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LA NUMISMATICA, PASION Y MEDIO DE VIDA
DEL TRESARROYENSE EDUARDO COLANTONIO
La vida es una moneda
El tresarroyense Eduardo Colantonio encontró en
su pasión, la numismática, también su medio de vida.
En capital federal, donde está radicado desde hace unas décadas,
comercializa monedas, fichas, billetes y bonos de Argentina y de cualquier
lugar del mundo. A su comercio asisten coleccionistas e inversores de
distinta procedencia. Para dar una idea de los valiosos objetos que atesora,
valga decir que tiene las primeras monedas chinas, que son en forma de
cuchillo y datan del 250 antes de Cristo. "El Periodista" lo
entrevistó en exclusiva
Cuando un numismático sostiene una moneda entre
sus manos, comprende que está ante una pieza acuñada hace
siglos que pervive intacta, cuando todos los demás objetos de entonces
han sucumbido al embate del tiempo. Ese es el ingrediente que le estampa
mayor pasión a un hobby que ha atrapado a miles de coleccionistas
en todo el mundo.
El tresarroyense Eduardo Colantonio se hizo numismático desde pequeño,
cuando empezó a incursionar en el arte de atesorar monedas internacionales,
sin imaginar siquiera que esa afición iba a convertirse décadas
más tarde en su medio de vida.
Para la numismática, la moneda significa algo más que un
medio de intercambio. De ahí que sea considerada una ciencia que
ayuda a desentrañar el pasado histórico de la humanidad
y el tipo de relaciones comerciales que solían establecer las generaciones
pasadas. Como ciencia estudia las monedas y medallas desde su perspectiva
histórica y descriptiva. "A través de las monedas se
puede conocer la historia y la economía del país que la
emitió y se puede determinar, por ejemplo, hasta los años
en los que un país estuvo en guerra debido al metal con que acuñó
sus monedas", contó Eduardo desde Buenos Aires, donde reside
hace unas décadas, entrevistado por "El Periodista"
Esta ciencia se convierte en una fuente de placer personal para los coleccionistas
como Eduardo, que lo inició como un pasatiempo cuando tenía
seis años y decidió recopilar monedas internacionales para
conocer un poco de la historia. "Empecé a coleccionar a los
seis años como un hobby. Me atraía que podía aprender
mucho de historia y geografía".
Se trasladó a Capital Federal en 1981, con la misión de
estudiar ingeniería en la Universidad Tecnológica Nacional.
Al mismo tiempo continuó coleccionando monedas y billetes hasta
que su actividad personal se convirtió en su medio de vida. Si
bien terminó su carrera nunca ejerció, ya que decidió
dedicarse de lleno a lo que más le atraía.
"Numismática Colantonio"
En 1997 puso un local en el microcentro porteño, "Numismática
Colantonio", que atiende junto a su mujer y su hija mayor. Hasta
allí llegan coleccionistas, inversores u otros comerciantes en
busca de monedas que por su rareza o su valor histórico no se consiguen
en cualquier parte.
Cuenta que la oferta la proporcionan herederos, alguien que encontró
una pieza en su casa y trata de venderla, o hasta los propios coleccionistas
que muchas veces se deshacen de toda o parte de su recopilación.
Su colección personal proviene de circunstancias y lugares tan
distintos como China o Buenos Aires. En su larga historia de buscador
de monedas adquirió un extenso conocimiento y experiencias emocionantes
a raíz de sus viajes a numerosos países. "Viajo dos
o tres veces por año a convenciones que se realizan en Estados
Unidos o Europa, donde también vendo y compro material para esto".
Su misma pasión lo llevó a conocer gran parte del mundo
y a cosechar amigos, que como él se dedican al coleccionismo, en
los lugares más recónditos del planeta. "Tengo amigos
en USA, México, Rusia, Bélgica, Irán", confiesa
como su mayor capital.
Parámetros de valor
Los diferentes aspectos de las monedas como los metales y/o aleaciones
empleados en su fabricación, las inscripciones, formas, tamaños
y otras particularidades y rarezas de cada pieza son analizadas metódicamente
para establecer su origen, uso, edad y conforme a esos datos clasificarlas
de manera clara y lógica. De la información obtenida por
la numismática se valen otras ciencias para adelantar sus investigaciones
y corroborar afirmaciones y teorías. Desde la óptica del
coleccionista privado, las consideraciones científicas son predominantes,
pero muchas veces se supeditan a otras de diversa índole, donde
la más importante es con frecuencia, el valor que actualmente poseen
las monedas antiguas, el cual se ve favorecido por la escasez de estas
piezas, por su mayor antigüedad, por el metal en que están
fabricadas y por el menor grado de deterioro en que se encuentren. Esos
son los factores que determinan su valor, tal como lo explicó Eduardo:
"antigüedad, cantidad acuñada, lo que valía cuando
circulaba y fundamentalmente el estado de conservación y de cuántos
coleccionistas hay de este tipo de moneda".
Reliquias invalorables
Dentro de la amplia reserva de piezas que ha logrado rescatar a lo largo
de los años figuran bonos, billetes, monedas y fichas que han sido
utilizadas en diferentes países y en diversas épocas. "En
este momento lo más interesante que tengo es una colección
muy completa de bonos comerciales que se han emitido entre 1985 y 2004,
lo cual es muy difícil encontrarlos en perfectas condiciones. Estoy
trabajando en la confección de un catálogo de los bonos
emitidos por todas las provincias. También tengo una colección
de fichas con las que se pagaba a los obreros en las estancias, quebrachales
e ingenios".
En los años que vivió en Tres Arroyos, Eduardo forjó
también una interesante colección de medallas que se confeccionaron
en la ciudad y que algún día serán expuestas en una
muestra que piensa organizar.
En su colección numismática cuenta reliquias invalorables,
monedas antiquísimas que logró rescatar en uno de sus tantos
viajes por Europa. "Tengo actualmente unas que son de aproximadamente
la época de Cristo, del imperio romano. También tengo las
primeras monedas chinas que son en forma de cuchillo y datan del 250 antes
de Cristo".
Estas monedas están a la venta en su local, excepto las de su propia
colección de las que confiesa "no vendo ninguna". El
valor puede consultarse a través de la página web www.monedasbilletes.com,
donde hay un amplio catálogo de medallas, bonos, billetes argentinos
y mundiales
Medio de intercambio
Al parecer, la palabra moneda proviene de Juno Moneta, nombre de la diosa
junto a cuyo templo se acuñaron las primeras monedas romanas de
plata.
En el antiguo Egipto se desconocía la moneda como medio de intercambio
(usaban los metales) y aún en el presente, algunos pueblos de Australia,
Polinesia, América del Sur y Africa no la usan.
Pecunia, sinónimo de moneda, es un término de origen latino
que significa ganado. Esto tiene su explicación: en una época
primitiva, el ganado se empleó como moneda.
Aunque parezca extraño, las primeras monedas con valor facial inscripto
no fueron emitidas sino hasta alrededor del año 1800. Antes de
esta época, su valor estaba determinado exclusivamente por el peso
y la calidad del metal.
La moneda más pequeña emitida es, seguramente, el cuarto
de jawa nepalesa (plata acuñada en 1740). Según el Libro
de records mundiales Guinness, la jawa completa media 2 mms x 2mms y pesaba
unos 0.010 gramos.
Hasta 1928 el anverso y reverso de las medallas olímpicas se cambiaba
para cada Olimpiada. Las imágenes representaban reliquias de los
juegos de la antigüedad, corona de laureles, símbolos modernos
del olimpismo y de las ciudades sedes. Desde 1928 hasta 1972, el reverso
(una multitud jubilosa que lleva en sus hombros al vencedor) apenas fue
modificado.
La plata es el metal que más se ha usado para acuñar monedas.
El oro, que desde los años 1930 sólo se usaba para emisiones
conmemorativas y comerciales, ha comenzado a usarse nuevamente para monedas
de curso legal.
El único país que ha acuñado monedas de platino fue
Rusia (de 3, 6 y 12 rublos en 1828-45). La moneda subastada a mayor precio
(US$ 200.000 en 1974) es una pieza de oro de US$ 20 (EU doble águila
de 1907). La moneda vendida a mayor precio (US$ 900.000, en octubre de
1980) es una decadracma de Agrigento.
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