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A TRAVES DEL FUTBOL Y DE HURACAN,
LUCAS ARIAS OFRECE UNA MIRADA SOBRE EL "SER TRESARROYENSE"
"Pelota, trigo y sociedad"
A partir de la epopeya de Huracán y su ascenso
a la primera división, el libro de Lucas Arias, "Pelota, trigo
y sociedad", ofrece una mirada sobre el "ser tresarroyense".
La obra, de reciente aparición y que demandó al autor un
año de investigación antropológica, da cuenta del
proceso de construcción de una nueva identidad local donde se hicieron
presentes los conflictos internos y regionales, las rivalidades, la historia,
las miradas propias y ajenas y la inevitable relación del campo
en todos los ámbitos de la vida social. Ante "El Periodista",
el autor adelantó algunas de las conclusiones a las que arribó
al preguntarse ¿qué somos a partir del fútbol?
En una fría mañana de julio de 2004, el
pueblo invadió las calles para celebrar la llegada de sus "héroes"
deportivos. Nadie quiso dejar pasar la oportunidad de sentirse partícipe
de esa epopeya. Huracán, el equipo de una ciudad "chica"
del interior del país, había logrado lo que otros históricos
no habían podido: conquistar la primera división del fútbol
argentino. Fue un hecho excepcional para Tres Arroyos cuyo nombre comenzaba
a trascender más allá de lo impensado. Ese día la
plaza fue el centro de las emociones disparadas de un club, que en los
años de escalada hacia el ascenso, arrastró consigo a una
ciudad que de un día para el otro pasó a ser vista y a sentirse
observada.
Ningún escenario resultaba más propicio para analizar la
conformación de las identidades locales, las que se fueron revelando
por causa y efecto del fútbol en el año que las miradas
ajenas despertaron los interrogantes por dentro. Cuando el tresarroyense
Lucas Arias eligió el concepto de identidad para abordar su tesis
de licenciatura en Ciencias de la Comunicación, la historia y los
acontecimientos le presentaron el panorama ideal para indagar sobre el
"ser tresarroyense". El fútbol como vehículo cultural,
fue el pretexto para acercarse a aquello que somos, o más bien
para responder: ¿Qué somos a partir del fútbol?.
La propuesta originaria fue, como él postula, analizar desde "la
pelota" lo que cuesta ver sin ella. El resultado, al cabo de un año
de investigación antropológica fue "Pelota, trigo y
sociedad", una obra que da cuenta del proceso de construcción
de una nueva identidad tresarroyense, donde se hicieron presentes los
conflictos internos y regionales, las rivalidades, la historia, las miradas
propias y ajenas y la inevitable relación del campo en todos los
ámbitos de la vida social.
"Lo que provocó haber llegado a primera división fue
que en lugares impensados hablaran de nosotros. Las veces que Tres Arroyos
trascendió a nivel nacional antes de ese acontecimiento, fueron
efímeras, a partir de casos policiales. Al llegar a primera división
fue el mayor auge de discursos nacionales para con nosotros, hubo una
permanencia en el tiempo y las representaciones que tenían de nosotros
se construyeron durante ese año", mencionó Lucas Arias
a "El Periodista", días después del lanzamiento
institucional del libro promovido por el Instituto para el Desarrollo
Local y Regional de Tres Arroyos.
El fútbol como vehículo
cultural
Si bien como aclara, el fútbol no es la única práctica
que expresa los conflictos o identidades, en esta circunstancia excepcional
fue una herramienta y un excelente pretexto, una especie de prisma que
dejó ver a través de fenómenos relacionados con él,
características más profundas de la sociedad. "Lo importante
respecto a la identidad es que pude tomarse desde cualquier esfera, no
tiene que ser el fútbol aunque a mi criterio es uno de los vehículos
culturales más fuertes, en nuestro país sobre todo",
manifestó Lucas en su papel de intérprete de ese terreno
privilegiado donde se afirmaron las identidades colectivas y se evidenciaron
los antagonismos locales, regionales y nacionales.
El ascenso había involucrado a todos por igual: a los seguidores
de Huracán y a sus detractores, a los asistentes habituales a la
cancha, a los que vivían en Tres Arroyos y a los que por primera
vez sintieron el orgullo de sentirse reconocidos como tresarroyenses.
En ese contexto emergieron relatos, comentarios, representaciones e imaginarios
que sobrepasaron lo deportivo y que en definitiva, hablaban de un modo
de ser tresarroyense que había que desentrañar.
Huracán = Tres Arroyos
En cada tramo de su libro, el autor muestra hábilmente como la
identidad de un club y una ciudad se van relacionando y fusionando: Huracán
se transformó en Tres Arroyos y Tres Arroyos se presentó
desde Huracán al resto del país.
La identidad se revela como una construcción permanente desde adentro
hacia fuera y de fuera hacia adentro, en una relación de ida y
vuelta permanente. Lo que somos se constituye en la forma en que los otros
nos ven y en cómo esto afirma o niega nuestra propia percepción.
En este sentido, Arias da cuenta de como las miradas externas ayudaron
a tejer representaciones que no estaban instaladas antes del éxito
deportivo y que contribuyeron a desnaturalizar las propias percepciones
acerca de lo que nos caracteriza. Desde afuera los medios describían
al tresarroyense como un sujeto imbuido de valores como el respeto, la
honestidad o la pasividad. En Tres Arroyos, la ciudad tranquila del interior,
no cabía la violencia, porque el fútbol se vivía
como una fiesta. Fueron imágenes que alimentaron el orgullo de
pertenencia. "El discurso que se fue construyendo ayudó a
que el descenso no fuese visto como una hecatombe. Cuando Huracán
estaba descendido o faltaba poco, empezaron a salir notas en los medios
nacionales diciendo ´bueno Huracán desciende pero la población
no lo ve como una tragedia y como las cosas se hicieron bien puede volver
a ascender". Cuando te dicen eso, el nuevo hincha tresarroyense piensa
"eso quiere decir que en un año estamos de vuelta" y
ahí empezaron las exigencias. Habría que pensar hasta que
punto no debemos interrogarnos a nosotros mismos por qué naturalizamos
cosas que históricamente no son naturales".
El representante de la ciudad
Ese año Huracán se convirtió en el representante
legítimo de la ciudad, abonado por el discurso de prensa local
que apeló a la identificación y a la integración,
involucrando a toda una ciudad en la epopeya de un club. En parte, este
imaginario contribuyó a la aparición de neo seguidores que
Arias denomina meta-hinchas, que más que fanáticos del club
se hicieron partidarios del Huracán de Tres Arroyos, portador del
orgullo local. "Los que se convirtieron en partidarios de Huracán
lo hicieron de manera inconsciente: se acercaron los amantes del fútbol
y la mayoría de la población. Los que iban a la cancha eran
de cualquier club, barrio o localidad, no eran hinchas de Huracán
porque la historia indica que tiene muy pocos hinchas. Al prenderse en
esta cruzada encaminada por una institución empezaron a reconocerse
entre ellos mismos como que, gracias a ellos, a los que inclusive no eran
hinchas, se avanzaba. En la construcción del meta hincha, se va
formando la similitud entre Huracán = Tres Arroyos". No es
casual entonces que a partir del retorno a la "B" Nacional,
el Bottino se colmara de seguidores como nunca había sucedido en
las restantes campañas y tampoco que se estén modificando
las costumbres tribuneras. "Respecto al presente de Huracán
es muy posible que haya cambiado o esté cambiando la actitud del
tresarroyense y que lleven a cambiar las representaciones sociales que
nosotros nos hacemos. Ahora está empezando a surgir el discurso
de protesta, los cantos en contra, a exigir cosas que antes no se pedían.
Es que ese meta-hincha está más acorazado, se cree con derechos
que antes no, quiere más porque supone que se puede más",
mencionó Arias.
Viejos conflictos
El fútbol puso también de manifiesto tensiones que preceden
al deporte. La cancha fue foco de conflictos irresueltos que se arrastran
desde el principio mismo de la historia. Con ejemplos prácticos,
Arias reconoce como uno de los hallazgos en su investigación que
las marcas peyorativas que generaron rivalidades tribuneras fueron positivizadas.
"Es imposible que las personas que viven en áreas metropolitanas
no traten a los del interior como paisanos. Hay una historia de más
de 120 años en la República Argentina de conflictos que
es muy importante para entender lo que sucede. No es nada nuevo que para
ellos seamos campesinos brutos, nos comamos las s, tengamos potrero en
vez de cancha. Desde afuera nos marcaron con cargas peyorativas sobre
lo paisano y el emparentamiento con el campo. Si bien hasta nosotros lo
utilizamos en forma peyorativa con poblaciones menores de acá,
encontré que no nos afectaba que nos trataran de indios o que dijeran
que los hinchas iban a la cancha en tractor. Empezamos a positivizar categorías
que pensamos que nos iban a afectar: el campo genera riqueza y esa riqueza
se puede ostentar".
¿Qué será de ti lejos de
casa?
La postura que aborda el autor es el análisis de la identidad como
un proceso de construcción permanente y como tal, necesita reconstruirse
cuando se ve alterada o mutilada. La demostración empírica
se hace patente cuando a Huracán le tocó dejar su cancha
para hacer de local a 270 kilómetros de la ciudad. La pérdida
de localía es identificada por Arias como un exilio deportivo que
dejó secuelas irreparables en la sociedad, donde se extendió
la sensación que Tres Arroyos era un pueblo chico, que no estaba
preparado para Primera División. "Lo doloroso del exilio deportivo
fue que además de tener que irnos de la ciudad, muchos tresarroyenses
que no podían ir a la cancha se sintieron dolidos, al no haber
una política sistemática de viajar. El que estaba acá
se sintió doblemente excluido: deportivamente por no poder seguir
al equipo del que había participado en sus éxitos durante
los últimos años, y económicamente por no poder solventar
los gastos del viaje quedando fuera de esta fiesta. Ahí la dirigencia
se dio cuenta que tenía que acelerar el tema del estadio porque
volver era imperioso. Todo un mito se generó alrededor de eso,
el ver como lo armaban, sacar fotos, declararlo estadio municipal donde
en cierta medida dejaba de ser patrimonio del club para ser de la ciudad,
hicieron que la construcción identitaria siguiera igualando a Tres
Arroyos con Huracán".
Como su autor lo indica al concluir el libro, todavía queda mucho
en discusión para ampliar el conocimiento sobre los comportamientos
y discursos que se gestan a cada instante en nuestra sociedad. En su caso
fue el fútbol, pero cualquier otra excusa es válida para
aportar nuevas ideas y conocer quienes somos. La intención es que
"Pelota, trigo y sociedad", aporte una nueva mirada que permita
plantear otras aristas que develen nuestra identidad. "Si el libro
sirve como disparador de debate estoy conforme. Si cierra todo perfecto
y queda en la nada, entonces no sirve".
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EL CAMINO MAS DIFICIL
La investigación "en casa"
Para abordar su análisis, Arias emprendió
el camino más difícil: la investigación en
su propia "casa". Su condición de tresarroyense,
hincha activo e investigador nativo, entrañaba la compleja
tarea de ser partícipe y a su vez tomar distancia analítica
a la hora de interpretar. "Hago observación participante
con niveles de adhesión. El primer hecho doloso es que soy
tresarroyense y tengo que estudiar la sociedad tresarroyense. El
segundo es que soy hincha del club o la institución que fue
epicentro del fenómeno que ocurre en la ciudad y entonces
hay que generar extrañamiento y separar la paja del trigo
al momento de escribir. Hacer antropología en el lugar donde
uno vive implica reconocerse como parte del objeto de estudio y
pensar al objeto, que es la identidad tresarroyense, como indefectiblemente
ligado a nosotros. Entonces hay que pensar reflexivamente que quiere
decir esto de interpretar interpretaciones y ser conciente de eso.
Lo importante es dejar en claro cual es tu posición en el
campo de estudio para que no se encuentren los que lo lean o vos,
luego que terminaste la investigación, como una basura académica.
Es algo muy difícil", reconoció el autor.
Como observador participante, los espacios cotidianos se presentaron
como terreno factible de investigación. Las charlas de café,
la cantina del club, la tribuna, el análisis documental,
el aporte de los informantes, su propia experiencia, sirvieron de
apoyatura empírica del material teórico y aportaron
nuevos fragmentos al rompecabezas que se fue armando en la reconstrucción
de una radiografía de la identidad. "Tomé la
etnografía, una herramienta de la antropología, que
cuando indagás en tu propia casa se transforma en autoantropología,
una biografía etnográfica que significa que tomo anécdotas
y experiencias propias para saber lo que ocurre. Es fundamental
porque todo el tiempo se toman percepciones de lo que ocurre y el
análisis es interpretación de interpretaciones, poco
importa si es verdad lo que se dice. Lo importante es lo que se
dice y lo que representan esos discursos y prácticas".
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