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LA HISTORIA DE LAS "CASAS DE LA PLAYA"
Y EL "HOTEL BRISAS" DE CLAROMECO
Mar de fondo
Eran de madera y chapa. Se asentaban
sobre pilotes. Tenían una inmejorable vista al mar. En su mayoría
pertenecían a tresarroyenses o chacareros de la zona. Nada queda
hoy de las "casas de la playa", propiedades que se construyeron
sobre la arena en las primeras décadas del siglo XX y que, por
diversos motivos, desaparecieron con los años. También integró
ese "vecindario" el "Hotel Brisas", que ostenta el
triste privilegio de ser la primera construcción devorada por un
médano. "El Periodista" rescata sobre papel el patrimonio
arquitectónico que no se preservó en la vida real
En el embrionario Claromecó
de las primeras décadas del siglo XX, los turistas, en su gran
mayoría tresarroyenses o chacareros de la zona, comenzaron a edificar
sus propiedades de veraneo muy cerca de la orilla del mar. Casi todas
las casas tenían en común que eran de madera y que estaban
construidas sobre pilares del mismo material para que las altas mareas
de los días tormentosos no las invadieran. Estas viviendas ocuparon
en algún momento una relativamente extensa línea edilicia
paralela a la costa en cuyo centro se hallaba el recordado "Hotel
Playa", que luego mutó su nombre y pasó a denominarse
"Brisas".
La construcción del murallón que dio origen al trazado de
la avenida Costanera, los avatares climáticos, los movimientos
propios de la arena y, más tarde, inexplicables incendios provocaron
que, en un período de tiempo que concluye a comienzos de la década
del '80, todas estas pintorescas casitas pasaran a formar parte de un
recuerdo lejano al que sólo se accede cuando nuestros ojos se posan
sobre alguna de las pocas imágenes fotográficas que se conservan
en el Museo Aníbal Paz.
Lamentablemente, la arena de la playa no puede develar ningún rastro
-simplemente porque ya no existe ninguno-, de aquellos tiempos en los
que sobre sus variables ondulaciones se posaban los primigenios núcleos
habitacionales de un balneario que, en su afán de crecimiento,
no pudo o no supo mantener lo que sin dudas hoy sería un patrimonio
histórico invaluable y un atractivo turístico fundamental.
Como única e inexacta referencia de aquellas casas de la playa,
actualmente sólo es posible hallar una vivienda de ladrillos y
cemento, también construida sobre pilares, que en su momento fue
parte de aquel "vecindario". Esta propiedad, situada junto al
balneario Nahuel Epú y perteneciente a la familia Florez, quizás
guarde en sus muros los secretos de lo irrecuperable. Pero, ya se sabe,
las paredes no hablan, tan sólo escuchan.
"Brisas" marinas
Construido con madera y chapas
en el año 1928, tuvo por nombre inicial "Playa Hotel".
Sin embargo, fue bajo la denominación de "Brisas" que
se transformó en el epicentro de gran parte de la actividad social
de la antigua villa balnearia.
Siendo propiedad del señor Lembi, el hospedaje fue rentado a diferentes
empresarios del rubro hotelero, quienes se encargaron de hacerlo funcionar.
De este modo, al frente de su manejo estuvieron, en diferentes temporadas,
los señores Vizcaíno, Rubio, Nielsen y Pugni. Tiempo después
el sitio fue adquirido por la sociedad conformada por Fadón y Martínez,
quienes terminaron por venderlo a Vicente y Toribio Abajo, que resultaron
ser sus últimos dueños.
"Brisas" contaba con un bonito comedor y alrededor de 20 habitaciones
que estaban ubicadas sobre dos alas perpendiculares a la línea
costera y paralelas entre sí. Ambas partes eran comunicadas por
un ala frontal que daba al mar, donde funcionaba el comedor.
Los pilares sobre los cuales se había edificado eran tan elevados
que permitía que los autos de los turistas pudieran ser estacionados
debajo de su estructura con el propósito de alejarlos de los duros
rayos solares del verano. Pero a pesar de estar claramente por sobre el
nivel del mar su destino estuvo sellado casi desde el mismo momento en
que fue construido.
Según recuerdan algunos memoriosos, hacia mediados de la década
del '30 el edificio ya comenzó a tener problemas debido a la presencia
próxima de un médano que amenazaba con cubrirlo parcialmente.
Años después, la construcción del murallón
acrecentó aquellos inconvenientes porque la arena que se acumulaba
contra la contención de cemento lo iba tapando lentamente de atrás
hacia delante. Finalmente, el médano sepultó casi la mitad
de su estructura y se decidió desmantelarlo, aunque, según
algunas versiones, para ese entonces hacía bastante tiempo que
había dejado de funcionar.
Lo cierto es que el "Hotel Brisas" tiene el triste privilegio
de haber sido la primera edificación playera que fue devorada por
la arena de la que se tenga noticias.
Vecindario costero
La suerte que corrieron las casas de la playa no
fue diferente, pero las causas que llevaron a su desaparición resultaron
más diversas.
Una buena parte de estas construcciones comenzaron a ser abandonadas por
sus propios dueños conforme crecía la urbanización
de la villa. Los riesgos que entrañaban la cercanía del
mar, con sus fuertes crecidas durante los temporales, y la constante modificación
del arenoso suelo costero eran razones suficientemente poderosas para
decidir la mudanza.
Por otra parte, un largo litigio entre el señor Bellocq, propietario
de las tierras donde se asentó el balneario, y el gobierno provincial,
que estaba relacionado con la línea que dividía los dominios
de uno y otro, hizo que muchos propietarios temieran perder sus viviendas
y prefirieran erigir nuevas propiedades sobre terrenos sin conflictos.
Muchos turistas optaron por desmantelar sus casas de madera, otros simplemente
las abandonaron y hubo quienes se resistían a cualquiera de las
dos cosas. Lo cierto es que de las aproximadamente veinte propiedades
que hubo en algún momento, algo más de la mitad desapareció
gradualmente, ya sea porque se las desarmaba o porque los médanos
y los temporales dieron cuenta de ellas.
En el año 1978 quedaban unas pocas casas y casi todas estaban abandonadas.
Esto motivó que desde el área de turismo de la Municipalidad
de Tres Arroyos se gestara un proyecto de recuperación de las mismas
en virtud de su valor histórico. La iniciativa pretendía
mejorar las viviendas para convertir la zona en un complejo que integrara
un balneario, un centro cultural y la oficina de informes turísticos.
Desdichadamente, la idea no se pudo llevar a cabo porque hacia finales
de la década del '70 y comienzos de los '80 todas las edificaciones
se incendiaron en circunstancias jamás aclaradas completamente.
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