| |
ERNESTO RE, EL UNICO TRESARROYENSE APADRINADO
POR UN PRESIDENTE DE LA NACION
Padrino político
Séptimo hijo varón, Ernesto Re es, que
se sepa, el único tresarroyense apadrinado por un Presidente de
la Nación. En 1923, y en cumplimiento de la reglamentación
vigente, el ex Jefe de Estado Marcelo Torcuato de Alvear lo convirtió
en su ahijado. Aún hoy, junto a otros argentinos que detentan similar
condición, la foto de Re con el trajecito marinero que el mismo
mandatario le encargó a un sastre, se expone en la Casa de Gobierno.
Exclusivo de "El Periodista"
Cuando le sugerimos fotografiarlo sosteniendo aquella
vieja foto en la que se lo ve enfundando en traje de marinero en los tiempos
en los que apenas tenía dos años y medio de edad, Ernesto
Re se veía orgulloso. Es que minutos antes había estado
contando con lujo de detalles uno de los episodios más significativos
de su vida: el día del bautismo.
Ernesto es uno de los 11 hijos que tuvieron Luis Re y Josefa Scarcella,
dos inmigrantes italianos que llegaron a nuestra ciudad en los albores
del siglo XX. Pero, dentro de esa verdadera gran familia, el hombre, que
hoy tiene 85 años, no es uno más, ya que por esas cosas
del destino fue el séptimo varón que sus padres trajeron
al mundo y esto en la Argentina significa que el padrino de su bautismo
puede ser el Presidente de la Nación.
En realidad, ni Luis ni su esposa conocían la reglamentación
que podía convertir a su hijo en ahijado del titular del Poder
Ejecutivo, así que pasaron más de dos años hasta
que se enteraron de tal cuestión en una charla circunstancial con
el médico familiar.
Re nació el 29 de agosto de 1920 y poco después recibió
el primer sacramento cristiano. Pero fue en 1923, más precisamente
el 23 de mayo, cuando su bautismo cobró estado público y
derivó en que decenas y decenas de personas se agolparan en las
puertas de la Iglesia Nuestra Señora del Carmen con la intención
de presenciar un evento que hasta hoy no se ha vuelto a repetir en la
ciudad: que un presidente apadrine a un niño nacido en la localidad.
Cuando Luis y Josefa supieron que existía la posibilidad de que
el presidente Marcelo Torcuato de Alvear fuera el padrino de su hijo concurrieron
presurosos al palacio municipal para pedir una audiencia con el entonces
intendente, Antonio Costa, con el fin de indagar cómo era el trámite
para que tal hecho se produjera.
El responsable del Ejecutivo Comunal los recibió inmediatamente
y sin dilatar las cosas se comunicó con el cura párroco
Alonso, que en aquel momento estaba a cargo de la Iglesia Nuestra Señora
del Carmen, y ambos iniciaron los trámites que harían que
Ernesto fuera bautizado por segunda vez.
En poco tiempo todo estuvo organizado y llegó el gran día.
Lamentablemente, los compromisos de la presidencia le impidieron a Alvear
hacerse presente en la ciudad para participar de la ceremonia, por lo
que en su lugar envió al edecán de la Casa de Gobierno,
quien se encargó de representarlo en el oficio religioso.
Luego del bautismo se organizó un almuerzo multitudinario y por
la noche el alborozo de contar con un ahijado del Presidente de la Nación
en la ciudad había dado lugar a la típica calma de un pueblo
que todavía estaba en desarrollo.
Sin embargo, para Ernesto Re lo mejor recién había comenzado.
Aquella noche su familia se encargó de organizar las decenas de
obsequios que su pequeño hijo había recibido desde la casa
de gobierno, el municipio, desde diferentes comercios y de parte de algunos
de los más adinerados habitantes de la ciudad. Paralelamente, Josefa
se ocupó de guardar prolijamente el traje de marinero que el mismísimo
Alvear había ordenado que un sastre hiciera a la medida del pequeño
Ernesto. Con ese atuendo el chico posó frente a la cámara
de Arnoldo Valsangiácomo, titular de Fotografía La Moderna,
cuyo local estaba ubicado en la esquina de Chacabuco y Betolaza. Una copia
de esa foto se supone que aún se encuentra en la Casa de Gobierno
junto a las de todos los demás ahijados presidenciales de la historia
y el resto del archivo fotográfico de la Presidencia de la Nación.
Tiempo después del bautismo, Alvear, que ya había dejado
de ser presidente, pasó por Tres Arroyos. En esa oportunidad Ernesto
Re tuvo la ocasión de saludar al ex mandatario, y de esta forma
padrino y ahijado se vieron por primera y única vez las caras.
Pero aquellos regalos, el traje de marino y la foto que con mucha felicidad
le mostró a "El Periodista" no fueron los legados más
importantes que le dejó el hecho de haber sido séptimo hijo
varón y ahijado del Presidente de la Nación. Los beneficios
más significativos llegaron cuando Ernesto dejó la adolescencia,
ya que Alvear le había otorgado una beca de estudios que cubrían
la totalidad de los gastos que le ocasionara su formación.
Re quería ser piloto militar y el Estado Nacional le pagaba todos
los estudios, sin embargo terminó escogiendo la carrera de Técnico
en Construcciones porque su madre estaba enferma y, siendo tiempos en
los que en Europa se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial, temió
darle algún disgusto.
A los veinte años y gracias a un pase libre para viajar en el transporte
público que también había obtenido el día
de su bautismo, el hombre pudo llegar a Buenos Aires, en donde además
de visitar la Casa Rosada se paseó por radios, teatros y estudios
cinematográficos. Y como si esto ya no fuera increíble para
un joven que nunca había visitado la capital del país, todo
el trayecto por las calles porteñas lo realizó en un automóvil
de la Presidencia con chofer y custodio incluidos.
Hoy, más de 80 años después de aquel día en
que se convirtió en el ahijado de Marcelo Torcuato de Alvear, algo
más que esa foto que lo muestra pequeño y con su traje de
marinero ha quedado como recuerdo de aquel famoso bautismo. "Cuando
el cura Alonso se enteró que el presidente sería mi padrino,
y sabiendo que gracias a eso el Estado me iba a dar muchos regalos, pensó
que también la iglesia podría recibir algún obsequio
que sirviera para embellecerla el día de la ceremonia bautismal.
Así fue como le pidió al intendente que le solicitara al
Estado Nacional una alfombra roja que pudiera extenderse desde la puerta
del templo hasta el altar. ¿Y sabe qué? Esa alfombra es
la que aún hoy la iglesia utiliza en los casamientos. Es decir
que toda la gente que se casó allí en los últimos
82 años pisa una alfombra que llegó hasta allí porque
fui el séptimo hijo varón de mis padres".
|
MILITANTE ECOLOGISTA
"Por un mundo mejor"
Ernesto Re es un reconocido militante ecologista
de nuestro medio. Entre los años 1976 y 1982 fue Jefe del
Cuerpo de Recursos Naturales de la Provincia y luego, cuando estos
servicios se descentralizaron, ocupó la misma función
en el ámbito local.
En el año 1992 fue invitado a participar del Pacto Ecológico
Bonaerense, cuyas reuniones se celebraron en la ciudad de Bahía
Blanca, con el objeto elaborar un diagnóstico medioambiental
de la provincia.
A su regreso de aquella experiencia comenzó a dictar cursos
y talleres sobre problemáticas ambientalistas en escuelas
y bibliotecas locales. Así fue como nació una asociación
que aún dirige: Agrupación Ecológica "Por
Un Mundo Mejor".
La finalidad que persigue esta entidad es crear cuerpos de guardafauna
y personas con conciencia sobre los problemas que presenta nuestro
medio ambiente.
"Por Un Mundo Mejor" cuenta actualmente con 12 integrantes.
Todos ellos son estudiantes de EGB a los que Re tuvo como asistentes
en un taller de conservacionismo que dictó en la Biblioteca
Vicente Cacuri.
Junto a este grupo de jóvenes preocupados por la ecología,
Ernesto Re participó del desfile de la pasada edición
de la Fiesta Provincial del Trigo, en donde los chicos portaron
carteles con leyendas de oposición a la violencia, el consumo
de drogas y los ataques al medio ambiente
|
|
|