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Adelanto exclusivo
REVELACIONES Y TESTIMONIOS INEDITOS EN LA
SEGUNDA EDICION DEL LIBRO
"22, LOS TRESARROYENSES DESAPARECIDOS"
Remedio para la memoria
El 24 del corriente mes, al conmemorarse los 30 años
del Golpe de Estado de 1976, aparecerá la segunda edición,
"aumentada y corregida", de "22, los tresarroyenses desaparecidos",
la mayor investigación periodística local de todos los tiempos.
El libro, escrito por el licenciado Andrés Vergnano y el doctor
Guillermo Torremare, que reconstruye la historia de los vecinos víctimas
de la dictadura militar, contiene en esta ocasión más páginas,
testimonios inéditos y nuevas revelaciones. "El Periodista"
adelanta aquí parte del novel material. En este caso, la "addenda"
referida a Silvia Alicia Chuburu. Exclusivo
Por Andrés Vergnano y Guillermo Torremare
La "otra vida" de "La Chubu"
Los datos relevados por los autores de este libro,
con posterioridad a la primera edición de "22", son absolutamente
contrastantes con la versión que, de la vida y obra de Silvia Chuburu,
como así también de las circunstancias de su militancia
y desaparición, brindó oportunamente su mamá, Alicia
Hurtado de Chuburu, al momento de ser entrevistada en su departamento
de calle Azcuénaga, en capital federal.
Alicia dijo entonces que su hija era asistente social, que vivía
con ella, que trabajaba en un colegio cercano a la Residencia Presidencial
de Olivos, que salió de su departamento el día que desapareció
y que nunca más volvió, que hizo infructuosos esfuerzos
para dar con su paradero. Y no mencionó que estuviera en pareja
ni embarazada.
Pues bien, los nuevos testimonios recogidos para esta obra "aumentada
y corregida", dan por tierra con esas aseveraciones y muestran otra
cara, quizá la verdadera, de Silvia Chuburu.
La posibilidad de que Silvia hubiese estado embarazada, expuesta en el
capítulo original, fue tempranamente confirmada apenas este libro
ganó la calle en noviembre de 2001. Cuando transcurrían
los primeros días del 2002, sorprendió a los autores un
llamado de Remo Carloto, colaborador de Abuelas de Plaza de Mayo e hijo
de su presidenta, quién se comunicó manifestando especial
interés en saber de Silvia.
Señaló que tal interés obedecía a la presencia
de un hombre en la sede del organismo, que se identificó como Horacio
Enrique Paz y que afirmó ser el compañero de la tresarroyense
durante el año inmediato a su desaparición. Paz también
confió que, al momento de desaparecer, Silvia estaba embarazada
y le faltaban apenas 15 días para dar a luz. En ese contexto, buscaba
la ayuda de Abuelas para intentar dar con su hijo, presuntamente nacido
en cautiverio.
Con el surgimiento de este nuevo y fundamental dato se recreó la
"otra vida" de "La Chubu". Clave en la reconstrucción
de sus días fue el aporte efectuado por María del Carmen
Castro, la actual pareja de Horacio Paz quién, al mismo tiempo,
fue amiga y camarada de Silvia en su militancia en el Ejército
Revolucionario del Pueblo (ERP).
Según su testimonio, Silvia ingresó antes de 1973 al Partido
Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y su brazo armado, el Ejército
Revolucionario del Pueblo (ERP). Provenía, en su condición
de militante, del Peronismo de las Bases de la ciudad de La Plata.
Para mediados del '73, ya era subresponsable de la escuadra "Comando",
grupo que se dedicaba a atender las necesidades de funcionamiento de todos
sus compañeros de armas. Pasó a ser la principal referente
después del desastre de Monte Chingolo, donde cayó la "Teniente
Mariana", su superior jerárquico hasta ese momento. María
del Carmen conoce en profundidad esta parte de la historia porque es una
de las dos sobrevivientes de la escuadra.
Sobre el carácter de Silvia, María del Carmen dijo que era
"humilde, austera y reservada", acotando que "tenía
un sutil sentido del humor". Respecto de su acción militante,
expresó que "contaba con una muy sólida formación
ideológica, pero su personalidad le impedía sobresalir entre
sus compañeros". Y agregó: "Era un cuadro, tenía
todo muy claro, estaba convencida de la necesidad de la revolución".
En varios momentos de la charla, María del Carmen evocó
a Silvia como "Lucía", nombre que había tomado
en homenaje a una militante caída. En los últimos tiempos
utilizaba el seudónimo de "Tona", aunque para esa época,
dada la fisonomía que desde los primeros meses de gestación
le daba el embarazo, todos se referían a ella como "La gorda".
En 1976, Silvia Chuburu formó pareja con Horacio Enrique Paz, compañero
diez años menor que ella, quien se había incorporado al
PRT-ERP después de militar en las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP).
Se habían conocido en una escuela de cuadros del partido, a la
que concurrían solo los que se destacaban por su compromiso y capacidad.
En las palabras de María del Carmen, la relación de pareja
entre Silvia y Horacio no era desconocida por la familia Chuburu. Acotó
que en varias ocasiones habían concurrido juntos al departamento
de calle Azcuénga en que vivía la mamá. Tampoco eran
secretos la condición de militante ni el embarazo, el que -incluso-,
era controlado por el médico de cabecera de la familia Chuburu-Hurtado.
Durante los últimos meses de convivencia, antes del secuestro y
la desaparición de "La Chubu", Silvia y Horacio habitaron
una casa en la localidad de Castelar, partido de Morón. De esa
vivienda salió Silvia, la mañana del sábado 15 de
mayo de 1977, día en que se la vio por última vez. Partió
con destino al pequeño taller textil en que trabajaba, ubicado
en Vicente López, en la zona norte del Gran Buenos Aires. Trabajó
hasta el mediodía, y luego se retiró del lugar. Tras el
horario de empleo tenía una cita con un compañero y, por
la tarde, debería haber estado de regreso en su hogar. Pero nunca
llegó.
Esperándola, Horacio desoyó las normas de rigor del ERP.
Según la usanza, ante la ausencia inesperada de uno de los moradores,
y previendo que la demora pudiera deberse a un secuestro, el restante
habitante de la casa debía desalojar el lugar. La pareja de Silvia
aguardó mucho más de lo que las reglas indicaban, pero fue
en vano. Chuburu pudo haber sido secuestrada en cualquier punto del trayecto
que va desde Vicente López a Castelar. Probablemente su detención
se produjo en el lugar elegido para la cita convenida, la cual podría
haber sido delatada.
Desde entonces, lo poco que se ha podido saber de Silvia fue a través
de la organización humanitaria "Clamor", vinculada al
episcopado brasilero, que se hizo eco de la denuncia sobre la desaparición
de la tresarroyense. Más no ha sido posible avanzar en su búsqueda,
pues no quedó asentada la identidad del denunciante, quién
se estima la habría visto en un centro clandestino de detención.
Esta circunstancia ha impedido todo intento de rastreo de su destino,
como así también del circuito de apropiación del
bebé que habría nacido en cautiverio.
La mamá de Silvia se enteró de su desaparición a
través de Horacio Paz. Por temor, abandonó la capital federal
para instalarse una larga temporada en Tres Arroyos. Si bien en su oportunidad,
Alicia Hurtado de Chuburu aseguró "haber hecho todo tipo de
averiguaciones sobre el paradero de su hija", jamás radicó
denuncia alguna. A juzgar por ello, y por el relato que brindara en la
entrevista para la edición original de "22", desprovisto
de todo dato relacionado con la militancia, la pareja y el embarazo, parecería
que su decisión fue -al igual que no pocos padres de desaparecidos-,
negar la verdadera historia de Silvia.
Alicia Hurtado de Chuburu falleció en 2002. A partir de ese momento
Pedro, el hermano menor de Silvia, ha manifestado cierto interés
en conocer la suerte que corrió. Lamentablemente es muy tarde para
llegar a saber algo más de lo que se cuenta en estas páginas.
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