Municipalidad Tres Arroyos

notas edicion de papel

LOS EDIFICIOS Y EMPRENDIMIENTOS QUE PERDIO TRES ARROYOS Y SU MEMORIA COLECTIVA

La identidad perdida

La demolición de los últimos vestigios de la ex fábrica Istilart y el posible cierre de Vizzolini son sólo parte de la desaparición de una serie de edificios, emprendimientos, comercios y espacios comunes a la memoria de los tresarroyenses. Mientras la ciudad sigue creciendo y avanza en la industrialización de materia prima y en servicios, ese aspecto constitutivo de su ser se vuelve ausencia. La reflexión de “El Periodista”

Octubre 2015
Fundada por Luis Vizzolini a inicios del siglo pasado, durante décadas elaboró pastas secas con el apellido de su fundador, como marca y sello inconfundible de la producción tresarroyense

Fundada por Luis Vizzolini a inicios del siglo pasado, durante décadas elaboró pastas secas con el apellido de su fundador, como marca y sello inconfundible de la producción tresarroyense

“Mi patria es mi memoria”, decía la escritora Alejandra Pizarnik. Y es que es imposible escindir del recuerdo, como parte constitutiva del ser, aquello que tiene que ver con el lugar donde se vive, donde se es, donde la existencia se moldea a partir del paisaje cotidiano, de los objetos, de las rutinas que el mapa sobre el que se desarrolla nuestra vida va dibujando en nosotros con el paso del tiempo. El lugar donde se crece, las calles que uno camina, el espacio que se comparte como comunidad queda impreso en la memoria, y esa memoria es la patria a la que pertenecemos. Por eso, aunque se celebre diariamente el crecimiento de la ciudad, su próspero proceso de industrialización de la materia prima que aquí mismo se genera, en el campo; aunque evolucionen el comercio y los servicios, hay nombres y marcas de la identidad tresarroyense que van borrándose de este territorio común que compartimos, y que es necesario preservar al menos en la memoria. Porque –volviendo al pensamiento de Pizarnik-, donde no hay memoria, no hay patria.
Con el cierre en ciernes de la fábrica Vizzolini, que por décadas fue una marca propia de Tres Arroyos, y la demolición ocurrida días pasados de los últimos vestigios de lo que fuera el gran edificio de Istilart, parte de ese paisaje común al que la memoria colectiva tresarroyense debe empeñarse en apelar, está desapareciendo. ¿Qué sucede, entonces, con esa memoria? ¿También corre el riesgo de desaparecer? ¿Qué registro quedará entonces de esa patria chica que es la reserva, el embrión, de esta ciudad pujante que somos y que pretendemos seguir siendo en el futuro?
Ya en el año 2011, alumnas de la Tecnicatura en Gestión Cultural de CRESTA –hoy ya egresadas, entre ellas la recientemente fallecida gestora cultural Pamela Arenzana González-, alertaban acerca de estas cuestiones con una carta que circuló en los medios locales: “El patrimonio histórico-cultural de una ciudad está constituido por todos aquellos elementos y manifestaciones tangibles o intangibles producidas por las sociedades, resultado de un proceso histórico en donde la reproducción de las ideas y del material se constituyen en factores que identifican y diferencian a esa ciudad. El Patrimonio es la síntesis de los valores identitarios de una sociedad que los reconoce como propios”.

Lo que ya no está
En aquel momento, las ahora gestoras culturales hacían mención al edificio del ex colegio Nacional, hoy en manos del Sindicato de Empleados de Comercio, sobre el cual al parecer no han existido intervenciones que modifiquen su aspecto. Sin embargo, lo que planteaban en aquel momento es igualmente útil para varios otros espacios donde el peso del “progreso” amenaza como una implacable picota. O en el peor de los casos, es el abandono y sus consecuencias, el que los convierte en un peligro para la circulación urbana y, con este argumento, sobreviene la desaparición definitiva de construcciones emblemáticas para la memoria tresarroyense.
“A partir del momento en que se pierde la función productiva anterior, es cuando comienza el problema de la reutilización del edificio, y cuando se definen por parte de la empresa diversas estrategias para rentabilizar las antiguas instalaciones o el espacio que ocupaban. En numerosos casos, la antigua estructura es destruida totalmente (Teatro Español, edificio del ex Hogar de Niños, etcétera) perdiéndose completamente todo vestigio y recuerdo de su antigua actividad. Cuando esto ha sucedido, demás está decirlo, no hay patrimonio que conservar”, alertaban entonces las alumnas del CRESTA.
Y es precisamente esto lo que ocurrió con la ex fábrica Istilart hace pocos días, cuando interrumpido el tránsito con la colaboración del área municipal correspondiente, y ante la mirada de varios tresarroyenses que decidieron dejar plasmado un recuerdo del momento con cámaras y teléfonos móviles, se demolió con una retroexcavadora perteneciente a una empresa de Tandil lo que quedaba del edificio de Sarmiento al 600. Allí, se dice, en poco tiempo más comenzará a desarrollarse un emprendimiento inmobiliario del que no han trascendido mayores detalles, pero al que se vincula a una compañía financiera.
Habrán de quedar en la memoria, aún cuando no exista la arquitectura que los sostenía, los sueños de aquel pionero vasco que abrió su taller en 1898, para empezar a fabricar en 1915 su producto emblemático, la cocina económica. Y el bullicio de los cerca de 1500 empleados que Istilart llegó a tener después del crack económico del 30.
Antes, los vaivenes de una política económica que no siempre promovió la industrialización se habían llevado puestos otros emprendimientos. Y silenciosamente, desaparecieron EIMA (hoy la Secretaría de Seguridad municipal), la fábrica Burattini, entre otras. Y si bien es verdad que por razones técnicas y medioambientales la zona urbana ha dejado de ser el escenario ideal para las radicaciones industriales, por lo que es de celebrar el crecimiento que está evidenciando el Parque Industrial, estas empresas formaron parte del paisaje tresarroyense durante décadas, y hoy ya no están. Cabe preguntarse si el cambio de manos de otras firmas, también otrora símbolos de la producción local, no será el inicio de un derrotero parecido para varias de las que aún sobreviven.
Algo similar ocurrió con algunos comercios tradicionales, que sucumbieron a cuestiones diversas, algunas exógenas y otras netamente vinculadas a la voluntad de sus propietarios, y que merecerían permanecer en el recuerdo colectivo, como las grandes tiendas El ABC, la joyería Quintela o Casa Mulazzi, varios de cuyos emplazamientos arquitectónicos tampoco están visibles para ser testigos de aquel brillante pasado de la ciudad.
Y donde los edificios siguen aún en pie, es el nombre ausente el que evoca el recuerdo. La Previsión, el Banco Comercial, son ejemplos de esta historia que se resiste a partir.

Destino incierto
Por otra parte, desde agosto pasado se sabe que, quizá antes de fines de este 2015, la empresa Molinos Río de la Plata efectivizará su decisión de cerrar la planta que fuera sede de la ex fábrica Vizzolini, fundada por Luis Vizzolini a inicios del siglo pasado y que durante décadas elaboró pastas secas con el apellido de su fundador, como marca y sello inconfundible de la producción tresarroyense. Los fideos Vizzolini se hacían en Tres Arroyos y se vendían en todo el país, y así fue que la empresa mantuvo su identidad local hasta que en los albores del proceso de concentración económica que tuvo lugar en los '90, se vendió primero a Terrabusi –que luego pasó a formar parte de la multinacional Kraft-, más tarde a Mondelez y finalmente a Molinos, que ya comunicó su decisión de desactivarla.
No es raro, en este contexto, que un par de decenas de empleados resistan esta medida, aún cuando les han ofrecido los emolumentos previstos por la ley e incluso varios que se acogieron al retiro voluntario previsto por la empresa, ya están trabajando en otros lugares. Lo han planteado como una cuestión de identidad, de pertenencia, y eso es lo que en definitiva quiere poner sobre el tapete este artículo de “El Periodista”.
Mientras tanto, se habla de la obsolescencia del equipamiento de la ex Vizzolini, y está latente la duda acerca de lo que ocurrirá con el edificio cerrado, sobre el que también circulan versiones de que estaría en la mira de una empresa para su demolición y la construcción de otro proyecto. Una muesca más en la memoria tresarroyense que desaparece, y van…

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Desde agosto pasado se sabe que, quizá antes de fines de este 2015, la empresa Molinos Río de la Plata efectivizará su decisión de cerrar la planta que fuera sede de la ex fábrica Vizzolini

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La ex fábrica Istilart en su esplendor, cuando contaba con cerca de 1500 operarios, ya es parte del recuerdo de la industria tresarroyense

En Facebook, la recientemente fallecida gestora cultural Pamela Arenzana González creó la página, en 2011, “Defendamos la ex Fábrica Istilart”, a la que pertenecen estas imágenes

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