OTRA AVENTURA DE RAUL VIDEIRA EN BICICLETA
Tras las huellas del megaterio perdido
Raúl Videira volvió a tomar una bicicleta y realizó una nueva travesía por la playa desde Marisol hasta Pehuen Có. Recordó cómo fue su primer viaje de estas características, cuando unió Reta con Necochea. “Estas experiencias te dan mucha energía. A mí todo lugar donde haya agua me hace bárbaro”, manifestó
Raúl Videira volvió a tomar una bicicleta y realizó una nueva travesía por la playa desde Marisol hasta Pehuen Có
Cuando uno desea viajar, vivir aventuras y conocer nuevos destinos, no hay obstáculo que lo detenga. Al menos para Raúl Videira es así, que deseaba emprender una expedición por la playa y, ante la falta de dinero, tomó su bicicleta y emprendió su primer viaje en el verano 2021-2022, desde el Río Quequén Salado hasta el Río Quequén Grande. En enero de este año, entusiasmado por esa experiencia y mejorando algunos aspectos logísticos, realizó su segunda travesía, “En busca de las huellas del megaterio perdido”, partiendo desde Marisol hasta Pehuen Có.
Raúl desde que tiene uso de razón, anduvo en bicicleta. “Empecé a correr a los 13 años, dejé a los 16, agarré de vuelta a los 18, y dejé a los 25 porque fui dirigente en la Asociación de Ciclistas y no parecía ético. Nunca fui bueno, nadie me ha visto ganar una carrera, pero nadie puede decir que yo abandoné”, bromeó al inicio de una entrevista con “El Periodista” .
Es electricista e impresor gráfico de oficio, pero esos trabajos ya no los puede realizar, por lo que hace un año y medio se abrió su propio taller de bicicletas, mientras espera que le llegue la jubilación al cumplir los 65 años en pocos meses. “Es algo que me gusta, que lo hago a consciencia. Voy teniendo las herramientas que voy necesitando”, contó.
Tener este taller también le sirvió para ir valiéndose de una mejor bicicleta, y así ir por más aventuras por la playa.
Primer viaje
La primera travesía, Raúl la realizó en el verano 2021-2022. Fue su primer viaje en bicicleta. “Hace dos años tenía ganas de salir a la costa, de hacer una aventura, pero no tenía el dinero suficiente. Entonces, me preparé y fui con una playera”, recordó sobre el vehículo que utilizó en aquel momento. “La usé de carretilla a la bicicleta porque el 70 por ciento lo hice caminando. Pero, uní los dos Quequén, de Reta a Necochea, absolutamente todo por la playa”.
El viaje lo comenzó desde Tres Arroyos, en combi hasta Reta y desde allá partió hacia su otro destino, recorriendo diferentes pueblos y durmiendo en carpa o en lugares que le prestaban en cada parada. “El primer día acampé en Reta y al día siguiente arranqué la travesía, esperando que la marea baje. A los pocos quilómetros volví a acampar y al otro día llegué a Claromecó. Ahí me quedé dos días en el Camping de Luz y Fuerza, luego arranqué para Orense, que llegué en el día. Me quedé un día, de ahí me fui hasta la zona de un barco hundido muy antiguo que hay. Después llegué a San Cayetano, que hay una cabaña para viajeros. Desde ahí, partí para Balneario Los Angeles y al otro día de un tirón hasta Necochea. En total fueron diez días”.
Esa experiencia Raúl la recuerda como “espectacular”. Si bien uno sabe que es un viaje muy demandante en cuestiones físicas, por el clima y el andar a la intemperie, nada de eso lo preocupaba. “No me imaginaba demasiado cómo iba a ser. La expectativa fue buena de por sí por el hecho de que fui con el mar; a mí me das agua en movimiento y está todo genial. Por ahí tenía ciertas reservas con respecto al clima porque andar a la intemperie es jodido”.
Lo que más lo preocupó siempre fue el abastecimiento de agua, “que es el mayor peso que lleva la bicicleta. Esa vez justo agarré el golpe de calor, hizo 42°, y era tomar agua todo el tiempo. También tuve muy buena experiencia con la gente, que se arrimaba, me daba de comer y me daba agua”, recordó.
Segundo viaje
Tras aquella exitosa primera experiencia, Raúl quiso seguir el circuito por la costa bonaerense. “Yo había llegado hasta Necochea y quería seguir para Mar del Plata o Miramar, pero cuando vi lo que habían subido los precios de todas las cosas, pensé en que iba a ser un gasto terrible. Entonces opté por hacer el circuito al revés, también para tener los vientos cambiados al primer viaje y el sol, o sea que cambié la perspectiva”, explicó.
Fueron muchos los cambios que hizo con respecto a la primera experiencia. El más esencial fue su bicicleta. “Ya no fui con una playera, me armé una con cambios, con un cuadro viejo del año 2000 de aluminio muy sofisticado”. También, “desde el primer viaje me compré una pantalla solar con una batería, que me da luz para la carpa, para la bicicleta y me sirve para ir recargando el teléfono”, que lo volvió a llevar con él. Esta vez, “no llevé una sartén, llevé una ollita chiquita que me fabriqué a gusto”.
También en esta oportunidad partió desde Tres Arroyos en su bicicleta, realizando todo un recorrido inicial por los caminos rurales, hasta llegar a Marisol. “Había entrenado más en bicicleta, estuve adaptándome al sol y al clima. A su vez, como arranqué desde acá, mi hijo tiene una amiga con casa en Marisol, así que ella me invitó a descansar allá. Llegué un miércoles a media tarde, pasé dos días, enganché un cumpleaños que comimos lechón, así que todo bárbaro”. Luego, “el viernes partí a descubrir esa parte de la costa que es un desierto. Yo no conocía, había ido una sola vez a Marisol”.
El recorrido elegido entonces fue “desde Tres Arroyos por caminos rurales hasta Marisol, que por error pasé por Copetonas. Desde ahí hice Arroyo Sauce Grande, que también es precioso; el balneario El Sauce, Monte Hermoso y recorrí toda la Reserva Natural Provincial Pehuen Có - Monte Hermoso, donde están las huellas humanas y del megaterio. Me hubiese gustado quedarme más días en cada lugar para recorrer más, pero por los precios es imposible. Pero aprovecho para ir charlando con la gente, que te encontras con personajes como en todos los pueblos”.
Esta excursión se llamó "En busca de las huellas del megaterio perdido", es decir, “el objetivo era ir a ver eso. Llegué a Pehuen Có, me quedé dos noches y después me volví todo por caminos rurales. Lo hice en dos días y estuvo bravísimo. El primer día llegó a 37° y no había ni un arbolito, ni donde resguardarse. Llegué a Dorrego, donde los bomberos me dieron alojamiento, y al otro día salí para Tres Arroyos. Hice Guisasola, Aparicio, Irene, Cascallares y Tres Arroyos”.
A pesar de las extremas condiciones climáticas que ha sufrido, Raúl pasó todo con calma, disfrutando la experiencia y llevándose los mejores recuerdos de cada lugar. “No fui renegando del apuro porque yo voy sacando fotos, recorriendo... Pero estaba muerto de energías. En Cascallares hice lo que no hay que hacer y me comí dos alfajores con una gaseosa, y me levanté y salí... y con eso llegué”.
Psicocasco
Esta entrevista tuvo lugar al otro día que el ciclista retornó de su aventura. “Me siento cansado, pero es natural”, expresó y aseguró que “me siento muy bien y sé que en el tiempo que sigue voy a estar así porque cambia el metabolismo y se pone en marcha el cuerpo entero”. En ese sentido, explicó que “yo tengo un pinzamiento entre la cuarta y quinta vértebra, que cuando se inflama me ataca la pierna; no lo sentí en todo el viaje, de hecho, me había llevado una tableta de antiinflamatorios y no tomé ninguno”. Sorprendido, destacó que estas experiencias “te dan mucha energía. A mí todo lugar donde haya agua me hace bárbaro”.
También el viaje le sirvió para liberar la mente de la rutina y olvidarse de las cuestiones que día a día lo mantienen pensando mucho. “Esto es como un 'psicocasco' porque mientras vos vas viajando, la cabeza se va limpiando. Te ponés a pensar en el viento, en un lobito marino que te encontraste, que si se está formando tormenta, en las olas...”.
Quizás sea muy reciente para ya estar pensando en las próximas aventuras, pero Raúl siempre tiene ganas de ir por más. “Yo creo que por ahí haré algún viajecito corto. Tengo ganas de ir a la sierra, pero más en el otoño o la primavera, pero sé que es algo que requiere de mucho esfuerzo. Y sino podría irme a Claromecó o por ahí. Tengo una idea también de hacer un circuito que lo tengo marcado, para la zona de Sierra de la Ventana desde Pringles, todo ese bajo donde estuvieron los nativos”.
Mientras tanto, Raúl descansa y agradece poder seguir recolectando maravillosas experiencias. Cabe mencionar que en su cuenta de Instagram @enbici.xlaplaya va publicando fotografías y videos de sus aventuras, mostrando cómo es viajar en bici por la playa.


