ANIVERSARIO DEL COLEGIO NUESTRA SEÑORA DE LUJAN
120 años de educación en valores
Fundada en 1905 por la Madre Serapia Sierra, esta institución educativa religiosa conmemora su trayectoria marcada por la formación en valores, el compromiso con la comunidad y el acompañamiento a las familias, pilares que se mantienen inalterables a través del tiempo. Los detalles, en un encuentro de “El Periodista” con Victoria Massigoge y Laura Bracco
El Colegio Nuestra Señora de Luján, con sus 120 años de vida, se alza como un pilar de la educación local
En el corazón de Tres Arroyos, un edificio centenario se prepara para una de las celebraciones más importantes de su historia. El Colegio Nuestra Señora de Luján, con sus 120 años de vida, se alza no solo como un pilar de la educación local, sino también como un espejo del desarrollo de la ciudad misma. Desde su fundación en 1905, ha sido el hogar de incontables generaciones de alumnos, docentes y familias que encontraron en sus aulas un refugio de aprendizaje y valores. La conmemoración de este aniversario es un homenaje a la perseverancia, al legado de sus fundadoras y a una comunidad educativa que ha sabido mantener viva una misión que trasciende el tiempo.
Un viaje en el tiempo
El origen del colegio está íntimamente ligado al de la propia ciudad. Coincidiendo con la construcción de edificios emblemáticos como el Palacio Municipal y la Parroquia, la Madre Serapia Sierra, fundadora de la congregación, llegó a Tres Arroyos en 1905. Con apenas 45 años, una salud frágil y acompañada de dos hermanas, su misión era clara: abrir una escuela en una localidad que apenas comenzaba a crecer.
"Ella era de Salto, provincia de Buenos Aires, y vino a Tres Arroyos con dos hermanitas más. Joven, con problemas de salud… Y sin nada llegaron acá y empezaron a golpear puertas hasta que lograron lo que lograron", relata Victoria Massigoge, exalumna y representante legal del colegio.
El 30 de octubre de 1905, la institución comenzó a funcionar gracias a un convenio con la Sociedad de Caridad y Fomento, ofreciendo educación primaria y de oficios. Sus primeros años los pasó en la calle San Lorenzo y luego en calle Brandsen, hasta que finalmente se erigió el actual edificio histórico sobre la avenida Belgrano 162. Años más tarde, el colegio se destacó a nivel regional al inaugurar, en 1942, la primera escuela normal oficial para la formación de docentes en la ciudad. El Colegio Nuestra Señora de Luján formó a las primeras maestras de Tres Arroyos, muchas de las cuales continuaron su labor en la misma institución. “En el año 48 egresaron 29 docentes y para el año 51 ya había 79 docentes. Era un montón para la época”, destaca Laura Bracco, exalumna, exdirectora de secundaria y miembro del grupo de laicas de la congregación.
La institución también cumplió un rol social crucial al ofrecer el sistema de pupilaje, donde chicas de zonas rurales y localidades vecinas podían vivir, estudiar y comer durante la semana, regresando a sus hogares los fines de semana. "Había épocas que había 100 pupilas, y gracias a eso muchísima gente pudo tener la posibilidad de estudiar", recuerda Massigoge. La adaptación continuó, cuando el colegio dio un paso trascendental al convertirse en mixto, teniendo el 1993 la graduación de los primeros varones en sus aulas.
Un faro de valores en un mundo de cambios
Con el paso de los años y el traslado de las hermanas religiosas, la obra educativa de la Madre Serapia quedó en manos de laicos comprometidos. Victoria Massigoge y Laura Bracco son parte de un grupo de mujeres que se dedican a "sostener y acompañar a las hermanas en el sostenimiento de la parte pastoral del colegio". Este compromiso ha permitido que el colegio mantenga su misión fundamental a lo largo del tiempo, a pesar de los desafíos económicos y sociales. "La cuota del colegio es muy accesible para familias. Siempre el ideario de la congregación fue que fuera abierto a familias de cualquier condición, de cualquier clase", enfatiza Massigoge.
Este grupo de laicas, que busca mantener viva la fe y los valores de la congregación, realiza una labor de acompañamiento constante. Un ejemplo de su devoción es la invitación que hacen a la comunidad a unirse a ellas en la oración: "Todos los viernes a las 13.30 se reza el rosario en la capilla del colegio, por eso invitamos a todas las personas que se quieran sumar", agregan. Un gesto simple pero significativo que busca unir a las personas. Cada mes, la oración tiene una intención especial, como "los estudiantes en septiembre" o "las familias en octubre".
El rasgo más distintivo de la institución es su enfoque en los valores y la formación personal. "Somos un colegio católico, intentamos sostener eso, es nuestro objetivo, sostener la formación católica y la formación en valores de nuestros alumnos", subraya Bracco. Este ideario se manifiesta en un ambiente de cercanía con la comunidad. "Tenemos alumnos que las mamás o los papás fueron alumnos y las abuelas fueron alumnas, es como una gran familia", explica Massigoge, destacando el profundo arraigo de la institución.
Este sentido de pertenencia se ve reforzado por el acompañamiento constante a cada estudiante y familia. "Conocer a cada alumno, la cercanía con las familias, el apoyo constante", afirma Bracco. A pesar de que los tiempos han cambiado y la educación enfrenta nuevos desafíos, el colegio sigue priorizando la persona por encima de todo. "La mayoría o muchos no nos eligen por ser un colegio religioso, sino por ser un colegio ordenado, con valores, con disciplina", admite Massigoge, reconociendo el amplio espectro de su alumnado, que incluye a estudiantes de otras religiones.
Actualmente la oferta educativa del colegio se extiende desde los primeros años hasta la preparación para el futuro. La institución abarca los tres niveles educativos: Nivel Inicial (con salas de 3, 4 y 5 años), Nivel Primario (de 1° a 6°) y Nivel Secundario (de 1° a 6° año). En este último, el colegio se distingue por su orientación en Economía y Gestión, preparando a los estudiantes con herramientas esenciales para el mundo profesional. La organización académica, con el nivel secundario en el turno mañana y los niveles inicial y primario en el turno tarde, permite una gestión eficiente de los espacios y una convivencia armónica entre todos los niveles educativos.
Hacia la comunidad, con esperanza
La impronta de la institución va más allá de sus aulas. El compromiso con la comunidad de Tres Arroyos se refleja en sus proyectos solidarios. "Cada curso de secundaria tiene un proyecto solidario", explica Laura Bracco. Los alumnos, con la guía de sus docentes, apadrinan y colaboran con diversas instituciones de la ciudad, desde Cáritas hasta jardines maternales, renovando sus proyectos cada año.
Asimismo, el colegio nutre su dimensión pastoral con iniciativas como el grupo de Monaguillos Amigos de María, que ya lleva más de diez años. “Es un grupo que se sostiene ya desde hace como 10 años, que son los chicos de secundaria, acompañados por alguna catequista que forman a chicos de 4º, 5º y 6º año”, explica Massigoge. Esta integración entre niveles fortalece lazos y genera un sentido de pertenencia entre los estudiantes. El apoyo de los sacerdotes de la Parroquia del Carmen, como el Padre Roberto, el Padre Zacarías y el Padre Mauro, es fundamental para el desarrollo de estas actividades.
Celebración y desafíos a futuro
Para conmemorar sus 120 años, la institución ha activado una comisión de exalumnas con el fin de organizar una serie de festejos. El evento central será una misa de exalumnos, seguida de un brindis de celebración. El objetivo es que todos los que han pasado por las aulas del colegio se sientan bienvenidos. "Es muy lindo el momento... y mucha gente que por ahí está afuera, que viene para esa oportunidad, que nunca más pisó el colegio", comenta Bracco, visiblemente emocionada.
El futuro, sin embargo, no está exento de desafíos. La modernización tecnológica y las complejas dinámicas de la educación actual son temas que preocupan. "El desafío más grande es poder sostener, ayudar a las familias a la educación de sus hijos", sostiene Massigoge. Y agrega: “La educación cristiana es un pilar fundamental dentro de las familias, que es el eje que logra sostener todo lo demás”. Por ello, el colegio busca reforzar la idea de que la educación es una labor compartida entre la escuela y el hogar. "Las familias sepan que la escuela acompaña, pero la que educa es la familia", asevera.
A pesar de las dificultades, la visión a futuro es clara y esperanzadora, en consonancia con el lema del año: el Jubileo de la Esperanza. El objetivo principal es "poder sostener la obra de la Madre en nuestro colegio y en los ocho colegios de la congregación", dice Bracco.
El mensaje final para la comunidad es de gratitud y esperanza. "Un gracias muy grande para las hermanas, en primer lugar porque han hecho mucho por esto, han dejado sus vidas en la educación de los chicos", dice Massigoge. También se hace un llamado a los exalumnos y exdocentes a acercarse y a conformar los grupos de trabajo del colegio. "Que sepan que las puertas están abiertas. Tocá timbre, decí que sos exalumno o exdocente, te abrimos la puerta y te dejamos pasar", invita Massigoge con calidez. El anhelo es claro: que el legado de la Madre Serapia continúe y que de sus aulas sigan egresando, por sobre todo, buenas personas.



