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LA TRESARROYENSE GISELA MARTINEZ VENDE AL MUNDO JOYAS DE CAPULLOS DE SEDA DE GUSANOS DE SU PROPIA CRIA

La ruta de la seda

Comenzó diseñando indumentaria con orientación a la sustentabilidad y las fibras naturales, y así se introdujo en el milenario arte de la sericicultura. De las telas y agujas pasó a la cría de gusanos de seda, actividad que también le permite recorrer el país capacitando a otros productores serícolas. Hace tres años se asoció con una diseñadora gráfica y joyera y juntas comenzaron a crear piezas de metales y capullos de seda que hoy se venden literalmente en todo el mundo. Así es el camino de la seda que recorre y reconstruye para “El Periodista” la tresarroyense Gisela Martínez

Febrero 2019
“El protagonista de esta línea de joyería que ha cumplido ya tres años en el mercado es el capullo de seda”, describió Gisela

“El protagonista de esta línea de joyería que ha cumplido ya tres años en el mercado es el capullo de seda”, describió Gisela

Un capullo de seda mide unos 3 centímetros, y es resultado de la paciente labor de un gusano, un proceso artesanal que comienza desde la cría hasta la producción propiamente dicha, y demanda del huevo al capullo unos 33 a 35 días. En términos generales, para los capullos hay varios usos, como el devanado del hilo (cada gusano adulto puede generar entre 1000 y 3000 metros), la obtención del shape (fibra que surge del hervido de la pupa interna) o, como en el caso de la joyería contemporánea de “Indómita Luz”, su transformación en una pieza única por su diseño y color. La tresarroyense Gisela Martínez dio vida a “Indómita Luz” como una marca de indumentaria, y pronto comenzó a incursionar en la joyería artesanal de vanguardia. Pero quizá no imaginaba entonces que el camino la llevaría hacia el arte milenario de la sericicultura, que hoy, además de involucrarla en un modo de producir tan particular, la tiene como una de sus principales impulsoras en la Argentina. Además, sus piezas se venden en museos, tiendas de arte y moda de Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Israel, entre otros puntos de todo el mundo. Y desde hace poco llevan el sello de Buen Diseño Argentino, una distinción oficial que otorga el Ministerio de Producción de la Nación a los productos de la industria nacional que se destacan por su innovación, por su participación en la producción local sustentable, por su posicionamiento en el mercado y por su calidad de diseño.
Gisela se fue de Tres Arroyos con la idea de formarse como diseñadora. Logró su título de Diseñadora de Indumentaria y Textil en la Universidad de Palermo, y tal como lo contó a “El Periodista”, “en el año 2010 conocí a un productor de seda, con el que al poco tiempo me asocié para criar gusanos de seda en un campo de La Pampa en una modalidad a gran escala, la más grande en cuanto a producción serícola que había en ese momento en la Argentina. Ese fue el inicio de mi formación en agronomía, porque para mí era un mundo absolutamente nuevo y aprendí mucho sobre la marcha”.
A través del INTA y el INTI, Gisela Martínez adquirió las herramientas necesarias para formarse a sí misma pero también para compartir los conocimientos sobre esta actividad milenaria. Así, se abrió para ella otra posibilidad: la de capacitar a productores serícolas en distintas regiones del país, como el Norte, Jujuy, Salta, Santiago del Estero, Misiones, Corrientes, La Pampa y especialmente la provincia de Buenos Aires.

El capullo como protagonista
Con líneas netas pero diseños jugados, las prendas de “Indómita Luz” fueron, desde los inicios de la marca, orientadas hacia la utilización de fibras naturales y modos de producir sustentables. Su aire vanguardista las llevó a sorprender tanto en el circuito porteño de la moda como en el Escenario Mayor de la Fiesta Provincial del Trigo, donde se presentaron alguna vez como creaciones inéditas de una diseñadora tresarroyense. Pero Gisela fue por más, y amplió sus horizontes hacia las joyas, con un resultado sorprendente, producto de un camino que vale la pena conocer porque no se quedó en el producto final sino que se remontó a los orígenes de la sericicultura, produciendo y colaborando con su difusión y establecimiento en el país.
“El protagonista de esta línea de joyería que ha cumplido ya tres años en el mercado es el capullo de seda. Pero además hace 8 años que me dedico como productora a la cría de gusanos de seda, no sólo guiando y capacitando a los productores del país, sino acompañando también en el desarrollo de genética para que se adapten a la zona. El gusano de seda se alimenta de hojas de mora, y en escuelas de Buenos Aires y en otras ciudades del país se solía ver antes que los chicos criaban gusanos de seda, y hoy día yo misma trabajo con algunas escuelas y jardines de infantes, no sólo agropecuarias sino de la ciudad también, que incorporan a la actividad serícola como propuesta didáctica”, explicó Gisela a “El Periodista”.
Otro aspecto fundamental de estas piezas es el color, que también se obtiene de manera artesanal. “Cada color que se ve en las piezas está extraído de tintes y colorantes naturales, y el teñido lo hacemos nosotros mismos, fusionando además con vidrio, cristal de roca, y metales como acero, plata, cobre y alpaca, siempre de manera muy artesanal”, describió la diseñadora.
La marca “Indómita Luz” se registró hace seis años. “Yo comencé y hoy mantengo una pequeña línea de indumentaria que vendo a nivel país, pero no exporto. Hace tres años conocí a mi socia, Marcia, joyera y diseñadora gráfica con muchos años de profesión, y le propongo crear juntas una línea de joyería textil contemporánea con este material, la fibra de seda, con el que yo estaba trabajando y explorando y que ya de por sí experimenta muchas transformaciones”, contó Gisela.

Al mundo
Al poco tiempo presentaron sus primeras creaciones en un puesto en la Feria Puro Diseño, en la sede de la Rural porteña, sin dimensionar seguramente la explosión que vendría después y que llevaría las joyas a todo el mundo.
“Corrimos para poder presentar la línea pero valió la pena porque ahí mismo ya concretamos ventas a otros países. Fue un gran punto de partida para la colección, y a seis meses de lanzada la marca ya le vendimos a los Estados Unidos, que hoy son nuestro principal distribuidor en el exterior, ya que allí nuestras piezas se venden en muchísimas ciudades y la marca participa de las ferias más importantes que hay en el año allí, que son en Nueva York, Atlanta y Las Vegas, y en esas ferias levantamos los pedidos para la mayoría de las ciudades norteamericanas para las que vendemos. Es un punto de venta muy fuerte, porque llegamos no sólo a tiendas boutique, sino también a otro segmento muy fuerte al que le estamos vendiendo ahora, que son las tiendas de los museos más importantes del mundo”, destacó Gisela, para describir el fenómeno que protagonizan con sus creaciones.
En México también tienen dos distribuidores, en la ciudad de México y en el estado de Quintana Roo, que abarca Cancún, Playa del Carmen, Tulum, y desde allí llegan a otros estados del interior mexicano; y se venden productos de “Indómita Luz” también desde Chile y Río de Janeiro. “Asimismo nos compran en forma directa desde ciudades como París, Luxemburgo, Tel Aviv, Munich, Lisboa, Honduras, entre muchas otras. Y hemos incursionado recientemente en Inglaterra, un nuevo cliente en Londres que veníamos buscando desde hace tiempo y nos pone muy contentas porque llegamos a otros públicos”, aseguró.

A gran escala
Con canales de comercialización tan extendidos, además de lo que venden por redes sociales y en los puntos de venta argentinos, el equipo de “Indómita Luz” ha experimentado, sobre todo en 2018, un año de mucho crecimiento pero también de aprendizaje. Según contó Gisela, el paso de la producción artesanal de unas pocas piezas a la escala que demandan las ventas actuales “fue un cambio muy fuerte, en el que sobre todo hubo que enfocarse en mejorar los procesos productivos. Hubo que buscar la forma de acelerar los procesos para obtener mayores volúmenes, porque por ejemplo nosotros no hacemos el teñido natural con calor, no utilizamos gas, sino que se hace por sumergido en agua fría, a temperatura ambiente, de manera que para obtener el color y su fijación algunos capullos permanecen 3, 5 y hasta 7 días en el tinte. Y estos son tiempos que no se pueden acelerar”, advirtió la diseñadora.
Por estas mismas razones, ya no les resulta suficiente con la producción de capullos de seda que hoy hay disponible en la Argentina, que es de pequeña escala, y han tenido que comprar en el exterior. “Nosotros le compramos su producción a todos los criadores del país, pero es poca la cantidad para el volumen de piezas que la marca está generando, por lo que hemos tenido que salir a buscar afuera capullos de primera calidad”, destacó.
Finalmente, la tresarroyense alentó a los interesados en conocer sus productos a contactarse por diferentes vías que, aun con la dimensión que alcanzó el negocio a nivel internacional, permiten comprar una pieza de joyería y recibirla en casa, en cualquier lugar del país, para su disfrute. “Indómita Luz Oficial” está en Facebook con su catálogo digital, tiene una página de compra online en Tienda Nube y también está en Instagram. Y para los viajeros frecuentes a Buenos Aires, se ofrece la posibilidad de compras en el showroom del barrio de Núñez, contactándose con el mail indomitaluzjoyeria@gmail.com. Varias tiendas de diseño en Recoleta, San Isidro, Olivos, y los museos Sívori, Xul Solar, MALBA, entre otros, ofrecen además de un buen paseo, la chance de irse a casa con una joya única con sello local. Porque la ruta de la seda es infinita.

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Las piezas de “Indómita Luz” se pueden comprar desde Internet, pero también en cualquier museo del mundo y en prestigiosas tiendas de diseño de grandes ciudades de los Estados Unidos

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