LA HISTORIA OLVIDADA DEL "PARQUE CAZALAS", HOY RECUPERADA POR "EL PERIODISTA"
Belleza escondida
Diseñado por Luis Meister, el Parque Cazalás estaba ubicado en Moreno al 2300. Nunca fue de uso público, pero su singular belleza sigue viva en manos del Club Quilmes, que tiene instalado allí su complejo polideportivo. Pocos saben que su origen tiene que ver con la amistad entre Eduardo Cazalás y Angel Cabañas (responsable del parque que lleva su nombre), a su vez consuegro de Amadeo Miedan. “El Periodista” y una bella y verde historia que entrelaza a los tres parques y al pasado tresarroyense que se empeñan en sobrevivir, como los árboles más fuertes. Informe especial
La zona del bosque y el arroyo en el Parque Cazalás constituye una postal. Quizá incluso más bonita que las que se pueden apreciar en los parques Miedan y Cabañas
“Se perdió el laberinto. Se perdieron todos los eucaliptos ordenados / los toldos del verano y la vigilia/ del incesante espejo, repitiendo / cada expresión de cada rostro humano/ cada fugacidad. El detenido / reloj, la entretejida madreselva, / la glorieta, las frívolas estatuas, / el otro lado de la tarde, el trino, / el mirador y el ocio de la fuente/ son cosas del pasado. ¿Del pasado?” (Jorge Luis Borges, “Elegía de un parque”). El parque y el pasado son una alianza indisoluble. El juego remite necesariamente al recuerdo, aquella tarde que pasó, la sombra puesta de determinada forma sobre nosotros, o detrás, o por delante, son cosas que inevitablemente ya sucedieron. Son el pasado. Y en el pasado de la ciudad hubo tres parques, tres hombres amigos, un paisajista en común, una forma especial de disponer de árboles y pérgolas, un diseño sobre el cual se inscribirían luego amores, infancias, aventuras, pequeñas geografías públicas y privadas.
Para fortuna de quienes no pueden permitir la ausencia del verde en sus mapas cotidianos, aquella última pregunta del fragmento del poema de Borges puede contestarse sin evocar ninguna ausencia. Porque de diferente forma, los tres parques, esos tres escenarios en los que representaban sus obras los atardeceres más solitarios de aquella Tres Arroyos menos urbanizada, y más proclive al silencio entretejido por las ramas, sobreviven hasta hoy. También son, entonces, el presente.
Todo se cree saber acerca del Parque Cabañas, un espacio vivo, que respira, que la gente ha hecho suyo. Tanto se conoce también sobre aquel jardín de las delicias que fue el Parque Miedan, que ahora se busca recuperar. Casi todo se ignora sin embargo sobre el Parque Cazalás, una perla de singular belleza que late al pulso que el club Quilmes ha sabido infundirle con esfuerzo, tras haber adquirido ese espacio para llevar allí muchas de sus actividades deportivas y, con ellas, evocar el sonido de la risa y el festejo que no suele ser ajeno a los parques.
Ubicado al 2300 de la avenida Moreno, el Parque Cazalás no fue un predio de acceso público, como lo serían sus “hermanos” Parque Cabañas y Parque Miedan. En algunos períodos se lo prestó para reuniones estudiantiles, según los memoriosos, y constituyó un predio de una enorme belleza y riqueza en especies vegetales, con un cuidado diseño y una singular disposición que todavía hoy puede apreciarse en buena parte de las instalaciones que posee el club en el lugar.
Tres amigos y un paisajista
“Los parques Cazalás, Miedan y Cabañas fueron diseñados por Luis Meister, el ingeniero agrónomo que arboló la planta urbana y las plazas de la ciudad. Y sus tres propietarios eran conocidos. Eduardo Cazalás y Angel Cabañas eran íntimos amigos, y Amadeo Miedan era el consuegro de Cazalás (ambos mis abuelos paterno y materno)”, relató Elsa Miedan a “El Periodista”.
Por si hiciera falta, vale recordar que Meister diseñó y concretó las plazas San Martín, Pellegrini, Francia, Italia y España; las ramblas de la avenida San Martín; el parque del Centro Materno Infantil y los jardines de los cementerios israelí y danés, además de la maravillosa tríada paisajística ya mencionada. Nacido en Alemania y formado como ingeniero en botánica, había llegado a Tres Arroyos en 1926 y durante 32 años estuvo al frente de la Dirección de Paseos Públicos de la Municipalidad.
Según pudo rescatar “El Periodista”, entre los recuerdos sobre este particular espacio, el parque se diseñó en la quinta que Eduardo Cazalás tenía, en un predio de 22 hectáreas, en avenida Moreno al 2000. Meister fue convocado para esa tarea en 1925 o quizá algo después, si es fiel el dato de su arribo a la ciudad en 1926. Tal vez esta fecha sea correcta, en cambio, si es que Meister intervino en el diseño del predio antes de establecerse definitivamente en Tres Arroyos.
El acceso tenía un portón ancho, pensado para que pudiera atravesarlo sin inconvenientes un carro que trasladaba frutas y verduras. Es que se habían plantado allí eucaliptus y pinos, además de especies como el aguaribay y palmeras (que Meister conoció cuando residía en Entre Ríos, antes de instalarse en esta ciudad), pero también había frutales y una importante quinta de verduras y hortalizas.
“La casa se llamaba Isabel, por el nombre de mi abuela, y tenía tres dormitorios, baño, cocina, un hall con hogar a leña –en aquella época no había electricidad-, y un gran monte de eucaliptus a orillas del arroyo”, evocó Elsa Miedan.
Como en los mejores tiempos
Tanto la casa principal como un tanque de agua antiguos, que son originales del parque, están mantenidos a la perfección por el Club Quilmes y remiten a un tiempo pasado que, al menos en estos casos, fue mejor.
El casero del predio, Carlos Alberto Juárez, acompañó a “El Periodista” en su recorrida, y hasta favoreció el acercamiento a lugares que quizá pocos tresarroyenses conocen. Allí recordó que en el Cazalás había no menos de 3000 árboles plantados.
La zona del bosque y el arroyo es una postal. Quizá incluso más bonita que las que se pueden apreciar en los parques Miedan y Cabañas. Lo que convierte al Parque Cazalás en un tesoro oculto, desconocido por la mayoría.
“Es que nunca se usó como parque público; se prestaba”, coincidieron Elsa Miedan y Hugo Cereijo, miembro este último de la comisión del Parque Cabañas. Sin datos precisos sobre la cuestión, las versiones indican que había encuentros estudiantiles en la década del '60, quizá hasta inicios de los '70.
En manos de Quilmes
En busca de un predio donde desarrollar distintas actividades deportivas, el Club Quilmes había intentado establecerse en ocho hectáreas ubicadas sobre avenida Moreno junto al puente, en la margen izquierda del Arroyo del Medio. Iniciaron una tarea de forestación periférica que no dio el resultado esperado, cuando en 1977 se puso a la venta un lote enfrente, parquizado y arbolado, con construcciones y otras mejoras. Era nada menos que una fracción del Parque Cazalás, de seis hectáreas, que pertenecía a Oscar “Pirucho” Hernández y donde funcionaba una fábrica de chacinados.
La compra se celebró el día 5 de octubre de 1977. El club recicló, no sin esfuerzo, la casa de los Cazalás. Y se mantuvo el predio con la mayor fidelidad posible al diseño original, especialmente en cuanto a los eternos verdes, a excepción de parte del monte de eucaliptus que se extrajeron para dar lugar a la cancha de fútbol. Incluso el club también plantó especies arbóreas en distintos sectores.
Varios años después, en 1993, simpatizantes y dirigentes de la entidad deportiva adquirieron otras seis hectáreas del Parque Cazalás para donarlas y adosarlas al Complejo Quilmes, como se lo conoce, que hoy totaliza 12 hectáreas.
Una placa instalada en el lugar en agosto de 1996 los recuerda. Fueron Orfel Fontán, Héctor Uzcudun, Francisco Rodera, Omar Sanguinetti, Miguel Vásquez, José Luis Murillas, Osvaldo Ariel Arenas, Oscar Uzcudun, Herminio Merlo, Alberto Zambón y Francisco Carrasco.
El resto de la historia, como se plantea Borges en su elegía, remite a la fugacidad de cada historia, de cada rostro humano que quizá paseó por allí alguna efímera alegría; retrotrae a los recuerdos familiares, y recicla aquellas antiguas celebraciones por estas no menos importantes algarabías que traen los espectáculos deportivos. Para “El Periodista” sólo es importante, como casi siempre ocurre en sus páginas, rescatar un pedazo de la trama lugareña que, oculta para muchos, ahora ya es parte de la vida de todos.











