Municipalidad Tres Arroyos

notas edicion de papel

PASAPORTE - LA EXPERIENCIA DE ANA BELEN DELLA MALVA E IGNACIO HID EN TIMES SQUARE

Año Nuevo en Nueva York

La ceremonia de recepción del nuevo año en Times Square, con la tradicional caída de la bola y la cuenta regresiva, son un clásico del turismo en Estados Unidos. Este año no pudo realizarse de manera presencial por la pandemia de coronavirus. Pero “El Periodista” entrevistó a dos jóvenes tresarroyenses, Nanu Della Malva y Nacho Hid, que pudieron vivirla en 2015 y cuentan sus jugosos detalles

Enero 2021

Por vez primera en más de un siglo, se hizo virtual el festejo de Año Nuevo en la plaza Times Square de Nueva York, con la tradicional caída de la bola y el conteo antes de que acabe el 2020. La pandemia del coronavirus interrumpió esa ceremonia multitudinaria para evitar que la gente acuda masivamente y debió quedarse en sus casas viendo los festejos de fin de año por la TV o las redes.
La Times Square Alliance anunció en su página de Internet: “Te traeremos la fiesta de la caída de la bola digitalmente y hasta donde estés”. El tradicional festejo se celebra sin interrupción desde 1907, con la caída de la esfera como un acto de promoción del diario New York Times, por muchos años dueño del edificio.
“La caída” se suspendió en 1942 y 1943 durante la Segunda Guerra Mundial, dos años en los cuales, sin embargo, las multitudes se reunieron igualmente en la mítica plaza aunque guardaron un minuto de silencio en memoria de las víctimas del conflicto.
La empresa Jamestown, actual propietaria del edificio invitó a un pequeño grupo de personas, que junto con algunos medios de comunicación asistieron para reflexionar sobre los temas que acaparan las discusiones al final del año, y luego presenciaron el mágico momento.
El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, aplaudió la decisión de los organizadores por haber “encontrado una forma segura, creativa e innovadora” de recibir el Año Nuevo.
Han sido muy pocos los tresarroyenses que a lo largo de esa historia se expusieron a la larga espera y las muy bajas temperaturas del invierno neoyorquino, para asistir al aire libre al tan famoso momento de la caída de la esfera para recibir el nuevo año. Dos jóvenes amigos de nuestra ciudad, Ana Belén Della Malva e Ignacio Hid, vivieron la experiencia única de presenciar ese acontecimiento en el recibimiento del 2015, en una entrevista plena de anécdotas.
“Nanu” y “Nacho”, como se los conoce más allá de las formalidades del documento de identidad, aceptaron nuestra invitación y hablamos de un viaje inolvidable. Ella hacía mucho tiempo que quería ir a Estados Unidos, sobre todo tras observar fotografías de un viaje hecho por su padre a Disney. Charlando con Nacho, amigo de siempre, se enteró que él tenía ganas de viajar pero no tenía un destino elegido. Le propuso ir juntos a esa ciudad de fantasía, combinando el periplo con Nueva York y se pusieron de acuerdo. En principio pasaron los días en la tramitación de los turnos para lograr la visa y llenar papeles, viajar a Buenos Aires, por lo que se fueron acercando a fin de año.

Expectativas y realidad
“Inicialmente pensábamos ir en enero para aprovechar vacaciones en nuestras actividades, pero la persona que organizó el viaje nos sugirió pasar las dos fiestas de fin de año en destinos distintos, para observar las decoraciones tan especiales que ellos preparan y el clima positivo de la gente. Y aceptamos”, cuentan.
Sin embargo, a decir de Nacho la Navidad en Disney fue una desilusión. “Yo tenía mucha expectativa y terminamos los dos brindando a la medianoche con Coca Cola de cereza. Esperábamos un momento muy festivo y allí nos enteramos que en Orlando ellos se acuestan a las 8 de la noche como si fuera un día normal. Fuimos a un sector compartido del hotel, pero no había nadie; tan solo el recepcionista. Así fue que llenamos nuestros vasos con esa gaseosa y recibimos la Nochebuena sorprendidos, pero sin perder el humor por la sorpresa. Al día siguiente, ya en Navidad, ellos se reúnen, intercambian regalos y nos saludaban a cada momento. Por ahí es más importante la celebración del Día de Acción de Gracias, que es unos días antes y es una fecha que tienen muy en cuenta”.
De todos modos, Nanu había concretado su deseo de estar en Disney y eso era lo más importante. “Cumplió mis expectativas totalmente. Te dan una pulsera que a la vez sirve de llave para todo. El ingreso a la habitación de cada uno de nosotros, las entradas a los parques, el plan de comidas y con eso no manejás dinero, salvo los gastos extras o los regalos o recuerdos que te quieras traer. Cuando uno sale de los juegos, están estratégicamente ubicadas las tiendas de souvenirs y como venís muy emocionada de cada atracción, te querés comprar todo. El primer parque al que fuimos fue Magic Kingdom, con los castillos, personajes encantados, embarcaciones, montañas rusas y muchísimo más. Entramos a las 7 de la mañana y volvimos al hotel a las 2 de la madrugada del día siguiente. Hay montones de atracciones y por la noche juegos distintos y fuegos artificiales. El espectáculo es el mismo cada día, solo que en Navidad había algunos cambios alusivos en la decoración. Hay un sistema de transporte interno que pasa cada media hora por los hoteles y te deja en el parque que vos elegís. La organización es excelente y el asesoramiento también”.
También visitaron Epcot, ideal para quienes gustan de la tecnología y el futuro, con simuladores y los juegos de Frozen y Nemo. Fueron a Animal Kingdom, con atracciones vinculadas a la vida salvaje y las áreas del Rey León, Avatar, Pandora, entre otros. De allí a Hollywood Studios, relacionado al cine con las principales estrellas de las películas de Disney. Y también fueron a Universal, que ofrece juegos extremos, simuladores, personajes de los principales films de Hollywood como Los Simpson, Shrek, Forest Gump, Indiana Jones, la Momia y el área temática de Harry Potter donde disfrutó especialmente Nacho.
¿Cuál fue tu momento de mayor emoción, Nanu?
Más que emocionarme, voy a contar una anécdota, Yo dejé mis lentes en un juego de agua y me angustié bastante porque pensé que los había perdido definitivamente, pero me los recuperaron. Lo que me conmovió mucho fue el juego de luces de Magic Kingdom en la primera noche porque me hizo revivir la infancia, con el sistema de maping, sonido, iluminación y fuegos artificiales. Te volvés a sentir una niña y te das cuenta que la magia existe. Otro momento fue ver desde el avión los fuegos artificiales cuando estábamos llegando.
¿Y en tu caso, Nacho?
Tal vez no fue emoción, pero al ser fan de Harry Potter, cuando entré a sus juegos no me alcanzaban los ojos para ver todo lo que estaba hecho a la perfección. Estás metido ahí y te creés que el robot o el duende que te están saludando son de verdad. Está todo tan bien hecho que por ahí no diferenciás lo ficticio con la realidad.
Estuvieron 4 días en Disney y 2 en Universal y en medio de esa visita a los parques fueron a Cabo Cañaveral. Ahí también siguieron las sensaciones sorprendentes ya que un guía les fue explicando la historia y funcionamiento de la NASA, disfrutaron de estar dentro de un simulador de despegue; de la sala de control de la Apolo XIII y hasta pudieron tocar una piedra de la Luna. Allí terminaba la experiencia Disney, cansadora por caminar desde la mañana muy temprano hasta el anochecer todos los días, pero a la vez inolvidable por tantas sensaciones de sorpresa e incredulidad por lo que estaban viendo a cada momento. Y comenzaba la segunda parte del viaje. El vuelo a Nueva York para participar del tan famoso recibimiento del nuevo año en Times Square.
En Nueva York
“Nos aprestábamos a un cambio significativo, porque pasábamos de una semana donde todo estuvo organizado hasta lo más mínimo en el buen alojamiento y los traslados, a pasar de depender de nosotros mismos en una ciudad como Nueva York. De estar en un hotel con todos los amenities posibles en Disney, pasar a alojarnos en un hostel y con una diferencia de temperatura notable. Del calor de Orlando a los registros bajo cero en la Isla de Manhattan”.
Nacho había llevado toda indumentaria de invierno, sabiendo del frío de esa época del año en Nueva York, pero sin remeras livianas para la primera etapa del viaje, por lo que tuvo que comprarlas. Y entre risas por el anecdotario interminable vivido por los dos amigos, continuó el relato del viaje inolvidable.
“Llegamos en un vuelo al Aeropuerto Kennedy y otra vez pasaba lo mismo -cuenta Nacho jocosamente-, mi equipaje llegaba enseguida y el de Nanu no aparecía. Había que verle la cara de angustia y sus comentarios imaginando que lo habrían perdido. Hasta que varios minutos después llegaba a la cinta solita su maleta y le volvía la sonrisa. Pero en el regreso me pasó a mí en el Aeropuerto de Ezeiza y se reía un poco de mi cara preocupada. Siempre la seguía a ella porque domina absolutamente el inglés y yo muy poco”.
Agrega Nanu que “los aeropuertos son impecables y el personal muy correcto. En Migraciones preguntan mucho, pero con amabilidad y eso tranquiliza. De entrada tuvimos un golpe duro al bolsillo. Llegamos de noche y podríamos ir a la ciudad en subte, pero decidimos tomar un taxi. El hostel quedaba lejos y en el camino íbamos viendo con interés lo que pasaba. En un momento Nacho me dice que mire el reloj marcador de tarifa del vehículo y nos sorprendimos por el costo. En suma, cuando llegamos al alojamiento pagamos 100 dólares más la propina. Nacho cuestionaba la propina, pero el chofer la exigía y a modo de advertencia para que supiéramos que estábamos en Nueva York, donde esa dádiva es obligatoria y legal”.
Y entre carcajadas por cada sorpresa del viaje, Nacho contó sobre el ingreso al hostel.
“Entramos, nos registramos y nos separamos porque cada uno iba a una habitación distinta. La pieza con chicas de Nanu era tranquila, pero la mía estaba llena de muchachos. Llegamos de noche y yo acostumbrado al hotel anterior encendí las luces. Automáticamente recibí algunos insultos de los que estaban durmiendo. Eran como 10. Apagué todo enseguida y me metí en la cama calladito”.
Al día siguiente, ya descansados y tras el desayuno se anotaron en una excursión a pie por la ciudad, que en ciertos momentos tomaba el subte. “Se la conoce como ‘el tour de Jerry’, toda guiada en inglés pero pagando solamente dos dólares por persona. El fue muy amable y fue una experiencia espectacular. Nos llevó a comer a lugares de precios reducidos, nos enseñó a usar la tarjeta del subte y algunos otros tips para manejarnos low cost. Nueva York tiene el mundo en una ciudad y esa noche cenamos en un restaurante hindú; cruzamos el puente de Brooklyn caminando y empezó a nevar; fuimos al lugar donde estaban las Torres Gemelas y a otros lugares icónicos para ubicarlos y saber cómo llegar en caso de volver. Retornamos al hostel muy tarde, pero contentos con lo conocido. Al día siguiente ya nos empezamos a preparar para Año Nuevo. Lo que tiene un hostel es que socializás con el grupo de gente. Hiicimos amistad con dos hermanas y otro chico que también era de Argentina; más otros de Uruguay y de Chile. Acordamos con ellos juntarnos a desayunar y salir a recorrer la ciudad. Si coincidíamos íbamos todos a un mismo lugar, y si no, nos separábamos en pequeños grupos. Nosotros dos habíamos estudiado un poco antes del viaje con mapas y atracciones, por lo que fuimos al Central Park, el MET, la Gran Central Terminal, el MOMA, el Museo de Ciencias Naturales, el Rockefeller Center y su pista de hielo, los miradores, cruzamos a la isla donde está la Estatua de la Libertad. También conocimos el Museo de los Inmigrantes que fue emocionante para Nanu ya que encontró historia de antepasados de su familia en computadoras que ceden a los visitantes Se pone el apellido, la máquina busca y ofrece antecedentes muy amplios. Además hay audioguías en cada idioma, que cuentan las peripecias que vivieron esos viajeros, que inicialmente se alojaban allí hasta que encontraban un destino. Lo recorrimos separadamente y cuando nos encontramos a la salida estábamos los dos con los ojos llorosos, pensando en nuestros abuelos. Recomendamos especialmente esa visita a la que se llega fácilmente en ferry y con muy bajo costo. Y también otra anécdota inolvidable. Cuando fuimos al centro financiero de Wall Street, nos habían contado que había que tocarle los genitales del famoso toro de bronce para garantizarnos que íbamos a volver, como lo hace mucha gente. Era el anochecer de invierno y no había mucha visibilidad. Llegamos y cuando nos estábamos sacando fotos, empezamos a sentir muchos gritos. Había una cola de gente de una cuadra y media y no la habíamos visto. Nos insultaron en todos los idiomas”.
Lugares inolvidables
Nacho cuenta que un momento emocionante para él fue en la visita al Central Park y encontrarse con un monumento al General San Martín sobre su caballo, que vieron sorpresivamente junto a una placa que hablaba de su epopeya y de Argentina. También recordaron el mosaico “Imagine” en homenaje a John Lennon y el Edificio Dakota donde fue asesinado, a unos pocos metros del lugar. Y ambos coinciden que lo vieron en invierno por lo que imaginan lo que debe ser pasear por allí en primavera por esas callecitas, lagos y puentes donde se han filmado tantas películas.
¿En general se sintieron bien en Nueva York?
Totalmente. La gente es muy amable. Vas caminando y escuchás frecuentemente hablar en español porque hay una gran inmigración de latinoamericanos que han conseguido trabajo y se radicaron en la ciudad. Todos se respetan mucho, incluso el buen trato de los policías cuando alguien les hace una pregunta. Había partes inseguras en otros tiempos como el Bronx, que hoy es normal como todas. Nosotros salíamos a cenar y volvíamos de noche en el subte sin problemas. Solo vimos cierto descontrol en la noche de Año Nuevo con algunas personas, pero así todo el servicio público funcionó perfectamente y retornamos sin ningún problema. Tienen costumbres distintas a las nuestras. Normalmente a las 11 de la noche cierran los bares y restaurantes, y todos a dormir. Nosotros a esa hora recién empezamos. De todos modos no nos deteníamos a comer formalmente porque perdíamos tiempo para conocer. Comíamos a la pasada, algún sándwich, una ensalada o porciones de pizza y seguíamos. Frente al hostel teníamos un deli hindú que estaba abierto las 24 horas y ahí hacíamos las compras porque nos resultaba más barato. La última noche con el grupo hicimos pizzas para la despedida.
¿Visitaron otros lugares fuera de Nueva York?
Hicimos una excursión de un día a Boston, que es la capital universitaria del país. Y es uno de los últimos estados que rinde cierto culto a la corona británica. Nos tocó un día de mucho frio y conocimos la plaza principal, la biblioteca, algunas universidades y esa mezcla de lo antiguo con lo moderno tan interesante, porque ves una iglesia de centenares de años y al lado un moderno edificio de cristal. Se ve mucha población joven y el Río Charles que la cruza, es propicio en verano para la actividad de muchos remeros. Otro día tomamos un tour de un día a Washington. Se sale muy temprano por la mañana y se regresa a la noche. Conocimos el Capitolio, la Casa Blanca, el enorme monumento a Washington donde a su lado te sentís del tamaño de una hormiga: el Memorial de la guerra de Vietnam, con esculturas muy emotivas. Nos gustó mucho más que Boston. Fuimos también al Museo Nacional del Aire y el Espacio, con la gran historia aeronáutica del país. Vimos el Pentágono, el cementerio de Arlington donde están los restos de la familia Kennedy, con todas las lápidas prolijas con coronas, en medio de la nieve. Justo coincidió con un sepelio muy ceremonioso con bombas de estruendo y un silencio total de los asistentes. Les recomendamos que como es una ciudad administrativa, es bueno conocerla en un día hábil.

El gran día
Y llegamos al famoso día del Año Nuevo en Times Square. Jerry, el guía que frecuentaba el hostel, les había recomendado que ni se les ocurra ir a ese lugar a ver cómo cae esa bola, porque eso lo hacen para los turistas y los residentes de la ciudad no van. Obvio que no le hicieron caso porque venían todos a vivir esa experiencia única.
“Arrancamos temprano por la mañana con los chicos del grupo del hostel y llegamos a caminar por la zona de Times Square a las 11 de la mañana. Faltaban 13 horas y ya había un montón de gente esperando. A esa hora, el solcito acompañaba. Nos pusimos a mirar algunos locales comerciales y de repente comenzaron a poner vallas. Sin saberlo, quedamos encerrados en una especie de corral metálico a 300 metros del lugar donde caía la esfera. Al rato comenzó una sucesión de espectáculos en un escenario para entretener la espera de los asistentes. Animaron con shows en vivo conductores de la TV, como Ryan Seacrest, actores y cantantes muy conocidos como Magic, Taylor Swift e Idina Menzel. Pasaban las horas y comenzaba a apretar el frío. Si salías de esa especie de corralito no podías volver a entrar. Además, si tenías que ir a un baño a los bares de la zona, solamente podías acceder si consumías algo en el lugar. De manera que te dejaban ir y comprabas un cono de papas fritas o algo parecido para con el ticket en la mano poder usar el servicio. Ya a las 18 horas, definitivamente si salías aunque sea al baño, no podías volver. Por lo que vimos, había gente que se llevaba sus computadoras con cargadores inalámbricos para pasar el tiempo; otro tenían comida en sus mochilas y al lado nuestro nos sorprendieron unos chinos que sacaron un cuadradito de tela que resultó ser un iglú donde se metieron a mirar películas por la notebook. De los 7 que éramos, en un momento 3 no dieron más por el frío y volvieron al hostel. Teníamos frío, hambre, cansancio y cada hora desde las veredas arrojaban cosas para la gente. Arrancaron tirando sombreros a las 19. A las 20, guantes. A las 21, bufandas y a partir de allí otros elementos. Todo muy ordenado y tranquilo. Una hora antes de que llegue el Año Nuevo arrojaron pelotas plásticas gigantes desde los edificios, que la gente no las podía agarrar y las iba desplazando de una punta a la otra por el aire. Mientras tanto, la famosa bola esperaba allá arriba y el dispositivo impresionante de luces crecía, mezclado con las pantallas gigantes de publicidad típicas de Times Square. Un minuto antes de la medianoche comenzaba la cuenta regresiva coreada por todos los asistentes, mientras desde los edificios caían serpentinas y otras ornamentaciones en papel. La bola se iluminaba especialmente con un gran reflector y brillaba por los cristales de Swarosky que la componían. A las 12 de la noche caía ante los aplausos de la multitud al par que comenzaba por los altoparlantes a escucharse ‘New York, New York’, por Frank Sinatra, mientras que la gente se abrazaba y expresaba buenos deseos. Después llegó la desconcentración que fue muy ordenada”.
¿Y cómo fue el regreso?
Normal. Volvimos al hostel con frío, así que fuimos al deli y compramos unos fideos y una lata que creímos era salsa de tomates. Cuando empezamos cocinar, abrimos la lata y no era salsa, sino una lasagna. En medio de las carcajadas y con el hambre que teníamos, comimos igual como si hubiera sido un manjar. Al día siguiente el dolor de piernas nos recordó las horas de pie y el frío de la espera, pero felices por las anécdotas y porque la experiencia fue buena. Tal vez no sería para repetirla, pero si la volviéramos a hacer iríamos preparados de otra forma. Los chicos del grupo se fueron despidiendo porque regresaban a sus países y nos quedamos nosotros solos. El último día íbamos a salir a conocer algo más, pero estaba nevando fuerte y decidimos quedarnos cada uno en su habitación hasta que viniera la combi para llevarnos al aeropuerto. Tuvimos un retraso en la hora del vuelo y nos dieron un voucher para comer en el Mc Donalds del aeropuerto, lo que recibimos con todo gusto.
Fue la última gran carcajada de la charla, muy amena como llena de anécdotas inolvidables. Y en la despedida, el deseo de volver a Nueva York en otra época más amigable del año porque en una ciudad que se renueva constantemente, hay muchas novedades más por conocer.

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