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Exclusivo
Desde Capital Federal
JUAN SASTURAIN, DESTACADO ESCRITOR Y PERIODISTA
NACIDO EN CHAVES, ALGUNA VEZ JUGO AL FUTBOL EN TRES ARROYOS
Se escribe como se vive
Nació en González Chaves
y vivió en Coronel Dorrego. De adolescente, jugando al fútbol
para Independiente, pisó las canchas tresarroyenses. Hoy, a los
58 años, el destacado escritor y periodista Juan Sasturain es editor
de deportes del diario Página 12 y un referente de la historieta
argentina. En capital federal, donde reside, se brindó a un diálogo
exclusivo con "El Periodista"
Por Lucas Martínez y Marcelo Rivas
"Se hizo un silencio increíble en toda la
quinta, hasta los pájaros se callaron...", no era para menos,
José Pirovano le acababa de atajar un penal al Presidente de la
Nación en la mismísima Quinta de Olivos, estadio complicado
para jugar de visitante. Con este pequeño "accidente"
comienza el último libro de Juan Sasturain, "La lucha continúa".
Una vertiginosa novela de aventura con mezcla del relato policial con
narrativa fantástica ambientada en la ciudad de Buenos Aires. Una
historia atrapante que, según sus propias palabras, "cumple
con el primer requisito de cualquier obra narrativa que es, en el buen
sentido de la palabra, entretener. El pecado capital de cualquier narrador
es aburrir".
Quizá esta sea la mejor manera de presentar al chavense Juan Sasturain,
escritor, periodista, y uno de los máximos referentes de la historieta
argentina, que compartió con "El Periodista" una agradable
charla de café, donde recordó sus reiteradas mudanzas por
diferentes localidades de la provincia, su pasión por el fútbol,
la historieta y la literatura.
En Chaves, por accidente
"Se puede decir que nací en Chaves por accidente.
Mi padre fue empleado del Banco Provincia. Entró al banco en Lobería
y después laburó por distintos pueblos de la provincia.
Toda mi familia era de Lobería, incluso mi hermana mayor nació
allí. En el año '45 mi viejo estaba trabajando de tesorero
en Chaves, y como en esa época se acostumbraba que los hijos nacieran
en el lugar de donde eran sus padres, mi mamá se iba a ir a Lobería...
pero bueno, por esas cosas no fue. Así que nací ocasionalmente
en Chaves. Viví un año y medio hasta que a mi viejo lo trasladaron
a Médanos, cerca de Bahía Blanca. De ahí fuimos a
Lobería, después a Rauch. Y en Rauch, en el '55, se produce
la Revolución Libertadora con la caída de Perón.
A mi viejo, que era peronista y había sido secretario de Unidad
Básica alguna vez, lo rajaron del banco. Pero antes de echarlo
lo trasladaron a Chaves. Así que volví unos meses, en vísperas
de entrar a cuarto grado. La siguiente vez volví para jugar al
fútbol, tenía cerca de 16 años y vivía en
Coronel Dorrego, donde integraba el equipo de Independiente. En esa época
se jugaba en la liga de Tres Arroyos, ya que no había liga en Dorrego.
Jugábamos con los clubes de Tres Arroyos y también estaban
"los chacareros", Quequén y Oriente, Copetonas e Independencia
de Cháves. Jugaba en la reserva e íbamos a todos los pueblos,
ahí volví a Chaves para enfrentar a Independencia".
Las letras y la pelota
En esa misma época, promediando sus estudios secundarios,
Sasturain comenzó a escribir y a forjar su futura carrera como
escritor. Al terminar el colegio viajó a la capital federal para
estudiar letras en la Universidad de Buenos Aires. Igualmente su pasión
por el fútbol no decayó, ya que lo siguió practicando
tanto dentro de la facultad como fuera de ella. Integraba el equipo de
Filosofía y Letras y dice haber sido campeón de la Liga
Universitaria al ganarle a Ingeniería, pese a que -como todos sabemos-,
la facultad de Filosofía y Letras no es precisamente un semillero
de grandes talentos futbolísticos. Pero ya por ese entonces tenía
en su haber otros logros deportivos de su vida en Coronel Dorrego.
"En 1962 se acabó la guita en Independiente y se hizo la Liga
de Dorrego, ya que no había más plata para traer a los cordobeses,
los jugadores de afuera. Entonces los que estábamos en el pueblo
jugábamos en primera y salimos campeones en el '63. Tengo el orgullo
de haber sido campeón en la primera liga de Dorrego (risas). Cuando
llegué a Buenos Aires quería jugar, tenía un tío
que era dirigente de San Lorenzo, entonces me fui a probar. Yo estaba
jodido de la rodilla porque en Aparicio, jugando por la liga, me rompieron
los ligamentos de la rodilla derecha, me hicieron mierda la rodilla y
me curaron mal, en aquella época allá ni te operaban ni
nada.
Me probé de delantero en San Lorenzo, y era grande, cualquiera
sabe que a los 18 años si no la rompes no... y yo no la rompía.
Después entrené con Independiente y entré a Lanús,
y aunque firmé con ellos nunca jugué. Lo que pasa es que
estudiaba Latín e Introducción a la Historia por un lado,
y después iba a entrenar al sur. Largué y terminé
jugando en el equipo de la facultad. En el '69 egresé en Letras
y comencé a trabajar como profesor de Literatura en el secundario
y al año siguiente a escribir en los medios. Yo quería ser
escritor, empecé a escribir críticas de libros que es lo
primero que uno habitualmente hace, lo que tendría que hacer al
final. Uno opina sobre los demás y es incapaz de escribir un carajo...".
Tendremos que opinar sobre su libro...
Perfecto (risas), bueno las reglas son así, es más fácil
escribir sobre los demás que escribir uno. Pero además son
dos actividades muy diferentes, actividades distintas. No necesariamente
los críticos tienen que ser buenos escritores. Para nada, son cualidades
diferentes. Yo me acuerdo que lo primero que comenté para Clarín
fue una novela de Pasolini y no tenía ni la más reputísima
idea de Pasolini, igualmente me mandé una crítica re pedante,
llena de citas de Ronald Barthes, y yo no entendía un carajo. Mas
allá de la buena intención y la seriedad, no tenía
nada, no tenía conceptos, no tenía rodajes... Después
laburé muy bien y muy feliz en los años de La Opinión.
Estamos hablando de principios de los '70. La Opinión fue un medio
muy importante, revolucionario para esa época...
Un diario de derecha con periodistas de izquierda...
Claro, como termina siendo siempre. Un periódico "progre".
En el área de la Cultura el que me dio laburo fue (Juan) Gelman.
Y ahí sí empecé a escribir un poquitito mejor, creo,
y sabiendo de qué escribía.
¿Cuándo escribió su primera novela?
Yo hice todo muy demorado. Escribo como cualquiera, desde los 16-18 años,
pero "Manual de perdedores" la terminé cuando tenía
30 años, en el '75, y no se publicó hasta 10 años
después. Yo me había propuesto terminar mi primer novela
antes de cumplir treinta años, en esa época ya estaba casado
y tenia 2 hijos.
¿De dónde surge la pasión por la
historieta?
La pasión por la historieta viene de la lectura. La lectura de
historieta fue un poco formadora y deformadora para mí desde la
infancia. Como todas aquellas cosas que te marcan. Para bien o para mal,
pero te marcan. Son como los padres que tenés, el barrio donde
te criaste, o las experiencias que tuviste. Todo sirve, depende de que
haces vos con eso después. Generacionalmente los pibes que empezábamos
a leer en los '50 ya no leíamos los clásicos de la literatura
juvenil, leímos las historias de las historietas del mismo modo
que los chicos hoy más que leer miran la tele. Nosotros somos la
primera generación del medio audiovisual. Ya le jodia un poco a
la maestra que uno no leyera libros sino mirara otras cosas. Lo cual es
un problema, evidentemente, porque en mi caso comencé con la historieta
y luego llegué a la literatura, pero de algún modo sentí
la corrección cultural, y con razón, en el sentido de por
qué carajo leen esto y no leen lo que tienen que leer. Pero bueno,
mal que mal es así. Quedó como una especie de sustrato en
el cual hay un concepto de aventura que -por ejemplo-, viene de ahí.
¿De ahí viene entonces lo de la ficción?
Claro. Primero la leí cuando era pibe y mi segunda aproximación
fue como docente, en los años '70. Fui jefe de trabajos prácticos
de Literatura Argentina en la Facultad de Filosofía y Letras y
después responsable de Teoría Literaria en la Universidad
de Rosario desde el '72 hasta el '75. Hasta la triple A, y después
los milicos, en esa época de lucha ideológica en la universidad.
Los que dábamos literatura desde el campo progresista, uno de los
gestos con los que atacábamos era ampliar el objeto de estudio
de la literatura, más allá de la valoración, de si
era bueno o malo. Entonces incorporamos la literatura de masas, nos dedicamos
a estudiar el policial, la historieta. Teníamos una concepción
de la literatura muchísimo más amplia que la concepción
restringida y elitista. Entonces mi segunda aproximación a la literatura
fue como docente.
¿Más allá del gusto literario era
una cuestión ideológica?
En este caso era una reivindicación de tipo ideológica,
con los llamados géneros marginales y el papel que esos géneros
marginales puedan tener en una sociedad neocolonial como la nuestra. Así
aparecía la reivindicación de Oesterheld, o la reivindicación
de los letristas de tango. Cómo en los márgenes o costados
de la cultura se producían fenómenos masivos, y por otro
lado estéticamente muy válidos que tenían una forma
de desarrollo absolutamente independiente, que no eran dependientes de
los modelos externos que era lo propio de la literatura concebida como
de vanguardia. De ahí venía el debate ideológico
de la reivindicación de los géneros marginales.
¿Primero lector, luego docente y después
guionista?
Si, esta es la tercera etapa, que es la práctica, cuando me pongo
a escribir. Entonces lo primero que hago es una novela policial con un
detective ambientada en Argentina y pienso como hacer verosímil
la aventura. Una de las formas de la dependencia cultural era que la aventura
no era posible acá. La idea era hacer la circunstancia de lectura
en el mismo lugar donde pasan las cosas, donde vos las lees, es lo que
había hecho Oesterheld.(autor del Eternauta)
Con la democracia, junto a Alberto Breccia, llegó
la historieta "Perramus"...
Claro, a principios de los '80 andaba con Patricia, la hija del viejo
Breccia, en la época donde yo estaba laburando en Super Humor y
tenía una cercanía con la historieta. Y de mi relación
con Patricia tenia una cercanía con Alberto. Yo no había
escrito nunca un guión, ya tenia terminada mi novela, escribía
cuentos, escribía sobre historietas. El viejo era un autentico
artista, y como todos los artistas se cagaba de hambre en esa época
porque no publicaba acá. Hacía cosas muy lindas, todo bárbaro,
premios y todo..., pero no había medios donde publicar, entonces
necesitaba algo para publicar afuera. Entonces me dice: "Juan porque
no me hacés un guión, una cosa aventurera, mas o menos vendible,
no una cosa hermética, complicada. La idea era hacer algo de batalla
digamos, como para... Yo le escribí el primer guión de "Perramus".
Las primeras 8 páginas le gustaron y empezamos a laburar. Lo que
pasa es que aquello que tendría que haber sido, en teoría,
una historieta simple, fácil para vender y que permitiera tener
respiro con algo mas o menos comercial, resultó complicada, hermética,
presuntuosa, hiperintelectual, comprometida. Pero bueno, laburamos un
montón de años, hicimos mas de 400 páginas. Son cuatro
historias largas. El hecho que un tipo como ese me diga "che porque
no me escribís un guión" fue muy lindo.
"Perramus" se difundió en buena parte
del mundo...
Se publicó en toda Europa. En Argentina la publicó la revista
Fierro, después en libro. Y la última parte, la cuarta,
que se llama "diente por diente", que es la dispersión
de los dientes de Gardel, nunca se publicó en castellano, es inédita.
En el único lugar donde salió es en Francia, donde está
todo junto publicado en tres volúmenes. Y bueno, con esa ganamos
el premio Anmisty Internacional.
¿Se considera un referente de la historieta argentina?
Sí, la verdad que sí, yo he sido como "la viuda intelectual"
de Oesterheld. Tengo el orgullo, y lo digo de corazón, de haber
sido el primero que escribió en los medios sobre él en el
'78, cuando estaba desaparecido. Mi vínculo fuerte con la historieta
fue en la década del '80, después no he vuelto a escribir
historieta. Alberto murió en el '93, y yo nunca más escribí
historieta.
Retomemos el fútbol, ya que también ha
escrito mucho sobre el tema...
Escribir sobre fútbol es algo que siempre me gusto, es la misma
relación que con la historieta. Un poco ser coherente con las cosas
que nos dan placer y que nos gustan. Independientemente de que sean culturalmente
aceptadas o no. Partimos del placer, de lo que nos gusta. El fútbol
da para muchísimas cosas. Hay infinidad de gente que escribe cuentos
sobre fútbol. La literatura nunca se define por los temas, se define
por el uso de la palabra, no importa que vos hables de fútbol o
de la guerra mundial, lo importante es el texto. Es ocasional que vos
hables de una cosa u otra. Con cualquier tema se puede hacer buena literatura
y se puede hacer basura. El tema es cómo y no de qué se
habla.
¿Está trabajando ahora en la sección
deportes del diario Página 12?
Igual escribo para otras secciones, pero soy editor de deportes. Me siento
muy bien trabajando en Página. Es uno de los pocos medios independientes
que no tiene que quedar bien ni con la tele ni con la radio, donde no
tenés la presión de las grandes empresas y donde todavía
se puede escribir sin que te miren por arriba del hombro. Con todas sus
limitaciones, sigue siendo saludablemente un boliche.
Finalmente, ¿a usted le pasó lo mismo que
a Fontanarrosa, que soñaba con ser Onega antes que Cortazar?
Totalmente, la vocación futbolera es anterior a la literaria. Me
parece muy saludable que un pibe de nueve años quiera ser futbolista
y no escritor. Igualmente puede salir un Borges maravilloso, que por suerte
quería ser escritor y no jugador de fútbol. Desde un parámetro
de salud un poco arbitrario, ¿qué mejor que quiera ser futbolista
a esa edad?. A mí siempre me gustó jugar al fútbol,
ver fútbol y escribir sobre fútbol. No sobre Macri, no sobre
toda la basura que puede ser el mundo que lo rodea, no me interesa hacer
ni reivindicación ni crítica cultural, no. Escribir del
juego, el juego es hermoso. En fin... ¡se presta tanto al verso
el tema del fútbol!. Hay una hipertrofia de la oferta de lo futbolero.
Los hipercríticos de los fenómenos de masas creen que todo
es parte de la manipulación. Sebreli, por ejemplo, defiende una
postura de alienación, que el fútbol es únicamente
alienación. Obviamente tiene razón en muchísimas
cosas, pero no todo es manipulación. Y bueno, que se joda, él
se lo pierde.
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