Municipalidad Tres Arroyos

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HACE CASI 30 AÑOS ALUMNOS DE TRES ARROYOS ABRIERON EL COFRE DE SOLDAN Y SE GANARON EL VIAJE A BARILOCHE

El domingo más feliz

Un 30 de diciembre de 1990, y cuando terminaba un año complicado para el país, el 4° primera división del turno tarde del ex Colegio Nacional viajó con gran esfuerzo a Buenos Aires para participar de “Feliz domingo para la juventud”. Una de las alumnas, Karina Sierra, impactó a todos con un monólogo sobre la realidad en la prenda “Pido la palabra”, pero le tocó la llave número 1. En su interior algo le decía que podría concretar la hazaña, que ella cree inédita hasta entonces, y con esa primera llave abrió el “Cofre de la felicidad” y se fue con sus compañeros a Bariloche. Casi 30 años después, evoca aquellos momentos con “El Periodista”

Noviembre 2018
El momento de abrir el cofre fue increíble. Hasta ese programa, cree Karina, nadie había ganado con la primera llave

El momento de abrir el cofre fue increíble. Hasta ese programa, cree Karina, nadie había ganado con la primera llave

Terminaba un convulsionado año 1990, y el 30 de diciembre, el 4° año primera división del “Comercial” (turno tarde) del ex Colegio Nacional de Tres Arroyos fue protagonista de un logro inolvidable y prácticamente inédito: tras ganar en la prenda “Pido la palabra” del programa “Feliz domingo para la juventud”, por entonces de enorme audiencia y conducido por Silvio Soldán, abrieron el “Cofre de la Felicidad”, haciéndose acreedores del viaje a Bariloche, ¡con la llave número 1!
Protagonista de esa pequeña gran hazaña fue Karina Sierra, hoy profesora de Literatura que ya por entonces revelaba su vocación por la escritura con un texto, el que pronunció en la prenda, que resultó impactante para el jurado del programa, para los jóvenes participantes y para los propios conductores, y que aún hoy constituye un testimonio de aquella época.
Hay que recordar que “Feliz Domingo”, como lo llamaban acortando su nombre real, era un programa maratónico, que llegó a transmitirse 9 horas en vivo, con diferentes segmentos a los que se denominaba prendas. Entre ellas se destacaban el “Yo sé”, certamen variado de talentos; el ping-pong de preguntas y respuestas, “Camino al Oscar”, “Pido la palabra”, la recreación de videoclips en vivo, el baile de la silla y, entre los ganadores de cada una de las instancias, se repartían llaves, una de las cuales abriría, en el final del envío, el llamado “Cofre de la Felicidad”, que premiaba al curso ganador con el viaje de egresados.
“Ganamos en el último programa de ese año, y en abril del año siguiente hicimos el viaje. Habíamos llegado al programa a través de un primo de una amiga, Silvana Tenaglia, que vive en Buenos Aires y veraneaba en Claromecó. Por entonces ellos iban a ‘Feliz domingo’ como nosotros al Parque Cabañas, entonces le pedí que nos consiguiera una fecha. Fue una charla de pibes tirados en la arena; pero un día de noviembre llegué a mi casa y mi mamá me preguntó: ¿vos querés ir a ‘Feliz domingo’? Sí. ‘Porque llamó Javier para que vayas a una reunión el 10 de diciembre’ y les van a dar una fecha. En 1990, ir a una reunión en Buenos Aires ya era un problema, así que juntamos dinero entre todos los compañeros, le pagamos a una compañera, Yanina Martínez, que falleció hace unos meses, y a su abuela, para que fueran a esa reunión en Canal 9”, cuenta Karina, casi 30 años después.
Al regreso de las viajeras, el curso supo que les tocaría competir en la prenda “Pido la palabra”, de perder en esa, otras dos posibles, y si no el famoso “Repechaje”, que consistía en 25 preguntas cronometradas. La fecha asignada era el 30 de diciembre, y les llevó un par de semanas reunir el dinero para poder viajar. “Era una época muy complicada en lo económico. Estuvimos yendo a la Municipalidad, con una compañera, para que nos pagaran el traslado, y en una de las últimas veces, el intendente Raúl Correa nos preguntó con qué empresa queríamos ir, y si el dueño aceptaba que el pago ingresara el año siguiente –el viaje era el 30 de diciembre- ellos se harían cargo. La única empresa que por entonces hacía ese tipo de traslados era Detroit, y aceptó”.

Un discurso para la historia
De los 28 alumnos que conformaban el curso, viajaron 25. Salieron en la noche del sábado 29 de diciembre, acompañados de una profesora, y alrededor de las 6 llegaron a Buenos Aires. A las 8, el Canal 9 abría sus puertas, para albergar a los más de 500 pibes que hacían largas filas para ingresar al estudio donde se hacía el programa, que en buena parte iba en vivo. Previamente, el grupo tresarroyense había buscado acordar quién participaría de la prenda, “Pido la palabra”, que consistía en una suerte de discurso o monólogo sobre temas sugeridos por la producción. “Era una especie de plataforma política mediante la cual uno tenía que convencer al jurado y al público, y allá nos enteramos de que el tema no era libre, como pensábamos cuando lo veíamos por televisión. A nosotros nos dieron como tema el año viejo, y en esos días previos, la idea era escribir algo para después juntarnos a elegir. Pero todos éramos adolescentes, pleno verano, ya habíamos terminado las clases y nadie se enganchaba”, admite Karina.
Pero ella sí había escrito algo. Le encantaba hacerlo, así que ensayó un texto que se convirtió en la única opción. “La verdad es que les gustó, pero uno de mis compañeros, además, sugirió que no lo tenía que leer, que lo mejor era que me lo aprendiera de memoria. ¡Qué difícil! Yo quería la confirmación de un profesor, que alguien lo mirara. Nuestra profesora de Literatura, Marisa Lavayén, estaba de vacaciones, no la pudimos ubicar, y alguien nos sugirió que lo viéramos a Ricardo Listorti. Yo no lo conocía, sin embargo fui a verlo y él, tan generoso como era, lo miró, y a pesar de que yo le pedí que lo corrigiera, me dijo que estaba perfecto y que no le tocaría una palabra. Me sugirió entonces que en determinados tramos mirara a la cámara, en otros a la gente, en otros al jurado, y nada más. Así que empecé a estudiarlo, mi mamá y mis hermanos me lo tomaban, y mientras tanto practicábamos con otros compañeros aquellas listas de animales o frutas que pedía otra de las prendas, o discutíamos quién iría al repechaje, pensando que podíamos elegir, aunque después supimos que el mismo participante era el que iba a todas”, evoca la tresarroyense.
Una vez en el Canal, la producción llevó a Karina Sierra a través de distintos espacios hasta llegar a un salón donde había unos 15 chicos más. “Había un escritorio, vino el productor y me pidió que le dijera lo que iba a decir en la prenda. Me quedé sorprendida, entonces me aclaró que solamente quería medirme el tiempo, que iba a tener la libertad de expresarme como quisiera. Los otros chicos se lo habían leído en voz baja, pero yo se lo dije a todos los que estaban. Me midieron el tiempo, bárbaro, entonces uno de los chicos que participaba en otra prenda me dijo ‘yo los escuché todos, el tuyo es el mejor’”, recuerda Karina.
A las 9 de la mañana empezaron a grabarse los “falsos vivos” que después se mecharían con el resto del programa, que comenzaba a emitirse a las 14. El resto de sus compañeros se había ubicado en la tribuna y Karina se acomodó como pudo, porque además eran tantos los asistentes que era imposible que permanecieran en el estudio más de diez por curso. “Se rotaban, entraban unos y salían otros, para que todos pudieran ver un rato. A las 14.30 ya sabíamos que íbamos a participar en vivo, así que los que pudieron llamaron con cospeles a la familia para que estuviera atenta. Como no todos tenían televisor a color y cable, en algunas casas se juntaron a vernos”, cuenta.
Cuando distribuyeron el orden en que se recitarían los discursos del “Pido la palabra”, a Karina Sierra le tocó el último lugar. Se quedó tranquila, porque pensó entonces que el último monólogo sería el que más retumbaría en el pensamiento de quienes lo escucharan. “Uno hablaba de las vacaciones, otro del año nuevo, otro de las vacaciones, una pobre piba tuvo que hablar sobre los trajes de baño y nosotros del año viejo. Los temas eran como muy dispares, pero yo había enumerado algunas cosas que habían pasado ese año, muy complejo para el país, y empecé a notar que eso estaba teniendo éxito porque el ruido que había escuchado hasta ese momento en el estudio, y detrás de cámaras, empezó a aquietarse. Había llevado además unas láminas, unos dibujos, para mostrar mientras leía, y todos empezaron a escuchar. Se hizo un silencio, todos aplaudieron cuando terminé, y cuando votaban los chicos, el propio Soldán decía ‘me lo veía venir, me lo veía venir’. El único voto que faltaba era el del jurado más viejito (Roberto Tálice), que antes de que Soldán dijera cómo había salido, me hizo una seña para hacerme saber que votaba por mí, y en ese momento mis compañeros se me vinieron encima”, describe Karina.

Una alegría que duró un segundo
La algarabía resultó efímera, porque en la bandeja con los sobres al curso le tocó la llave número 1, y Karina admitió entonces que era virtualmente imposible ganar el viaje con la primera llave. “Yo miraba el programa todos los domingos, y me parecía una porquería la posibilidad de que nos tocara esa. Sin embargo mi papá me decía que era la mejor, porque era la única que ofrecía todas las posibilidades. Cuando me tocó la 1, lo único que quería era llamar a mi papá y preguntarle ¿y ahora qué vamos a hacer? Pero no andaba bien el teléfono de afuera del canal, así que no pude hablar… Me quedé amargada, mis compañeros estaban enojadísimos, se preguntaban para qué habíamos ido. Me dediqué entonces, siguiendo la línea de pensamiento de mi padre, que esa llave era la mejor. De hecho, él mismo se acostó a dormir la siesta tranquilo y seguro de que yo me traía el viaje”, asegura.
El programa recién finalizaba a las 22, así que quedaba un largo trecho hasta el momento de intentar abrir el cofre. “En el Canal había una máquina expendedora de gaseosas, toda una novedad para chicos de pueblo como nosotros, así que mientras mis compañeros intentaban sacar una latita, me puse a hablar con un chico que había competido en la misma prenda y que me dijo ‘flaca, nos mataste. Fue siete a cero”. Así me enteré cómo había sido la votación, porque en ese momento era imposible escuchar”, relata Karina.
Entre todas las charlas con las que buscaban acortar una espera interminable, envuelta además en la tensión de saber que competían en condiciones al menos extrañas, llegó el momento, alrededor de las 21, de hacer la fila para hacerse de la llave. “Uno de mis compañeros, Pablo Bardoni, se había quebrado, y con muletas se acercó a decirme ‘agarrá tres llaves y quédate con la del medio’. Otro me sugería que agarre la que estaba caliente, porque esa llave era la única que habían tocado antes de entrarla al bolillero. ¿Pero cómo iba a hacer eso? En ese momento, el chico que tenía la llave 3 le dice al de la 2 ‘acordate que la panza va para abajo’, y entonces le contesté ‘la pancita no va a ir para abajo porque el viaje me lo llevo yo’, pero me decían que no, que era imposible”, cuenta, sobre aquel momento increíble.

¡Me lo dijiste! ¡Me lo dijiste!
Cuando llegó el instante mágico, Karina Sierra tomó tres llaves de adentro del bolillero, y como le había dicho su compañero, se quedó con la del medio. Cuando la metió en el cofre y giró, nadie a su alrededor podía creer lo que estaba viendo. “Ese loco vino, me abrazó y me gritaba ‘¡me lo dijiste, me lo dijiste!’. La emoción era tremenda porque en aquel momento, el viaje era impagable para la mayoría del curso. Yo tenía compañeras mellizas, el padre saltaba hasta el techo de alegría cuando lo ganamos. De otra manera iba a ser muy difícil que pudiéramos”.
El hecho de ganar con la primera llave también era inédito para la producción del programa, que llamaba a Karina ‘la chica de la 1’, cuando a los pocos días viajó con su padre para resolver lo relativo a la papelería. “De hecho en Bariloche, en abril cuando fuimos –y solamente había ganadores de ‘Feliz domingo’ en esa época, porque la mayoría iba a fin de año-, nos encontramos con un grupo que había ganado con la última llave”, recuerda.
Hasta el momento de viajar, todavía persistían algunos temores, sin embargo todo salió de maravillas. “Es que hasta entonces los viajes los hacían con una empresa, y desde el nuestro se los dieron a otra, que nadie conocía. Sin embargo, para la firma era una buena propaganda que los ganadores del programa viajaran con ellos, y vinieron con un colectivo que en ese momento era de última generación, hicieron reuniones previas, invitaron a un chico de cada escuela secundaria de Tres Arroyos a venir con nosotros para conocer el servicio, y la verdad es que todo lo que incluyó fue genial. Desde los boliches que estaban abiertos hasta una especie de subsuelo ambientado y con música para que estuviéramos nosotros, excursiones, una comida de primera, un hotel bárbaro. Todo fue extraordinario, porque además nos regalaron dos lugares más, así que hasta llamamos a una compañera que se había ido a La Pampa y que se volvió para ir a Bariloche con nosotros”, puntualiza.
Karina guarda en un álbum de fotografías no sólo las imágenes de aquel viaje increíble, sino también la tarjeta con el número de la llave, otras cositas que atesoró en aquellos días maravillosos y el rostro feliz de todos sus compañeros. Además digitalizó aquel discurso memorable que pronunció en la tele, pero sobre todo lo que más evoca, cuando pasaron casi tres décadas de aquel momento inolvidable, es que pudo, junto a sus compañeros, lograr algo que parecía inalcanzable en un escenario difícil como tantos que ha vivido el país y a los que sus jóvenes han sabido sobreponerse. “A mis compañeros no les creían que habíamos ganado ‘Feliz domingo’, la televisión parecía algo tan lejano que a uno de ellos, que trabajaba en el campo, no lo tomaban en serio cuando contaba que había participado del programa y ganado el viaje. A mí me reconocieron en un colectivo, me dijeron que hasta habían rezado por mí. Y mis compañeros decidieron además que yo tenía que quedarme con la cámara de fotos y la campera de cuero que también nos dieron de premio, y que ligó mi papá. Y con esa cámara me fui a Bariloche, era Gardel –se emociona- . La verdad es que fue algo extraordinario”, concluye.

Apasionada por la escritura y hoy profesora de Literatura, Karina Sierra barrió con sus competidores en “Pido la palabra” con un discurso impactante sobre el año 1990, que terminaba

Tras ganar la prenda, Karina recibió la llave número 1 para la decepción generalizada de sus compañeros, pero algo en su interior le decía que se llevaría el viaje

“Mi papá me decía que la llave 1 era la única que tenía todas las posibilidades. Cuando me tocó quise hablar con él pero el teléfono público no andaba”, recuerda Karina

En un álbum, Karina Sierra atesora los recuerdos de un viaje inolvidable, que sin el premio recibido seguramente no hubieran podido realizar por las dificultades económicas del momento

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