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INCLUIDA LA COSTA LOCAL, EL TSUNAMI
PROPAGO EL PANICO POR TODO EL MUNDO
La tormenta perfecta
El tsunami que devastó el sudeste asiático
en diciembre de 2004 provocó terror no sólo en los países
afectados, sino que propagó el miedo por las costas del mundo entero.
Y si bien es improbable que un fenómeno así pueda producirse
en esta región, turistas de Monte Hermoso y Marisol dijeron haber
sentido pánico por "enormes olas" que, según los
veraneantes, castigaron también en enero la costa de esos balnearios.
¿Qué pasa o ha pasado en Claromecó?, se preguntó
"El Periodista". La respuesta la dieron los memoriosos: aunque
últimamente está tranquilo, se recuerdan tormentas memorables,
que provocaron el naufragio de tres barcos, con vientos de 140 kilómetros
mar adentro y olas de 6 metros de alto en la costa. Como se ve, la mar
no siempre ha estado serena. Informe especial
El mar siempre ha sido fuente de inspiración para
la literatura y el arte en general. Junto a él surgen afiebrados
romances de verano y nacieron varias leyendas muy interesantes. Sin embargo,
esta misma masa de agua, tan atractiva e hipnótica, también
puede originar sufrimiento y angustia. Sin ir más lejos, fueron
olas marinas causadas por un movimiento sísmico las que provocaron
la devastación del sudeste asiático en diciembre pasado.
Más cerca de nosotros, a mediados de enero, turistas y pescadores
que se hallaban en las zonas de Monte Hermoso y Marisol fueron testigos
de una fuerte crecida de las aguas y de la aparición de olas de
considerable tamaño que causaron bastante preocupación.
Lo cierto es que la inmensidad de agua salada siempre es mirada con respeto
por los humildes mortales porque sabemos que en ella coexisten casi misteriosamente
la paz y la violencia, la serenidad y la tempestad.
Si bien en Claromecó no se registró durante este verano
ningún fenómeno semejante al ocurrido en costas vecinas,
la bravura que es capaz de expresar el mar ha dejado escritas en la historia
del balneario varias páginas color tormenta.
Entre los temporales más recordados en la localidad aparece en
el primer puesto aquel que provocó la varadura del barco remolcador
BDT 12, perteneciente a la marina de nuestro país. El hecho ocurrió
en el año 1955 y hasta existen algunas fotografías de los
trabajos que se hicieron para rescatar los hierros atrapados entre piedras.
En el segundo lugar del ranking se encuentra una tormenta más cercana
en el tiempo, cuya violencia logró hacer encallar al navío
Puente Mar en un punto medio entre el segundo y el tercer salto. Este
temporal tuvo lugar en la primera mitad de la década del '80 y
no sólo hizo zozobrar al barco mencionado, también dejó
su huella en la localidad al producir voladura de techos, caída
de árboles y otros daños.
Finalmente, la tercera borrasca inolvidable también trajo hacia
la costa varias toneladas de hierro que flotaban bien lejos de la orilla.
El buque en cuestión quedó varado en proximidades del balneario
San Cayetano, pero en su descontrolado periplo pasó muy cerca de
la costa de nuestro principal centro turístico. El barco se llamaba
Charrúa, era de bandera uruguaya y tenía nada menos que
100 metros de eslora.
Las tormentas causantes de los tres naufragios referidos produjeron vientos
de hasta 140 kilómetros por hora mar adentro y olas de unos 6 metros
de altura en la costa. Lógicamente, ante semejante poder natural
son pocos los motores capaces de hacer mantener el curso de los barcos.
Sin embargo, según Roberto Bancur, antiguo vecino de Dunamar y
ex pescador, hace por lo menos 12 años que Claromecó no
es azotado por temporales tan grandes como aquellos. El hombre le contó
a "El Periodista" que hasta fines de la década del '80
había por lo menos dos tormentas muy fuertes por año y que
generalmente ocurrían a fines de febrero y durante el mes de agosto.
Cuando los temporales en la costa son intensos la altura del mar puede
asustar a más de uno ya que es posible que en algunos sitios quede
muy cerca de alcanzar la línea de la Avenida Costanera.
De todos modos, los actuales visitantes al balneario no deberían
preocuparse demasiado ya que las estadísticas indican que las tempestades
feroces no sólo no ocurren tan regularmente sino que además
su duración es mucho menor. "Antes un buen temporal de viento
dejaba el mar imposible de navegar y muy movido para el aprovechamiento
de los turistas no menos de 10 días. Actualmente la calma de las
aguas puede ocurrir de un día para el otro", dijo Bancur.
El hombre señaló también que la última tormenta
realmente notoria que recuerda ocurrió hace poco más de
una década y destrozó las instalaciones del balneario Monte
Leone, que se encontraba sobre la costa de Dunamar y estaba edificado
con ladrillos de bloque.
En aquella ocasión el intenso movimiento marino trajo hasta la
costa una numerosa cantidad de caracoles que quedaron atrapados en proximidades
del puente peatonal que permite cruzar el arroyo Claromecó.
Anécdotas de mar adentro
Entre los viejos pescadores de la villa existen varias anécdotas
relacionadas a temporales soportados a varios kilómetros de la
costa. Roberto Bancur tiene guardado en su memoria uno muy especial. "Era
un día precioso y el mar estaba sumamente calmo. Nuestra lancha,
La Adelina, estaba recogiendo peces en proximidades de la boca del Río
Quequén cuando percibimos que se aproximaban tres barcos. Desde
uno de ellos nos preguntaron de dónde éramos y luego nos
recomendaron que regresemos porque se acercaba un temporal de viento.
La verdad es que parecía imposible que el tiempo pudiera cambiar
tan rápidamente como nos dijeron, pero no habían transcurrido
ni veinte minutos desde que recibimos la alerta cuando empezó a
soplar un viento del noroeste que tenía una intensidad que jamás
en mi vida había visto. El mar era un desastre, casi no se podía
navegar y las olas nos pasaban por encima. Creo que aquella vez tuvimos
mucha suerte porque cuando llegamos a Claromecó nos enteramos que
más adentro, en la misma línea donde estábamos pescando
nosotros, el viento había causado el hundimiento nada menos que
del pesquero de altura Foca, que tenía considerables dimensiones".
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