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BASQUET - GABRIEL COLAMARINO HABLÓ DE SU PASIÓN

“Ganar no enseña casi nada”

Hace 14 años Gabriel Colamarino desembarcó en nuestra ciudad con una valija llena de experiencias e ideales forjados en Bahía Blanca y en la Liga Nacional. Su proceso como entrenador en Argentino Junior ha sido muy positivo, pero su concepción, su forma de enseñar y de pensar el deporte y la vida, hacen que el rol de formador juegue un papel preponderante y definitivo en él

Enero 2024
Hace 14 años Gabriel Colamarino desembarcó en nuestra ciudad con una valija llena de experiencias e ideales forjados en Bahía Blanca y en la Liga Nacional

Hace 14 años Gabriel Colamarino desembarcó en nuestra ciudad con una valija llena de experiencias e ideales forjados en Bahía Blanca y en la Liga Nacional

¿Qué es el básquet para Gabriel Colamarino?
Tal vez decir todo suene exagerado, y no me gusta la exageración, pero yo entré a una cancha de básquet a los 4 años, de la mano de mi mamá, en Estudiantes de Bahía Blanca, y desde ese día no salí nunca más de ella. Y digo que no salí nunca más porque jugué hasta los 19, pero desde los 16 años ya estaba dirigiendo mini básquet; desde ese entonces y hasta mis 52 actuales no he dejado de dirigir.
El básquet es el punto por donde ha girado mi existencia y, desde el mismo inicio, lo tomé como una forma de vida y no solo como un medio de vida. Es por eso que nunca me agarré de los resultados, porque en definitiva en el deporte solo generan altos y bajos que no sirven demasiado, y apunté a formar y tratar de transmitir valores y conocimientos que no solo sirven para el juego, que sirvan para la vida misma.
Tratar que los chicos entiendan que el deporte es como la vida misma, se gana y se pierde, que hay que hacer sacrificios para progresar y cuando hablamos de eso me refiero al entrenar duro para mejorar y poder buscar los sueños propuestos. Si miro para atrás el básquet ha estado siempre en mi vida y creo poder resumirlo en que ha sido una pasión desde el mismo momento que pisé una cancha de básquet de la mano de mi mamá.
Una pasión o una dedicación a este juego como la que has tenido vos, te dado muchísimas cosas, pero también te ha sacado otras…
Totalmente. Por dirigir, me perdí, por ejemplo, mi viaje de egresados -este año tuve un par de jugadores en esa situación de no viajar por jugar y viéndolo a esta altura de mi vida creo que no es lo correcto-, me perdí casamientos de amigos importantes porque justo me tocaba viajar con la selección de Bahía a jugar un zonal. Me ha costado en mi vida privada porque mi dedicación va más allá de los horarios de entrenamiento o de partido, y eso hace complicada cualquier tipo de relación.
Por ese lado me ha costado mucho, pero nunca renegué porque es lo que elegí, aunque cierto es que en esos momentos críticos uno se replantea muchas cosas, pero bueno seguí adelante porque nunca pensé en dejar de dirigir.
Pero también me ha dado la posibilidad de ganar muchísimas otras. Me ha tocado la suerte es estar al lado de jugadores determinantes para la historia del básquet argentino y no solo observándolos, sino siendo para parte de eso que se estaba construyendo en su momento. Y tengo la satisfacción de poder trabajar en la formación de chicos, desde siempre.
Este es el camino que elegí. Mi mamá siempre nos inculcó que luchemos por nuestras utopías y como este era mi sueño, siempre me alentó a seguir y me aconsejó a no rendirme ante nada por conseguirlo.

Los primeros pasos
¿Que hay en el “antes” de tu llegada a Tres Arroyos?
Empecé a trabajar los 16 años en Estudiantes en mini básquet, dos años después pasé a infantiles y a los 20 ya estaba trabajando con primera. En esto no se arranca con un título bajo el brazo, se llega porque se muestra interés y porque algún dirigente (Tombessi en mi caso) intuye o se aventura a que uno pueda ayudar en el club. Así se dio mi posibilidad de empezar a dirigir, como se le da a la mayoría de los entrenadores.
¿Y cómo llega la chance de dirigir una Primera con 20 años y en Bahía Blanca?
En realidad en Estudiantes estuve 3 años, el cuarto año de entrenador de formativas lo hice en Bahiense del Norte, que me llamó para trabajar ahí como asistente de Sergio Hernández, que también era muy joven, el entrenador de Primera.
Un año después de mi llegada, el Oveja se fue a Sport Club como asistente de Julio Lamas en la Liga Nacional y con el otro asistente (Michigan, un amigo) recibimos la oferta de dirigir, desde la misma recomendación de Hernández, algo que supimos muchos años después lógicamente. Así con 20 años quedamos al frente de un plantel con gente más grande y con mucha experiencia, pero con la convicción de que queríamos seguir adelante, con buenos y malos momentos, pero creciendo, aprendiendo y sumando experiencia. Fueron años valiosísimos, contamos con el tremendo apoyo de Yuyo Ginóbili, el papá de Manu, que era el presidente y estaba convencido que podíamos hacerlo.
¿Y ahí se cruzan en tu camino Manu Ginóbili y Pepe Sánchez?
Cuando llegué a Bahiense para trabajar en infantiles, estaban ambos en el club, con 13 y 14 años, y ahí comencé a dirigirlos hasta que emigraron. Cuando agarramos la primera con Michigan, entre otras cosas, decidimos poner a Pepe como base con apenas 14 años porque ya era un distinto, pero para muchos era una locura poner un “nene” como base titular de Primera; es real que fue todo un riesgo pero por suerte todo salió bien. Y Manu era físicamente muy chiquito y también era todo un tema. Por supuesto que nadie puede decir, que por entonces se podía intuir lo que iba a pasar con ellos en el futuro, decir que sabíamos dónde iban a llegar sería mentir, pero si es cierto que ya se mostraban como dos grandes talentos a desarrollar.
¿Un suceso muy particular lo que pasó con ellos verdad?
Es para una serie de HBO realmente. En ese momento Bahía tendría poco más de 200.000 habitantes y en una misma época el club sacó tres campeones olímpicos, porque Montecchia también se formó en Bahiense, pero se fue con el Oveja a Sport siendo cadete, y a eso sumale que en la historia sólo cuatro países salieron campeones olímpicos. Soy un convencido que, además del talento, algo tiene que haber habido, no se entiende como normal una situación como esta.

El aprendizaje
¿Cómo fue esa etapa de formación como entrenador?
En esa época la información que podías recabar era muy distinta a lo que se puede hacer actualmente. No había internet, no TV por cable con cientos de canales; solo algún VHS que se podía conseguir. Sí libros, observar a otros y preguntar mucho, por sobre todo.
En mis comienzos había un entrenador, Guillermo Torres, que era mi fuente de consulta y cuando llegué a Bahiense, estaba el Oveja Hernández, que aunque solo estuvo un año pudimos trabajar con él y aprender muchísimo.
Pero creo que mi gran mentor como entrenador fue Daniel “Zeta” Rodríguez, que me llevó como su asistente a Estudiantes de Bahía en la Liga Nacional, cuando sólo tenía 24 años; él terminó de formarme como entrenador. Estuve 4 años trabajando con él, con una intensidad tremenda como la que demanda la Liga; con dobles turnos de trabajo, constantemente viajando por todo el país. Eran 24 horas con el equipo y el cuerpo técnico, lo que da posibilidades y yo traté de aprovecharlas al máximo.
Es una actividad muy exigente la nuestra, pero es así. No se puede estar muy tranquilo que digamos a la hora de dirigir, por todas las responsabilidades y obligaciones que tenes delegadas en tu función.
Es una profesión que requiere estar muy activos mentalmente. Es un juego muy dinámico, cada 24 segundos máximo tenes que darle la pelota al rival, en 28 metros hay diez personas que conviven corriendo para todos lados tratando de ganar y hay que organizarlos, se juega a 80/90 puntos y no a un gol; los entrenadores tenemos la libertad de poner y sacar al jugador que se nos ocurra y la cantidad de veces que consideremos necesario, pedir minuto para frenar el juego y otras cosas más que lo tornan muy exigente. Pero es así y no queda otra, tómalo o déjalo.

La enseñanza
Por idiosincrasia, inclusive desde las primeras categorías formativas, ¿sólo se juega a ganar?
Ganar no enseña casi nada, lo que realmente enseña es perder, es lo que intento inculcarles a mis chicos. Tuve a Pepe y a Manu en un equipo y ¿sabes cuantas veces salimos campeón? Cero. Pepe lo dijo hace poco en una nota, nunca salió campeón en Argentina, habla de la “satisfacción tardía”.
Ellos fueron aprendiendo un montón de cosas y no quemaron etapas. Cuando vos haces ganador a un chico de 13 años y buscas todos los recursos para que gane el partido y el campeonato, te olvidas de enseñarle. A un chico diestro, le cuesta tirar con izquierda, y para aprender tiene que errar mucho probando ese tiro, inclusive en el partido. Si solo pensas en ganar ese tiempo no lo podés perder trabajando en sus puntos flacos, te obligas a invertirlo en aprovechar los fuertes para poder ganar.
Creo que, en formativas, ganar por el solo hecho de ganar no sirve para nada. Qué sentido tiene salir campeón en preinfantiles si no asimilo distintos recursos y valores para jugar. Ese chico antes de ser campeón debe aprender, porque cuando avance en su carrera estará cada vez más desprotegido ante el rival por falta de recursos, que van más allá de lo que naturalmente tiene.
Los objetivos reales se alcanzan -aprendiendo el jugador y enseñando nosotros- cuando se trabaja correctamente en formativas, y soy un convencido que eso no tiene nada que ver con salir campeón todos los días cuando se está en etapa formativa. Los procesos deben ser a largo plazo. No se puede decir que uno formó un jugador porque lo tuvo un año; eso es mentira. Para formar necesitas al menos un proceso de 4/5 años, es la única manera.
¿Cómo se arma el camino de un jugador a partir de los conceptos de enseñar, competir y ganar?
Sin lugar a dudas lo primero es enseñar, pero no solo a lo que el deporte se refiere. Hay que enseñar a entrenar, a sacrificarse, a ser buen competidor y buena persona, hay que enseñar valores, que no hay que ganar a cualquier precio, que se es parte de un equipo. Es un combo de cosas, León Najnudel dijo que, para ser entrenador de básquet, entre otras cosas hay que saber de básquet.
En el medio de eso está la competencia, porque el chico entrena, aprende, pero quiere jugar. Entonces hay que enseñarle que en la competencia no es todo ganar. Creerse los mejores porque sos campeón en U13, infantiles o cadetes y sentirse el peor porque no lo lograste es un gran error. Muchos grandes o muy buenos jugadores no salieron campeones en su etapa formativa, pero aprendieron y desarrollaron todo su potencial para poder ser grandes deportistas de grandes. Ejemplo: Maxi Fjellerup y Fermín Thygesen salieron apenas una sola vez campeones de menores y todos sabemos de la proyección que alcanzaron dentro del básquet profesional, ni hablar de Pepe Sánchez y Manu Ginóbili que vivieron circunstancias parecidas en su etapa formativa.
Y se supone que cuando llegan a mayores y ya están formados, solo se apunta a ganar. En lo personal, creo que a los mayores también hay que inculcarle que el ganar no es todo; a veces es lo mínimo. El éxito pasa por otro lado.
¿Cuesta trasmitir ese tipo de valores?
Es muy difícil transmitirlo y mucho más lograr que lo asimilen; pero con trabajo y perseverancia se consiguen cosas porque el proceso formativo dura varios años y da tiempo para intentarlo. Y además porque los procesos madurativos de los chicos tienen tiempos distintos.
Yo apenas dirigí dos NBA y varios profesionales de alto nivel mas en toda mi carrera, lo que muestra a las claras que fundamentalmente estoy formando personas, entonces hay que trabajar desde ese punto. Si después se logra otro tipo de proyección en ese chico, como nos ha pasado en los últimos años en el club, bienvenido sea.
Más allá de la enseñanza, también esta esa posibilidad de conseguir proyección…
Totalmente, eso no se puede obviar de ninguna manera. En este momento Argentino tiene dos jugadores en Torneo Federal, dos jugando Liga Argentina y uno jugando en Europa y el más experimentado de estos cinco jugadores tiene apenas 25 años. Y creo que en el corto plazo hay un par de los que están jugando que pueden dar el salto a un nivel superior a la Liga local. Mirándolo desde cualquier punto de vista, creo que es un motivo de orgullo para el club y para todos los que trabajamos en él. Esto debe ser más significativo que cualquier torneo ganado.

De Bahía a Tres Arroyos
Llega la chance de salir de Bahía Blanca, ¿cómo se dio?
Te diría que casi de carambola. Terminé Liga Nacional con 29 años y volví a dirigir a Bahía en torneo local y selecciones de Bahía Blanca en juveniles y mayores. A comienzo de 2011, por decisión de unos dirigentes, me disuelven el acuerdo que tenía con un club en Bahía y me quedo sin trabajo un 28 de enero, cuando el resto de los equipos ya estaban todos cerrados y entonces quedé abierto a otras opciones.
Es así que me contacta Griyo Goizueta, a través de Alberto Antón, un tresarroyense que fue presidente de Bahiense cuando estuve ahí. También recibí un llamado de Alumni de Orense, de Viedma, de Patagones y de Madryn, pero me gustó muchísimo la charla que tuve con Goizueta y por más que había otros que ofrecían más plata, opté por venir a Argentino.
¿Y por qué tomaste esa opción?
Había algo en esa charla que me llamaba la atención y me gustó mucho el club cuando lo visité; entonces tomé la decisión de venir a Argentino. Yo a Tres Arroyos lo conocía de paso, así que era toda una jugada venir acá.
Y entonces…
Una vez que me puse a trabajar entendí que era lo que me atraía. Llegaba a un club ordenado y con proyectos; me encontré con jugadores menores bien trabajados y con proyección, entre los que estaban Maxi Fjllerup y Fermín Tyghesen. Y un equipo de primera muy bien entrenado por Federico Arias que le había puesto mucha competencia y que jugaba el Provincial por su buen nivel en la Liga local; así terminamos ascendiendo en un año al Federal. Era eso, además de la libertad de poder trabajar como pensaba y que me gustó mucho la ciudad. Vine a ver de qué se trataba y ya llevo 14 años acá.
Creo que mantener durante tantos años a sus entrenadores es un mérito muy grande de un club, más en un país como el nuestro. Creo que te da tranquilidad para trabajar y significa un beneficio muy grande para los padres de los chicos que saben a quién se van a encontrar en cada etapa dentro del club.
¿Con que básquet te encontraste?
No me generé expectativas de ningún tipo a la hora de venir, pero tras la primera semana quedé impactado por lo que estaba viendo, me encontré con muy buen material.

El básquet actual
¿En el camino evolutivo del básquet, donde ves que está parado el básquet local?
El básquet local ha caminado hacia adelante en todo este tiempo que lo he vivido desde adentro, pero creo que podría estar más arriba de donde está. Y todo pasa por lo que hemos venido hablando hasta acá, la necesidad de enseñar más que la de jugar campeonatos con el único objetivo de ganarlos. Tenemos que apuntar a profundizar la etapa de formación a lo máximo posible, pero esto no es un problema de Tres Arroyos, es un problema de Argentina.
De todas maneras, creo que Tres Arroyos está mucho mejor de lo que Tres Arroyos cree. Hay mucho potencial para desarrollar, hay mucha pasión por parte de la gente para ir a ver un partido y eso es buenísimo porque le genera mucha responsabilidad a cada uno de los componentes de un equipo y después hay más talento de lo que a veces se cree. Tenemos un Polideportivo que me parece espectacular y en el cual deberíamos jugar mucho más. Tenemos jugadores que han trascendidos mas allá de nuestras fronteras, uno de ellos inclusive jugó una final del mundo. Tenemos dirigentes que trabajan muchísimo, dejando cosas personales de lado para darle vida al club y al deporte; y la mayoría de los jugadores juegan por amor a la camiseta y con mucho sentido de pertenencia. Obviamente que hay mucho para mejorar o corregir, pero para eso hay que mirar el todo por el bien del básquet y no el ombligo propio. Es necesario buscar el equilibrio.
El fútbol sigue siendo el deporte número uno del país y es el mayor captador de chicos, pero en Tres Arroyos son muy pocos los clubes de básquet a los que les falta una categoría y en algunos casos hay dos equipos por edades. Y Si a eso le sumamos el surgimiento del básquet femenino, es real que Tres Arroyos está muy bien posicionado en su desarrollo.
Por tu forma de ser, de expresarte o de mostrarte, podría decirse que tu llegada rompió ciertos moldes entre los entrenadores locales. Después de tantos años dirigiendo en Tres Arroyos, ¿cómo te ves o como te percibís dentro del ambiente?, ¿Consideras que sos cuestionado o te sentís respetado?
En lo personal, me considero una persona honesta, más que un entrenador honesto. Y creo que a partir de eso tengo la tranquilidad de sentirme bien conmigo mismo y con las personas que quiero sentirme bien.
Trato de ser justo en el deporte, aún ante situaciones que puedan jugar en contra de mi equipo. A los chicos les trato de inculcar que por sobre cualquier situación se debe apuntar a lograr justicia, no beneficios; por ejemplo el árbitro no es bueno porque cobra a favor nuestro, es bueno porque cobra lo correcto, aun cuando sea en contra nuestra.
Yo hablo mucho en la cancha, pero siempre desde el respeto y teniendo presente el reglamento de juego. Me hago cargo de cada situación que me corresponde y lo mismo le pido a mis dirigidos. A partir de eso me considero honesto con mis principios y mi trabajo; lo de ser respetado creo que también debería pasar por ahí.

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