Municipalidad Tres Arroyos

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GAETANO BONVISUTTO, MAS QUE UN NOMBRE EN LA GASTRONOMIA LOCAL

Una historia redonda

De origen siciliano, Gaetano llegó a la Argentina en 2012 y a Tres Arroyos ya finalizada la pandemia, como parte del staff del restaurante “Il Ballo del Mattone”. Cerrado este local, decidió emprender su propuesta gastronómica, la elaboración de pizza y pasta con sabores y calidad increíbles, a la que ahora le suma la posibilidad de disfrutarlas en su propia casa

Febrero 2026
Como se si se tratara de un amigo de toda la vida, así recibe Gaetano Bonvissuto a quienes se acercan a conocer su lugar

Como se si se tratara de un amigo de toda la vida, así recibe Gaetano Bonvissuto a quienes se acercan a conocer su lugar

Como se si se tratara de un amigo de toda la vida, así recibe Gaetano Bonvissuto a quienes se acercan a conocer su lugar. Siempre sonriente, dispuesto a la charla y gustoso de contar su historia en Tres Arroyos, le abrió de par en par las puertas a “El Periodista”.
Aunque parezca extraño, mate en mano y con un dominio del idioma español más que aceptable, este italiano que vive desde 2012 en Argentina y se radicó hace seis años en nuestra ciudad, pone lo mejor de sí para lograr el éxito con un novedoso emprendimiento gastronómico que, como no era difícil de imaginar, guarda estrecha relación con los sabores y las tradiciones de la tierra que lo vio nacer.

Espíritu inquieto
El anhelo de iniciar una aventura nueva, en un momento en el que la vida en Italia comenzaba a mostrar signos de agotamiento para él, terminó por decidirlo hacia el cambio de aire.
“A mis 32 años, en ese entonces me pareció la manera más inteligente de poder visitar algunos países trabajando. Y la elección de Argentina siempre estuvo rondando en mi cabeza. Conocí a varios sudamericanos en Italia y admiré su espíritu de mucha alegría; todo el tiempo muy amistosos y compañeros. Por eso, cuando tuve la oportunidad de venir no lo dudé. Estaba haciendo temporada, corté y me afinqué acá” explica en el comienzo de la charla.
Los primeros pasos en su país adoptivo no fueron sencillos, sino más bien atravesados por el choque cultural y hasta demográfico. Explica que “yo venía de un pueblo como Tres Arroyos, con la misma cantidad de habitantes y de repente me encontré en plena capital, en pleno barrio de Recoleta. Obviamente, yo no sabía hablar el idioma (excepto algunas puteadas, como todo el mundo, jaja) pero igualmente elegí Buenos Aires y más específicamente el centro para darme cuenta si me podía integrar”.
Su llegada a Argentina estuvo vinculada a la participación en un emprendimiento gastronómico, la actividad que siempre lo atrajo y en la que se mueve como pez en el agua. Cuando arribó a nuestro país, ya contaba con casi diez años de experiencia en el rubro.
“Yo vine con la idea -comenta- de presentar o hacer conocer el paladar de sabores no solo italiano, sino más bien el siciliano, porque es la zona de donde provengo. Italia, pensado como conjunto, es muy complicado a nivel cultural y gastronómico. Apenas alguien se desplace unos 20 kilómetros, notará que se habla y se come distinto. Soy oriundo de Agrigento, una ciudad hermosa de Sicilia, pero por cuestiones laborales con mi familia tuvimos que corrernos para el norte de Italia, a la región de Liguria”.
“En Sicilia hay mucho turismo en temporada de verano pero el invierno es duro y “te comen los bichos”, parecido a lo que sucede aquí en Claromecó” aclara. En contraste, “Liguria para mí es uno de los lugares más maravillosos de Italia, con cercanía al mar, los bosques y las montañas, con un clima hermoso para los cultivos”.
Sin embargo, lejos de quedarse con la comodidad de un mejor estándar de vida, su deseo de buscar nuevos desafíos, lo hizo pensar en otros horizontes, cruzando el mar.

Un paisano italiano
Retomando el hilo del comienzo de su travesía argenta, Gaetano recuerda que “cuando llegué acá fue bastante difícil afrontar el primer trabajo. Pasaron varios meses, ya hablaba alguna palabra en español, pero obviamente el despacho de la cocina de un restaurante es intenso y a veces no entendía. Ahí es donde se creaban problemas. Pero la ayuda de algunos compañeros paraguayos, no solo con el idioma sino también para familiarizar con la cultura del mate y el tereré, fue fundamental”.
Su estancia en Buenos Aires se prolongó por varios años, desde 2012 hasta 2020 exactamente. La oportunidad de llegar a Tres Arroyos vino después, acompañando a los propietarios de “Il Ballo del Mattone”, una empresa familiar dedicada a la gastronomía italiana que por ese entonces decidió abrir un local en la ciudad.
Señala que “los conocí en 2015 o 2016 y estuve trabajando con ellos como chef en el local que en ese momento tenían en calle Gorriti. Luego busqué mi propio camino por distintos lados; trabajé en otro lugar famoso de gastronomía italiana cuyo nombre es “La Stampa” pero los horarios de labor sumado al tiempo del transporte hicieron que me cansara un poco de aquella vida en Buenos Aires”. Coincidió ese tiempo con la llegada de la pandemia y fue entonces en donde se dedicó a trabajar como luthier. De esa época, conserva una guitarra que actualmente lo acompaña en el local de Bonvissuto.
Finalizada la triste historia del COVID, uno los dueños de “Il Ballo del Mattone” volvió a contactarlo para comentarle la idea de abrir un nuevo local en Tres Arroyos. “Su esposa es de Gonzales Chaves -explica el “Tano”-, la familia posee una casa en Reta y por eso apareció la chance de armar un lugar aquí. Me convenció con el atractivo de tener el mar cerca, el ritmo tranquilo de la ciudad. Me propuso organizar la parte gastronómica y luego evaluar si me interesaba quedarme o no. Lo cierto es que vine por cuatro o cinco meses y ya llevo seis años acá”.
Su arribo a Tres Arroyos lo guarda con mucha claridad en la mente: “fue bastante loco, porque llegué un 11 de enero a las 2 de la tarde de un domingo ¡con 40 grados de calor! Parecía de película del Lejano Oeste, faltaba el cardo. En ese momento me pregunté: “dónde caí?”, exagera risueñamente. “Pero a su vez- agrega- advertí que Tres Arroyos mostraba una imagen muy linda como ciudad, había mucho verde y me gustó. Por supuesto que el movimiento económico no se puede comparar con el de la capital, pero me sentí cómodo y sin temor”.
El proyecto de “Il Ballo del Mattone” con la presencia de Gaetano duró dos años: Lo relata como “una experiencia muy hermosa que me dio la posibilidad de conocer mucha gente. Me atraía entablar una charla con los comensales para saber si habían quedado conformes con la comida. Pero como decía al principio, siempre necesito cambiar de aires y decidí emprender algo solo. A mis 42 o 43 años pensé que era el momento, y por eso surgió el proyecto de Bonvissuto en 2023”.

Buen comer, buen vivir
En la búsqueda de un sitio para habitar en Tres Arroyos, Gaetano ubicó una propiedad en Olivero Duggan 742 que le pareció justa para su nuevo proyecto. “Le pregunté al dueño- repasa- si se podía utilizar parte del espacio para trabajar en gastronomía. Mi idea siempre fue disponer de un lugar para alquilar como vivienda y que a su vez permita invitar a la gente a disfrutar de una propuesta como ésta, en donde todo aquello que se encuentra para saborear en la mesa provenga del mismo lugar, con materia prima directa del productor al consumidor, sin intermediarios”.
Con ese criterio claro nació Bonvissuto. En esa tarea de construcción de una nueva alternativa, Gaetano señala que “vamos en camino para llegar a esa opción con mucha voluntad y paciencia. No es fácil con los vaivenes de la economía argentina, pero la apuesta sigue firme. Empecé haciendo pizza, algo que no es estrictamente lo mío porque yo soy chef de cocina. Siempre a la pizza la consideré como algo muy importante y difícil de hacer, porque demanda atención no solo por la temperatura de cocción sino también cuánto tiene que estar fuera o dentro del horno, el tiempo de fermentación, hidratación de la masa, leudado, etcétera. Por eso existen los maestros pizzeros. Igualmente, la oportunidad estaba y decidí arrancar, en base a las recetas que fui buscando y adaptándolas al equipamiento con el que contaba”.
En diciembre del año pasado inició además una propuesta de pizza libre para degustar en el local. “Empezamos con la pizza, y después agregamos a la carta otros platos típicos de la gastronomía italiana. Obviamente los “raviolis”, que siempre fueron mi caballito de batalla, la lasagna, los tagliatelle, que aquí son los fideos tipo cinta. También hacemos algunos postres básicos, tranquilos (mousse de chocolate, tiramisú con crema mascarpone), pero con la expectativa de que alcancen un nivel de excelencia y con un toque personal, aún sin ser maestro pastelero”.
Sobre la respuesta de la clientela de Tres Arroyos ante la apertura de Bonvissuto, se muestra muy conforme: “en verdad no sabía la repercusión que podría generar un lugar que obviamente no es un restaurante, pero que ofrece una alternativa de gastronomía más bien de tipo familiar. La gente tiene la opción de venir hasta nuestro living y quedarse a comer, con un ambiente muy relajado e intimista. Por ahora disponemos de un formato en el que pueden compartir entre seis y ocho personas, en el que les preparamos pizza y también está la alternativa de agregar pasta, en función de la preferencia de los comensales”.
“Lo que se advierte- resume- es que a los clientes les encanta y vuelven. Estoy abierto aquí en Olivero Duggan 742 hace apenas dos meses y algunos ya repitieron su visita. Se los ve muy conformes, conocen el producto y en el caso de la pizza me explican que encuentran un sabor distinto a la que se entrega a domicilio. Por supuesto, cuando vienen a comer acá lo notan diferente, porque cuando se lleva a la casa está dentro de una caja de cartón, entonces el gusto el gusto cambia. Queda rica igual y se disfruta de comer en la comodidad del hogar, pero no es lo mismo”.
“Esta la invitación hecha para que lo conozcan. Todos los días abrimos desde las 20:30 hasta las 23:30. Durante la temporada de verano haremos pizza libre con una bebida incluida. Se puede reservar por Whatsapp y estamos siempre disponibles en cualquier horario para las consultas” menciona.
Sobre el público que visita el lugar, opina que “la gente de verdad es muy amable, atenta y le gusta lo que ve. Tengo la guitarra que fabriqué yo mismo, entonces el que quiere y sabe tocar lo puede hacer, a modo de sobremesa. Eso es un poco lo que busco, que se genere una buena energía. Considero muy importante que se sientan cómodos, relajados. Como digo, no es un restaurante y no podemos tener una lógica de ese tipo. Voy por otro camino, que apunta a lograr intimidad, tranquilidad y bienestar. Con eso me alcanza”.
La ambientación del lugar también se dio de manera pausada, paso a paso. Comenta Gaetano que comenzó “por comprar un espejo, después una silla de estilo, luego un mueble que fui restaurando de a poco; pero todo está bien y en progreso. Cuando recorrí este lugar para alquilarlo me enamoré porque vi que había un jardín hermoso, un living que podía convertirse en este espacio y un garage que daba la chance de transformarse en una cocina a la vista de todo el público, para que aquellos que prueben la comida puedan disfrutar mirando cómo se hace. Incluso, la misma gente que viene a buscar pedidos me dice: “che, “Tano”, qué raro, es uno de pocos lugares en donde se puede ver lo que te preparan”. Y a mí en lo particular no me molesta”.

Cuestiones de tiempo
A la hora de contar las verdes y las maduras, se sincera y explica aquello que más le costó de su inserción en Tres Arroyos. “Ni bien llegué a la ciudad, lo que más me complicó fue acomodarme a sus horarios. Yo trabajo de noche y obviamente me gusta dormir. A veces, cuando me despertaba, veía que al momento de buscar algo para el desayuno o el almuerzo (a las 2 de la tarde) estaba todo cerrado. ¡Cualquier negocio que recorrieras a esa hora no había abierto! Ahora ha cambiado un poco esa costumbre, pero verdaderamente me cuesta.
“Respecto a lo bueno que encontré aquí-reconoce- siento que el tresarroyense está muy predispuesto a tener un vínculo social. Además, valoro el respeto, la buena educación y en general la buena onda de todos. Yo destaco la amabilidad del argentino. Fijate que en la capital, recién llegado a Buenos Aires, solía perderme (me pasa en realidad en todos lados) pero lejos de quejarme lo disfrutaba, porque me interesaba encontrarme con personas nuevas y conocer adónde había ido a parar. Pese a no entenderme, la gente siempre fue muy cariñosa conmigo. Acá en Tres Arroyos me pasó lo mismo; sentí algo parecido a lo que me sucedió los primeros días que vine a Argentina. Eso hizo que me enamorara de la ciudad, de la tranquilidad de la gente… Y hasta del horario! Hace un tiempo yo mandaba mensajes al chabón (sic) que me tenía que traer la harina y me decía. “amigo, a la hora de la siesta no”. Son los tips que tuve que aprender”
A la hora de comentar cómo se lleva con el idioma español, dice: “eso tendría que contestarlo gente que me conoce. Cuando entran en confianza algunos me dicen, “che, vos todavía con ese acento, qué te pasa” (risas). Fue un problema los primeros meses, porque obviamente yo estaba fuera de mi país, muy lejos, no sabía hablar. Pero lo tomé como un desafío, el de aprender la lengua y entenderla. Algunas palabras todavía me parecen difíciles o me las olvido, a veces es un poco de italiano y otro poco de castellano. Con mi mamá me pasa lo mismo, cuando llamo por teléfono a Italia para saber cómo anda la situación ahí, me dice que estoy hablando en argentino, que no me entiende. Pareciera que no, pero hay muchas cosas distintas entre el español y mi lengua natal”.
Explica que “igualmente el siciliano no habla como el italiano del norte de Italia. Diría más, las costumbres o el modo de vida son muy diversos. Cuando nos mudamos con mi familia a Liguria, yo sufrí mucho más esa diferencia geográfica (que son 1500 o 1800 kilómetros), que la distancia cultural entre Italia y Argentina. A mí me llamaban emigrante en mi propio país, me decían que era un “norteafricano” despectivamente. Existe mucha discriminación entre el norte y sur, de chiquito la sufrí mucho. Yo me llamo Gaetano, y al norte de Italia ese nombre casi no existe. Sumado a la tez morocha de los del sur, ya quedabas etiquetado. Vivía en un barrio en el que había sicilianos, calabreses, sardos, napolitanos; eran todos emigrantes ahí, pero nos ayudábamos el uno con el otro”.

Como en casa
Esa emoción de sentirse parte de un grupo, de una sociedad donde el resto no resulta indiferente, le volvió a ocurrir en Argentina y más nítidamente en Tres Arroyos. “Y eso que yo no tengo muchísimos amigos, porque soy muy solitario y me gusta estar en mi casa, con mi perro, con mi pareja, con mi living, disfrutar de una forma de vida tranquila” enfatiza Gaetano.
Sin embargo, no está convencido al momento de afirmar si se ve a sí mismo de aquí a varios años viviendo en Tres Arroyos. “No armo mis planes con muchas expectativas a largo plazo. Estoy muy bien en esta ciudad, me gustaría comprarme esta casa donde ahora alquilo y abrimos Bonvissuto. Pero no sé si me veo en cinco años en Tres Arroyos, sino más bien viajando un poquito más por Italia. Me gustaría recorrer más y visitar a mi familia. No hay que olvidar que hace 13 años estoy fuera de mi país natal. Volví justo antes de la pandemia y a partir de allí no regresé”.
Como buen representante de la península de la bota, comenta que “en realidad se extraña más la familia que otra cosa. Yo volvería porque allá están los afectos: mi mamá, mi hermana, mi sobrina, mis amigos de la infancia. La tierra es hermosa, la quiero mucho, pero si los tuviera acá, no habría ningún problema. Me siento muy en casa en Argentina”.

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