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Portada de la segunda edición, “aumentada y corregida”, del libro “22, los tresarroyenses desaparecidos”, que aparecerá el 24 de marzo. Contiene la primera versión, surgida en 2001 y agotada rápidamente, y agrega más páginas, testimonios inéditos y nuevas revelaciones

 

 


Adelanto exclusivo

REVELACIONES Y TESTIMONIOS INEDITOS EN LA
SEGUNDA EDICION DEL LIBRO
"22, LOS TRESARROYENSES DESAPARECIDOS"

Remedio para la memoria

El 24 del corriente mes, al conmemorarse los 30 años del Golpe de Estado de 1976, aparecerá la segunda edición, "aumentada y corregida", de "22, los tresarroyenses desaparecidos", la mayor investigación periodística local de todos los tiempos. El libro, escrito por el licenciado Andrés Vergnano y el doctor Guillermo Torremare, que reconstruye la historia de los vecinos víctimas de la dictadura militar, contiene en esta ocasión más páginas, testimonios inéditos y nuevas revelaciones. "El Periodista" adelanta aquí parte del novel material. En este caso, la "addenda" referida a Silvia Alicia Chuburu. Exclusivo

Por Andrés Vergnano y Guillermo Torremare

La "otra vida" de "La Chubu"

Los datos relevados por los autores de este libro, con posterioridad a la primera edición de "22", son absolutamente contrastantes con la versión que, de la vida y obra de Silvia Chuburu, como así también de las circunstancias de su militancia y desaparición, brindó oportunamente su mamá, Alicia Hurtado de Chuburu, al momento de ser entrevistada en su departamento de calle Azcuénaga, en capital federal.
Alicia dijo entonces que su hija era asistente social, que vivía con ella, que trabajaba en un colegio cercano a la Residencia Presidencial de Olivos, que salió de su departamento el día que desapareció y que nunca más volvió, que hizo infructuosos esfuerzos para dar con su paradero. Y no mencionó que estuviera en pareja ni embarazada.
Pues bien, los nuevos testimonios recogidos para esta obra "aumentada y corregida", dan por tierra con esas aseveraciones y muestran otra cara, quizá la verdadera, de Silvia Chuburu.
La posibilidad de que Silvia hubiese estado embarazada, expuesta en el capítulo original, fue tempranamente confirmada apenas este libro ganó la calle en noviembre de 2001. Cuando transcurrían los primeros días del 2002, sorprendió a los autores un llamado de Remo Carloto, colaborador de Abuelas de Plaza de Mayo e hijo de su presidenta, quién se comunicó manifestando especial interés en saber de Silvia.
Señaló que tal interés obedecía a la presencia de un hombre en la sede del organismo, que se identificó como Horacio Enrique Paz y que afirmó ser el compañero de la tresarroyense durante el año inmediato a su desaparición. Paz también confió que, al momento de desaparecer, Silvia estaba embarazada y le faltaban apenas 15 días para dar a luz. En ese contexto, buscaba la ayuda de Abuelas para intentar dar con su hijo, presuntamente nacido en cautiverio.
Con el surgimiento de este nuevo y fundamental dato se recreó la "otra vida" de "La Chubu". Clave en la reconstrucción de sus días fue el aporte efectuado por María del Carmen Castro, la actual pareja de Horacio Paz quién, al mismo tiempo, fue amiga y camarada de Silvia en su militancia en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).
Según su testimonio, Silvia ingresó antes de 1973 al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y su brazo armado, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Provenía, en su condición de militante, del Peronismo de las Bases de la ciudad de La Plata.
Para mediados del '73, ya era subresponsable de la escuadra "Comando", grupo que se dedicaba a atender las necesidades de funcionamiento de todos sus compañeros de armas. Pasó a ser la principal referente después del desastre de Monte Chingolo, donde cayó la "Teniente Mariana", su superior jerárquico hasta ese momento. María del Carmen conoce en profundidad esta parte de la historia porque es una de las dos sobrevivientes de la escuadra.
Sobre el carácter de Silvia, María del Carmen dijo que era "humilde, austera y reservada", acotando que "tenía un sutil sentido del humor". Respecto de su acción militante, expresó que "contaba con una muy sólida formación ideológica, pero su personalidad le impedía sobresalir entre sus compañeros". Y agregó: "Era un cuadro, tenía todo muy claro, estaba convencida de la necesidad de la revolución".
En varios momentos de la charla, María del Carmen evocó a Silvia como "Lucía", nombre que había tomado en homenaje a una militante caída. En los últimos tiempos utilizaba el seudónimo de "Tona", aunque para esa época, dada la fisonomía que desde los primeros meses de gestación le daba el embarazo, todos se referían a ella como "La gorda".
En 1976, Silvia Chuburu formó pareja con Horacio Enrique Paz, compañero diez años menor que ella, quien se había incorporado al PRT-ERP después de militar en las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP). Se habían conocido en una escuela de cuadros del partido, a la que concurrían solo los que se destacaban por su compromiso y capacidad.
En las palabras de María del Carmen, la relación de pareja entre Silvia y Horacio no era desconocida por la familia Chuburu. Acotó que en varias ocasiones habían concurrido juntos al departamento de calle Azcuénga en que vivía la mamá. Tampoco eran secretos la condición de militante ni el embarazo, el que -incluso-, era controlado por el médico de cabecera de la familia Chuburu-Hurtado.
Durante los últimos meses de convivencia, antes del secuestro y la desaparición de "La Chubu", Silvia y Horacio habitaron una casa en la localidad de Castelar, partido de Morón. De esa vivienda salió Silvia, la mañana del sábado 15 de mayo de 1977, día en que se la vio por última vez. Partió con destino al pequeño taller textil en que trabajaba, ubicado en Vicente López, en la zona norte del Gran Buenos Aires. Trabajó hasta el mediodía, y luego se retiró del lugar. Tras el horario de empleo tenía una cita con un compañero y, por la tarde, debería haber estado de regreso en su hogar. Pero nunca llegó.
Esperándola, Horacio desoyó las normas de rigor del ERP. Según la usanza, ante la ausencia inesperada de uno de los moradores, y previendo que la demora pudiera deberse a un secuestro, el restante habitante de la casa debía desalojar el lugar. La pareja de Silvia aguardó mucho más de lo que las reglas indicaban, pero fue en vano. Chuburu pudo haber sido secuestrada en cualquier punto del trayecto que va desde Vicente López a Castelar. Probablemente su detención se produjo en el lugar elegido para la cita convenida, la cual podría haber sido delatada.
Desde entonces, lo poco que se ha podido saber de Silvia fue a través de la organización humanitaria "Clamor", vinculada al episcopado brasilero, que se hizo eco de la denuncia sobre la desaparición de la tresarroyense. Más no ha sido posible avanzar en su búsqueda, pues no quedó asentada la identidad del denunciante, quién se estima la habría visto en un centro clandestino de detención. Esta circunstancia ha impedido todo intento de rastreo de su destino, como así también del circuito de apropiación del bebé que habría nacido en cautiverio.
La mamá de Silvia se enteró de su desaparición a través de Horacio Paz. Por temor, abandonó la capital federal para instalarse una larga temporada en Tres Arroyos. Si bien en su oportunidad, Alicia Hurtado de Chuburu aseguró "haber hecho todo tipo de averiguaciones sobre el paradero de su hija", jamás radicó denuncia alguna. A juzgar por ello, y por el relato que brindara en la entrevista para la edición original de "22", desprovisto de todo dato relacionado con la militancia, la pareja y el embarazo, parecería que su decisión fue -al igual que no pocos padres de desaparecidos-, negar la verdadera historia de Silvia.
Alicia Hurtado de Chuburu falleció en 2002. A partir de ese momento Pedro, el hermano menor de Silvia, ha manifestado cierto interés en conocer la suerte que corrió. Lamentablemente es muy tarde para llegar a saber algo más de lo que se cuenta en estas páginas.

 
 
El Periodista de Tres Arroyos.
Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina