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QUILMES COMPRO LA CUPE FORD QUE CORRIERA
EL LEGENDARIO PILOTO SEGUNDO TARABORELLI
El espíritu del "Cholo"
vuelve a rodar
Después de tres años de negociación,
el Club Quilmes compró la cupé Ford que corriera Segundo
Taraborelli, la cual descansa desde noviembre en Tres Arroyos. Verla genera
sensaciones diversas y es cómo si el espíritu del "Cholo"
volviera a rodar. La adquisición encendió también
la llave de la nostalgia y reflotó recuerdos de un tiempo preciado
para el automovilismo tresarroyense. "El Periodista" recrea
la historia de la máquina y su legendario piloto
El nombre de Segundo Taraborelli está íntimamente
ligado al deporte de la ciudad. Su trayectoria fue magnífica y
solo la tragedia pudo detener el vértigo de su vida.
Sus inicios fueron en las dos ruedas de una Norton 500 donde en el Moto
Club, junto a José "Pepe" Dueso, le dieron dura batalla
a los ases de la primera época como los hermanos Milossi, entre
otros.
En Fuerza Limitada, el "Cholo" fue un volante de excepción.
Allá por 1956, tripulando la famosa "Betty" adquirida
a Benedicto Campos que le comprara la Escudería Automovilística
Tres Arroyos, comenzó a elaborar una cadena de éxitos en
circuitos de la zona, llegando inclusive a ganar en Comodoro Rivadavia
en 1958, un lugar donde el chubutense Pedrito Sancha era imbatible.
La misma escudería adquirió posteriormente "La Bomba
de Caballito", propiedad de Navone y ese coche fue corrido alternativamente
por el "Cholo, Héctor Volponi y el "Negro" Bautista
Miguel Larriestra.
Pasados los meses, los colaboradores apuntaron las naves hacia un "fordcito"
que tenía en sus manos Armando J. Ríos y que había
pertenecido a Esteban Sokol. Con él llegaría lo mejor de
la historia.
El domingo 3 de marzo de 1963, día trágico en que se mató
"Juancito" Galvez, Taraborelli logró un resonante segundo
puesto detrás de los Emiliozzi y superando a "Maneco"
Bordeu en la Vuelta de Olavarría.
Del número 19 pasó al 11 en sus puertas y se ubicó
en el tercer escalón del imaginario podio en la Vuelta de Quilmes
para entrar luego cuarto en las Mar y Sierras.
En una simple vuelta de hoja, esta sería la apretada síntesis
del accionar de Segundo Taraborelli, que un 28 de abril perdiera la vida
en la Vuelta de Barcarce-Lobería junto a Hugo Bonavento, pero ya
conduciendo una Cupé Torino 380 WW que le adquiriera la Peña
"El Tucano".
El "fordcito" está en casa
Doblando la página de la historia, nos detenemos
a analizar el "fordcito" que se le comprara a Armando Ríos.
Luego de las muy buenas actuaciones, Taraborelli le vendió la máquina
al tandilense Rife y éste tuvo un serio accidente por lo que, con
la intermediación del "Cholo", la misma fue adquirida
por el puntaltense José Moscoso. Allí terminó la
actividad de la cupé y comenzó su historia actual.
En octubre de 2001, el Club Quilmes, siempre hermanado con el deporte
motor, y en los festejos del 50 Aniversario del Turismo Carretera, expuso
una serie de reliquias en la concesionaria Uzcudun. Entre los coches presentes,
a solicitud de la entidad quilmeña, Moscoso trajo a Tres Arroyos
a la figura principal de esta historia.
Allí, un reducido grupo de colaboradores se entusiasmó con
la posibilidad de comprar la cupé, convirtiéndose Punta
Alta en el centro de cada reunión mensual. Hubo muchas llamadas
telefónicas intermedias, todo en la firme convicción de
que el "fordcito" recalara definitivamente en Tres Arroyos.
Falta de papeles, falta de número en el chasis y en el motor y
unas ganas tremendas del veterano Moscoso de armar un motor y salir a
probar esa histórica carrocería...
La Asociación de Cupecitas del Ayer estuvo casi una semana en Punta
Alta queriendo comprar el auto, pero el compromiso era con la gente de
Tres Arroyos.
Pasados tres años de aquella primigenia idea, mediante un pago
de 400 pesos adelantados para patentes, y luego de dos meses, se pudo
hacer el boleto y luego de la transferencia el auto llegó finalmente
a nuestra ciudad.
¿Quiénes fueron a buscarlo?. Hugo Arenas, Mariano Taraborelli
y Bautista Miguel Larriestra. ¿Cuánto costó la cupecita?.
Cerca de 16 mil pesos..., pero la cifra no tiene ninguna importancia.
Lo que cuenta es que Quilmes recuperó con su adquisición
parte importante de la historia del deporte motor local.
Bonomo, presidente de la Asociación de coches históricos,
ya la pidió para exhibirla en Buenos Aires. Mientras tanto, la
máquina descansa en la casa de Novales, donde diariamente es mucha
la gente que se acerca a tocar la carrocería con la que el legendario
"Cholo" Taraborelli le diera lustre al deporte motor de toda
la ciudad.
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