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El Camino de Santiago es una antigua y accidentada ruta de 780 kilómetros que requiere un total de 30 días para recorrerla. Se puede comenzar desde cualquier punto y dosificar las distancias, aunque 120 kilómetros son obligatorios para acceder a la credencial del peregrino. María Teresa partió desde León, al norte de España, un punto crucial en la ruta de peregrinaje

 

 


ICONO DE LA FE CRISTIANA, UNA VECINA
RECORRIO 305 KILOMETROS DEL CAMINO DE SANTIAGO

Humanos en el camino

María Teresa López Giner de Tormes, vecina tresarroyense, recorrió 305 kilómetros del camino que converge en Santiago de Compostela, uno de los tres destinos fundamentales de la fe cristiana. Durante casi quince días, al igual que personas del mundo entero, se transformó en un peregrino que, al margen de motivaciones religiosas, surcan esa senda como una experiencia vital y de auto conocimiento. "El Periodista" trae los detalles de una experiencia única

No todos los caminos conducen a Roma. Algunos, al menos ocho, convergen en Santiago de Compostela, uno de los tres destinos fundamentales de la fe cristiana, donde presuntamente se encuentra el sepulcro del apóstol Santiago en una tumba del período romano. Son antiquísimas rutas que datan del siglo IX y que movilizan a miles de peregrinos de todos los rincones del mundo, que al margen de motivaciones religiosas, inician el camino como una experiencia vital y de auto conocimiento.
Deseando interpretar en qué consistía ese peregrinaje, la tresarroyense María Teresa López Giner de Tormes, se puso en marcha guiada por el reto de superación. Su interés por el camino había despertado en un viaje que realizó a España dos años atrás. "Cuando estuve en España, donde tengo familiares, una amiga de una prima me había dejado saludos porque se fue a hacer el Camino de Santiago. Ahí tuve curiosidad. Hasta entonces sabía que existía un camino, había leído el libro de Paulo Cohelo, pero cuando lo hice me di cuenta que no es ni parecido a lo que describe en el libro. En España es muy habitual que lo hagan en tramos porque es un camino muy largo, casi 750 kilómetros dependiendo de donde partas. Cuando llegué acá empiezo a recibir mails de una revista española a la que estoy suscripta y al final de esas páginas de información me aparecieron tres opciones para entrar: una medicina, otra alimentación y otra Camino de Santiago. Ahí me generó la inquietud".
La causalidad o casualidad del destino la llevó a investigar en qué consistía el recorrido a través de Internet. La meta en principio le resultaba utópica pero la guiaba el desafío. "Motivaciones para hacerlo hay muchas. En mi caso fue la inquietud de saber en que consistía el camino y luego lo tomé como un reto a mi misma, de hacer algo por mí con las dificultades que representaba. Cumplí 60 años y era todo un reto para mí, porque en mi vida había cargado una mochila con tan pocas cosas. El total del camino sabía que no lo iba a hacer así que me propuse hacer la mitad. Me había preparado físicamente, pero tenía temor al peso de la mochila que uno tiene que llevar sobre sus hombros todo el camino".

Antigua y accidentada ruta
El Camino de Santiago es una antigua y accidentada ruta de 780 kilómetros que requiere un total de treinta días para recorrerlo de principio a fin. Se puede comenzar desde cualquier punto y dosificar las distancias, aunque ciento veinte kilómetros son obligatorios para acceder a la credencial del peregrino. María Teresa partió desde León, al norte de España, un punto crucial en la ruta de peregrinaje. Tal como indica la tradición, la noche antes de partir asistió a una misa. "Quería hacer ese camino porque es el más viejo y el más bonito. Esa noche me alojé en el albergue de las Carbajalas, que son monjas benedictinas e hicieron la misa del peregrino. Participaba gente de muchos lugares, italianos, franceses, alemanes, ingleses, belgas, laoseanos, canadienses. Las monjas cantaron la misa gregoriana y a cada persona de acuerdo a la nacionalidad se le daba un libro de misa y cada peregrino leía en su idioma todos a la vez. Fue muy emocionante".
La mañana del 19 de mayo inició la caminata junto a un matrimonio brasilero que conoció en el albergue. Partían muy temprano y cubrían un trayecto diario de entre 20 y 23 kilómetros para desandar los 305 que los separaban del destino final: Santiago de Compostela. "El camino era dificultoso, teníamos mucha subida y en algunos tramos se hace bastante engorroso. Había de todo, camino de tierra, asfalto, pedregullo, con cuestas pronunciadas que había que bajar con mucho cuidado. Salíamos temprano con muy poco desayuno y parábamos a comer cada tanto con algo que nos habíamos provisto el día anterior. Después de caminar mucho en el primer pueblito que cruzábamos hacíamos una parada para tomar algo caliente. A las cuatro de la tarde llegábamos al albergue siguiente y ahí parábamos a descansar".

Recorrido histórico
Los caminantes marchan atraídos por una naturaleza aferrada a un paisaje de montañas, prados y bosques, deslumbrante por donde se la mire. El recorrido está lleno de historia, expresiones de arte y pueblos esparcidos que dejaron su testimonio desde hace miles de años y se revelan ante los ojos. "Vi dos tumbas de peregrinos en el camino, una de un argentino, que fallecieron haciendo el camino y les hicieron un monolito en el lugar. Después hay pueblos antiquísimos entre medio de las montañas, donde la gente saca de los corrales las vacas a pastar por los caminitos donde nosotros transitamos. La visión del paisaje es indescriptible con montañas, subidas, bajadas, castillos de épocas medievales, monasterios, iglesias y catedrales", cuenta María Teresa.
Desde León, el primer tramo conduce a la ciudad de Astorga y la vista del caminante se recrea en el valle. La ciudad tiene una catedral gótica, un palacio de Gaudí y varios museos. Después el paisaje va verdeando a medida que asciende hacia la divisoria con El Bierzo. Es un camino señalizado y seguro, pero no por eso libre de dificultades. La lluvia silenciosa y la fatiga suelen poner a prueba la resistencia de los viajeros. Aún así, según María Teresa, ninguno piensa en desistir. "El cuarto día fue fatal para mi pero no se me cruzó por la mente que iba a abandonar, solo me vi muy mal y le pedí a Dios fuerzas para llegar arriba. Fue la parte más alta de todo el camino, eran 1450 metros, fueron 6 kilómetros en subida. A pesar que era por asfalto ese día nos tocó lluvia, mucho frío, viento en contra subiendo la cuesta y luego empezó a granizar y a nevar. Estaba empapada pero quería llegar hasta arriba donde estaba la cruz de Ferro".
Ese punto es la parte más alta de la ruta de peregrinación, en cuya cumbre se alza una cruz de hierro, bajo un montículo de piedras y guijos depositadas por los viajeros que las dejan para pedir sus deseos. A partir de ese momento el peregrino entra en la Comarca de El Bierzo rodeada por grandes montañas como si fuera una gran olla. Después de abandonarla transitan por las poblaciones de Ponferrada, cuyo monumento más importante es la Basílica de Nuestra Señora de la Encina. Atravesando grandes extensiones de viñedos se llegará a Villafranca del Bierzo, conocida como la pequeña Compostela donde se encuentran hitos religiosos como la Iglesia de Santiago que data del siglo XII y ascendiendo por el valle se llega a la población de Vega de Valcarce. Son lugares de tradición hospitalaria, pequeños pueblos, en los que se puede apreciar la hermosura de las construcciones, sumidas en un entorno verdeante y montañoso.

Camino silencioso
En el camino fueron cruzando personas de los más diversos orígenes y edades que emprenden el viaje por distintas razones. Si bien domina la escena, la religión no es excluyente. No faltan aquellos que lo disfrutan como un itinerario en el que se unen la naturaleza, el arte y la historia del Viejo Mundo. Cada parte del trayecto depara al caminante una sorpresa, hasta llegar a los refugios o albergues donde ni bien amanece el viajero debe seguir su rumbo sin volver atrás, a menos que quiera abandonar. "Si por alguna circunstancia no podes caminar te permiten quedarte un día en el albergue, sino hay que ir a un hospital y tenés que certificar que estás enfermo para parar en el camino".
A medida que el caminante se adentra en la ruta sorteando bosques y montes día tras día, empieza a hacer más caso a las señales de la naturaleza que al tiempo, desea llevar cada vez menos peso en las espaldas y mira al mundo desde otra perspectiva. En un camino casi silencioso, se medita, se transportan ideas y sucede un intercambio cultural sin precedentes entre los peregrinos que se impulsan a seguir con el clásico deseo de "Buen camino". "La mayor parte del tiempo cada uno caminaba en silencio. En silencio uno piensa, recapitula y mira a su alrededor. Llegás a la conclusión que con qué poquito podemos vivir y mantenernos y estamos rodeados de tanto lujo y tantas comodidades".

Destino final
Durante catorce días, María Teresa junto a sus acompañantes fueron atravesando pueblos a su paso hasta alcanzar el tramo final, el monte de Gozo, donde se aprecia en todo su esplendor Santiago de Compostela, una ciudad monumental de impresionante belleza que se erige como uno de los conjuntos arquitectónicos más valiosos y armónicos del mundo. Fue declarada en 1940 Conjunto Histórico Artístico y Monumento Nacional, y en 1984 la UNESCO la nombró Patrimonio Cultural de la Humanidad. Los turistas se arremolinan en torno de la gran plaza principal, llenan las calles, los cafés y restaurantes. "Aquí vimos otra vez a muchas de las personas que habíamos cruzado en la ruta. Santiago es una ciudad muy importante, cosmopolita, hay idiomas de todos los lugares del mundo. Calculo que llegamos unas 200 personas ese día y en julio-agosto son los meses que más gente hay. La misa se celebró en la catedral donde habría casi mil personas".
Ya recuperados, en ese punto el peregrino repasa el camino y suele descubrir que la meta es solo el principio. Vuelven con indulgencias o recuerdos, siempre diferentes, siempre enriquecedores. La mayoría no logra explicarse cuál es el motivo que los impulsa a esa experiencia humana. Sin embargo, todos quieren retornar. "Durante todo el camino me pregunté que estuve haciendo, que me impulsó y que es lo que hacía ahí. No encontré la respuesta y es la pregunta que se hacen todos los peregrinos. No hay un motivo, uno sabe que se tiene que hacer y ahora quiero regresar", confesó María Teresa. La explicación más acertada de la esencia del camino quizás se refleja en una frase de Nhat Hanh, citada alguna vez por Paulo Cohelo: "Siente el placer en cada paso y no te preocupes con las cosas que todavía tienes que superar. No tenemos nada delante de nosotros, apenas un camino para ser recorrido a cada momento con alegría. Cuando practicamos la meditación peregrina, estamos siempre llegando, nuestro hogar es el momento actual y nada más". Es que para muchos, el camino no es más ni menos que la representación de la vida.

Seis ingredientes que no pueden faltar, más uno
- Silencio: El camino no es para hablar, sino para escuchar tu interior, a toda la creación que nos rodea, a Dios. Aunque vayas acompañado, procura caminar en silencio.
- No tener prisa: A lo largo del camino se impuso la evidencia que el mundo no cree en Dios, no tiene experiencia de lo sagrado, porque no tiene silencio y le sobran prisas. Al misterio se va despacio, sin prisa, andando…a ritmo humano.
- Soledad: Tú solo, en tu sola y única mismidad, frente al cielo, frente a la tierra y luego frente al mar, frente a Dios.
- Esfuerzo: Andar, andar. En nombre de los auténticos y esforzados peregrinos, no hagamos el camino confortable. Es muy bueno perderse en el monte, y dormir en el suelo. El espíritu se afina en el esfuerzo en los refugios cochambrosos.
- Sobriedad: No comer mucho, es bueno pasar hambre y sed. No es masoquismo, sino dominio de espíritu.
- Lo gratuito: El albergue gratis, la sonrisa gratis, el sol gratis. Dios y la vida gratis. Es una "riqueza" que tenemos en el camino y no podemos perder.
- El romántico: El arte como símbolo de expresión de otra realidad, no es arte "razonable", es sagrado como una liturgia. No hay que arreglarlo en exceso. Si lo limpiamos mucho le quitamos los rezos y las angustias de la gente que ha rezado y que ha llorado entre esas piedras.


 
 
El Periodista de Tres Arroyos.
Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina