Municipalidad Tres Arroyos

notas edicion de papel

LA INCREIBLE HISTORIA DE UN “TOPO” NAZI EN BALNEARIO RETA

Un espía en el paraíso

Cada vez hay más certezas y elementos de prueba que ratifican que esta zona costera resultó el lugar ideal, por su escasa población y medios de control, para el desembarco de nazis que -tras la Segunda Guerra- optaron por refugiarse en el país. “El Periodista” cuenta, a través del relato de Daniel Fernández, la increíble historia de Otto Müller, un espía nazi que vivió en Reta y desapareció misteriosamente

Marzo 2023
A la documentada existencia de avistajes de submarinos nazis en las costas locales, se sumó recientemente el hallazgo de restos de un sumergible alemán en la zona de Quequén

A la documentada existencia de avistajes de submarinos nazis en las costas locales, se sumó recientemente el hallazgo de restos de un sumergible alemán en la zona de Quequén

Desapareció tan misteriosamente y en silencio como había llegado tiempo antes. Pero algunos de los primeros habitantes del “paraíso” costero fundado en 1929 ya habían descubierto su secreto. Por entonces, en 1945 y cuando el mundo cambiaba para siempre su configuración con el final de la Segunda Guerra, Reta contaba con no más de un puñado de casas y un almacén. Disimulado tras su labor cotidiana de pescador o recolector de almejas, Otto Müller emitía, desde una zona cercana al Médano Blanco, señales lumínicas con su farol, que eran recibidas -y respondidas- por misteriosas embarcaciones que supieron navegar el Atlántico frente a las playas tresarroyenses de Claromecó, Reta y Orense, y que dejaron por estas tierras decenas de refugiados nazis al finalizar el conflicto. La historia tiene muchos nombres propios, que a los vecinos de Balneario Reta les resultarán familiares: Santiago López, Roque Bombassi, Fulgencio Corral, el Mudo Rens, Cholo Montes, todos protagonistas y testigos de aquel descubrimiento que los revolucionó, al punto tal de alertar a dirigentes de la Unión Cívica Radical de Tres Arroyos para que activaran contactos que investigaran al espía.
A las especulaciones iniciales se les sumó luego un hallazgo que tomó forma de certeza: dentro en la letrina de su rancho, ubicado en los fondos del Hotel Playas -pleno centro del entonces pequeño Reta- encontraron una lata de cuatro litros, herméticamente cerrada que contenía documentos de identidad argentinos -las viejas libretas de enrolamiento- en blanco pero firmados y con fotos de Müller, papeles escritos en alemán y rollos de dinero de distintas procedencias. No había dudas de que aquel austríaco flaco y enjuto, siempre ataviado con un mameluco de mecánico y que parecía sobrevivir gracias a la pesca y al arreglo de lámparas y estufas, tenía poderosas razones para permanecer en Reta. Y también para esfumarse sin dejar rastro, en forma coincidente con la aparición, el 23 de julio de 1945, de un submarino navegando frente a la zona del Médano Blanco, donde habrían desembarcado unas 25 personas que luego se hospedaron -para más tarde trasladarse a su destino final- en campos vecinos.
Ya en septiembre de 2001, “El Periodista” daba cuenta de la existencia de documentos de la Armada Argentina que fueron revelados por el diario "La Nación" en el año 1997, y que reflejaban, con fecha el 25 de julio de 1945, el avistamiento de un submarino frente a las costas de Claromecó. En su libro “Odessa al Sur”, Jorge Camarasa -tenaz investigador de la presencia nazi en Argentina, fallecido en 2015- planteó la posibilidad concreta de que el temible jefe de la GESTAPO hitleriana, Heinrich Müller (nótese la coincidencia en el apellido con el “topo” de Reta) haya desembarcado por esos mismos días en Orense, procedente de un submarino. Por entonces, otros documentos referían avistamientos de sumergibles en la zona de Necochea, San Clemente del Tuyú y Balneario Reta. Todo termina de cobrar sentido ya no solo con la historia del espía en esta última locación, sino también con el hallazgo en 2022, frente a las costas de Quequén, de un submarino que según el doctor Fabio Bisciotti, especialista de La Liga Naval Italiana en la identificación de sumergibles de la Segunda Guerra Mundial, que peritó las pruebas recogidas, es un U- Boot alemán y fue “deliberadamente explotado”.

Tradición oral
Daniel Mario Fernández es periodista y escritor; nació en Bernal, pero vive en Balneario Reta, el pueblo donde sus abuelos tuvieron el almacén y bar que tiempo antes había sido el escenario de discusiones sobre los pormenores del conflicto bélico mientras el huidizo Müller se abastecía de té, galleta y cigarrillos. En diciembre de 2022 publicó “Un espía en el paraíso”, que cuenta la historia del “topo” nazi y, de manera ágil y con datos certeros, la enmarca en el origen y los primeros años de Reta desde su loteo fundacional.
Fernández conserva un cuchillo del agente secreto, y fotos del que fuera su rancho y su pistola Luger. Y cuenta, en el volumen que él mismo editó con su sello “Viento en popa”, todo aquello que le refirió su propio padre, en una charla que fue la sobremesa de un asado, y que hasta entonces había sido un secreto que después confirmarían muchas otras fuentes.
“Empecé a trabajar en periodismo a los 15 años, en el diario Enfoques, que era la alternativa al centenario El Sol, de Quilmes. A los 17 entré a Télam, luego a través de Enzo Ardigó a Radio El Mundo y a Crónica, y más tarde trabajé en Radio Rivadavia, Clarín, La Nación, Siete Días, hasta que logré tener mis propios medios de comunicación. Perseguido literalmente por el intendente de Berazategui, Juan José Musi, en 1999 me vine a vivir a Reta”, contó.
Ya instalado en la costa local, comenzó a publicar columnas en la red social Facebook. Y esos textos, tras una desinteligencia con un pool editorial que planeaba publicarlos, también se convirtieron en autoediciones. Prolífico, Fernández trabaja ahora en otra obra, que contará la historia del pueblo de playa que lo cobija entre sus habitantes y donde también vivieron sus padres. “Los tres hijos que mis viejos tuvieron fuimos engendrados en un almacén, bar y pensión frente a la plaza de Reta, que mi padre bautizó ‘La Cueva del Tigre’ y que hoy es uno de sus sitios históricos. Alguna vez lo quise comprar pero había que hacer como nueve sucesiones en España, y eso me disuadió”, aseguró a “El Periodista”. Toda su familia está vinculada a los orígenes del Balneario y de los primeros poblados de la zona: su abuela materna era de apellido Matilla y nieta del “Indio Rico”; su abuelo, el asturiano Fernández Casal, también fue parte del entramado poblacional que los inmigrantes españoles trazaron en Tres Arroyos; su padre, Tito Fernández, fue presidente de la Juventud Radical tresarroyense.
Y es, justamente, el registro oral que conservaron su padre -cuyas cenizas se esparcieron en el Barco Hundido- y otros allegados el que le permitió contar lo poco que se sabe sobre aquel austríaco que podría haber sido un inmigrante más en esta zona, pero que resultó ser un espía que, con sus precarias señales, habría facilitado el desembarco de refugiados nazis.
“El colega Camarasa documentó los dos desembarcos, uno poco antes del final de la guerra a la altura del Quequén Salado, con el testimonio de un puestero chileno que yo conocí siendo muy chico, y que vio pasar a unas 20 personas en botes remando como locos rumbo al norte, cuando ocupaba lo que había sido uno de los fortines de la lucha contra el indio. Hablando con personas de Copetonas y de Tres Arroyos pude cotejar que, a la altura de la Cueva del Tigre, esa gente fue esperada por vehículos que los llevaron a dos establecimientos de campo de propiedad de dinamarqueses partidarios de los nazis. Y para evitar inconvenientes con el Gobierno nacional y provincial, el comisario de Copetonas dispuso de guardias tranqueras adentro. El mensaje era claro, con eso no había que joder”, advirtió Daniel, como telón de fondo de la atrapante historia del espía.

Nombre falso
“A Müller lo descubre un pescador, un italiano llamado Roque Bombassi, cuñado de los Arico, que tuvieron pescadería en Tres Arroyos. El fue la primera persona que le dio trabajo; pero este hombre, que quizá tenía un apellido falso, no podía ceñirse a los horarios de la marea, porque como va cambiando, entorpecía su posibilidad de comunicarse con la flota de mar. Y quiero hacer la salvedad de que si bien muchos creen que se comunicaba únicamente con submarinos y barcos alemanes, gente de Copetonas de mucha edad, cercana a los 90 años, y otros que conocían el tema, me contaron que de la misma manera se comunicaba con barcos mercantes argentinos. Hay que tener en cuenta que por entonces el Gobierno nacional era un aliado casi indispensable, sobre todo en el tema de alimentos, de la Alemania nazi”, señaló Fernández.
Lo que hacía este falso trabajador golondrina, que había llegado a Reta tiempo antes del fin de la guerra, era comunicar a las embarcaciones que estas costas prácticamente desiertas eran las ideales para los posteriores desembarcos. “Por lo que pude reconstruir, sus guardias en el Médano Blanco eran prácticamente cotidianas, y colijo que como los ingleses y norteamericanos tenían base en Chile y rastreaban las comunicaciones radiales para ubicar a los barcos y submarinos nazis, usaba con éstos señales lumínicas para evitar ser detectados. De hecho, durante la guerra hubo bombardeos a submarinos nazis en la costa argentina, y quizá estas señales eran la forma de que los que iban llegando a esta zona supieran las novedades que había en la región. Supongo que esa era la actividad del supuesto Müller. Todo esto me lo contó mi padre en una noche de verano terrible, de 42 grados, mientras hacía un asado al asador”, evocó.
Según Daniel, su padre -“como hacían los viejos de antes”, aseguró- le contó la historia “hasta por ahí nomás, y luego se divirtió ignorándome mientras le seguía preguntando”. Fue Cholo Montes, amigo de la familia, quien completó aquel relato con datos sustantivos, como el hallazgo de la lata con documentos en blanco sellados y firmados, y dinero, escondida en la letrina del rancho de Müller. “Supe quién tuvo el farol, la Luger, y yo tengo este cuchillo, que le pertenecía, de acero alemán que corta más que un bisturí. Entonces, cuando iba a pagar a la imprenta para publicar mi tercer libro, de relatos policiales, me asaltaron y me volví a Reta amargado y sin poder hacerlo; estaba mirando televisión un día, y me enteré del hallazgo del submarino nazi en Quequén y me dije ‘yo tengo esta historia’. Fui a buscar el cuaderno rayado de los que uso siempre para escribir, donde tenía anotados aquellos relatos de mi padre y sus amigos, y eso fue dando forma al libro”, describió.

Repercusión
Mechado con los orígenes del pueblo, el relato acerca de la existencia del espía nazi en Reta se convirtió en un libro que para Daniel, que se confiesa “siempre un engranaje en el universo del periodismo, pero nunca una prima donna”, ha tenido repercusiones y críticas sorprendentes. “Nunca creí que escribir un libro me iba a enorgullecer tanto. Todo lo que tiene que ver con publicaciones y gráfica se vende a precio dólar, y yo, que le giraba dinero a un amigo para que me compre dólares -para ahorrar- llegué a Buenos Aires con un monto que me permitía, alrededor del 17 de diciembre, cubrir los costos de impresión. Pero el dólar, que hasta ese momento venía tranquilo, se disparó y lo tuve que terminar con plata prestada por mi mejor amigo; me lo entregaron el 23 de diciembre a las 5 de la tarde. Y si no me lo daban ese día tenía que esperar hasta el 27, y el dólar volvió a subir…Lo cierto es que volvía a Reta con el libro, y ya en el camino entregué el primer ejemplar a una lectora de mi columna de Facebook en Benito Juárez, y el segundo a un matrimonio amigo oriundo de Olavarría y Azul que viven a una cuadra de casa. Así que antes de entrar ya había vendido dos ejemplares, y desde ese momento no paré”, confió.
“Un espía en el paraíso” arriesga un final para Otto Müller, que por razones obvias “El Periodista” no va a contar. Por estos días, Daniel Fernández organiza la entrega de ejemplares a periodistas conocidos y amigos, muchos de ellos que juegan en primera como Sergio Lapegüe, Jorge Lanata, Sandra Borghi, y tiene previsto presentarlo en Tres Arroyos. Habrá que leerlo para desentrañar el misterio.

Daniel Fernández cuenta en “Un espía en el paraíso” la historia de Otto Müller, un “topo” nazi que vivió en Reta e intercambiaba señales con submarinos alemanes

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Fernández está asombrado de la repercusión de su libro, que tiene apenas dos meses de publicado

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