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notas edicion de papel

ENTREVISTA EXCLUSIVA A LA PALEONTOLOGA CLAROMEQUENSE NATALIA ZIMICZ

Tras los pasos de animales que ya no existen

Natalia es investigadora adjunta del CONICET y vive en Salta. Con su equipo participó del hallazgo de un pequeño mamífero que vivió hace 62 millones de años en una unidad geológica conocida como Formación Mealla, en el Parque Nacional Los Cardones, en los Valles Calchaquíes. Pero su sueño es armar un proyecto de puesta en valor del patrimonio paleontológico de Claromecó, donde nació su vocación

Marzo 2021
Natalia Zimicz es doctora en Ciencias Naturales e investigadora adjunta del CONICET, y dedica su carrera a reconstruir la vida de mamíferos fósiles sudamericanos de los últimos 80 millones de años

Natalia Zimicz es doctora en Ciencias Naturales e investigadora adjunta del CONICET, y dedica su carrera a reconstruir la vida de mamíferos fósiles sudamericanos de los últimos 80 millones de años

En el año 2018, un equipo de investigadores del Instituto de Bio y Geociencias del Noroeste Argentino, halló un fósil de 62 millones de años en el Parque Nacional Los Cardones, en los Valles Calchaquíes. Parte de este grupo es la claromequense Natalia Zimicz, doctora en Ciencias Naturales e investigadora adjunta del CONICET, con una carrera dedicada a reconstruir la vida de mamíferos fósiles sudamericanos de los últimos 80 millones de años.
La Archaeogaia macachaae –denominada así en honor a la heroína salteña de la Independencia, Macacha Güemes- perteneció a un grupo de mamíferos extintos, nativos de América del Sur y llamados notoungulados o ungulados nativos sudamericanos. A partir del descubrimiento de fragmentos de la mandíbula y tres molares, elementos fundamentales para la identificación de la forma de alimentación y el probable tamaño del animal, se pudo establecer que “Archaeogaia no debe haber superado en tamaño a una liebre europea actual y su dieta estuvo compuesta probablemente por hojas de arbustos, brotes verdes y frutos. Esta especie vivió en El Parque Nacional los Cardones unos 4 millones de años luego de la extinción de los dinosaurios en el Cretácico tardío. Esa época es llamada Paleoceno en la escala de tiempo geológico. Durante el Paleoceno, la Cordillera de los Andes no se había levantado aun, por lo tanto los paisajes y el clima de lo que hoy son los Valles Calchaquíes eran muy distintos a la actualidad. Algunos estudios recientes han estimado una precipitación media anual de entre 600 y 1000 mm en el Parque Nacional Los Cardones para la época en que vivió Archaeogaia. En la actualidad en esa zona, el promedio de lluvia no supera los 150 mm anuales, por lo cual el clima para la época de Archaeogaia fue mucho más húmedo y probablemente más vegetado que en la actualidad”, cuenta Natalia en su blog (https://nataliazimicz.wixsite.com/paleonoa).
“Vivo en Salta desde el 2012. Me vine con mi marido para acá con mi primera hija, ya tuvimos la segunda, de manera que podría decir que estamos afincados. Residí con mis padres unos años en Puerto Madryn, y luego nos radicamos en Claromecó, donde hice la primaria y la secundaria. Yo creo que mi generación fue de estar mucho afuera, quizá porque los niños y adolescentes no teníamos otras actividades en aquel momento, entonces pasábamos mucho tiempo en la playa, el arroyo, el Vivero, hacíamos una vida muy al aire libre. Y de aquellas caminatas recuerdo haber encontrado muchos pedacitos de caparazón de gliptodontes, huesos, cangrejos, cosa que encontraba juntaba…Así que cuando terminé la secundaria ya estaba decidida a estudiar Biología”, relató a “El Periodista”.
Pensando en seguir Biología Marina, se fue nuevamente a Puerto Madryn. Estaba en tercer año, momento de definir una orientación, cuando no del todo convencida como para continuar ese camino optó por Paleontología en Trelew, y allí terminó de consolidar su vocación. Luego vendría el tiempo más arduo, el de insertarse laboralmente en un panorama que, en el campo de la investigación, siempre tiene sus complejidades. “Primero hay que hacer la licenciatura, que en mi caso fue en la universidad pública, lo que suele ser más sencillo y uno se la rebusca con becas y la ayuda de la familia; así terminé la tesis. Mi tesina la hice con marsupiales fósiles, y conocí entonces a quien fue mi codirector, y luego director de beca doctoral en CONICET: Francisco Goin, del Museo de Ciencias Naturales de La Plata, que veranea en Claromecó. El fue el mentor de toda mi formación”, destacó Natalia.
En La Plata completó su doctorado y aplicó para una beca posdoctoral para la provincia de Salta, donde dos años después logró ingresar a la carrera de investigador, “que sería como la planta permanente para el sistema argentino. Acá no había paleontólogos trabajando en mamíferos, de manera que armamos la beca ampliando un poco el tema de los marsupiales para poder estudiar lo que fuera apareciendo”, describió.
Hoy, Natalia Zimicz trabaja en la investigación de mamíferos fósiles de América del Sur, buscando todas las evidencias posibles de su presencia en el NOA, y forma parte de un equipo repartido entre la misma Salta y los Museos de Ciencias Naturales de La Plata y Buenos Aires. “Con ellos hacemos los trabajos de campo; en este momento yo estoy en una etapa de la carrera en la que puedo empezar a dirigir gente, así que en breve espero poder comenzar a formar becarios, cuando se restablezca un poco el sistema, que ha atravesado estos últimos cuatro, cinco años, con muchas dificultades”, admitió.
El hallazgo de este mamífero, de los más antiguos notoungulados (que aparecieron después de la extinción de los dinosaurios) en América del Sur, es según Natalia “muy importante para el microcosmos en el que yo trabajo, porque es uno de los primeros hallazgos de este grupo de mamíferos nativos. Revaloriza un poco los depósitos que hay aquí en Salta y pone en discusión las cuestiones geológicas locales y regionales con algunos de los yacimientos más antiguos de América del Sur. Así que para nosotros fue de mucha relevancia; lo publicamos en enero de 2020 y recién está teniendo sus réplicas en el mundo científico. Por lo demás, aquí en Salta no había mucho trabajo paleontológico, no se producía mucha información, así que para nosotros ha sido todo novedad, y el trabajo de campo nos ha dado muy buenos resultados”, aseguró.

Conciencia y marco normativo
A pesar de la importancia de los hallazgos de estos equipos, es difícil, advirtió Natalia, que se tome conciencia de la necesidad de preservar el patrimonio paleontológico, y el marco normativo tampoco parece ayudar mucho. “Es difícil; nosotros tenemos una ley nacional de protección del patrimonio paleontológico, y cada provincia, a excepción de Buenos Aires, que no tiene normas al respecto, tiene su propia legislación en este tema. Pero la regulación es compleja, son pocas las provincias que se preocupan por este tema. En Salta, la regulación real de esa ley es bastante complicada, hay mucho desorden y poco recurso asignado a esta área, pero por lo menos tenemos lo mínimo: una autoridad de aplicación ante la cual gestionar los permisos para trabajar”, puntualizó.
“Y en lo que es trabajo de campo, que en mi caso es en los últimos diez millones de años a la actualidad, lo que más aparece son restos muy fragmentarios como dientes, pedacitos de mandíbula o maxilar, de bichos muy chiquitos, entonces la tarea es de detalle, microscópica. Así que es cuestión de tener paciencia y de buscar información geológica, que es lo que nos sirve a los paleontólogos para definir los lugares de muestreo. Y después hay que caminar, caminar y caminar, y cuando algo aparece hay que revisar el lugar con lupa, con mucho cuidado. Un trabajo artesanal”, completó Natalia.
La pandemia frenó esas tareas de campo, admitió la claromequense, y circunscribió la tarea de los investigadores a cuestiones esenciales que no podían descuidarse, y al teletrabajo. “En mi caso me traje la lupa a casa, me armé una suerte de laboratorio –creo que así hicimos todos- así que hago observación, saco fotos, hago las descripciones, y después viene la parte que más me gusta, que es la escritura de los artículos, que es donde se pone en juego la imaginación, el conocimiento, es la parte más creativa de mi trabajo. En este caso tenía material colectado y mucho para hacer entre la computadora y el laboratorio, así que lo aproveché bien. Pero espero que este año se pueda abrir la posibilidad de ir al campo al menos una vez al mes, porque de hecho venimos de años de hacer malabares para poder hacerlo con poco financiamiento, fue bastante complejo. Entiendo que cuando se recupere un poco la economía, va a mejorar también este aspecto”, estimó.
En este sentido, Natalia consideró que la ciencia debe acompañar el desarrollo del país con un proyecto a largo plazo. “Es fundamental que no se repita lo que pasa siempre: el sistema se recupera, se invierte, se construye infraestructura y después llega un gobierno al que no le interesa la ciencia y eso queda en el abandono. Ajustar en ciencia, en educación, en salud, es un error garrafal y ha quedado demostrado. Pero es casi una cuestión sociológica, que ojalá en algún momento cambie”, reflexionó.
“Para mí, en Salta, es mucho más sencillo porque como mucho estoy a unos 200 km del lugar donde hago el trabajo de campo, entonces el gasto se minimiza; pero imaginemos a la gente de La Plata que trabaja en La Patagonia. Sin financiamiento no se puede mover… Por el momento los equipos sobrevivimos”, advirtió.

Puesta en valor
Mientras tanto, y de regreso a aquel tiempo de descubrimientos de la infancia y la adolescencia en Claromecó, que marcaron a Natalia a la hora de elegir una profesión, ella se esperanza en que alguna vez surja la iniciativa de poner en valor toda esa riqueza natural. “Hay un equipo grande de investigación en Paleontología en Bahía Blanca, gente de Buenos Aires o de La Plata que trabaja en la zona, pero falta un proyecto propio, que incluso se podría ver como un atractivo turístico. No es fácil, yo misma he tratado de interactuar con los funcionarios públicos aquí en Salta para que comprendan que la difusión y el cuidado del patrimonio paleontológico pueden generar réditos importantes para la comunidad”, consideró la investigadora.
“Es un lugar que extraño mucho Claromecó; hace unos cuatro años que no voy por allá. Pero siempre lo tengo presente. Me encantaría colaborar con algún proyecto allá. En el Museo Aníbal Paz hay mucho material, que quizá necesitaría un orden, un trabajo que permita mostrar todo eso con mayor valor científico. Y sería interesante estimular a los chicos, porque aquellas caminatas por la playa, por el arroyo, fueron determinantes en mi vocación aun en un momento en que no había información de ningún tipo, y me llevaba los fósiles a casa -cuestión que está prohibida por la ley- como mucha gente que hacía lo mismo simplemente para coleccionar cosas y por desconocimiento. En ese aspecto Claromecó es realmente hermoso y lleno de recursos; en mi caso, mis padres me estimularon mucho a seguir estudiando”, destacó Natalia.
Sobre el final, la investigadora volvió a agradecer el rol del director del Museo de La Plata, Francisco Goin –al que contagió el amor por estas playas- en su formación, “y de los educadores del Instituto Secundario Claromecó, especialmente a Beatriz Merlo de Hirtz, quien me dio las herramientas para afrontar la carrera universitaria. Algún día voy a proponer un convenio con algún compañero para cumplir el sueño de trabajar en Claromecó, lo tengo pendiente”, concluyó.

Fósil observado con lupa binocular

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En el año 2018, un equipo de investigadores del Instituto de Bio y Geociencias del Noroeste Argentino, entre ellos Natalia Zimicz, halló un fósil de 62 millones de años en el Parque Nacional Los Cardones

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“Es importante estimular a los chicos en ciencia”, consideró Natalia, que dicta talleres de paleontología para niños en la Universidad Nacional de Salta

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