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TRAS 38 AÑOS DE ACTIVIDAD, ESTA TEMPORADA
NO FUNCIONO LA HISTORICA CALESITA DE CLAROMECO
Vuelta y vuelta
Tras 38 años de actividad, este verano no funcionó
la histórica calesita de Claromecó, emplazada en calle 9
entre 28 y el callejón. Un problema de salud de su propietario,
Rubén Ciley, impidió que, como cada temporada, diera vueltas
y vueltas. En cuatro décadas de existencia, por el carrousel han
desfilado al menos tres generaciones de turistas, por lo cual su ausencia
en el 2006 fue tomada con absoluta tristeza por quienes la han disfrutado
y hoy regresan con sus hijos. Hay que sacar "la sortija" para
leer gratis este emocionante artículo de "El Periodista"
Locales y turistas se sorprendieron este verano al ver
que la legendaria calesita del balneario Claromecó, que funciona
en un predio ubicado sobre la calle 9 entre 28 y el callejón, no
se puso en marcha. Algunos habrán pensado que después de
estar girando durante 38 años el aparato había pedido un
basta para mí como en el tutti fruti y que nadie se había
ocupado de hacer lo necesario para que pudiera dar renovados giros sobre
su eje. Sin embargo, el problema no fue mecánico sino humano.
Rubén Ciley, mercedino de nacimiento, que creció en Lanús
y es un claromequense comprometido hasta los huesos con el quehacer de
la localidad desde hace 39 años, ha sido desde siempre el dueño
de este emblemático lugar de diversión infantil de nuestra
costa, pero también el responsable de hacer que cada temporada
el divertimento de los niños de vueltas y más vueltas.
Pero este año Rubén se enteró que, así como
su querida calesita recibe atención cuidadosa de su parte para
que siempre esté en perfectas condiciones, era necesario que su
cuerpo de trabajador incansable tuviera reposo y recibiera algunos cuidados.
Concretamente, el hombre sufre un problema de salud que lo obligó
a tomarse la temporada con calma, sin trabajar ni hacer esfuerzos. Esa
fue la razón por la que no pudo poner en marcha esa suerte de parque
de diversiones que ha creado junto a la histórica calesita del
balneario.
Afortunadamente, la salud de Ciley se recuperará luego de una cirugía
a la que será sometido hacia el mes de abril, y el año que
viene la calesita volverá a estar entre los atractivos clásicos
de Claromecó con Rubén dándoles aparentes dificultades
a los chicos para obtener la ansiada sortija que es el pase a una nueva
vuelta gratis.
La Calesita, tal como todo el mundo la conoce a pesar de que alguna vez
fue bautizada como Calesita Hijitus, se instaló en Claromecó
en diciembre de 1967. La historia que la trajo y las razones que la convirtieron
en el divertimento de tres generaciones de chicos tienen un punto de origen
común: al amor que Rubén Ciley siempre tuvo hacia el mar
y las ciudades costeras.
"Soy un enamorado del mar. En mi juventud tenía un reparto
de leche, pero los viernes le dejaba todo listo a un par de personas que
trabajaban conmigo para que se ocuparan de la distribución del
fin de semana. Entonces, yo montaba mi moto y me iba a pasar el fin de
semana a Mar del Plata", contó el empresario que se convirtió
en la persona que impulsó la instalación de los primeros
juegos y divertimentos en nuestra principal playa, ya que además
de la calesita es dueño del también mítico salón
de juegos electrónicos y pool El Chipi.
Ciley compartió el negocio de la calesita hasta hace 8 años
con un socio y amigo fiel llamado Rubén Bugatti. Los tocayos y
un tercer amigo de éstos se hicieron compañeros de emprendimientos
en Lanús en tiempos de juventud. La primera empresa que montaron
fue un taller de colocación de elásticos para autos. Sin
embargo, muy poco tiempo después el destino dirigiría sus
andanzas hacia el paisaje que tanto le gustaba a Rubén. Y todo
comenzó leyendo los clasificados de "el gran diario argentino".
"Un domingo leí en Clarín que en la zona de Merlo se
vendía una calesita, y me interesó el tema. El taller lo
habíamos abierto hacía poco tiempo y ahí nos habíamos
gastado los pocos pesos que teníamos, así que comprar la
calesita no era fácil, pero igual fuimos a verla", relató
Ciley.
"Era una calesita sin motor, los muchachos que la tenían la
usaban empujándola, pero como nosotros sabíamos de 'fierros'
imaginé que si hacíamos negocio le podríamos colocar
un motor para mejorarla. Los vendedores pedían 1200 pesos de la
moneda de aquel entonces, que a esta altura ni recuerdo cuál era.
Nuestra oferta fue de 900 pesos al contado y ellos aceptaron. Pero nosotros
no teníamos ese dinero, podíamos juntar con esfuerzo unos
500 pesos. Así que hubo que conseguir un crédito por el
resto de la plata en tiempo record. Cinco días después de
ver el anuncio en los clasificados la calesita ya estaba en nuestro taller
y empezábamos a trabajar en ella para colocarle el motor".
El tercer amigo de Ciley y Bugatti, que también era socio en el
negocio de la calesita, se dedicaba a las mudanzas y los fletes, y justamente
por uno de sus trabajos es que llegan a Claromecó y descubren las
posibilidades que el lugar les ofrecía para hacer girar su sueño
de calesiteros.
"Cuando ya le habíamos puesto el motor y estaba casi lista
para empezar a funcionar conocimos a un señor de apellido Branco.
El hombre tenía que traer cosas a Dunamar y contrató para
ello el servicio de flete de nuestro socio. Branco fue a nuestro taller
para arreglar temas referidos al flete y vio la calesita. Enseguida notamos
que el juego infantil le llamaba la atención. No tardó en
preguntarnos si era nuestra y cuáles eran nuestros planes. Cuando
le dijimos que aún no estaba definido lo que haríamos nos
comentó que en Claromecó no había un entretenimiento
como este, y así fue como al día siguiente yo estaba sentado
en el camión de fletes viajando a un lugar del cual no tenía
mayores referencias, excepto que había mar y no tenían calesita".
Promediaba noviembre de 1967. Al llegar a la localidad Ciley fue directamente
a la Delegación Municipal. Cuando lo recibió el delegado
le comentó sus planes de traer la calesita. La respuesta que recibió
del funcionario fue simple: "Yo les agilizo los trámites de
habilitación y les consigo el predio, pero ustedes se tienen que
comprometer a que la tendrán funcionando el 15 de diciembre para
el inicio de la temporada".
Ambas partes cumplieron con el acuerdo al que habían arribado y
así Claromecó tuvo el sitio que en poco tiempo se convertiría
en lugar de reunión de todos los chicos y púberes de la
localidad.
Además de la calesita, Ciley y Bugatti trajeron juegos de metegol.
"El lugar donde instalamos todo es el mismo sitio donde los juegos
han funcionado hasta ahora, en la calle 9".
Como dijimos, 39 años después han pasado por la calesita
tres generaciones de chicos, pero además, gran parte de los que
algunas vez dieron muchas vueltas montados en el aparato nunca se fueron
del todo ya que actualmente regresan con sus propios hijos.
"A mi me gustaba tanto el mar que cuando llegué por primera
vez a Claromecó me di cuenta que acá no sólo montaría
un negocio de temporada sino que me quedaría a vivir para siempre.
Y así fue nomás".
Ese fuerte deseo de permanecer en nuestra localidad costera seguramente
ayudó para que desde el arranque la calesita se convirtiera en
un verdadero éxito. "Al cabo de las primeras dos temporadas
ya habíamos podido comprar una nueva calesita, mucho más
grande que la primera, con lo cual mejoramos el servicio", explicó
el comerciante. Este juego es el que, con varias reformas, funcionó
cada verano hasta el año pasado, y seguramente regresará
el año próximo luego que Rubén se someta a una cirugía
que le hará superar su problema de salud.
En su encuentro con "El Periodista", Ciley se emocionó
hasta las lágrimas cuando nos contaba lo feliz y gratificado que
se sintió por el reconocimiento de la gente hacia su labor de casi
cuatro décadas entreteniendo a los chicos de la localidad y los
turistas. Con la voz entrecortada nos dijo que cuando la gente se enteró
que este año no iba a trabajar lo llamaron por teléfono
decenas de personas para desearle una pronta recuperación y comunicarle
que el año próximo estarán en su calesita festejando
40 años de vida junto al mar dedicados a proporcionar alegría
y gratos recuerdos a los chicos.
Momentos inolvidables
Por la calesita de Claromecó pasaron durante muchos años
todos los chicos que concurrían a la colonia de vacaciones de la
localidad. Por las mañanas Rubén Ciley la ponía en
marcha especialmente para estos pibes, que la usaban en forma gratuita.
El predio donde está emplazado el juego es desde siempre el lugar
de concentración para dar comienzo a los desfiles y festejos de
carnaval. En estos casos, todos los chicos que concurren disfrazados tienen
derecho a dar unas vueltas sin pagar.
La calesita también fue en alguna época el lugar de reunión
de los guardavidas. En la parte trasera del predio, los encargados de
cuidar a la gente en el mar pasaban sus ratos libres compartiendo con
Ciley y su familia buenos momentos y muchos asados. Allí fue donde
nació la asociación gremial que representa a los responsables
de cuidar a los turistas en la playa.
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