene una vida útil corta. Su última posición fue en Bahía de Guanabara, en Río de Janeiro, que es una zona de la que posiblemente él sea originario. Así que podemos decir con bastante seguridad que está en su casa.
La divulgación de esta historia tiene mucho que ver con la concientización sobre las consecuencias de tener en cautiverio a los animales, ¿verdad?
Un poco eso y también sobre cómo finalmente pueden muchos reinsertarse. Y a nivel de las tortugas marinas, que tienen serios problemas de conservación por captura incidental. Lo que le pasó a Jorge, como a todas las tortugas, es que vienen en su ruta migratoria natural de dispersión para alimentarse y las capturan incidentalmente. ¿Qué quiere decir? Que cuando un barco está pescando otra cosa con las redes, las levanta. En general, genera mucha mortalidad eso. Hay mucho trabajo con los pescadores, en las formas correctas de devolver las que sobreviven, en cómo ponerlas en cubierta, en cómo sacarlas de las redes. Ahora hay mucha más conciencia porque el número de animales que mueren en estas redes es tremendo. Es altísimo. De hecho, con Jorge durante los tres primeros meses el peligro estaba en su adaptabilidad al mar; hoy en día somos nosotros, los humanos, su mayor peligro. Él demostró que contra las adversidades naturales no tiene ningún problema. Su historia tuvo tanta trascendencia en medios locales e internacionales porque marca un hito muy importante para la conservación. Y a la vez, saber que se puede reinsertar un animal después de 40 años en cautiverio, abre la puerta para que todas las tortugas que están en este planeta se puedan rehabilitar.

El streaming que atrapó a todos

Un poco tiene que ver con el tema de generar conciencia el famoso streaming del CONICET en las costas de Mar del Plata, ¿no? ¿Vos estuviste cerca?
Sí, eso fue una locura también. Los investigadores que participaron son de mi instituto, los conozco y los hemos molestado para que nos cuenten todo. Fue impresionante lo que lograron mostrar. No creo que haya conciencia de la cantidad de información que trajeron, que va permitir trabajar por muchos años, van a salir tesis doctorales y va a salir mucha información de la cual dependen muchas decisiones de conservación. Hay de todo para trabajar, como estudios genéticos, estudios para extraer sustancias que pueden llevar a curas para enfermedades, y sobre todo identificación, taxonomía, conocer especies que por ejemplo yo estudié en un libro, las vi en una foto o las vi en formol todas pegadas, marrones, deformadas
Se notaba mucho también la ilusión y la emoción de los investigadores durante el streaming…
Es que eso es así, siempre. Por lo menos en todos los biólogos que conozco. Hay muchísimo trabajo que no se conoce en ciencia y por lo menos desde la mayoría de la biología que conozco en mi instituto es muy aplicada a conservación. Y es sumamente importante y está buenísimo que casos como Jorge, o ni hablar del streaming, que se lo visibilice.
Es hasta una forma de reivindicar el trabajo científico del país y la importancia que tienen las instituciones como el CONICET.
Es muy destacado el nivel de científico que tiene Argentina. A nosotros nos exigen publicar información científica, papers científicos evaluados por pares en revistas del mayor impacto internacional. No publicamos menos que un americano o que un investigador de Japón o de España. Publicamos en las mismas revistas y estamos evaluados con los mismos estándares. Producimos información de mucha calidad. Después está la discusión política de cuántos investigadores necesitan un país, eso ya es otro tema que prefiero ni meterme. Pero sí a mí me gusta decir y dejar en claro el nivel de ciencia que tiene Argentina. Jorge es sólo un granito de arena al lado de todo lo que se hace.
¿Cuáles son las principales líneas de investigación que trabajan en tu sector actualmente?
Todo el trabajo de mamíferos marinos y todo aplicado a la conservación, interacción con pesquerías, estudios tróficos y trabajamos con cuatro especies que están en serios problemas de conservación. Lo que hacemos es aplicado y es súper útil a la hora de las decisiones, porque la pérdida de especies en un ecosistema es algo muy grave.

El presente

¿Y en este momento qué está ocupando tus días?
Ahora yo estoy más dedicada a la fisiología cardiorrespiratoria y metabólica, y todo mi trabajo está orientado a la medicina traslacional. O sea, yo no soy veterinaria, pero trabajo todo el tiempo con veterinarios. Por ejemplo, le hago varios electrocardiogramas a una especie de mamífero que no había valores de referencia. Esos datos de referencia que yo registro, los usa el veterinario para saber cuándo un animal tiene una patología. Es decir, estamos generando bases de datos de referencia, que son directamente aplicables a centros de rehabilitación, que ahora se perdió uno con el cierre de Aquarium. Por otro lado, el tema que más me interesa y estoy desarrollando ahora, que me gustaría destacar de la historia de Jorge porque a mí me dejó muy contenta, es la interacción humana entre la gestión pública, un privado que era Aquarium y dos institutos de investigación. La decisión esta fue larguísima, involucró a muchas personas, hubo mucho cuestionamiento, pero también hubo mucha voluntad y un buen trabajo; se articuló muy bien en todas esas instituciones. Entonces, ver que eso se pueda hacer y que terminó con Jorge en Brasil que era impensado…
Es unir voluntades por un fin común…
Fue una logística muy grande a nivel humano, a mí me dejó mucha experiencia en eso y me parece que es posible. Cuando se unen voluntades y se quiere hacer las cosas bien, se puede. Hay mucha capacidad en Argentina. Jorge me enseñó un montón, así que estoy súper agradecida de haber participado.
¿Te gustaría participar de una nueva reinserción?
Sí, me encanta. De hecho, todo lo que hago de trabajo está asociado a eso, me encanta trabajar con animales de rehabilitación. Le he hecho electrocardiogramas a delfines que después liberaron, ecografías cardíacas, monitoreo, siempre en la parte cardiovascular metabólica, que tiene una pata ligada a la nutrición. En los meses de noviembre y diciembre hay mucha muerte de las madres en las redes y quedan los cachorritos, que los llevan a Mundo Marino, y cuesta mucho nutricionalmente encaminarlos. Entonces parte del trabajo que hacemos en laboratorio va para ese lado y me encanta, me apasiona.

Dassis (izquierda) y otras participantes de la increíble experiencia del regreso de Jorge desde el cautiverio al mar

Dassis (izquierda) y otras participantes de la increíble experiencia del regreso de Jorge desde el cautiverio al mar

Dassis (centro) con Sofía Terlerski, a cargo de la reeducación de Jorge en la vuelta a su hábitat naturalis en su propia vuelta a casa; contó en la Biblioteca Sarmiento su trabajo con el tortugo Jorge

Dassis (centro) con Sofía Terlerski, a cargo de la reeducación de Jorge en la vuelta a su hábitat natural Jorge

Mariela Dassis en su propia vuelta a casa; contó en la Biblioteca Sarmiento su trabajo con el tortugo Jorge

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