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HOMENAJE A DON LUIS MEISTER,
EL INGENIERO QUE CONVIRTIO A TRES ARROYOS EN UN OASIS
Un hombre bien plantado
Diseñó y concretó las plazas San
Martín, Pellegrini, Francia, Italia y España; las ramblas
de la avenida San Martín; el parque del Centro Materno Infantil;
los jardines de los cementerios israelí y danés; el Parque
Cabañas y el desaparecido Parque Miedan. Ingeniero en botánica,
venido de su Alemania natal, don Luis Meister ocupó durante 32
años la Dirección Municipal de Paseos Públicos. Y
en tres décadas, con pasión y conocimientos, convirtió
a Tres Arroyos en un oasis. Imperdonablemente, su figura ha quedado en
el olvido. Y muchas de sus obras, legadas y disfrutadas por generaciones
de tresarroyenses, han sido víctimas del descuido y la desidia.
"El Periodista", que cree que es tiempo de reconocimiento y
acción, lo recuerda en plenitud. Informe especial que incluye la
palabra de su hija Ernestina
"El señor Meister es uno de los altos
valores de nuestro ambiente que conviene que nuestros lectores conozcan
para que sus conocimientos profesionales sean conocidos y apreciados.
Demasiado modesto para que Tres Arroyos haya reparado en sus méritos,
corren estos el peligro de malograrse en medio de la indiferencia pública,
con gran perjuicio de los intereses generales de la localidad".
Pasaron 45 años desde que falleció Luis Meister. Su obra
ya no está como era entonces y sus méritos quedaron esfumados
de la memoria pública, tal como lo previó aquel certero
párrafo publicado en la revista mensual del órgano de la
Liga de Comercio e Industria, en su edición Nº 129 del año
1934.
Aquel alemán de convicciones fuertes y espíritu incansable,
fue el sembrador de los oasis del pueblo. El destino lo había traído
a Tres Arroyos en 1926 y durante 32 años estuvo al frente de la
Dirección de Paseos Públicos de la municipalidad. Desde
ese lugar, bregó por la creación de los espacios verdes
que dejó como un legado natural para la posteridad. Diseñó
parques y jardines, arboló las calles, creó plazas y dejó
su vida en esa obra detallada y cuidadosa, imbuida de los rasgos típicos
de la cultura europea.
Diseños meticulosos
"Trabajaba desde la mañana a la noche y se
llevaba para dibujar en casa para estar tranquilo. Sentía pasión
por lo que hacía", rememora su hija Ernestina mientras pasa
las hojas de unas viejas carpetas donde atesora prolijamente guardadas
las copias de los planos que su padre diseñaba por las noches al
regresar del trabajo. El proyecto de Plaza Pellegrini, el diseño
fechado en 1951 de las ramblas de la avenida San Martín, plaza
Francia, el parque del Centro Materno-Infantil, plaza San Martín,
plaza Orense, Italia, España, los jardines del cementerio israelí
y danés, el parque Cabañas y el desaparecido parque Miedan
son algunos de los tantos planos que conserva y que cobraron vida en manos
del artista de los parques y jardines del pueblo.
Con infinita paciencia Meister hacía los bocetos en tela transparente,
a mano alzada y con tinta china. Sus proyectos tenían aspiraciones
de ser en la suma de sus partes, un diseño acabado en si mismo
y por eso no dejaba nada librado al azar.
Meticuloso y con gran criterio estético, procuraba que cada sector
verde se integrara en el espacio y tuviera un grado de apropiación
al lugar donde se desarrollaba. Cada plaza tenía un proyecto distinto
y las plantaciones se adaptaban al clima y al viento de cada sitio.
No improvisaba ni el más mínimo detalle: desde los bancos,
las pérgolas, los monumentos, los caminos y hasta se fijaba que
los coloridos de las hojas de los árboles estuvieran en armonía
con el ambiente. Todo estaba contemplado en aquellos planos. Sus diseños
abarcaban los conceptos de unidad, ritmo, color, dispositivos de riego
e iluminación y manejos topográficos con las diferentes
especies vegetales, el césped y los linderos naturales.
Una obra para la posteridad
Cuando Angel Cabañas pergeño la idea de
hacer un parque no dudó en convocar a Luis Meister, quien proyectó
y concretó durante los dos primeros años de su gestión
una de sus obras más perdurables. Su trazado apaisado comprendía
25 hectáreas donde se colocaron 17 mil plantas con 400 especies
botánicas de árboles y arbustos, plantación servida
por un perfecto sistema de irrigación que extraía el agua
del arroyo y era conducida a los distintos rumbos del parque mediante
caños de cementos. Delineó caminos quebrados al estilo europeo
y diseñó saltos artificiales de agua y puentes. Construyó
un área destinada a un incipiente zoológico e implantó
mil variedades de árboles originarios de distintos puntos del país,
incluyendo un ombú chaqueño que se secó pese a los
cuidados especiales que le prodigaban. En el proyecto originario, el paisajista
bosquejó una pequeña usina eléctrica para iluminar
el predio y un frustrado anfiteatro cuyo escenario se ubicaba en el centro
del lago artificial.
El paraíso perdido
Atrás quedó entre sus creaciones
el Parque Miedan, un pequeño paraíso que se erguía
con orgullo como patrimonio de la ciudad. De la mano de Amadeo Miedan
crearon sobre dos hectáreas de terrenos repletos de pastizales,
frente a los últimos chalets de Villa del Parque, una suerte de
oasis verde diagramado de la forma más perfecta.
Frente a la casa levantaron una pérgola de hormigón blanca
como una gaviota y cerca de ella una fuente de mármol de carrara
que terminaba en una fina figura de bronce. Un lago artificial circundaba
una loma salpicada de piedras, poblada de cactus y de cisnes que se movían
como si ese fuera su hábitat natural.
El Parque tenía plantas de todas las especies, adaptando microclimas
para los árboles tropicales que no soportaban la luz intensa del
sol. También había frutales y vegetación que no existían
en Sudamérica y un pequeño zoológico de animales
silvestres.
Con el tiempo aquel trozo de paraíso se fue perdiendo hasta caer
relegado en la desidia y la indiferencia de quienes no supieron preservar
los patrimonios naturales de la ciudad. Fue ese mismo desdén público
el que acrecentó el ritmo de desaparición del arbolado en
las calles, que descuidó las plazas, que quitó las ramblas
de las avenidas y que dejó esfumar en el olvido la figura del paisajista.
"No lo reconocieron. Hoy es el día y la noche de todo lo que
él hizo, las cosas no están como se proyectaron en ese momento
y a veces hasta da pena mirarlo", lamentó Ernestina con los
recuerdos a flor de piel y el dolor latente que siente al repasar los
vestigios de aquellos tiempos donde los espacios públicos reverdecían
imponentes y cada rincón mostraba las huellas de su creador. Dijo
que su padre murió por su trabajo y que una gran decepción
laboral fue una de las causas que lo llevó a quitarse la vida en
1959. Algunos cuentan que su triste final está encerrado en la
historia del obelisco que fue instalado el mismo año de su muerte
en la plaza San Martín, al que el paisajista se había opuesto
de manera categórica por considerar que no guardaba la armonía
del lugar.
Ninguna de las obras que Meister creó, están como era entonces.
Sin embargo desde hace un tiempo cobró impulso la lucha por devolverle
a la ciudad los espacios verdes perdidos. Y en esa reconquista estará
implícito el reconocimiento a quien dejó su vida en los
parques y jardines de la ciudad.
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Biografía de un creador
Meister había nacido en 1896 en la provincia
de Alta Baviera en Alemania. Desde pequeño su pasión
estuvo signada por la botánica y la armonía de los
espacios naturales. Siguiendo los dictados de su vocación,
ingresó en la Escuela de Botánica y Agronomía
alemana donde egresó con el título de ingeniero en
botánica. Su primer trabajo fue como voluntario en el vivero
de la casa M. Hut, considerado en ese entonces uno de los más
importantes de Alemania. Afianzó su experiencia con prácticas
en los viveros de J.C. Schmidt y actuó en la construcción
de parques y jardines en establecimientos de Weisbaden y Leipzig,
demostrando una creatividad natural, que le valió la designación
de jefe de repartición del parque inglés y del vivero
oficial del Estado de Munich.
La Primera Guerra Mundial lo obligó a abandonar por un tiempo
su pasión, para cumplir tres años de servicio activo
en diferentes frentes de lucha.
Como a tantos otros, la Alemania de la posguerra le presentó
un panorama difícil y decidió emigrar a un lugar distante,
guiado por la necesidad de cumplir con su vocación natural.
En 1923 llegó hasta Entre Ríos junto a su mujer, con
la misión de proyectar jardines y paseos públicos.
Pero su esposa, acostumbrada al clima gélido de las tierras
alemanas no se sintió cómoda en aquel lugar y decidieron
trasladarse. En 1926 se instalaron en Tres Arroyos y al año
comenzó a dirigir la diagramación de la Plaza España.
En enero de 1928 fue designado Director de Paseos Públicos,
cargo que ocupó durante 32 años hasta su muerte en
1959.
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