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"LA CATALANA" LLEVA MAS DE 90 AÑOS EN MANOS DE
LA MISMA FAMILIA
Y FORMA PARTE DE LA HISTORIA DE TRES ARROYOS
Más de familia
El bar, restaurante y hotel "La Catalana",
ubicado en la estratégica esquina de Maipú y Chacabuco,
lleva más de 90 años en manos de la misma familia y forma
parte de la historia de Tres Arroyos. Sus paredes encierran parte de la
crónica gastronómica de la ciudad. Y los testimonios que
recrean sus días dan cuenta de huéspedes incondicionales,
como Juan Manuel Fangio. El "Chueco", cada vez que llegaba,
se presentaba diciendo: "No puedo pasar por Tres Arroyos y no saludarlos".
En "El Periodista", un artículo para leer con un trago
en mano, en una mesa bien tendida o en una cama mullida
Como tantos otros inmigrantes, los primos hermanos
Andrés Más y Bartolomé Roig llegaron a nuestro país
con sus valijas repletas de sueños y la esperanza de que en tierras
argentinas podrían encontrar un futuro próspero. Ambos nacieron
en Campo del Puerto, un pueblo situado en la isla de Mallorca, España,
y arribaron a nuestro continente en el año 1906. Inicialmente se
radicaron en Bahía Blanca, pero cuatro años más tarde
decidieron probar fortuna en Buenos Aires. Hacia 1914 volvieron a mudarse
a la zona sur de la provincia, aunque esta vez se instalaron en un pueblito
más pequeño, Vásquez, en donde abrieron un taller
de herrería. Sin embargo, muy poco después se harían
cargo de un negocio que forma parte de la historia de Tres Arroyos y lleva
más de 90 años en manos de la misma familia. Nos referimos
a "La Catalana", el hotel ubicado en la esquina de Chacabuco
y Maipú, del cual se hicieron cargo el 14 de diciembre de 1914.
La tradicional esquina de la ciudad operó inicialmente como una
Fonda que hacía las veces de agencia de colocación de los
trabajadores rurales que llegaban a nuestra ciudad con el propósito
de emplearse en las cosechas. Así es como los primeros huéspedes
del hotel fueron personas que provenían de sitios como De La Garma,
Adolfo González Chaves, Coronel Dorrego, Tandil y el norte del
país.
En aquellos tiempos "La Catalana" no era diferente a los típicos
bares de la época. Tenía pisos de madera, estanterías
de gran tamaño y mesas de billar. También adornaban el local
unos enormes barriles de madera que contenían 200 litros de vino.
La bebida llegaba en tren a razón de cuatro barriles semanales.
Fue hacia 1937 cuando la vieja fonda se convirtió en el hotel que
es actualmente. La ampliación se consiguió luego que Roig
y Más adquirieron varios terrenos linderos. A partir de allí
el trabajo fue cada vez más intenso, incorporándose además
del servicio de hospedaje, el restaurante y confitería.
A mediados del siglo pasado el hotel disponía de dos comedores,
uno de menores dimensiones que el otro. En él todos los días
del año a las 11 de la mañana en punto se servía
el almuerzo para el personal, luego era habilitado para los peones de
campo y más tarde lo utilizaban los propietarios del hotel. Del
mismo modo se procedía por las noches. Este espacio también
era usado como anexo cuando el comedor mayor se ocupaba en su totalidad.
Del personal de "La Catalana" también hay historias para
contar, ya que la gran mayoría de ellos permanecieron en sus puestos
durante mucho tiempo y varios llegaron a jubilarse trabajando allí.
El caso más significativo es el de Angel Manuel Balcarce, quien
fue camarero del lugar desde 1927 hasta mediados de la década del
'90. Este hombre, que para los propietarios del hotel fue como un miembro
más de la familia, falleció con 91 años de edad hace
unos pocos meses. Otros trabajadores muy recordados son los señores
Alí, Larroca, "Pepe" Dipólito y Carlos Antonini.
En "La Catalana" comían más de 80 personas por
día, por lo que el trabajo en la cocina era arduo. Por ese lugar
clave que tiene todo restaurante pasaron varios cocineros que también
dejaron su impronta en la historia del comercio: Dionisio Estévez,
Benjamín Fernández, Luis Urrutia, Jesús Vassalo,
Manuel Cuervo, Gregorio Miguel y Juanillo Méndez. Este último
fue un gran amigo de los propietarios del hotel.
Los platos más típicos y exitosos del establecimiento fueron
el pollo a la diabla con papas pae y su famoso jamón crudo con
ensalada rusa. También fueron muy característicos el bife
a caballo acompañado de una copa de vino, que se servía
a media mañana, y el vermouth con aceitunas verdes.
"La Catalana" siempre contó con los mejores y más
modernos implementos para las artes culinarias. El restaurante fue pionero
en la instalación de la cocina a gasoil, reemplazando a las que
funcionaban a base de leña o carbón. Más tarde, con
la aparición de las cocinas a gas de tubos también hizo
punta y, finalmente, fue uno de los primeros locales de comida en incorporar
un artefacto a gas natural.
En los tiempos en que la esquina de Maipú y Chacabuco comenzó
a resultar pequeña para la demanda de alojamiento, Roig y Más
resolvieron adquirir el desaparecido Hotel Paris, que lindaba con los
fondos de su comercio, aumentando notoriamente la capacidad del lugar.
Ambos hoteles estaban unidos por un pasillo que se abrió especialmente
para que los huéspedes pudieran acceder al anexo por dentro de
sus instalaciones.
A lo largo de su historia las habitaciones de "La Catalana"
sirvieron de alojamiento a varias personalidades del espectáculo,
el deporte y la política. Uno de los huéspedes más
notorios que solía frecuentar el hotel era Juan Manuel Fangio,
quien desde los tiempos en que se dedicaba a la venta de neumáticos
hasta sus años de piloto exitoso fue un cliente incondicional y
un amigo de la casa. La frase típica del "Chueco" cada
vez que llegaba al hotel era: "no puedo pasar por Tres Arroyos y
no saludarlos".
También se alojaron en el histórico hotel tresarroyense
el ex presidente Raúl Alfonsín cuando visitó la ciudad
antes de las elecciones que lo consagraron titular del Poder Ejecutivo
en 1983, los hermanos Gálvez y Emiliosi, el Chango Nieto, Daniel
Toro, JAF, Mónica Posse, Marilina Ross, Ulises Dumont y el staff
completo del musical El Fantasma de Canterville, de Pepe Cibrián
Campoy y Angel Malher, entre otros.
En la actualidad el lugar hospeda un gran número de viajantes de
comercio, mientras que en los meses de diciembre y enero el sitio es escogido
por familias que van de paso hacia algún destino turístico.
Se trata generalmente de personas que provienen del sur del país
y se dirigen hacia alguna playa de la provincia.
La hija del fundador, Joaquina Más, que nació dentro del
hotel, su esposo, Héctor Antonini, y uno de los hijos del matrimonio,
Martín, quien hoy está al frente del lugar, saben que la
empresa que conducen forma parte de la historia lugareña, lo cual
lógicamente los llena de satisfacción.
Asimismo, se mostraron orgullosos por contar entre sus clientes con personas
que desde hace 60 años se hospedan en el lugar. "Con estos
huéspedes tenemos una relación de amistad y siempre que
vienen les damos la misma habitación", dijo Martín.
"La Catalana" dispone de 65 camas distribuidas en 35 habitaciones,
de las cuales 10 son singles, 14 dobles, 10 triples y un pequeño
departamento con capacidad para 4 personas.
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