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EL ARQUERO DE HURACAN FUE CONVOCADO PARA
LA PRESELECCION SUB 20 CON MIRAL AL MUNDIAL 2007
El día del arquero
De la noche a la mañana, Agustín Marchesín,
arquero de Huracán, de tan solo 17 años, fue convocado para
la preselección Argentina Sub 20 con miras al Mundial del 2007.
Y de Suipacha y Mitre, casi sin escalas intermedias, fue a entrenar con
el "Pato" Fillol al predio de Ezeiza. "No sé si
quedaré seleccionado o no, no creo. Mi sueño es quedar,
pero igual yo ya cumplí, ya estar ahí es suficiente, ver
que entre tantos arqueros que hay en el país estoy yo ahí,
ya está", dijo con toda humildad en un íntimo diálogo
con "El Periodista"
Con diecisiete años, de la noche a la mañana,
Agustín Marchesín se convirtió en una promesa. Su
salto en el fútbol fue tan vertiginoso como inesperado. Hasta hace
un mes atajaba en la primera división de Huracán de la liga
y ahora entrena en el predio que la AFA tiene en Ezeiza donde lo convocaron
para la preselección sub-20, con vistas al Mundial del 2007. Detrás
de él se encolumnan una serie de arqueros de indudable eficacia,
de distintas características, pero de metas idénticas. Pero
él es el único que salió de un club del interior
sin siquiera haber pisado aún la titularidad en la B Nacional.
Su sueño es de selección y no parece estar tan lejos de
lograrlo.
Inmerso en un sueño
Los pibes con condiciones y sueños fundidos bajo el mismo sol,
nacen con el destino cosido a gajos como la pelota. A los siete años
en su San Cayetano natal, mientras jugaba de 9 en el club Sportivo, ansiaba
con ser futbolista profesional. "Cuando empecé a jugar en
San Cayetano obvio que quería jugar al fútbol, era mi sueño.
Cuando sos grande te vas dando cuenta de otras cosas y no te imaginás
que podés llegar", contó Agustín a "El
Periodista", aun incrédulo ante la oportunidad que tiene delante.
Más si recuerda que se hizo arquero por casualidad. "Jugaba
de 9 pero en los entrenamientos me mandaban a atajar. Al técnico
le empezó a gustar y me mandaba al arco, yo no quería pero
bueno...ahora por lo menos me gusta". Por entonces nada podía
resultarle más fantasioso que imaginarse, diez años después,
practicando en la misma cancha que su ídolo: el Pato Abbondanzieri.
Viaje en "Globo"
De la mano de Gustavo Cai y Alberto Bareille, Agustín dio un gran
paso para integrarse al fútbol profesional. Llegó un día
a formar parte del equipo sub-15 que dirigía Mario Oviedo para
disputar un campeonato en Mar del Plata. Al poco tiempo armó su
bolso y se vino a Tres Arroyos, a vivir a una pensión para empezar
a jugar en Huracán. "Fue todo muy rápido. En enero
me llaman para jugar en la categoría sexta de la división
de la liga local. El anteaño pasado vine a jugar un amistoso, me
quedé en el entrenamiento y fui al torneo en Mar del Plata. Les
gustó como jugué y quedé. Jugué en tercera
y algunos partidos en primera local. Cuando Dulcich iba a jugar en reserva
de primera de la AFA me tocó jugar todo el campeonato en primera
local".
De preselección
El momento soñado llegó a mitad del mes pasado. Un día,
por intermedio de un fax, lo convocaron a presentarse en el predio que
la AFA posee en Ezeiza a trabajar con la preselección Argentina
sub-18. Había sido recomendado por Cachín Blanco a Ubaldo
"Pato" Fillol y después de un seguimiento lo llamaron
a trabajar con miras a la selección sub-20 que dirige "Pancho
Ferraro". Fue curioso. Solo había visto la oportunidad de
actuar en el fútbol profesional de cerca tres veces, cuando le
tocó estar en el banco en los partidos que "El Globo"
disputa en la B Nacional. Y sin embargo, ya es una promesa de preselección.
"Se me dieron las oportunidades, tuve un poco de suerte y trabajé
para que las cosas me salgan bien. No me imaginaba esto, fue todo muy
rápido", dijo este chico que disfruta de sus logros sin marearse.
Un chico entre los grandes
El primer día que llegó al predio de Ezeiza lo recibió
el "Pato" Fillol. Fue el propio campeón del Mundial ´78,
el que le tiró al arco y lo siguió de cerca. "La primera
prueba me fue bien. El primer día que llegué estaban todos
los profesionales que habían quedado libres del partido contra
Perú y estaban entrenando para jugar con Uruguay. Estaban todos:
entrené con Lux, con Franco y Abondanzieri estaba corriendo alrededor
de la cancha", contó de la mañana que quedará
marcada a fuego en sus recuerdos.
Fueron tres días de prueba y le dijeron que luego del informe que
le entregarían a "Pancho" Ferraro, seguramente tendría
que regresar en noviembre para seguir observándolo. La convocatoria
fue antes de lo esperado y a la siguiente semana Marchesín volvió
a Buenos Aires para seguir con los trabajos junto a Fillol. "Entrenamos
lunes, martes y miércoles, a veces en doble turno. Son todos arqueros
de equipos de primera división. Del Nacional B del interior soy
el único. Jamás en mi vida me imaginé que me iba
a pasar", dijo Agustín poco antes de salir al banco de suplentes
cuando "El Globo" enfrentaba a Juventud Antoniana de Salta.
"Re buenas" oportunidades
Con diecisiete años, Agustín no imagina su vida sin fútbol.
"Me gustaría algún día hacer otra cosa también,
pero ahora es lo que me gusta hacer y siempre a uno lo que le gusta nunca
lo va a cansar. Aparte soy chico y las oportunidades que estoy teniendo
son re buenas", dice con toda humildad. Se niega a que lo consideren
un referente, pero sabe que su oportunidad puede servir de ejemplo para
pibes que como él, empezaron en un club de barrio, soñando
metas que parecen inalcanzables. "No soy un referente pero que vos
veas que alguien está entrenando con la selección les da
fuerza a los chicos de mi edad o más chicos para saber que tienen
que entrenar para llegar a algo".
Con sus condiciones, Marchesín transita por la senda de lo probable
y trata de no ilusionarse demasiado. "La preselección es para
el 2007, no sé si estaré seleccionado o no, no creo. Mi
sueño es quedar, pero igual yo ya cumplí, ya estar ahí
es suficiente, ver que entre tantos arqueros que hay en el país
estoy yo ahí, ya está". Su corta experiencia le demostró
que las metas no suelen ser tan imposibles. No puede garantizar todavía
que alcanzará su sueño o deberá esperar otra oportunidad.
Solo hay una cosa segura: no desperdiciará un minuto en su intento
de lograrlo.
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