Municipalidad Tres Arroyos

notas edicion de papel

AFINARON EL ORGANO DE TUBOS DE LA IGLESIA REFORMADA

La música del cielo

Especialistas de Organería Argentina, la empresa que mantiene el órgano de tubos del Centro Cultural Kirchner, pusieron a punto el particular instrumento con el que cuenta la Iglesia Reformada en su templo de Maipú 475. “El Periodista” estuvo en la primera prueba y cuenta además cómo llegó a Tres Arroyos

Diciembre 2021
Tapado por los tubos del instrumento, el organista dispone de un espejo por el cual ve cuando las luces del templo se encienden, al comienzo del culto, y es la señal para empezar a tocar

“El mundo del órgano es atrapante, maravilloso. Es tal su riqueza…Uno escucha esto y queda anonadado”, asegura el reconocido organista salteño Mario Videla, sentado frente a los manuales (teclados) del increíble Klais Opus 1912, el órgano tubular ubicado en el Auditorio Nacional del Centro Cultural Kirchner, que tiene 3600 tubos. Mucho más pequeño pero dueño de un sonido sobrecogedor, que invade con sus matices la austeridad del templo de la Iglesia Reformada en la calle Maipú 475, es el órgano de tubos que acaba de ser reacondicionado en Tres Arroyos. Los mismos técnicos de Organería Argentina, la empresa que se ocupa del mantenimiento del imponente instrumento que está emplazado en el salón conocido como “La ballena azul”, tuvieron a cargo la tarea, artesanal y no exenta de cierta magia, durante varias tardes del pasado mes de noviembre.
Johann Sebastian Bach compuso, entre 1708 y 1717, casi la totalidad de las obras que componen su “Pequeño libro para órgano” (Orgelbüchlein, BWV 566-644). Son piezas breves, destinadas a un uso litúrgico, y ya desde entonces el sonido del órgano remite inmediatamente a lo sacro, a una música que está conectada con el cielo. “Solo a la gloria de Dios en las alturas y edificación de mi prójimo”, dedica Bach el libro. Como ocurre en el templo tresarroyense, la ejecución del órgano tubular acompaña las ceremonias religiosas en iglesias en todo el país, ya que son alrededor de 200 –aunque no todos están en funcionamiento- los instrumentos de este tipo instalados en la Argentina. De ellos, unos 40 están en la Provincia de Buenos Aires. La mayoría fueron traídos de Europa entre 1870 y 1930. El de Tres Arroyos, en tanto, pertenece a un grupo minoritario que arribó al país en la segunda mitad del siglo XX (1956, en este caso).

El instrumento
El órgano de la Iglesia Reformada local es un Pels & Zoon fabricado en la ciudad holandesa de Alkmaar ese mismo año. Tiene 143 tubos y tres teclados, dos manuales y una pedalera, y costó, según el presupuesto fechado el 29 de abril de 1955 al que tuvo acceso “El Periodista”, unos 5400 florines. Al parecer uno de los principales impulsores de su compra fue el “meester” (maestro) Cornelio Slebos, director del Colegio Holandés, y entre otros mecanismos para reunir el dinero necesario, se estilaba enviar a los miembros de la colectividad una tarjeta para su cumpleaños, que los agasajados debían honrar con una donación equivalente a los años cumplidos.
El instrumento llegó a la Argentina con un manual de instalación e instrucciones de uso y mantenimiento, escritos en neerlandés, que advierten que debe “afinarse una o dos veces al año, a menos que la temperatura sea tan variable que la desafinación ocurra antes”. Sin embargo, por distintas razones, no se le había hecho un trabajo de mantenimiento integral hasta que Alberto Foulkes, quien está a cargo de su ejecución en los cultos, convocó a los técnicos de Organería Argentina.
Todos los órganos tienen distintos sonidos que pueden elegirse al ejecutar una obra: son los registros; algunos imitan los sonidos de la orquesta, otros son propios del instrumento. El Pels & Zoon que dispone la Iglesia local tiene dos teclados manuales, el primero es el inferior, y el segundo el superior; cada uno de ellos, al igual que la pedalera o tercer teclado, tiene sus registros propios, que el organista combina según su elección. Por lo general el primer manual tiene los registros más sonoros, y el segundo es más rico en timbres; los registros más graves son los asociados a la pedalera.
Este aparato dispone asimismo de un sistema particular; los órganos estándar tienen un tubo por cada tecla por cada registro, entonces si el órgano tiene 60 teclas en cada uno de los manuales y 5 registros, hay 300 tubos. Este, con 143 tubos, forma 15 registros. “Va eligiendo, a través de una pequeña máquina electromecánica, según el registro, qué sector de la familia de tubos va a sonar, logrando registros más graves, más agudos, y distintos timbres. Los nombres de los registros incluyen un nombre según el tipo de timbre, y un número que representa la altura del tubo más grave de cada registro”, apuntaron los técnicos.

Los arreglos
“El instrumento es de sistema unit y con dos juegos reales crea quince registros repartidos en dos teclados manuales y pedalera. Se le hizo la reconfección del fuelle regulador, remoción de la totalidad de los tubos, limpieza de los mismos, limpieza y encerado de las tapas de secreta y panderete, recolocación de los tubos en su emplazamiento original, armonización, afinación y reparación de la máquina multiplex, ajuste de las teclas del pedal para eliminar el rebote de las mismas, e instalación de luz de pedalera”, describe en torno a la reparación del órgano tresarroyense la página oficial de Facebook de Organería Argentina, la empresa fundada por el ingeniero Juan Weinhold en 1980. Así enumerada parece una tarea fría, ejecutada con precisión técnica y una dedicación intensiva. Y lo es, pero cuando la profesora Romina Reimers y el organista Foulkes hacen sonar el magnífico instrumento en la primera prueba tras su afinación, se hace la magia. Son Alejandro Galli, el primer discípulo de Weinhold, y Pablo Fernández, su amigo y compañero de colegio, los encargados de conseguirla. Para eso han pasado varios días desmontando el aparato en su totalidad, reemplazando y limpiando lo necesario y volviéndolo a ensamblar, para luego ir a hacer lo propio en otras ciudades donde hay órganos tubulares.
“Estaba muy desafinado, con los tubos muy sucios, y a través de los años habían aparecido además algunas fallas que por suerte pudimos resolver. Removimos y limpiamos todos los tubos, y el cajón donde están insertos, que se llama secreta, tiene unos canales que guían el aire para que cada tubo suene en el momento oportuno. Limpiamos tubo por tubo, que tenían mucha tierra, las tapas de secreta y los soportes de los tubos, enceramos y volvimos a colocar todo y afinamos el órgano completo”, describió Galli a “El Periodista”. Además fue necesario reemplazar el fuelle roto del mecanismo de funcionamiento del órgano, que es un instrumento de aire: tiene un motor, con un ventilador centrífugo, que genera el aire necesario para producir el sonido, haciéndolo pasar hacia los tubos a través de ese fuelle de cuero (que era el original de fábrica) sostenido por piezas de madera y encargado de mantener estable la presión. “Ahora el órgano suena más, porque todo el aire que se escapaba a través de esas pérdidas del fuelle, ahora va a los tubos”, completó.

Una tarea apasionante
A cargo del mantenimiento de Organería Argentina también está, por mencionar sólo ejemplos, el majestuoso Cavaillé-Coll (la marca de los órganos de las iglesias parisinas), el más importante del mundo fuera de Francia y el más grande, con casi 5000 tubos, del país. Está en la iglesia del Santísimo Sacramento, en Retiro, que perteneció a los Anchorena; además atienden, del mismo origen, el de la basílica porteña de San Nicolás de Bari, y el ubicado en la capilla del Colegio La Salle, entre al menos unos 50 instrumentos diseminados por todo el país. “El del Centro Cultural Kirchner es el más nuevo, pero atendemos los más importantes de la Argentina. Y hay de todo tipo; hace unos años yo vine a una estancia, San Ramón, en Azul, que también perteneció a los Anchorena y que tiene un pequeño órgano”, recordó Alejandro. Galli desconocía la existencia del instrumento en Tres Arroyos, que al parecer su maestro, el ingeniero Weinhold, ya había visto hace algo más de 15 años.
Es apasionante la forma en que se ha transmitido este oficio entre el puñado de cultores que lo llevan adelante. “Weinhold tiene unos 45 años en la organería. Es ingeniero electrónico y además organista, fue alumno de la célebre Adelma Gómez, la más reconocida del país. Y tocaba el instrumento en la Iglesia de San Rafael Arcángel, además de llamar al organero cada vez que le encontraba algún problema. Ese organero era el español Marcos Azurmendi, que había venido al país a instalar un órgano y se quedó a vivir aquí. Su trabajo llamó la atención de Weinhold, que empezó a aprender de él lo vinculado a la organería –no hay una escuela, se enseña de maestro a alumno- y luego comenzó a reparar órganos”, contó Alejandro.
Tanto él como Pablo ríen cuando se les pregunta por qué eligieron ese trabajo. Galli era adolescente y pertenecía a un grupo parroquial de San Antonio de Padua, en Villa Devoto, Buenos Aires. Allí, durante un año y medio, el maestro Weinhold llevó adelante un trabajo de reparación integral del órgano de la iglesia. Alejandro no tenía más que 17 o 18 años, pero en su casa se escuchaba a Bach y se disfrutaba del sonido del órgano. Visitaba a Weinhold mientras trabajaba como organero, y también se sumó al coro de apoyo a la liturgia que el maestro acompañaba musicalmente. En un momento, tal como había ocurrido entre el propio ingeniero y su maestro español, Alejandro recibió de parte de Weinhold la invitación para sumarse a su equipo.
“Como la demanda era muy grande y no la podíamos abarcar, decidimos convocar a Pablo, con quien somos amigos desde los 13 años, compañeros de la secundaria y compadres. Me dijo que sí, adquirió los conocimientos y se sumó. Y como el trabajo seguía desbordándonos, también incorporamos a su hijo Tomás, quien en este momento está en Buenos Aires restaurando un órgano con Juan”, comentó.

Todos distintos
Curioso y apasionado, Pablo está convencido de que cada órgano tiene su propia vida, por lo que finalmente ningún trabajo de reparación resulta parecido a otro. “Cada uno tiene su historia, y conocerlos y sumergirse en su reparación es entrar en un laberinto fascinante. Hay órganos neumáticos, electrónicos, electroneumáticos, mecánicos, cada uno tiene una forma distinta de hacer sonar los tubos, y hay que investigarla, comunicarse con Alemania, buscar en la web. Hemos tenido suerte de mantener instrumentos en Brasil, Bolivia, en casi toda la Argentina. Y hay órganos muy grandes que no suenan tan bien como otros más chicos, además de ser instrumentos que resultan fascinantes porque desmitifican lo que la mayoría de la gente piensa: no son exclusivamente para música litúrgica, o para ser ejecutados por especialistas. E el CCK se ha interpretado jazz, tango, folklore, y quizá tenga que estudiar más, pero cualquier pianista puede tocarlos”, advirtió.
“A los chicos les encanta. Lo vimos cuando reparábamos el órgano del colegio La Salle, y Juan tocaba Bach cuando se acercaban todos desde el patio fascinados, y se sentaban en la iglesia para ver”, recordó.
Finalmente, aseguró que lo que más fascina a los técnicos es el funcionamiento del órgano. “En el interior de este que terminamos de reparar, hay una máquina llena de contactos, miles de ellos, que funcionan en forma mecánica porque en ese momento no existía lo digital, de manera que hubo cabezas que pensaron y diseñaron ese mecanismo. Como antes de que existiera la electricidad también lo hicieron los que pensaron en fuelleros moviendo para inflar los fuelles y lograr el sonido”, evocó.
El arreglo realizado en Tres Arroyos tampoco se pareció a otros. Porque lo habitual es que los técnicos visiten varias veces el instrumento con desperfectos hasta ver con claridad lo que es preciso reparar. “En este caso, pudimos hacernos una idea de la tarea a través de los llamados con el organista, y el material que nos envió. Y aunque siempre aparecen sorpresas, porque al problema que ve el organista le tenemos que sumar lo que vemos nosotros, podemos decir que la experiencia nos permite salvar esas dificultades. Y Tres Arroyos nos gustó mucho”, concluyeron.

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