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"Cuito", "Titi" y "Norita". Las hermanas Vicente quizá sean las mujeres más populares de la ciudad. Cada evento, cena o fiesta las tiene como protagonistas y resulta imposible que pasen inadvertidas

 

 


"CUITO", "TITI" Y "NORITA", LAS HERMANAS VICENTE
HAN SERVIDO A GENERACIONES DE TRESARROYENSES

El trío Vicente

Cuando llegaron de su Santa Fe natal, las hermanas Vicente no conocían a nadie. Treinta y dos años después quizá sean las mujeres más populares de la ciudad. Cada evento, cena o fiesta las tiene como protagonistas. Han servido a generaciones de tresarroyenses, a quienes vieron crecer acompañándolos en los momentos más especiales de su vida. Cuando se juntan, Etelvina, Nelly y Nora, más conocidas como "Cuito", "Titi" y "Norita", son un caudal de anécdotas que reviven con la misma intensidad que las disfrutan. En "El Periodista", las historias de las buenas mozas que hoy se sienten "más tresarroyenses" que nunca

Las hermanas Vicente son las mujeres más populares de la ciudad. Cada evento, cena o fiesta las tiene como protagonistas y resulta imposible que pasen inadvertidas. Con su gracia y un humor que pareciera no acabarse nunca, han servido a generaciones de tresarroyenses a quienes vieron crecer acompañándolos en los momentos más especiales de sus vidas: desde el bautismo, la comunión, el cumpleaños de quince o los casamientos.
Cuando se juntan a contar historias, Etelvina, Nelly y Nora, más conocidas como Cuito, Titi y Norita, son un caudal de anécdotas que reviven con la misma intensidad que las disfrutan. Se hace difícil imaginar que cuando llegaron de su Santa Fe natal hace 32 años, nadie las conocía y tenían que asumir el desafío de apropiarse de un mundo ajeno al que no estaban habituadas. Es que la vida en Lazarino, un pueblo de 400 habitantes, discurría por otros carriles aunque tampoco ahí pasaban desapercibidas. "Nosotras andábamos metidas en todas las fiestas del pueblo, te imaginas éramos cuatro gatos locos allá", contó la mayor de las tres que en ese momento trabajaba en un almacén de ramos generales.
Si alguien les hubiera dicho en aquellos años que iban a ser mozas en una ciudad de la provincia de Buenos Aires, ellas lo hubieran negado. En el pueblo ni siquiera había restaurantes y la vida nocturna terminaba temprano. "Allá decir que ibas a comer afuera era ir a comer al patio de tu casa o a lo de la vecina. No se estilaba salir a comer afuera y menos en un pueblo", dijo Titi mientras Cuito acota que los domingos comprar tallarines amasados por doña Rosa era todo un acontecimiento.

Destino lejano
Como si fuera hoy se acuerdan el día que su padre les comunicó que le habían dispuesto un nuevo destino en su trabajo. Titi era la única que había sentido nombrar Tres Arroyos porque en el almacén de ramos generales, de vez en cuando enviaba cartas a la fábrica Istilart; mientras que Norita no se olvida más la tarde que su madre les contó a dónde los iban a trasladar. "Cuando me nombró Tres Arroyos yo le dije ´ah en Córdoba´ y mamá me dice -´noooooo, más lejos´". Ninguna pensó que iba a ser tan lejos cuando agarraron el mapa. "Se nos acalambraba el dedo de recorrer toda la provincia de Buenos Aires", dijo Titi quien rememora con más humor que nostalgia, cuando se despidió de un novio para partir definitivamente.
Vinieron de visita a Tres Arroyos para los carnavales del 69´. Su padre las había traído a conocer su futuro hogar y para aplacar la tristeza que ya se estaba gestando, las llevó una tarde a Monte Hermoso a conocer el mar. "¿Cuito te acordás?", preguntó la mayor con el mismo asombro de la primera vez. "Vos sabes cuando vimos el mar, no lo conocíamos, allá solo había lagunas o tanques australianos. Fue hermoso".

Segundo hogar
Un 17 de octubre se instalaron en una casa en el barrio de los silos subterráneos y la primera impresión ahondó más la añoranza. "¿Mamá donde nos trajiste?, le decía yo", se acordó Titi, que no imaginó siquiera que terminaría adoptando Tres Arroyos como su segundo hogar. "Porque soy santafesina pero tresarroyense a muerte", reconoció treinta años después.
Con 32, 30 y 28 años, sin conocer a nadie, tenían que adaptarse a la vida de la ciudad. El primer paso fue buscar trabajo y el día que leyeron en el diario un aviso pidiendo personal para un hotel, las dos mayores no lo dudaron y se presentaron en la casa del gerente. Se desesperanzaron al encontrar una larga fila de chicas que esperaban para conseguir el puesto. "Estábamos ahí y cuando nos piden referencias le dije que no teníamos ninguna y que habíamos llegado hace poco acá. ´Ah no´ dijo el gerente", recordó Titi con lujo de detalles la oportunidad que pareció esfumarse en esa negativa, hasta que apareció el arquitecto santafesino Alberto Quiroga y sentenció el destino de sus coprovincianas: "A no che, si son santafesinas deben ser buenas", le dijo al gerente y solo así le tomaron los datos y quedaron en llamarlas.

El gran debut
El día que sonó el teléfono para que Titi se presentara a la prueba de selección, la casa de los Vicente fue una fiesta. Llegó temprano al Parque, con unas zapatos de taco alto con los que apenas podía caminar. "En el Parque, entraba y salía gente y me atendió un señor malhumorado que me dijo ´bueno hay que hacer esto y aquello y ayude a las chicas´. Me hizo poner el uniforme y me preguntó si no tenía otros zapatos. Le dije que me iba a casa a cambiar, pero me contestó que una vez que entraba no podía salir. Me pusieron un uniforme grandote azul y un delantal y tenía que mirar desde atrás de la heladera todos los movimientos. Yo me quería morir". Al poco tiempo se le unió Cuito y juntas vencieron los prejuicios que traían del pueblo. "Yo le decía: ´Ay Cuito, mirá si nos vieran las viejas del pueblo que trabajamos de noche´. Porque yo era de las que pensaba que las que trabajaban de noche eran unas loquitas".
En ese entonces, las reglas del trabajo eran estrictas y había que cumplirlas a rajatabla. "Veníamos en una motoneta con pantalones porque hacía un frío tremendo y la dejábamos donde está la florería Rodrigo. No podíamos entrar así al hotel así que nos cambiábamos, nos poníamos vestidos y tocábamos timbre en el hotel donde nos poníamos el uniforme", contó Titi y Cuito le recuerda el detalle del peinado que debían cuidar. "Teníamos que ir con el pelo recogido y nos poníamos spray. Mamá nos hacía un rodete y en la motoneta no se nos movía un pelo".

Epoca dorada
Norita se unió a sus hermanas en el 80´, a trabajar en la confitería. Era la época dorada del Parque Hotel, la cita obligada de los fines de semana para tresarroyenses y extranjeros que recalaban y llegaban a quedarse meses en el hospedaje. A medida que iban aprendiendo los gajes de un oficio que hoy no dejarían por nada del mundo, fueron conociendo gente de todas las clases sociales. "Conocimos muchísima gente, artistas, políticos y toda la gente de Tres Arroyos. Recién los empecé a identificar con el nombre cuando comenzaron a usarse las tarjetas de crédito. Eran las épocas que iban las chicas con el vestido largo y la capellina y los domingos era el día que salía toda la familia", dijo Titi y Cuito cuenta que "venían grupos de cazadores de otros lados, con mucho dinero. Cazaban y traían las palomas y las querían comer ahí. Ahora se las frizan y se las llevan pero antes las palomas se hacían en la cocina del hotel. Una vez estaba el comedor lleno y vemos un yanquee que estaba con la filmadora y entró a la cocina a filmar. Las cocineras estaban con los pelos de punta. El tipo tenía una cadena de restaurantes en Estados Unidos y quería saber cómo con tanta gente que había sentada había tanta variedad de comida y salía tan rápido y bien".

Personas y personajes
A las hermanas las anécdotas del hotel le surgen a borbotones: desde la vez que un hombre apagó con un poncho un postre trinchado porque creía que se estaba incendiando, hasta las innumerables fotografías que se sacaron con Mirta Legrand, Menem, Guinzburg, Soda Stereo, Loco Mía, China Zorrilla, Ramona Galarza, la "Negra" Sosa y con cada artista que pasó por el hotel. La más reciente es la del día que Catherine Fulop estaba desayunando y le pidió a Cuito que le alcanzara una medialuna. La santafesina que no puede con su genio, le sugirió que mejor se la sirviera ella. "Le dije ´¿no será mejor que te levantes vos?, acá todos quieren que te levantes para verte´", contó riéndose porque sabe que los hombres todavía le agradecen el detalle.
Como buenas bosteras, entre las fotos ilustres que conservan como tesoros, no podían faltar las del día que Cuito y Norita fueron a trabajar al Elegance Hotel porque no podían perderse por nada del mundo quedar retratadas para siempre abrazadas al Pato Abondanzieri y a Rodrigo Palacio.

Las chicas del Parque
Su participación en las fiestas llegaron de la mano del hotel. Antes, en Tres Arroyos, los mozos eran exclusivamente hombres y un día las convocó el padre de Guinea y ellas se animaron convencidas que era el trabajo que más le gustaba hacer. El primer evento fue hace veinte años en Palebra, donde empezaron a identificarlas como "las chicas del Parque", y a partir de ahí no pararon. "Hemos estado en todas las fiestas de distintas generaciones. Hemos visto desde las mamás con las panzas hasta los chicos, después sus bautismos, las comuniones, los casamientos".
Si hay algo que se percibe en cada fiesta, es que el trabajo para ellas no es una obligación sino una pasión. Dicen que siempre se divierten y se nota. "Nosotros nos divertimos siempre, si hay una fiesta o una cena común vas con la idea de pasarla bien, la gente te conoce y nadie te falta el respeto", destacó Norita y su hermana avaló esta afirmación: "a las fiestas vamos siempre con onda y encontramos un referente. Cuando tenemos que atender decimos ´del gordo de acá para acá te toca atender a vos y del gordo para adelante a vos´. Pero siempre con onda, con respeto", mencionó Cuito que aun no puedo dominar su tentación por el baile. "Yo bailo, la gente me invita a bailar, se que no lo debe hacer. En las fiestas de egresados venía colorada de tanto bailar".
A pesar del sacrificio que implica hasta pasar Navidad y Año Nuevo fuera de casa, las hermanas se muestran agradecidas hacia un oficio que les aporta gratificación espiritual. Lo definen como una terapia, donde aprendieron a dejar sus problemas afuera, siguiendo la regla que cada persona sienta al lugar en el que está como su segundo hogar.
Cuito todavía trabaja en el Parque y sus hermanas tomaron otro rumbo. Pero cada fin de semana, las tres se ponen el uniforme y salen a servir. Dicen que su trabajo les abrió la puerta de la ciudad, aunque saben que ellas se lo tienen bien ganado. Llegaron sin conocer a nadie y hoy son las más conocidas de la ciudad. Pensar que hace treinta años si alguien les hubiese dicho que iban a ser mozas en una ciudad de la provincia de Buenos Aires, ellas lo hubieran negado.


 
 
El Periodista de Tres Arroyos.
Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina