Municipalidad Tres Arroyos

notas edicion de papel

GERARDO OBERMAN ES PASTOR DE LA IGLESIA REFORMADA Y VOLUNTARIO DE UNA VACUNA CONTRA EL CORONAVIRUS

Con fe en la ciencia

Oberman es voluntario de la vacuna contra el coronavirus que está testeando el laboratorio Elea junto a la Fundación Huésped. El mes pasado ya recibió la segunda dosis. Asegura que por prejuicio y ante la ‘campaña’ que hacen algunos medios, muchos se expresan a favor de las vacunas “occidentales y cristianas”; agudo en sus reflexiones, él optó por “la china”

Diciembre 2020
“Espero que esta pandemia nos enseñe algunas cosas, al menos. Que tantas vidas afectadas no hayan muerto o sufrido en vano”, reflexionó Gerardo Oberman

“Espero que esta pandemia nos enseñe algunas cosas, al menos. Que tantas vidas afectadas no hayan muerto o sufrido en vano”, reflexionó Gerardo Oberman

Gerardo Oberman, nacido en Holanda en diciembre de 1965, es hijo de padre argentino (aunque de ascendencia holandesa) y madre holandesa. “Mi padre había ido a estudiar teología a Holanda y conoció a mi madre allí. En 1967 viajamos a Argentina. Mi padre fue asignado como pastor a Claromecó, donde vivimos cuatro años, y luego a Tres Arroyos. En ambas localidades fue pastor de la Iglesia Reformada. En esos años asistí al Colegio Holandés, hasta fines de 1976. Luego mi padre fue llamado como pastor a la Patagonia, a Comodoro Rivadavia, donde acompañó a la iglesia e esa ciudad y en Sarmiento”, explica. Está casado con Margarita Ouwerkerk (hermana de Juan Ouwerkerk, presidente de la Cooperativa Alfa) y tienen dos hijos: Diana de 28, que vive en Madrid, España, y Andrés de 26, que vive en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).
Gerardo cursó licenciatura en ciencias de la computación unos años hasta que la vocación pastoral lo llamó, y estudió teología por 5 años en Buenos Aires más un año en Holanda. Actualmente vive en CABA y acompaña a dos comunidades pequeñas en Buenos Aires y en Brandsen, con dedicación parcial, ya que otra de sus actividades es la de traductor y eso le insume bastante tiempo también. Traduce desde el holandés, el inglés y el portugués. “Entre 2015 y 2016 volvimos a vivir a Tres Arroyos, abriendo un local, intentando generarnos un recurso económico diferente para asumir un pastorado voluntario en comunidades que no tuvieran la posibilidad de sostener el costo de un pastor o una pastoral rentado. El local estaba muy lindo, pero la crisis económica de esos años no nos permitió despegar, así que regresamos a CABA otra vez”, señala Oberman.
¿Por qué elegiste seguir ese camino y ser pastor de la Iglesia Reformada? ¿Cuáles son las actividades de un pastor?
“La vocación pastoral no es algo que se elija. Hay una suerte de ‘llamado’ que de pronto no se puede desoír, por más que se quiera. De hecho, mi familia, al ser mi padre pastor y haber pasado momentos muy duros en el ejercicio de su ministerio, no quería que siguiera esos pasos. Pero, cuando Dios golpea al corazón es difícil hacerse el distraído. Hay una fuerte tradición también en mi familia, de ambos lados, de dedicación al ministerio pastoral. Mi abuelo materno, que falleció muy joven, era pastor. Mi padre fue pastor. En la familia Oberman hubo varios pastores y teólogos de renombre en Holanda y en los Estados Unidos.
Lo que un pastor tiene como tarea depende mucho de la impronta que quiera darle al ministerio y de la apertura y disposición que tengan las comunidades a acompañar ese proceso colectivo de construcción de una comunidad que trascienda lo meramente interno. Claramente un pastor o una pastoral deben tener una buena preparación para poder interpretar de manera adecuada los Escritos bíblicos, traduciéndolos a un lenguaje comprensible en su contexto local. Debe acompañar las luchas y esperanzas de las personas de la comunidad de fe, animarlas a que se comprometan activamente con su fe en la vida cotidiana, la coherencia, básicamente… Pero, la tarea pastoral también tiene una dimensión socio-comunitaria, de articulación con otros actores de la sociedad, buscando que el mundo en el que desarrolla su ministerio sea siempre un poco mejor, más justo, más inclusivo, con más derechos para todas las personas, sin distinción alguna”, subraya el teólogo.
Sos voluntario de la vacuna contra el coronavirus que está estudiando el laboratorio Elea junto a la Fundación Huésped… ¿Cuándo lo decidiste? ¿Por qué? ¿Te genera temor?
“Ni bien los laboratorios comenzar a requerir personas voluntarias para testear las vacunas supe que iba a ofrecerme. Mi concepción de la vida, no solo por ser pastor, es poner el cuerpo cuando hay una necesidad. No concibo la vida sin solidaridad. Me identifica mucho el llamado de Jesús a amar a mis prójimas y prójimos y ese amor no puede medirse por conveniencias personales, tiene que ser una entrega completa. Fui dándome cuenta también que por prejuicio histórico y por una campaña de desprestigio de algunos medios hegemónicos de (in)comunicación, había más personas dispuestas a voluntariarse para las vacunas de laboratorios de países “occidentales y cristianos”, por decirlo de una manera un poco irónica, que para las vacunas provenientes de Rusia o de China. Así fue que me anoté para la llamada “vacuna china”. Sería buenísimo que la gente que critica a las vacunas de estos países se entere que una buena cantidad de las vacunas que utilizamos habitualmente provienen de India, por ejemplo.
No me genera temor el tema de ser voluntario, porque si bien te hacen firmar un contrato en el que vos aceptás eventuales consecuencias, no creo que en fase tres, que necesita mucha gente para el testeo de una vacuna, ningún laboratorio vaya a tomar un riesgo exagerado que pueda jugarle en contra. En mi caso, no he tenido ningún síntoma adverso y fui muy bien acompañado en el proceso por los y las profesionales intervinientes. En estos días me deben dar la segunda dosis de la vacuna”, dice el pastor.
¿Crees que habrá vacuna en el corto plazo?
“Tengo algunas dudas sobre la fecha en que las vacunas finalmente estén disponibles. El contrato que accedí a firmar, y eso fue a comienzos de octubre, tiene una duración de un año. Y en ese período, entiendo, la vacuna estará siendo testeada aún en sus posibles efectos secundarios. Y eso ocurre no solamente con esta vacuna sino con todas. Si alguna sale masivamente antes es porque hay una necesidad real de empezar a parar a este virus que está robándole la vida y la salud a muchísimas personas en todo el mundo. Y, en algunos casos, porque hay una necesidad política de ofrecer algo a sociedades cada vez más cansadas y, en ocasiones, incentivadas desde algunos espacios a protestar por la extensión de las cuarentenas o de las restricciones que siguen siendo necesarias. En nuestro caso, si no hay vacuna en los primeros meses de 2021, tendremos un rebrote importante porque al menos en CABA ahora hay un relajamiento que me escandaliza: gente sin barbijos, amontonamientos en todos lados, comercios, bares y restoranes que alardean con el protocolo pero que están llenos a tope… En fin, somos muy complicados los seres humanos”, reflexiona Oberman.
¿Cómo se adaptó la Iglesia a esta coyuntura para poder seguir con sus actividades?
“Creo que la gran mayoría de las iglesias, al menos en el ámbito evangélico, se adaptaron bastante bien a lo que esta pandemia nos fue obligando. Todas buscaron maneras creativas de mantenerse en contacto (virtualmente), procurando estar bien cerca de quienes eran más vulnerables en cada comunidad: personas ancianas, discapacitadas, de riesgo, con dificultades económicas, etc. Y muchas, además, asumieron un rol destacado en iniciativas de contención a la demanda social respecto de la situación alimentaria, abriendo comedores, merenderos, copas de leche, ofreciendo otro tipo de ayuda para paliar la hecatombe económica en el marco de la pandemia global. Y hay que decir que fue global, porque algunas personas creen que las dificultades estuvieron solamente aquí. No, el mundo sufrió un colapso que desnudó la fragilidad del sistema económico del neoliberalismo globalizado, que no fue capaz de dar respuestas adecuadas ni en lo sanitario ni en lo socio-económico”, asegura Oberman.
¿Cómo fue tu experiencia durante el aislamiento por la pandemia?
“Mi familia se cuidó muchísimo, doy fe de eso. Los cinco o seis primeros meses salía solo para lo indispensable. A mi madre aún la visitamos detrás de una cortina transparente en su departamento. Porque la queremos y parte del amor se demuestra en el cuidado por su salud. En mi caso particular, al abrir el templo para una olla comunitaria, entrega de mercadería y un emprendimiento textil, estuve muchísimo en la calle, gestionando donaciones, buscándolas y animando el proceso de solidaridad activa desde la iglesia. Pero siempre con barbijo y toneladas de alcohol en gel, procurando que nadie se contagie, lo cual hasta ahora no ha sucedido en ninguna de las dos comunidades que acompaño”, explica Gerardo.
Desde tu perspectiva, ¿cómo se comportó la sociedad argentina frente a este contexto inesperado?
“Pregunta difícil. En general creo que bien, con mucha conciencia de la necesidad de cuidarnos entre todas y todos. Pero, en esta ciudad en particular donde ahora vivimos, enseguida aparecieron los “anti” todo. Una mezcla de terraplanistas, ultranacionalistas, una oposición que quedó golpeada por haber perdido las elecciones y que encontró en esta crisis una oportunidad de tomar alguna iniciativa, anti vacunas, anti cuarentena… Un conjunto muy heterogéneo de personas que no ayudaron en nada a frenar la primera curva de contagios”, dice Oberman.
¿Por qué crees vos que se generó esta pandemia? ¿Cómo imaginas la sociedad de la post pandemia?
“No sé si alguna vez sabremos a ciencia cierta dónde comenzó a circular el virus. Hoy científicos italianos comprobaron que la cepa del virus ya andaba dando vueltas por Italia en setiembre de 2019. ¿Comenzó todo en China entonces? ¡Quién sabe! Lo que sí creo es que este virus surge por nuestro destrato en general, como seres humanos, a la creación de Dios. La tala indiscriminada de bosques, la quema de enormes extensiones de árboles, la industria extractivista (minería, pesca, etc.), la contaminación, entre otras cosas, hacen un combo que posibilita estas cosas. Los animales son desplazados de sus hábitats naturales, virus que existían en entornos no humanos hoy se acercan a conglomerados urbanos, mutan y pasan al ser humano, que se convierte en el nuevo receptor de algo que no debería nunca haberle llegado. Espero que esta pandemia nos enseñe algunas cosas, al menos. Que tantas vidas afectadas no hayan muerto o sufrido en vano. Una, que el sistema económico del neoliberalismo globalizado ha mostrado su fragilidad, a la vez que su rostro más perverso al no ser capaz de contener a las personas en el marco de una crisis como ésta. Necesitamos una nueva arquitectura económica y financiera internacional, algo en lo que ya las Iglesias Reformadas estamos trabajando junto a muchas otras organizaciones a nivel global. Dos, que la casa común que habitamos necesita que dejemos de castigarla con tanta saña. Porque no aguanta más. Que nazca una nueva conciencia ecológica y un mayor respeto por la vida en todas sus expresiones. Y tres, que nos necesitamos como personas, que necesitamos sostener una cultura de la solidaridad, del cuidado mutuo, de la empatía de los unos hacia los otros, de una mayor equidad e inclusión social”, concluye el pastor Gerardo Oberman.

“El contrato que accedí a firmar, y eso fue a comienzos de octubre, tiene una duración de un año. Y en ese período, entiendo, la vacuna estará siendo testeada”, dijo el pastor

“El contrato que accedí a firmar, y eso fue a comienzos de octubre, tiene una duración de un año. Y en ese período, entiendo, la vacuna estará siendo testeada”, dijo el pastor

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