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Roberto Bancur, antiguo vecino de Dunamar y ex pescador, señaló que hace por lo menos 12 años que Claromecó no es azotado por temporales grandes. Acotó que hasta fines de la década del '80 había por lo menos dos tormentas fuertes por año, las que ocurrían generalmente en febrero y agosto

Entre los temporales más recordados en Claromecó aparece en el primer puesto aquel que provocó la varadura del barco remolcador BDT 12, perteneciente a la marina de nuestro país (foto), hecho que ocurrió en el año 1955

 

 


INCLUIDA LA COSTA LOCAL, EL TSUNAMI
PROPAGO EL PANICO POR TODO EL MUNDO

La tormenta perfecta

El tsunami que devastó el sudeste asiático en diciembre de 2004 provocó terror no sólo en los países afectados, sino que propagó el miedo por las costas del mundo entero. Y si bien es improbable que un fenómeno así pueda producirse en esta región, turistas de Monte Hermoso y Marisol dijeron haber sentido pánico por "enormes olas" que, según los veraneantes, castigaron también en enero la costa de esos balnearios. ¿Qué pasa o ha pasado en Claromecó?, se preguntó "El Periodista". La respuesta la dieron los memoriosos: aunque últimamente está tranquilo, se recuerdan tormentas memorables, que provocaron el naufragio de tres barcos, con vientos de 140 kilómetros mar adentro y olas de 6 metros de alto en la costa. Como se ve, la mar no siempre ha estado serena. Informe especial

El mar siempre ha sido fuente de inspiración para la literatura y el arte en general. Junto a él surgen afiebrados romances de verano y nacieron varias leyendas muy interesantes. Sin embargo, esta misma masa de agua, tan atractiva e hipnótica, también puede originar sufrimiento y angustia. Sin ir más lejos, fueron olas marinas causadas por un movimiento sísmico las que provocaron la devastación del sudeste asiático en diciembre pasado.
Más cerca de nosotros, a mediados de enero, turistas y pescadores que se hallaban en las zonas de Monte Hermoso y Marisol fueron testigos de una fuerte crecida de las aguas y de la aparición de olas de considerable tamaño que causaron bastante preocupación.
Lo cierto es que la inmensidad de agua salada siempre es mirada con respeto por los humildes mortales porque sabemos que en ella coexisten casi misteriosamente la paz y la violencia, la serenidad y la tempestad.
Si bien en Claromecó no se registró durante este verano ningún fenómeno semejante al ocurrido en costas vecinas, la bravura que es capaz de expresar el mar ha dejado escritas en la historia del balneario varias páginas color tormenta.
Entre los temporales más recordados en la localidad aparece en el primer puesto aquel que provocó la varadura del barco remolcador BDT 12, perteneciente a la marina de nuestro país. El hecho ocurrió en el año 1955 y hasta existen algunas fotografías de los trabajos que se hicieron para rescatar los hierros atrapados entre piedras.
En el segundo lugar del ranking se encuentra una tormenta más cercana en el tiempo, cuya violencia logró hacer encallar al navío Puente Mar en un punto medio entre el segundo y el tercer salto. Este temporal tuvo lugar en la primera mitad de la década del '80 y no sólo hizo zozobrar al barco mencionado, también dejó su huella en la localidad al producir voladura de techos, caída de árboles y otros daños.
Finalmente, la tercera borrasca inolvidable también trajo hacia la costa varias toneladas de hierro que flotaban bien lejos de la orilla. El buque en cuestión quedó varado en proximidades del balneario San Cayetano, pero en su descontrolado periplo pasó muy cerca de la costa de nuestro principal centro turístico. El barco se llamaba Charrúa, era de bandera uruguaya y tenía nada menos que 100 metros de eslora.
Las tormentas causantes de los tres naufragios referidos produjeron vientos de hasta 140 kilómetros por hora mar adentro y olas de unos 6 metros de altura en la costa. Lógicamente, ante semejante poder natural son pocos los motores capaces de hacer mantener el curso de los barcos.
Sin embargo, según Roberto Bancur, antiguo vecino de Dunamar y ex pescador, hace por lo menos 12 años que Claromecó no es azotado por temporales tan grandes como aquellos. El hombre le contó a "El Periodista" que hasta fines de la década del '80 había por lo menos dos tormentas muy fuertes por año y que generalmente ocurrían a fines de febrero y durante el mes de agosto.
Cuando los temporales en la costa son intensos la altura del mar puede asustar a más de uno ya que es posible que en algunos sitios quede muy cerca de alcanzar la línea de la Avenida Costanera.
De todos modos, los actuales visitantes al balneario no deberían preocuparse demasiado ya que las estadísticas indican que las tempestades feroces no sólo no ocurren tan regularmente sino que además su duración es mucho menor. "Antes un buen temporal de viento dejaba el mar imposible de navegar y muy movido para el aprovechamiento de los turistas no menos de 10 días. Actualmente la calma de las aguas puede ocurrir de un día para el otro", dijo Bancur.
El hombre señaló también que la última tormenta realmente notoria que recuerda ocurrió hace poco más de una década y destrozó las instalaciones del balneario Monte Leone, que se encontraba sobre la costa de Dunamar y estaba edificado con ladrillos de bloque.
En aquella ocasión el intenso movimiento marino trajo hasta la costa una numerosa cantidad de caracoles que quedaron atrapados en proximidades del puente peatonal que permite cruzar el arroyo Claromecó.

Anécdotas de mar adentro
Entre los viejos pescadores de la villa existen varias anécdotas relacionadas a temporales soportados a varios kilómetros de la costa. Roberto Bancur tiene guardado en su memoria uno muy especial. "Era un día precioso y el mar estaba sumamente calmo. Nuestra lancha, La Adelina, estaba recogiendo peces en proximidades de la boca del Río Quequén cuando percibimos que se aproximaban tres barcos. Desde uno de ellos nos preguntaron de dónde éramos y luego nos recomendaron que regresemos porque se acercaba un temporal de viento. La verdad es que parecía imposible que el tiempo pudiera cambiar tan rápidamente como nos dijeron, pero no habían transcurrido ni veinte minutos desde que recibimos la alerta cuando empezó a soplar un viento del noroeste que tenía una intensidad que jamás en mi vida había visto. El mar era un desastre, casi no se podía navegar y las olas nos pasaban por encima. Creo que aquella vez tuvimos mucha suerte porque cuando llegamos a Claromecó nos enteramos que más adentro, en la misma línea donde estábamos pescando nosotros, el viento había causado el hundimiento nada menos que del pesquero de altura Foca, que tenía considerables dimensiones".

 
 
El Periodista de Tres Arroyos.
Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina