Municipalidad Tres Arroyos

notas edicion de papel

PASAPORTE - UN VIAJE DE LUCAS CASSATARO Y ELENA DI ROCCO

Tres destinos

En el invierno del norte, la pareja tresarroyense emprendió un recorrido que buscó despejar los interrogantes que les despertaban tres lugares emblemáticos pero distintos entre sí: Miami, Orlando y Nueva York. Sus impresiones, en primera persona

Marzo 2026
Elena Di Rocco y Lucas Cassataro en Nueva York

Lucas Cassataro y su esposa Elena Di Rocco tomaron 14 días para resolver los interrogantes que planteaban tres destinos del mundo, cercanos entre sí. Para ella todo fue nuevo y volvió impactada. Con Gustavo, conocido realizador de imágenes fotográficas y fílmicas, charlamos para que nos cuente esa experiencia que abarcó Nueva York, Miami y Orlando en el invierno del norte con bajas temperaturas y días más cortos, pero plenos de sorpresas.
Tras volar con Latam, de Buenos Aires a Miami y descansar allí una noche, subieron a otro avión que los depositó el 14 de enero de 2026 en la Isla de Manhattan, desconocida para ambos hasta entonces.
“Iba con mucha expectativa con Nueva York, porque algunos amigos me decían que era una ciudad impresionante y desde el momento en que llegamos recibí esa impresión. Entramos por el Aeropuerto JFK, muy pero muy grande y usamos un sistema habitual para llegar al centro. Subimos a un tren que combina todas las terminales de la estación aérea y nos deja en la punta del Metro de la ciudad en la estación Jamaica. Viajamos hasta la Penn Station en pleno centro de la isla y cuando aparecimos en la superficie que nos permitía ver la ciudad encontramos frente a nosotros el edificio del New York Times, uno de los diarios más grandes del mundo. Nos tentamos y entramos a conocerlo. Hay un hall de grandes dimensiones que está decorado a ambos lados por las tapas impresas más emblemáticas de la historia. Por ejemplo, cuando el hombre llegó a la luna, el hundimiento del Titanic, la muerte de Kennedy, la destrucción de las Torres Gemelas. Son en total unos 20 cuadros. Nos permitieron tomar fotografías y nos gustó mucho ver tantos sucesos célebres todos juntos”.
Nos comentaba a lo largo de la entrevista que iban con un plan de visitas fijados, pero pudieron completar el 50 por ciento porque había luz natural hasta las 5 de la tarde y a partir de allí apretaba el frío del invierno.
“El año anterior habíamos estado en París en una época helada y fue una estada climática poco soportable. En este caso tuvimos nieve, pero se podía caminar en trayectos largos porque la ciudad hace que recorrerla a pie te ofrezca novedades a cada paso. Pocas veces tomamos el subte. Estábamos en un hotel bien ubicado, en la mitad de la isla y muchas de las atracciones principales estaban a metros o a pocas cuadras unas de otras. Al segundo día decidimos andar por la zona y nos encontramos con el Rockefeller Center, con una galería muy atractiva en el subsuelo, la famosa pista de patinaje y a pocos metros está la Catedral de San Patricio, que impacta por su construcción cuidada. Seguimos caminando por la Quinta Avenida y visitamos el edificio de Apple con toda su tecnología. Llegamos hasta el Central Park porque yo quería visitar el mosaico “Imagine” que perpetúa la memoria de John Lennon y nos quedamos a escuchar dos aficionados que interpretaban canciones de Los Beatles, en un lugar lleno de magia y nostalgia. No nos daban ganas de irnos, pero como el tiempo no sobraba, cruzamos a ver el Edificio Dakota, donde vivió y fue asesinado Lennon. En Wall Street fuimos a ver el famoso toro, pero no pudimos sacarnos la clásica foto porque hacía frío y había una fila de personas muy larga. Otro objetivo era conocer la esquina Charly García, que queda entre Chinatown y Little Italy. Subimos al subte y llegamos al lugar a tomarnos una imagen para el recuerdo”.
Una de las cosas que destacaron en la charla es que se sintieron muy seguros siempre, con mucho personal uniformado cuidando el orden y a los turistas y se encontraron con neoyorquinos amables siempre dispuestos a ayudar ante cualquier pregunta.
“Otra iniciativa que tuvimos fue tomar en Staten Island el barco que te lleva en pocos minutos hasta la Estatua de la Libertad. Nos gustó mucho esa navegación y cuando desembarcamos vimos que estábamos cerca del Puente de Brooklyn. Quisimos aprovechar la oportunidad para tomarnos algunas fotografías. En esos momentos conocimos a unos coreanos que andaban un poco perdidos como nosotros y ellos nos invitaron a caminar juntos por el puente hasta llegar a Brooklyn en un trayecto con paisajes bellísimos, que se destacaban aun más por el día soleado. Llegamos de una punta a la otra en unos 40 minutos muy entretenidos”.

Imagen y espectáculo

Lucas quiso conocer alguna casa importante de fotografía con elementos relacionados a su profesión y se fue hasta B&H Photo Video, una reconocida tienda especializada, ubicada en el 420 de la Novena Avenida. Fundada en 1973, se ha convertido en un destino esencial para aficionados y especialistas del rubro y quedó impresionado por la cantidad y calidad de tecnología aplicada a la imagen.
“En otro momento llegamos hasta el Madison Square Garden, pero nos quedamos con ganas de entrar. Muy cerca del hotel hay una cuadra con casas de telas de todo tipo y Elena pasó allí un muy buen momento por la variedad de cortes y texturas. Son salones visitados por artistas y productores de comedias musicales para generar vestuarios de grandes espectáculos. Una noche fuimos a ver la fascinante comedia “Aladdin”, el musical de Broadway en el teatro New Amsterdam, impecable en la producción por los efectos especiales, el vestuario y los músicos en vivo en un foso ubicado al frente del escenario. No nos dio el tiempo para visitar museos, bibliotecas y otros sitios culturales porque era imposible en esos pocos y cortos días cumplir con todo lo que teníamos previsto. Otro lugar muy interesante fue cuando conocimos donde estuvieron emplazadas las Torres Gemelas, el edificio Oculus y la obra arquitectónica The Vessel que parece un panal de abejas de grandes dimensiones. Arrancábamos a las 10 de la mañana y andábamos todo lo que podíamos. Otra cosa impactante fueron las pantallas publicitarias gigantes en Times Square.
En ese ritmo de visitas, optaron por buenos lugares de comida rápida en locales conocidos como Mc Donald o el especializado “Shake Shake” en hamburguesas. De Nueva York quedaron muchas cosas pendientes y el deseo de volver para conocerlas.
¿Cómo fue la estada en Miami y Orlando?
De Manhattan nos fuimos a Orlando con poco tiempo, pero con la idea de disfrutar el lugar que más nos interesaba, dentro de los varios parques que tiene. Privilegiamos el Magic Kingdom que trae como ícono el Castillo de Cenicienta. Nos alojamos en el All Stars Sports, uno de los hoteles que están en el mismo lugar, con decoraciones e instalaciones deportivas y colectivos gratuitos que te trasladan al sitio que vos elijas. Yo ya había estado años antes, pero Elena no conocía y quedó impactada por toda la escena y prolijidad de la zona. Llegamos a las 9 de la mañana, vimos los desfiles de todos los personajes por las calles, pudimos disfrutar algunos juegos y caminamos bastante porque hay mucho para ver. Nos quedamos hasta la noche para ver el impactante show de los fuegos artificiales. Ese lugar es la esencia de Walt Disney World porque es el más visitado de los parques temáticos del mundo. Allí te cruzarás con castillos majestuosos, animales de todo tipo, el mundo del mañana, barcos piratas y mansiones embrujadas, entre otras atracciones. Elena se emocionó en el Museo de Disney donde tuvo una visita personalizada con el personaje y se sacó una foto con él. Estuvimos dos días, pero es para quedarse más y hacer todos los parques. Un recuerdo imborrable para el resto de la vida.
¿Cómo siguieron las sorpresas del viaje?
Ya casi en el final, desde allí nos fuimos a Miami en un tren rápido y nuevo que inauguraron hace dos años, verdaderamente espectacular. El viaje demora tres horas y media, o sea que podés ir a pasar el día y volver. Sale de una estación ferroviaria bellísima y el tren te deja en el centro de Miami. En Miami nos alojamos en el Hotel Lorraine, al 2600 de la Avenida Collins, a 50 metros del mar y en pleno South Beach. De allí nos movíamos en Uber o en colectivo hasta el centro de la ciudad. Conocimos la zona de Brickell, también el Bayside, lugares de tiendas, bares, restaurantes y donde funciona el monorrail. También estuvimos un día entero en el Dolphin Mall, lleno de tiendas de primera marca a precios muy convenientes.
¿Habrá otra oportunidad para completar la agenda de visitas que quedó pendiente?
Volvería a Nueva York para hacer un tour de fotografía. No me imaginé que fuera una ciudad tan grande, pero lo haría otra vez en invierno porque encontré una magia especial y me quedó un imán que atrae al regreso. Entre otras cosas me quedé con ganas de ver esos edificios de departamentos con las escaleras metálicas en el exterior que vi tanto en las películas. Un solo viaje es poco. Volvería muchísimas veces más.

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